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viernes, 24 de febrero de 2017

Jesús dijo: "lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este Viernes de la séptima semana del tiempo ordinario.

Dios nos bendice...

Libro de Eclesiástico 6,5-17. 
Las palabras dulces multiplican los amigos y un lenguaje amable favorece las buenas relaciones. Que sean muchos los que te saludan, pero el que te aconseja, sea uno entre mil. Si ganas un amigo, gánalo en la prueba, y no le des confianza demasiado pronto. Porque hay amigos ocasionales, que dejan de serlo en el día de tu aflicción. Hay amigos que se vuelven enemigos, y para avergonzarte, revelan el motivo de la disputa. Hay amigos que comparten tu mesa y dejan de serlo en el día de la aflicción. Mientras te vaya bien, serán como tú mismo y hablarán abiertamente con tus servidores; pero si te va mal, se pondrán contra ti y se esconderán de tu vista. Sepárate de tus enemigos y sé precavido con tus amigos. Un amigo fiel es un refugio seguro: el que lo encuentra ha encontrado un tesoro. Un amigo fiel no tiene precio, no hay manera de estimar su valor. Un amigo fiel es un bálsamo de vida, que encuentran los que temen al Señor. El que teme al Señor encamina bien su amistad, porque como es él, así también será su amigo.
Salmo 119(118),12.16.18.27.34.35. 

Tú eres bendito, Señor:
enséñame tus preceptos.
Mi alegría está en tus preceptos:
no me olvidaré de tu palabra.

Abre mis ojos,
para que contemple las maravillas de tu ley.
Instrúyeme en el camino de tus leyes,
y yo meditaré tus maravillas.

Instrúyeme, para que observe tu ley
y la cumpla de todo corazón.
Condúceme por la senda de tus mandamientos,
porque en ella tengo puesta mi alegría.

Evangelio según San Marcos 10,1-12. 
Jesús fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y, como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más. Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?". Él les respondió: "¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?". Ellos dijeron: "Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella". Entonces Jesús les respondió: "Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido". Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. Él les dijo: "El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio".  

Comentario

1. Desde la tierra hasta el cielo

1.1 Existe la idea de que la religión se ocupa de la estratosfera y que su área de acción empieza arriba de las nubes. Con ese concepto es lógico suponer que para organizar las cosas aquí en la tierra y en las cosas concretas de la vida necesitamos otras herramientas distintas de la fe, la oración o la predicación. Lo que "válido" para este mundo serían los esfuerzos de nuestra razón, nuestra intuición o nuestra... astucia.

1.2 Pues bien, los libros sapienciales, entre los varios bienes que nos proporcionan, traen éste: ayudarnos a comprender cómo nosotros mismos, según expresión de santo Tomás de Aquino, somos el horizonte entre la tierra y el cielo, de modo que toda genuina sabiduría es a la vez un camino para aprender a vivir "en esta tierra" y un camino para orientar nuestro ser hacia su destino definitivo en el cielo.

1.3 Por eso estos libros, como el Eclesiástico, también llamado Sirácida, cumplen una hermosa función al enseñarnos a hacer sensata nuestra vida sin convertirla en el único teatro de operaciones del amor divino. De esta manera aprendemos a servir a Dios con generosidad y convicción, sin olvidarnos del futuro trascendente que nos aguarda.

1.4 Hoy, por ejemplo, ¿qué añadir a estos sabios consejos sobre la amistad? Lo que allí se describe sobre los amigos verdaderos y los falsos, sobre el valor que tiene la genuina amistad y sobre la prudencia al hacer amigos, ¿no son cosas que comprobamos una y otra vez en nuestra vida? ¡Gracias, Señor, por tu Divina Palabra!

2. Sobre el Divorcio

2.1 El divorcio no sólo separa al esposo de la esposa. El divorcio separa culturas, cosmovisiones... y también religiones.

2.2 En América Latina, por lo menos, y sirva esto de ejemplo, hay un hecho comprobado: mientras que los protestantes de todas las denominaciones, incluyendo los que se quieren llamar simplemente "cristianos", alegan que su único apoyo es la Biblia, van contradiciendo esta tremenda afirmación con hechos tan concretos como desautorizar a Jesucristo en esta materia tan clara del divorcio.

