lunes, 31 de enero de 2022

Espíritu inmundo sal de este hombre

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este lunes de la 4ª semana del Tiempo Ordinario, ciclo C.

 

Dios nos bendice...

 

PRIMERA LECTURA

 

Lectura de la segunda carta de Samuel 2 Sam 15,13-14.30; 

16,5-13a

 

En aquellos días, uno llevó esta noticia a David: «Los israelitas se han puesto de parte de Absalón.» Entonces David dijo a los cortesanos que estaban con él en Jerusalén: «¡Ea, huyamos! Que, si se presenta Absalón, no nos dejará escapar. Salgamos a toda prisa, no sea que él se adelante, nos alcance y precipite la ruina sobre nosotros, y pase a cuchillo la población.» David subió la Cuesta de los Olivos; la subió llorando, la cabeza cubierta y los pies descalzos. Y todos sus compañeros llevaban cubierta la cabeza y subían llorando. Al llegar el rey David a Bajurín, salió de allí uno de la familia de Saúl, llamado Semeí, hijo de Guerá, insultándolo según venía. Y empezó a tirar piedras a David y a sus cortesanos -toda la gente y los militares iban a derecha e izquierda del rey-, y le maldecía: «¡Vete, vete, asesino, canalla! El Señor te paga la matanza de la familia de Saúl, cuyo trono has usurpado. El Señor ha entregado el reino a tu hijo Absalón, mientras tú has caído en desgracia, porque eres un asesino.»

Abisay, hijo de Seruyá, dijo al rey: «Ese perro muerto, ¿se pone a maldecir a mi señor? ¡Déjame ir allá, y le corto la cabeza!» Pero el rey dijo: «¡No os metáis en mis asuntos, hijos de Seruyá! Déjale que maldiga, que, si el Señor le ha mandado que maldiga a David, ¿quién va a pedirle cuentas?» Luego dijo David a Abisay y a todos sus cortesanos: «Ya veis. Un hijo mío, salido de mis entrañas, intenta matarme, ¡y os extraña ese benjaminita! Dejadlo que me maldiga, porque se lo ha mandado el Señor. Quizás el Señor se fije en mi humillación y me pague con bendiciones estas maldiciones de hoy.» David y los suyos siguieron su camino.

 

Palabra de Dios.

SALMO              

 

Sal 3, 2-3. 4-5. 6-8a

 

R: Levántate, Señor, sálvame.

 

Señor, cuántos son mis enemigos,

cuántos se levantan contra mí;

cuántos dicen de mí:

 «Ya no lo protege Dios.» R.

 

Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,

tú mantienes alta mi cabeza.

Si grito, invocando al Señor,

él me escucha desde su monte santo. R.

 

Puedo acostarme y dormir y despertar:

El Señor me sostiene.

No temeré al pueblo innumerable

que acampa a mi alrededor. R.

 

EVANGELIO

 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 5, 1-20

 

Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro. El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo. Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras.

Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, gritando con fuerza: « ¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!» Porque Jesús le había dicho: « ¡Sal de este hombre, espíritu impuro!» Después le preguntó: « ¿Cuál es tu nombre?» El respondió: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos.» Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.

Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: «Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos.» El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó.

Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido. Cuando llegaron adonde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor. Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos. Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.

En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él. Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti.» El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

  • La historia de David se ensombrece. En el reino del Norte lo siguen considerando un «usurpador» en contra de la familia de Saúl. Su propio hijo Absalón -quizá por haberse visto postergado por Salomón, el hijo de Betsabé-, se rebela contra su padre y se hace coronar rey, siguiéndolo gran parte del pueblo.
  • La escena es dramática. David descalzo, la cabeza cubierta, subiendo entre lágrimas por la cuesta de los Olivos, huyendo de su hijo para evitar más derramamiento de sangre. Soportando humildemente las maldiciones de Semeí, uno de los seguidores de la dinastía de Saúl, que aprovecha la ocasión para desahogarse y soltar en cara a David todos los agravios que lleva archivados contra él: “Dejadle que me maldiga, si el Señor se lo ha mandado… Acaso el Señor mire mi aflicción y me devuelva el bien por esta maldición”.
  • Estos libros históricos interpretan siempre las desgracias y fracasos como consecuencia del pecado. David se siente rodeado de enemigos -como expresa el salmo- pero él a su vez había sido protagonista activo de intrigas y violencias anteriores. El libro no ahorra el relato de sus debilidades.
  • La figura de David, nos recuerda precisamente en el Huerto de los Olivos, la de Jesús; en los momentos dramáticos de su crisis ante la muerte. También él con lágrimas, abatimiento y sudor de sangre, tuvo que soportar el abandono, la traición, la negación de los suyos. Esta vez con absoluta injusticia, porque en Él sí que no había habido engaño ni malicia.

