martes, 18 de agosto de 2026

«Un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos...»

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este martes 20 del Tiempo Ordinario (A).

 

Dios nos bendice

 

1ª Lectura (Ez 28,1-10):

 

Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, di al príncipe de Tiro: Así dice el Señor: Se hinchó tu corazón, y dijiste: ‘Soy Dios, entronizado en solio de dioses en el corazón del mar’, tú que eres hombre y no dios; te creías listo como los dioses. ¡Si eres más sabio que Daniel!; ningún enigma se te resiste. Con tu talento, con tu habilidad, te hiciste una fortuna; acumulaste oro y plata en tus tesoros. Con agudo talento de mercader ibas acrecentando tu fortuna, y tu fortuna te llenó de presunción.

»Por eso, así dice el Señor: Por haberte creído sabio como los dioses, por eso traigo contra ti bárbaros pueblos feroces; desenvainarán la espada contra tu belleza y tu sabiduría, profanando tu esplendor. Te hundirán en la fosa, morirás con muerte ignominiosa en el corazón del mar. Tú, que eres hombre y no dios, ¿osarás decir: ‘Soy Dios’, delante de tus asesinos, en poder de los que te apuñalen? Morirás con muerte de incircunciso, a manos de bárbaros. Yo lo he dicho». Oráculo del Señor.

 

Salmo responsorial: Dt 32

 

R/. Yo doy la muerte y la vida.

 

Yo pensaba: «Voy a dispersarlos y a borrar su memoria entre los hombres». Pero no; que temo la jactancia del enemigo y la mala interpretación del adversario.

Que diría: «Nuestra mano ha vencido, no es el Señor quien lo ha hecho». Porque son una nación que ha perdido el juicio.

¿Cómo es que uno persigue a mil, y dos ponen en fuga a diez mil? ¿No es porque su Roca los ha vendido, porque el Señor los ha entregado?

El día de su perdición se acerca, y su suerte se apresura. Porque el Señor defenderá a su pueblo y tendrá compasión de sus siervos.

 

Versículo antes del Evangelio (2Cor 8,9):

 

Aleluya. Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriqueceros con su pobreza. Aleluya.

 

Texto del Evangelio (Mt 19,23-30):

 

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos». Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible».

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?». Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros».

 

Comentario

 

Hoy contemplamos la reacción que suscitó entre los oyentes el diálogo del joven rico con Jesús: «¿Quién se podrá salvar?» (Mt 19,25). Las palabras del Señor dirigidas al joven rico son manifiestamente duras, pretenden sorprender, despertar nuestras somnolencias. No se trata de palabras aisladas, accidentales en el Evangelio: veinte veces repite este tipo de mensaje. Lo debemos recordar: Jesús advierte contra los obstáculos que suponen las riquezas, para entrar en la vida...

Y, sin embargo, Jesús amó y llamó a hombres ricos, sin exigirles que abandonaran sus responsabilidades. La riqueza en sí misma no es mala, sino su origen si fue injustamente adquirida, o su destino, si se utiliza egoístamente sin tener en cuenta a los más desfavorecidos, si cierra el corazón a los verdaderos valores espirituales (donde no hay necesidad de Dios).

«¿Quién se podrá salvar?». Jesús responde: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible» (Mt 19,26). —Señor, Tú conoces bien las habilidades de los hombres para atenuar tu Palabra. Tengo que decírtelo, ¡Señor, ayúdame! Convierte mi corazón.

Después de marchar el joven rico, entristecido por su apego a sus riquezas, Pedro tomó la palabra y dijo: —Concede, Señor, a tu Iglesia, a tus Apóstoles ser capaces de dejarlo todo por Ti.

«En la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria...» (Mt 19,28). Tu pensamiento se dirige a ese “día”, hacia ese futuro. Tú eres un hombre con tendencia hacia el fin del mundo, hacia la plenitud del hombre. En ese tiempo, Señor, todo será nuevo, renovado, bello.

Jesucristo nos dice: —Vosotros, que lo habéis dejado todo por el Reino, os sentaréis con el Hijo del Hombre... Recibiréis el ciento por uno de lo que habéis dejado... Y heredaréis la vida eterna... (cf. Mt 19,28-29).

El futuro que Tú prometes a los tuyos, a los que te han seguido renunciando a todos los obstáculos... es un futuro feliz, es la abundancia de la vida, es la plenitud divina.

—Gracias, Señor. ¡Condúceme hasta ese día!