2.3 Jesús dijo: "lo que Dios unió, que no lo separe el hombre" (Mc 10,9), pero es cosa comprobada que un altísimo porcentaje, a veces superior al 50%, de quienes huyen de la Iglesia Católica y buscan cobijo en grupos protestantes están en situación práctica de adulterio. Y son voces de adúlteros, triste es decirlo pero hay que decirlo con claridad, son voces desobedientes a Jesús las que luego se elevan en "preciosas" alabanzas, en "sentidas" canciones, y en predicaciones que "tocan" el corazón.

2.4 Jesús fue claro. No podemos confundir la ternura de Cristo con laxismo de Cristo, ni podemos revolver irresponsablemente las afirmaciones sobre la misericordia de su corazón con los caprichos y las debilidades alocadas de nuestros propios corazones.

http://fraynelson.com/homilias.html.





viernes, 14 de agosto de 2015

“Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes”

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la XIX Semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Mateo 19,3-12. 
Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?". Él respondió: "¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer; y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido".  Le replicaron: "Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?". Él les dijo: "Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así. Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio". Los discípulos le dijeron: "Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse". Y él les respondió: "No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!". 
Comentario

El divorcio no sólo separa al esposo de la esposa. El divorcio separa culturas, cosmovisiones... y también religiones.

En América Latina, por lo menos, y sirva esto de ejemplo, hay un hecho comprobado: mientras que los protestantes de todas las denominaciones, incluyendo los que se quieren llamar simplemente "cristianos", alegan que su único apoyo es la Biblia, van contradiciendo esta tremenda afirmación con hechos tan concretos como desautorizar a Jesucristo en esta materia tan clara del divorcio.

Jesús dijo: "lo que Dios unió, que no lo separe el hombre," pero es cosa comprobada que un altísimo porcentaje, a veces superior al 50%, de quienes huyen de la Iglesia Católica y buscan cobijo en grupos protestantes están en situación práctica de adulterio. Y son voces de adúlteros, triste es decirlo pero hay que decirlo con claridad, son voces desobedientes a Jesús las que luego se elevan en "preciosas" alabanzas, en "sentidas" canciones, y en predicaciones que "tocan" el corazón.

Jesús fue claro. No podemos confundir la ternura de Cristo con laxismo de Cristo, ni podemos revolver irresponsablemente las afirmaciones sobre la misericordia de su corazón con los caprichos y las debilidades alocadas de nuestros propios corazones.


viernes, 28 de febrero de 2014

“Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”

¡Amor y paz!

La enseñanza de Jesús se refiere hoy a la indisolubilidad del matrimonio, tal como la había pensado Dios y como tendrán que aceptar los que quieran ser sus discípulos.

En la antigua ley (Deuteronomio 24) se permitía que el marido repudiara a la mujer en algunas ocasiones. Estas condiciones eran interpretadas por algunas escuelas de maestros muy estrictamente, y por otras con gran amplitud, de modo que resultaba muy fácil obtener el divorcio y crecía por tanto la inseguridad de la familia. Estaba de por medio la dignidad de la mujer, que podía ser rechazada, pero que no podía a su vez divorciarse del hombre.

Jesús se remonta a la voluntad original de Dios al crear al hombre y la mujer. El Génesis es más importante que las interpretaciones del Deuteronomio. Lo que Dios ha pensado es más decisivo que las evoluciones sociales y las interpretaciones de los sabios. Dios pensó que el hombre y la mujer formaran una sola carne: «lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre», y además los hizo de igual dignidad desde el principio.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la VII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Marcos 10,1-12. 
Jesús fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y, como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más.  Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?". Él les respondió: "¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?". Ellos dijeron: "Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella". Entonces Jesús les respondió: "Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido". Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. Él les dijo: "El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio". 
Comentario

MA/INDISOLUBILIDAD: El criterio de un cristiano para juzgar sobre las cosas no se puede basar últimamente en las evoluciones sociales o en los datos estadísticos o en las tendencias de una época, sino en la perspectiva de Dios. Respecto al matrimonio, su indisolubilidad no la ha pensado la Iglesia o una escuela de teólogos, sino Dios mismo, desde su proyecto inicial: «Los hizo hombre y mujer, de modo que ya no son dos, sino una sola carne». Nos lo recuerda hoy Jesús.