***

  • Jesús llega a la región de los gerasenos, o sea, a un territorio pagano, por lo tanto, impuro. Lejos del poblado, entre los sepulcros, vive un hombre poseído por el espíritu maligno. La sociedad lo ha marginado: la forma más rápida de resolver el problema es encerrar al enfermo para que no moleste.
  • Jesús se acerca a los que la sociedad ha apartado. Es un pobre hombre desquiciado, privado de sus facultades mentales, que no es dueño de sí mismo y se ha convertido en su propio enemigo. Cristo ha venido a combatir el mal que divide al hombre en lo más profundo de sí mismo y lo empuja contra sí mismo.
  • El encuentro con Jesús, la llegada del Reino, no es únicamente una curación, sino una verdadera liberación, un encontrarse a sí mismo, una reconquista de la propia vida. De un ser dividido e insociable, Jesús ha hecho un hombre dueño de sí mismo, lo ha convertido en un hermano.
  • Los gerasenos a pesar de admirarse de la curación cuando se enteran de que los cerdos se han precipitado en el lago invitan a Jesús alejarse de su territorio. Es demasiado el precio que han tenido que pagar por la liberación de un hombre. La vida de este hombre vale menos que una piara de puercos. Para Jesús, conducir a un hombre a su liberación, tiene un valor mucho más alto que cualquier otra cosa.
  • Luego, el hombre que había tenido el espíritu malo le pidió que lo dejara ir con Él, pero Jesús no se lo permitió. En cambio, lo enviará a su casa con la misión de manifestar a sus compatriotas la misericordia divina que él acaba de experimentar. Era la primera vez que se anunciaba la Buena Noticia en tierra de gentiles.
  • Las fuerzas del mal atacan al hombre, lo desvían de su ruta normal, le impiden realizar su camino humano y cristiano: realizarse como hombre y como hijo de Dios. El pecado siempre es antihumano aun cuando tome la apariencia de ser su placer o su bien.
  • Desde la muerte y resurrección de Jesús el demonio ya no tiene poder sobre el hombre. Solamente el poder que el hombre mismo le concede. Aquí está la buena nueva: las miles de pasiones que lo deformaban, la legión de demonios que lo habitaban, han sido vencidos. Jesús es más fuerte que las fuerzas maléficas del hombre.
  • Todos necesitamos ser liberados de la legión de malas tendencias que experimentamos: orgullo, sensualidad, ambición, envidia, egoísmo, violencia, intolerancia, avaricia, miedo. Una vez liberados, el Señor nos enseña que seguirlo también es saber quedarse allí donde estamos, dando testimonio de las maravillas que puede obrar el Señor si le damos paso en nuestra vida.
  • El endemoniado geraseno, es como un prototipo de tantos hermanos nuestros, excluidos de la vida social, comunitaria, por algún estigma llamado: enfermedad, pobreza, ignorancia, absoluta miseria, otra raza, otra lengua, por ejercer algún oficio que consideramos sucio,  por tener que ganarse la vida indignamente, en la mendicidad, o revolviendo la basura de nuestras calles. Pero Jesús los ama y quiere liberarlos. Todas las imágenes que nos presenta este texto nos dejan adivinar la importancia del gesto misionero que hace Jesús: liberar al hombre cualquiera sea su degradación.
  • La Iglesia ha recibido la misión de continuar este poder liberador, la lucha y la victoria contra todo mal. Para liberar la Iglesia tiene que anunciar la Buena Nueva y comunicar la vida de Cristo. El evangelio nos muestra el modo: salir a la periferia, acercarnos a toda realidad, no anteponer ningún valor material al valor de la vida, escuchar el clamor del sufriente y desde un vínculo basado en el amor, auténticamente evangélico, ayudarlo a recuperar la unidad perdida y la dignidad.

 

PARA DISCERNIR

  • ¿Hay en mí algunos sectores que hay que liberar?
  • ¿De veras queremos ser salvados?
  • ¿Vamos hacia todos aquellos que esperan aún su liberación aunque no estén en el medio cristiano?

 

ARZOBISPADO DE BUENOS AIRES

Vicaría de Pastoral

 

 

domingo, 30 de enero de 2022

‘Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír’

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este IV Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C.

 

Dios nos bendice...

 

PRIMERA LECTURA

 

Lectura del libro del Profeta Jeremías 1,4-5. 17-19.

