sábado, 14 de noviembre de 2020

Jesús pide a sus discípulos orar siempre sin desanimarse

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este sábado de la 32ª semana del Tiempo Ordinario, ciclo A.

 

Dios nos bendice...

 

Hoy, sábado, 14 de noviembre de 2020

 

Primera lectura

 

Lectura de la tercera carta del apóstol san Juan (5-8):

Querido amigo Gayo, te portas con plena lealtad en todo lo que haces por los hermanos, y eso que para ti son extraños. Ellos han hablado de tu caridad ante la comunidad de aquí. Por favor, provéelos para el viaje como Dios se merece; ellos se pusieron en camino para trabajar por él sin aceptar nada de los gentiles. Por eso debemos nosotros sostener a hombres como éstos, cooperando así en la propagación de la verdad.

Palabra de Dios

 

Salmo

 

Sal 111,1-2.3-4.5-6

R/.
Dichoso quien teme al Señor

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. R/.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo. R/.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo. R/.

 

Evangelio

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,1-8):

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario." Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara."»
Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

Palabra del Señor

 

Reflexión

 

    Hay parábolas que necesitan ser interpretadas. Los estudiosos de la Biblia han dedicado muchas horas y muchos libros a lo largo de la historia para desentrañar lo que Jesús quiso decir con algunas de esas historias. Pero la parábola de hoy, en principio, no necesita de ese trabajo. Jesús mismo interpreta la parábola para nosotros. 

 

      No es que Dios se parezca al juez injusto, que termina por hacer justicia a la viuda no por hacer justicia en sí, lo que debería ser su principal preocupación, sino porque la viuda no le deja tranquilo y le importuna. Lo que dice Jesús es precisamente lo contrario. Si el juez injusto es capaz de hacer eso, qué no hará Dios con sus elegidos, con sus pequeños, con sus hijos e hijas que claman a él día y noche. Eso es así independientemente de que cuando venga el Hijo del hombre se encuentre con esa fe y esa confianza en la tierra. Dios no depende de nuestra fe. Dios es lo que es: absoluto de vida, de libertad y de justicia. Y su ser no se cambia porque nosotros creamos o no creamos en él. 

      

Pero me voy a atrever a interpretar de una manera un poco diferente esa historia de la viuda que importuna el juez hasta consigue que le haga justicia. Me gusta imaginar que Dios se parece un poco a esa viuda pesada, que a tiempo y a destiempo, persigue al juez hasta que consigue que cambie, que haga justicia, que haga las cosas bien, como las debe hacer. 

 

      Me gusta pensar que Dios, de muchas maneras, por caminos a veces muy extraños, nos busca y nos sigue, nos persigue, se hace el pesado con nosotros. Hasta que consigue lo que quiere: que descubramos que somos hijos e hijas suyos, que estamos llamados a vivir en el amor, a amar sin límite a nuestros hermanos y hermanas, a perdonar, a reconciliar, a ser misericordiosos como lo es Él. Y que solo por ese camino llegaremos a ser felices, a vivir en paz con nosotros mismos. 

 

      No siempre los caminos de Dios son los nuestros. Nosotros conocemos algunos de sus caminos: la iglesia, la palabra de Dios, los sacramentos, la oración... Todos esos son buenos caminos. Dios los sigue muchas veces para encontrarse con nosotros. Pero Dios es más grande que todo eso. Y sumamente libre. Y muy creativo. Capaz de imaginar siempre nuevos caminos para encontrarse con sus hijos e hijas por medios que nosotros no podemos ni imaginar. Dios es un poco, o un mucho, pesado y no ceja hasta encontrarse con nosotros, hasta tocarnos el corazón y curarnos nuestras llagas. Habrá quien no le sepa poner nombre, quien no le reconozca. Pero eso es lo de menos. Lo importante es que el amor de Dios llega a todos los corazones. Sin medida. Sin límite. Porque Dios no deja nunca abandonado a ningún hijo suyo. Por más que nosotros no lo veamos ni lo entendamos. Eso forma parte de nuestra fe. 

 

Fernando Torres cmf

Ciudad Redonda