miércoles, 1 de julio de 2026

¿Has venido a atormentar a los demonios antes de tiempo?

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este miércoles 13 del Tiempo Ordinario (A).

Dios nos bendice

 

1ª Lectura (Am 5,14-15.21-24):

 

Buscad el bien y no el mal, y viviréis, y así estará con vosotros el Señor Dios de los ejércitos, como deseáis. Odiad el mal, amad el bien, defended la justicia en el tribunal. Quizá se apiade el Señor, Dios de los ejércitos, del resto de José. «Detesto y rehúso vuestras fiestas —oráculo del Señor—, no quiero oler vuestras ofrendas. Aunque me ofrezcáis holocaustos y dones, no me agradarán; no aceptaré los terneros cebados que sacrificáis en acción de gracias. Retirad de mi presencia el estruendo del canto, no quiero escuchar el son de la cítara; fluya como el agua el juicio, la justicia como arroyo perenne».

 

Salmo responsorial: 49

 

R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

 

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte; Israel, voy a dar testimonio contra ti; “yo, Dios, tu Dios”».

«No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños».

«Pues las fieras de la selva son mías, y hay miles de bestias en mis montes; conozco todos los pájaros del cielo, tengo a mano cuanto se agita en los campos».

«Si tuviera hambre, no te lo diría: pues el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos?».

«¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?».

 

Versículo antes del Evangelio (Sant 1,18):

 

Aleluya. De su voluntad nos ha engendrado el Padre por la Palabra de la verdad, para que seamos como primicias de sus criaturas. Aleluya.

 

Texto del Evangelio (Mt 8,28-34):

En aquel tiempo llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: "¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?"

Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: "Si nos echas, mándanos a la piara". Jesús les dijo: "Id". Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

 

Comentario

 

"Dos endemoniados salieron a su encuentro"

Jesús llega a la otra orilla, llega a la región de los gerasenos, situada en la Decápolis. Los habitantes de Gerasa todavía no habían recibido la Buena Noticia del Reino de Dios; vivían envueltos en la oscuridad que conlleva la ausencia de la luz del Reino de Dios.

Las fuerzas del mal estaban entre ellos y, estas fuerzas del mal no estaban dispuestas a renunciar a la más mínima presión sobre estos hombres y mujeres. Los caminos que dominaban estaban llenos de violencia y, por eso, nadie se atrevía a pasar por ellos. No son caminos de vida y de paz, donde el caminante pueda disfrutar de la Creación, de la Naturaleza; son caminos de oscuridad, de sufrimiento, de dolor. Las fuerzas del mal son muy poderosas donde reina la oscuridad.

"La piara entera se abalanzó acantilado abajo"

Pero Jesús llega a esta orilla y su luz ilumina de vida y esperanza a esta región sumida en la oscuridad; la presencia del Señor en aquella orilla, es la victoria de la luz sobre la oscuridad, de paz sobre la violencia, de la esperanza sobre la desilusión.

También hoy el Señor tiene que llegar a tantas y tantas “regiones”; vidas envueltas en el dolor de la enfermedad, hombres y mujeres que sobreviven en un mundo dominado por intereses económicos y estratégicos, “caminos” por los que es muy difícil transitar si se quiere permanecer en la honestidad de la luz de Dios.

Jesús es la luz que llega a cada uno de nosotros para deshacer la fuerza del mal, no podemos dejar que esa fuerza rompa la fraternidad que nace de tener a Dios como Padres. Jesús, luz del mundo, ilumina nuestra vida y crea en nosotros lazos de solidaridad que disipan las tinieblas de los egoísmos humanos.

Fr. Benito Medina Carpintero O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)


martes, 30 de junio de 2026

«Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza»

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios en este martes de la semana 13 del Tiempo Ordinario (A).

Dios nos bendice

 

1ª Lectura (Am 3,1-8;4,11-12):

 

Escuchad esta palabra que dice el Señor, hijos de Israel, a todas las familias que saqué de Egipto: «A vosotros solos os escogí, entre todas las familias de la tierra; por eso os tomaré cuentas por vuestros pecados. ¿Caminan juntos dos que no se conocen? ¿Ruge el león en la espesura sin tener presa? ¿Alza su voz el cachorro en la guarida sin haber cazado? ¿Cae el pájaro por tierra si no hay una trampa? ¿Salta la trampa del suelo sin haber atrapado? ¿Suena la trompeta en la ciudad sin que el pueblo se alarme? ¿Sucede una desgracia en la ciudad que no la mande el Señor? Que no hará cosa el Señor sin revelar su plan a sus siervos, los profetas. Ruge el león, ¿quién no teme? Habla el Señor, ¿quién no profetiza? Os envié una catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, y fuisteis como tizón salvado del incendio, pero no os convertisteis a mí –oráculo del Señor–. Por eso, así te voy a tratar, Israel, y, porque así te voy a tratar, prepárate a encararte con tu Dios».

 

Salmo responsorial: 5

 

R/. Señor, guíame con tu justicia.

 

Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped, ni el arrogante se mantiene en tu presencia.

Detestas a los malhechores, destruyes a los mentirosos; al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor.

Pero yo, por tu gran bondad, entraré en tu casa, me postraré ante tu templo santo con toda reverencia.

 

Versículo antes del Evangelio (Sal 129,5):

 

Aleluya. Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra. Aleluya.

 

Texto del Evangelio (Mt 8,23-27):

 

En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?». Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?».

 

Comentario

 

Hoy, Martes XIII del tiempo ordinario, la liturgia nos ofrece uno de los fragmentos más impresionantes de la vida pública del Señor. La escena presenta una gran vivacidad, contrastando radicalmente la actitud de los discípulos y la de Jesús. Podemos imaginarnos la agitación que reinó sobre la barca cuando «de pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas» (Mt 8,24), pero una agitación que no fue suficiente para despertar a Jesús, que dormía. ¡Tuvieron que ser los discípulos quienes en su desesperación despertaran al Maestro!: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» (Mt 8,25).

El evangelista se sirve de todo este dramatismo para revelarnos el auténtico ser de Jesús. La tormenta no había perdido su furia y los discípulos continuaban llenos de agitación cuando el Señor, simplemente y tranquilamente, «se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza» (Mt 8,26). De la Palabra increpatoria de Jesús siguió la calma, calma que no iba destinada sólo a realizarse en el agua agitada del cielo y del mar: la Palabra de Jesús se dirigía sobre todo a calmar los corazones temerosos de sus discípulos. «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» (Mt 8,26).

Los discípulos pasaron de la turbación y del miedo a la admiración propia de aquel que acaba de asistir a algo impensable hasta entonces. La sorpresa, la admiración, la maravilla de un cambio tan drástico en la situación que vivían despertó en ellos una pregunta central: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?» (Mt 8,27). ¿Quién es el que puede calmar las tormentas del cielo y de la tierra y, a la vez, las de los corazones de los hombres? Sólo quien «durmiendo como hombre en la barca, puede dar órdenes a los vientos y al mar como Dios» (Nicetas de Remesiana).

Cuando pensamos que la tierra se nos hunde, no olvidemos que nuestro Salvador es Dios mismo hecho hombre, el cual se nos acerca por la fe.

 

Fray Lluc TORCAL Monje del Monasterio de Sta. Mª de Poblet (Santa Maria de Poblet, Tarragona, España)

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