FIDELIDAD/DIFICIL: Lo que pasa es que en el mundo de hoy encontramos especiales dificultades para una fidelidad duradera. Estamos influidos por una sociedad de consumo que gasta y tira y cambia y busca nuevas sensaciones para satisfacer necesidades nuevas que nosotros mismos vamos creando. Vamos perdiendo así la capacidad de un amor total, de una entrega gratuita y estable, de un compromiso de por vida.

Estaríamos más conformes con una especie de «voluntariado» por tantos años, pero sin comprometernos de por vida.

La tendencia a la infidelidad la refería Jesús ante todo a las veleidades del pueblo de Israel en su historia, abandonando a Yahvé para adorar a otros dioses. Ahora la aplica al amor entre el hombre y la mujer, que hay que entender como estable y debe evitar todo adulterio. Por cierto, Jesús parece reconocer igual derecho en los dos, porque pone el ejemplo tanto del hombre que se divorcia como de la mujer que se separa del marido y se casa con otro. Aunque cometen adulterio si lo hacen.

Una de las razones del deterioro de la fidelidad estable es la poca preparación y la poca madurez humana que algunas personas llevan al matrimonio, hasta el punto de que se pueda dudar seriamente en no pocos casos de la validez del mismo. Lo que explica las muchas declaraciones de nulidad matrimonial que tiene que certificar la Iglesia.

Esta doctrina de Jesús sirve también para otros campos de nuestra vida y otros tipos de compromiso, como la vida religiosa o el ministerio sacerdotal. También a estas personas se aplica la invitación a una preparación madura, a una fidelidad estable y a una entrega total, como la del mismo Cristo, que se consagró hasta la muerte a la misión que se le había encomendado para salvación de la humanidad.

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 4
Tiempo Ordinario. Semanas 1-9
Barcelona 1997. Págs. 200-205

domingo, 16 de febrero de 2014

La fe cristiana no se queda en ritos y palabras: es una fe para la vida


¡Amor y paz!

Dos problemas le dan la oportunidad a Jesús de hablar de la "nueva justicia" de los cristianos: el homicidio y los sacrificios. Ambos eran juzgados por los judíos según móviles o formas externas. Pero Jesús reconoce una única y mucho más exigente razón de juicio: la caridad fraterna, ya que Dios escruta los corazones y juzga según las intenciones. (Misa Dominical 1990/05).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este VI Domingo del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga….

Evangelio según San Mateo 5,17-37.
 
No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos. Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego. Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo. Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio. Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio. Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. Cuando ustedes digan 'sí', que sea sí, y cuando digan 'no', que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno. 
 Comentario

Hoy nos da Jesús una auténtica lección de lo que es la fe cristiana, porque nos da una auténtica lección de vida. Hemos dicho muchas veces que la fe cristiana, si no vale para la vida, no es nada. Esto es tan importante y de tanta trascendencia que no importa repetirlo una vez más.

Jesús vino al mundo para conseguir un hombre nuevo, un hombre que tuviera una jerarquía de valores distinta a la que existe entre los hombres de todas las épocas y de todos los países, un hombre cuyas categorías mentales estuvieran perfectamente de acuerdo con la voluntad de Dios.

Comparando lo que es el mundo, nuestro mundo y cualquier época del mundo, con el Evangelio debemos llegar a la conclusión de que el cristiano tiene que ser un hombre «distinto» porque Jesús fue, evidentemente, distinto a sus contemporáneos y a todos los hombres anteriores y posteriores a El.

«Tertium genus», decía Tertuliano. Él conocía dos clases de hombres: los judíos y los paganos, que eran todos los demás. Y decía: el cristiano es una tercera clase de hombre, no visto hasta ahora.

Y pregunto ¿es el cristiano de hoy una raza distinta de los hombres de cualquier religión y de los que no tienen religión?

