¡Amor y paz!
Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este lunes 16 del Tiempo Ordinario (A). Le pedimos al Señor que bendiga y proteja a Colombia y a los colombianos, en la celebración del día de la Independencia Nacional.
Dios nos bendice
1ª Lectura (Miq 6,1-4.6-8):
Escuchad lo que dice el Señor: «Levántate y llama a juicio a los montes, que escuchen los collados tu voz». Escuchad, montes, el juicio del Señor; atended, cimientos de la tierra: El Señor entabla juicio con su pueblo y pleitea con Israel: «Pueblo mío, ¿qué te hice o en qué te molesté? Respóndeme. Te saqué de Egipto, de la esclavitud te redimí, y envié por delante a Moisés, Aarón y María». «¿Con qué me acercaré al Señor, me inclinaré ante el Dios de las alturas? ¿Me acercaré con holocaustos, con novillos de un año? ¿Se complacerá el Señor en un millar de carneros, o en diez mil arroyos de grasa? ¿Le daré un primogénito para expiar mi culpa; el fruto de mi vientre, para expiar mi pecado?». «Te han explicado, hombre, el bien, lo que Dios desea de ti: simplemente, que respetes el derecho, que ames la misericordia y que andes humilde con tu Dios».
Salmo responsorial: 49
R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
«Congregadme a mis fieles, que sellaron mi pacto con un
sacrificio». Proclame el cielo su justicia; Dios en persona va a juzgar».
«No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños».
«¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que
detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?».
«Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo
echaré en cara. El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue
buen camino le haré ver la salvación de Dios».
Versículo antes del Evangelio (Sal 94,8):
Aleluya. Hoy no queráis endurecer vuestros corazones, sino oíd la voz del Señor. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 12,38-42):
En aquel tiempo, le interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una señal hecha por ti». Mas Él les respondió: «¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la señal del profeta Jonás. Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón».
Comentario
Hoy, Jesús es puesto a prueba por «algunos escribas y
fariseos» (Mt 12,38; cf. Mc 10,12), que se sienten amenazados por la persona de
Jesús, no por razones de fe, sino de poder. Con miedo a perder su poder,
procuran desacreditar a Jesús, provocándolo. Estos “algunos” muchas veces somos
nosotros mismos, cuando nos dejamos llevar por nuestros egoísmos e intereses
individuales. O también cuando miramos a la Iglesia como una realidad meramente
humana y no como un proyecto del amor de Dios hacia cada uno de nosotros.
La respuesta de Jesús es clara: «Ninguna señal les será dada» (cf. Mt 12,39),
no por miedo, sino para enfatizar y recordar que las “señales” son la relación
de comunicación y amor entre Dios y la humanidad; no se trata de una relación
de intereses y poderes individuales. Jesús recuerda que hay muchas señales
dadas por Dios; y que no es provocándole o chantajeándole como se consigue
llegar a Él.
Jesús es la señal más grande. En este día la Palabra es una invitación para que
cada uno de nosotros comprenda, con humildad, que sólo un corazón convertido,
vuelto hacia Dios, puede acoger, interpretar y ver esta señal que es Jesús. La
humildad es la realidad que nos acerca no solamente a Dios, sino también a la
humanidad. Por la humildad reconocemos nuestras limitaciones y virtudes, pero
sobre todo vemos a los otros como hermanos y a Dios como Padre.
Como nos recordaba el Papa Francisco, «¡El Señor es verdaderamente paciente con
nosotros! No se cansa nunca de recomenzar desde el inicio cada vez que nosotros
caemos». Por eso, a pesar de nuestras faltas y provocaciones, el Señor está con
los brazos abiertos para acoger y recomenzar. Procuremos, por tanto, que
nuestra vida, y hoy en particular, esta palabra se haga realidad en nosotros.
La alegría del cristiano está en ser reconocido por el amor que se ve en su
vida, amor que brota de Jesús.
P. Joel PIRES Teixeira (Faro, Portugal)
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