Rev. D. Fernando PERALES i Madueño (Terrassa, Barcelona, España)

Evangeli.net

lunes, 17 de agosto de 2026

«Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres»

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este lunes 20 del Tiempo Ordinario (A).

 

Dios nos bendice

 

1ª Lectura (Ez 24,15-24):

 

Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, voy a arrebatarte repentinamente el encanto de tus ojos; no llores ni hagas duelo ni derrames lágrimas; aflígete en silencio como un muerto, sin hacer duelo; líate el turbante y cálzate las sandalias; no te emboces la cara ni comas el pan del duelo». Por la mañana, yo hablaba a la gente; por la tarde, se murió mi mujer; y, a la mañana siguiente, hice lo que se me había mandado.

Entonces me dijo la gente: «¿Quieres explicarnos qué nos anuncia lo que estás haciendo?». Les respondí: «Me vino esta palabra del Señor: ‘Dile a la casa de Israel: Así dice el Señor: Mira, voy a profanar mi santuario, vuestro soberbio baluarte, el encanto de vuestros ojos, el tesoro de vuestras almas. Los hijos e hijas que dejasteis caerán a espada. Entonces haréis lo que yo he hecho: no os embozaréis la cara ni comeréis el pan del duelo; seguiréis con el turbante en la cabeza y las sandalias en los pies, no lloraréis ni haréis luto; os consumiréis por vuestra culpa y os lamentaréis unos con otros. Ezequiel os servirá de señal: haréis lo mismo que él ha hecho. Y, cuando suceda, sabréis que yo soy el Señor’».

 

Salmo responsorial: Dt 32

 

R/. Despreciaste a la Roca que te engendró.

 

Despreciaste a la Roca que te engendró, y olvidaste al Dios que te dio a luz. Lo vio el Señor, e irritado rechazó a sus hijos e hijas.

Pensando: «Les esconderé mi rostro y veré en qué acaban, porque son una generación depravada, unos hijos desleales».

«Ellos me han dado celos con un dios ilusorio, me han irritado con ídolos vacíos; pues yo les daré celos con un pueblo ilusorio, los irritaré con una nación fatua».

Versículo antes del Evangelio (Mt 5,3):

Aleluya. Dichosos los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos. Aleluya.

 

Texto del Evangelio (Mt 19,16-22):

 

En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?». Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

 

Comentario

 

Hoy, el Evangelio nos presenta al joven rico, un muchacho que tenía una gran sed de eternidad: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno, para obtener la vida eterna?» (Mt 19,16). Ese anhelo de felicidad está inscrito en el alma de cada persona pues todos hemos sido creados por el Amor y destinados a la comunión plena con Él. Entonces, ¿cuál fue el obstáculo que impidió a este joven seguir a Jesús? Su corazón seguía apegado a los bienes temporales. Ese joven tenía un deseo noble, pero comprendía el camino de salvación como un mero cumplimiento de una serie de normas: «Todo esto lo he cumplido. ¿Qué me falta?» (Mt 19,20).

Para alcanzar la salvación de nuestras almas debemos dejar que Dios señoree nuestra vida a fin de que el Espíritu Santo nos vaya despojando de todo aquello que no viene de Él, incluso de aquellas cosas que, siendo buenas, pueden ser óbice para nuestra santidad. Su amor por nosotros no tiene límites y por ello no quiere dejarnos encerrados en nuestro egoísmo y en nuestra iniquidad: «A cada uno os digo: Dios te ama como eres, pero te sueña mejor» (León XIV).

Jesús nos invita a apostar fuerte y a alzar la mirada hacia los bienes eternos. Nos abre un camino de salvación que encuentra su fundamento en el amor y en la libertad que solo Él puede darnos. Nos muestra que el itinerario cristiano no consiste únicamente en hacer cosas (cumplir mandamientos) sino principalmente en dejarnos transformar por su gracia, sin poner condiciones: «Si eres obra de Dios, espera la mano de tu Artífice, que hace todas las cosas a su tiempo. Ofrécele un corazón dócil y maleable, y conserva la forma que te dio el Artífice, teniendo en ti el agua que viene de Él, para que, endurecido, no pierdas la huella de sus dedos» (San Ireneo).

Pidamos a Dios que nos ayude a ser generosos y audaces en su seguimiento y a no tener miedo de entregarnos a su voluntad. La recompensa es muy grande: «Recibirá cien veces más y heredará la vida eterna» (Mt 19,29).

P. Enrique AMAT i Busquets (Terrassa, Barcelona, España

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