El evangelio de hoy confirma esta afirmación de Tertuliano. No se trata, dice Jesús, de cumplir la ley, sino de superarla. Cumplir la ley ya sería un triunfo, porque en muchísimas ocasiones el hombre la quebranta. Basta una mirada a nuestro alrededor para encontrarnos con un panorama de muerte al hombre, provocada por el hombre, de extorsiones, de torturas, de sufrimientos impresionantes provocados al hombre por el hombre desafiando todas las leyes de la naturaleza en la que resulta dificilísimo que los de una misma especie intenten exterminarse entre sí de una manera fría, metódica y preconcebida.

Hoy está a la orden del día no sólo la infidelidad en las relaciones hombre-mujer, sino la constante propaganda que pone la satisfacción propia por encima de cualquier otro sentimiento. Lo importante, puesto que se vive sólo una vez, es gozar, poseer, mandar, triunfar cuanto más mejor.

Y viene Jesús dando un giro a esta actitud. El hombre del Reino de Dios, el cristiano, tiene que tener clarísimo que él es hijo de Dios y que el hombre que vive a su lado también lo es. Con esta verdad vivida (no sólo aprendida intelectualmente) el hombre no sólo no puede matar a su hermano, sino que no puede insultarlo, despreciarlo, maltratarlo ni ignorarlo. Para el cristiano, el hombre, cualquier hombre, no puede ser nunca plataforma para su provecho personal, sino ocasión para la atención y la entrega al otro.

Por eso, el cristiano cree que es posible el amor, ese amor «hasta que la muerte nos separe» y que para sí quisieran los más progresistas del mundo. Pero lo cree sabiendo que el amor es fundamentalmente entrega y no satisfacción propia.

No basta con no matar, hay que respetar la vida. Y no se respeta la vida cuando se consiente o no se hace lo suficiente para impedir que el prójimo muera de hambre.

¿Cómo es posible que con tantos recursos técnicos, con tanto progreso, con tanto como nos sobra, con tantas cosechas y frutas que quedan sin recoger, haya tantos millones de hombre, mujers y niños en la más absoluta miseria? Nuestro progreso no es un progreso humano. La jornada de Manos Unidas es una llamada importante para todos. «Si no sois mejores que lo escribas y fariseos...»

No sólo cuentan las obras, lo que hacemos, sino el cómo y por qué lo hacemos, es decir, las actitudes. Lo que importa es la idea que tenemos y proyectamos del otro. Si el otro es sólo un competidor, cualquier trampa nos parecerá justificada; si el otro es sólo un consumidor, cualquier abuso nos parecerá lícito; si el otro no es más que un ciudadano, cualquier pretexto será válido para cargarle de impuestos; si el otro es uno cualquiera, seguiremos marginando a los pobres, despreciando a los drogadictos, echando de la vecindad a las minorías étnicas, cerrándoles el paso y maltratando a los inmigrantes...Pero nosotros creemos que el prójimo es mi hermano, «el hermano por quien Jesús ha muerto», como dice san Pablo.

Esta manera de creer, este modo de pensar, es la sabiduría más alta, la sabiduría que no es de este mundo, como nos dice san Pablo. Porque en este mundo sólo cuenta y se tiene en cuenta el dinero, la categoría social, el pasaporte o el carnet de identidad. Pero, en este mundo y a pesar del mundo, nosotros, como cristianos, estamos llamados a compartir y difundir esta sabiduría divina, la del evangelio, la de que todos los hombres somos una sola familia en un solo mundo. Lo demás son pretextos, excusas, apariencias legales, pero inmorales.

Una fe para la vida, eso es lo que quiere el Señor para los suyos. Una fe que se refleje en las relaciones sociales, en las actitudes individuales y colectivas de los que se llaman cristianos. Una fe que se refleje en el trabajo, en el sentido de la justicia, en el compromiso con los débiles, en el respeto al hombre, en la capacidad de diálogo y de comprensión, en el destierro de la intolerancia, del insulto, de la agresividad, del dogmatismo, en la apertura al amor, un amor que porque está centrado en Dios, es capaz de resistir la erosión del tiempo y la carcoma de la desilusión. Una fe para la vida que sea capaz de iluminar al mundo dándole sentido y asegurándole que es posible que el hombre deje de ser enemigo del hombre para convertirse en hermano.










viernes, 16 de agosto de 2013

“Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”

¡Amor y paz!

