martes, 7 de marzo de 2017

Es necesario pasar del rezo a la oración y llenarla de contenido con los evangelios

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario en este martes de la primera semana de Cuaresma.

Dios nos bendice...

Evangelio según San Mateo 6,7-15. 
Jesús dijo a sus discípulos: Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes. 
Comentario

La oración es la forma típica de la comunicación religiosa, pues con ella se dirige el creyente a Dios, con gritos o suspiros, sin palabras o con la mente, como individuo o como grupo, para sí mismo o para otros.

Se le han atribuido muchas características en las religiones, no todas conformes con el objetivo último que tiene en los evangelios, algunas de ellas derivadas de los salmos que son el “sudor” espiritual durante cerca de 1000 años del pueblo judío.

Se mezcla con votos, peticiones de venganza, liberar del sufrimiento, éxito en la batalla, ayunos y purificaciones previas que exigen revisión de parte del creyente.

Como recomiendan especialistas, los salmos hay que orarlos tres veces: con Israel, con el evangelio y con la situación concreta de quien o quienes lo oran.

Lutero decía que el Padrenuestro superó todos los salmos. No nos dice que sea la oración de Jesús sino la de sus seguidores. La estructura corriente incluye la invocación, la presentación de la alabanza, la gratitud o la petición y la promesa o voto de parte que quien o quienes oran.

En las tres religiones monoteístas (cristianismo, islamismo y judaísmo) es central la oración tanto individual como colectiva, aunque más purificada de excesos en esta última. En la oración individual, dada la función terapéutica que implica, es necesario superar lo sicológico para llegar a lo evangélico: orar para controlar las pasiones y con la Biblia para fortalecer el conocimiento de Dios.

En el evangelio de hoy tenemos una oración que toma elementos de la oración judía ya existentes pues algunas peticiones ya existían. Probablemente influyó en su composición la necesidad de la comunidad primitiva de tener una oración que marcara su identidad frente a otros grupos judíos. No incluye la pasión y resurrección que son elementos típicos cristianos. Padre es una invocación judía como padre de todo el pueblo; la cristiana sería Abba, de mayor intimidad, como parece en Marcos. Los cátaros le dieron tal importancia al Padrenuestro que era la oración consecratoria de sus cenas eucarísticas.

La petición fundamental, concorde con el resto de los evangelios, es que venga el “reinado de Dios”, expresión que aparece 114 veces en los evangelios; un reinado que empieza aquí y ahora cuando el creyente hace la voluntad de Dios. Esta no es una agenda prefijada que sino que el creyente se deje mover por el Espíritu del Resucitado más que por sus pasiones a menudo disfrazadas. La única petición “material” parece ser el pan, que es calificado con una palabra única en todos los evangelios: epiousion en griego. Fue traducida por Jerónimo como el pan “supersubstancial” que pude aludir al pan material necesario o al eucarístico.

En cuanto al material ha sido traducido variadamente: pan de hoy, pan del mañana, el pan ya consumido en el día (pan ganado con el sudor de ayer). La petición como la usamos hoy no está en ningún evangelista. Mateo dice: “el pan de mañana dánosle hoy”; y Lucas dice: “el pan de mañana dánoslo cada día”. Es que el pan también es metáfora del banquete celestial. Según Mateo, el pan que esperamos, ese banquete para mañana, donde serán admitidos los gentiles, los publicanos, las prostitutas, los pobres, dánosle hoy, ya.

Lucas, que ha anclado en la historia el mensaje de Jesús sobre el Reino, dice en el Padrenuestro: “danos el pan de mañana cada día”. Ese Reino del cielo donde Dios lo es todo en todos, donde se dan las perfectas relaciones de justicia y donde hay trigo y aceite para todos, dánoslo ya cada día. El perdón pedido ha sido igualmente traducido para las deudas, las ofensas, pecados (en Lucas), debilidades o caídas. Las tentaciones son difíciles de determinar a no ser que las reduzcamos a la visión moral y sexuada que a menudo ha tenido. Tomando la tentación como prueba representa la lucha permanente del creyente: «Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes le aman» (St 1:12). El mismo Jesús fue tentado en más de una ocasión y no pidió que se le quitara, la superó.

La petición por la venida del reinado, la santificación del nombre y la realización de la voluntad de Dios son en realidad una petición desdoblada; es la manifestación esperanzada de que toda la creación llegue a la plenitud, al fin de la acción salvífica. De la época de los evangelios tenemos otra versión en Lucas y una más en la Didaché o Enseñanza de los Doce Apóstoles. La versión de Lucas es más corta lo que nos lleva a pensar que no era una oración repetida uniformemente en las comunidades creyentes. En el fondo, el contenido del Padrenuestro no es más que la predicación de Jesús resumida, como aparece en las Bienaventuranzas.

Una dificultad técnica con el Padrenuestro la tenemos con la lengua. Las oraciones oficiales en la época de Jesús se rezaban en hebreo, idioma que no entendía la gente sencilla. Jesús probablemente rezaba en arameo, la lengua del pueblo, como decir en nuestro medio “en chibcha”. La palabra aramea Abba no lo recuerda. La oración típica, el Padrenuestro, se la habría dado a la comunidad en su lengua materna, el arameo. Con eso, Jesús saca a la oración del círculo exclusivo de la liturgia sagrada, y la pone en medio de la vida.

Podríamos decir que el Padrenuestro nos invita a una triple relación fundamental como es la relación con Dios como Padre amoroso, con los demás pues es Dios “nuestro” sin exclusivismos por lo cual el proyecto de hermano (incluidos los enemigos) es fundamental para el reinado de Dios y finalmente la relación con la creación en términos como «no os afanéis por vuestra vida: qué vais a comer; ni por vuestro cuerpo: con qué lo vais a vestir» (Mt 6:25). Esta última relación es la que más desorden ha creado en el campo ecológico pues acaba con el “hoy” de muchos para asegurar el “mañana” de unos pocos.

El Padrenuestro tiene pues también una dimensión de exhortación y crítica. Jesús critica la oración que no va acompañada de un compromiso serio con los demás y con el cosmos. Las pocas oraciones de Jesús que conocemos en sus formulaciones, como en Getsemaní, son de agradecimiento al Padre por lo que ha hecho (curaciones) y de aceptación de la pasión, por dolorosa que sea.

Rezar el Padrenuestro de manera rutinaria, como cantamos una canción de moda, puede ser una costumbre arraigada desde la niñez, un acto reflejo, un protocolo de cortesía religiosa. Pero si se esquiva la decisión de la voluntad y el compromiso no alcanza mayor sentido. Es necesario pasar del mero rezo a la oración y llenar ésta de contenido con los evangelios, pues el Padrenuestro es pieza de un conjunto mayor como la vida y accionar de Jesús. Se vive y entiende el Padrenuestro si se vive y entiende la misma vida de Jesús. En el mundo de hoy, como en el de la época de Jesús, el Padrenuestro nos recuerda que el reinado de Dios aún está muy lejos y que nos falta mucho por caminar. El Padre tiene toda la paciencia del mundo.

Apuntes del Evangelio.
Luis Javier Palacio, S.J.
Jesuitas.org.co