Terminado ya el «discurso eclesial» del cap. 18, siguen unas recomendaciones de Jesús en su camino a Jerusalén: esta vez, la célebre cuestión del divorcio.
La pregunta no es acerca de la licitud del divorcio, que era algo admitido. Sino sobre cuál de las dos interpretaciones era más correcta: la amplia de algunos maestros como Hillel, que multiplicaban los motivos para que el marido pudiera pedir el divorcio (no aparece que lo pueda pedir la mujer), o la más estricta de la escuela de Shammai, que sólo lo admitía en casos extremos, por ejemplo el adulterio.

Jesús deja aparte la casuística y reafirma la indisolubilidad del matrimonio, recordando el plan de Dios: «ya no son dos, sino una sola carne: así pues, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre». Al mismo tiempo, negando el divorcio, Jesús restablece la dignidad de la mujer, que no puede ser tratada, como lo era en aquel tiempo, con esa visión tan machista e interesada. La excepción que admite («no hablo de prostitución») no se sabe bien a qué se puede referir. Pero lo que sí queda muy claro es el principio de que «lo que Dios ha unido el hombre no lo separe».

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este viernes de la XIX semana del tiempo ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 19,3-12. 
Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?". Él respondió: "¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer;  y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido". Le replicaron: "Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?". Él les dijo: "Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así. Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio". Los discípulos le dijeron: "Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse". Y él les respondió: "No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!". 
Comentario

Cristo toma en serio la relación sexual, el matrimonio y la dignidad de la mujer. No con los planteamientos superficiales de su tiempo y de ahora, buscando meramente una satisfacción que puede ser pasajera. En el sermón de la montaña (lo veíamos el viernes de la semana décima) ya desautorizaba el divorcio. Aquí apela a la voluntad original de Dios, que comporta una unión mucho más seria y estable, no sujeta a un sentimiento pasajero o a un capricho.

El plan es de Dios: él es quien ha querido que exista esa atracción y ese amor entre el hombre y la mujer, con una admirable complementariedad y, además, con la apertura al milagro de la vida, en el que colaboran con el mismo Dios.
Lo cual nos recuerda la necesidad de que lo tomemos en serio también nosotros, dentro de la comunidad eclesial: la preparación humana y psicológica del matrimonio, su celebración, su acompañamiento después... El amor que quiere Dios es estable, fiel, maduro.

Si el matrimonio se acepta con todas las consecuencias, no buscándose sólo a sí mismo, sino con esa admirable comunión de vida que supone la vida conyugal y, luego, la relación entre padres e hijos, evidentemente es comprometido, además de noble y gozoso. Como era difícil lo que nos pedía Jesús ayer: perdonar al hermano. Como es difícil tomar la cruz cada día y seguirle.

Podríamos completar hoy nuestra escucha de la Palabra bíblica leyendo lo que el Catecismo dice sobre «el matrimonio en el Señor» (CEC 1612-1617); valora el matrimonio cristiano desde su simbolismo del amor de Dios a Israel y de Cristo a su Iglesia, y alude también, con la cita de ese pasaje de Mt 19, a la cuestión del divorcio.

La lección de la fidelidad estable vale igualmente para los que han optado por otro camino, el del celibato. De eso habla hoy Jesús cuando afirma que hay quien renuncia al matrimonio y se mantiene célibe «por el Reino de los Cielos». Como hizo él. Como hacen los ministros ordenados y los religiosos: no para no amar, sino para amar más y de otro modo. Para dedicar su vida entera -también como signo-, a colaborar en la salvación del mundo. El celibato lo presenta Jesús como un don de Dios, no como una opción que sea posible a todos.

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 267-271

viernes, 14 de junio de 2013

«Quien mira a una mujer con malos deseos, ya cometió adulterio»

¡Amor y paz!

Luego de presentar el nuevo sentido del quinto mandamiento, Jesús expone hoy el significado que debe asumir el siguiente, "no cometer adulterio" y a él va unido, por la cercanía temática, la consideración de la legislación matrimonial. 

El Señor radicaliza el mandamiento antiguo de “no cometer adulterio” (Ex 20,4; Dt 5,18). Jesús pasa del nivel jurídico-legal al de las relaciones interpersonales profundas. Con la mirada del hombre se expresa el deseo de posesión, la “concupiscencia” en sentido ético-religioso, que transforma a la otra persona en objeto al servicio de mi propio placer.

Este deseo malsano implica la acción del hombre desde sus intenciones y decisiones interiores: “el corazón”: “Yo les digo que todo el que mira con malos deseos a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”.  

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la 10ª. Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 5,27-32.
Ustedes han oído que se dijo: «No cometerás adulterio.» Pero yo les digo: Quien mira a una mujer con malos deseos, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho te está haciendo caer, sácatelo y tíralo lejos; porque más te conviene perder una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te lleva al pecado, córtala y aléjala de ti; porque es mejor que pierdas una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. También se dijo: «El que se divorcie de su mujer, debe darle un certificado de divorcio.» Pero yo les digo: Si un hombre se divorcia de su mujer, fuera del caso de unión ilegítima, es como mandarla a cometer adulterio: el hombre que se case con la mujer divorciada, cometerá adulterio. 
Comentario

Tenemos aquí dos enseñanzas, expresadas igualmente con la oposición entre lo que fue dicho a los antiguos y la afirmación de Jesús. Esta se desarrolla de nuevo en cada caso en la sucesión de dos etapas. Una ley obligatoria y general (denominada apodíctica), seguida de una ley casuística, donde se presenta un caso límite que demuestra hasta qué punto debe llegar el cumplimiento de la anterior. 

La primera de esas enseñanzas (vv. 27-30) se inicia reproduciendo el mandamiento de Ex 20, 14 y Dt 5, 18. A partir de esa formulación, Jesús amplía los límites que debe asignarse al concepto de adulterio. No se trata solamente de una acción exterior, sino que engloba la raíz de esa acción. No sólo el "cometer"(v. 27) sino también el "desear" (v. 28) está comprendido en su significación. Este desear ya es un "cometer adulterio en el corazón".

El caso que se presenta a continuación concierne a la manera de comportarse frente a las partes del cuerpo que colaboran en el despertar del deseo pecaminoso. En ambos casos se le añade la misma determinación: "ojo derecho", "mano derecha" y con ella se quiere señalar el que era considerado más digno en aquella época. 

Para motivar la dureza de la acción "cortar y arrojar", se recurre al horizonte del juicio divino con la mención de la gehena, lugar donde se quema la basura de la ciudad y, por analogía, lugar donde se quemarán las acciones dignas de reprobación en el juicio divino. 

La segunda enseñanza (vv. 31-32) considera la práctica del repudio existente en Israel. Las principales causas que permiten esa decisión según el libro del Deuteronomio son: la prisionera de guerra que se ha dejado de amar (Dt 21, 10-14), la carencia de virginidad de la esposa previa al matrimonio (22, 13-21) y "el hecho vergonzoso" (Dt 24, 1). Sobre toda esta última motivación era objeto de discusión. Algunos reservaban la decisión para causas de suma gravedad, mientras otros la ampliaban a otras no tan importantes. 

Jesús se aparta de las discusiones mencionadas e insiste en la amenaza que representa el repudio para la institución matrimonial. 

El que "repudia a la propia esposa" la expone al adulterio, no sólo a ella sino a quien se una a ella en una nueva unión conyugal. Sin embargo, la mención de una causa permitida de adulterio definida como "fornicación" presenta una dificultad todavía no solucionada definitivamente. Se puede pensar con algunos que se trata del "hecho vergonzoso" de Dt 21,1, un adulterio o infidelidad manifiesta, puede tratarse según otra opinión de uniones no permitidas por la Ley que deben por consiguiente disolverse. O puede tratarse de un privilegio existente en la comunidad de Mateo, análogo al permitido en las comunidades paulinas (cf1 Cor 7, 15-16). 

En todo caso, Jesús quiere afirmar el sentido fundamental del matrimonio y, consiguientemente, de la dignidad e igualdad de los cónyuges. Resalta la defensa de la mujer en una sociedad cuya suerte estaba frecuentemente expuesta a la arbitrariedad del marido.

Servicio Bíblico Latinoamericano