 

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:

Antes de formarte en el vientre, te escogí,
antes de que salieras del seno materno, te consagré:
Te nombré profeta de los gentiles.
Tú cíñete los lomos,
ponte en pie y diles lo que yo te mando.

No les tengas miedo,
que si no, yo te meteré miedo de ellos.

Mira: yo te convierto hoy en plaza fuerte,
en columna de hierro, en muralla de bronce,
frente a todo el país:

Frente a los reyes y príncipes de Judá,
frente a los sacerdotes y la gente del campo;
lucharán contra ti, pero no te podrán,
porque yo estoy contigo para librarte,
-oráculo del Señor-

 

Palabra de Dios

 

SALMO 

 

Sal 70,1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17

 

R: Mi boca anunciará tu salvación.

 

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame. R:

 

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú,
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R:

 

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno, tú me sostenías. R:

 

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R:

 

SEGUNDA LECTURA

 

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los 

Corintios 12,31-13,13.

 

Hermanos:

Busquen los carismas mejores. Y aún les voy a mostrar un camino mejor. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que suena. Ya podría tener el don de predicción y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.

Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca.

¿El don de predicar? -se acabará. ¿El don de lenguas? -enmudecerá. ¿El saber? -se acabará. Porque inmaduro es nuestro saber e inmaduro nuestro predicar;
pero cuando venga la madurez, lo inmaduro se acabará.

Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.

Ahora vemos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara.

Mi conocer es por ahora inmaduro, entonces podré conocer como Dios me conoce.

En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas   4, 21 – 30

 

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:

-Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Y decían:

-¿No es éste el hijo de José?

Y Jesús les dijo:

-Sin duda me recitarán aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaun.

Y añadió:

-Les aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Les garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio.

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

 

Palabra del Señor

 

PARA REFLEXIONAR

  • Jeremías aparece como un profeta auténtico. En tiempos difíciles se le encarga que haga oír la voz de Dios en medio del pueblo y ante las autoridades. Mal aceptado por muchos se lo puede considerar como el prototipo de un profeta fiel a su vocación y a su identidad, aunque fracasara en su misión y no le hicieran mucho caso.  Junto a la misión, Dios le asegura su ayuda. Le da su fuerza, su Espíritu, para que no desfallezca en su empeño. Porque la voz de un profeta es muchas veces, voz contra corriente.

***

  • Hoy, en la segunda lectura, escuchamos de qué amor nos habla Dios. Si existe algo que llena de sentido nuestras vidas, lo que somos, los dones que el Espíritu nos ha dado, esto es el amor. Sin embargo, no es un amor abstracto, sino un amor que se hace carne en la vida.

***

  • El evangelio de este domingo continúa el relato de la presentación de Jesús en su propio pueblo. El carpintero de Nazaret animado por el espíritu profético, se atreve a referir a sí mismo un texto mesiánico de Isaías. La reacción de escándalo de sus paisanos era de esperar: «¿No es éste el hijo de José?». La respuesta de Jesús los pone contra la pared. «Nadie es profeta en su tierra». Jesús expresa su desencanto respecto a los hombres de su pueblo. Toma cuerpo la dura reflexión de Juan en el evangelio, al afirmar que Jesús vino a los suyos y los suyos no le recibieron.
  • Aunque sea doloroso, este es un relato programático. Jesús, como Jeremías, ha sido llamado para arrancar de la religión de Israel, y de toda religión, la idea de la venganza de Dios. No es un profeta defensor de intereses particulares, mantenedor de odios, y de espíritu de revancha. Corrige posiciones falsas, y no habla ni anuncia el día de la venganza contra los paganos.
  • Su profetismo es nuevo, tiene dimensiones universales. Rompe las fronteras de la raza, de la cultura. Ya no hay pueblos privilegiados.
  • La revelación de salvación se extenderá a Sarepta, a una viuda o a Naamán, el sirio.
  • Un profeta así resulta incómodo. Molesta «este mensaje de gracia». que anuncia un régimen de misericordia, de perdón, de amor; a los que esperan una justicia anclada en su propia perfección y que se apoya en privilegios. La actitud de Jesús hacia los pobres, los enfermos, los pecadores, desagrada a los que se han situado en un lugar de superioridad frente a los demás.
  • Jesús interpreta en la sinagoga que ha llegado el tiempo en el cual las palabras proféticas no pueden quedarse sólo en la “escritura sagrada”. Dios “ya” está salvando por la Palabra de gracia.
  • Lo que se manifestó en el Bautismo y en la escena de Caná, se sigue clarificando: Jesús de Nazaret es el auténtico Profeta y Maestro de la humanidad. El único cuya Palabra es verdaderamente salvadora. En la sinagoga de Nazaret y hoy y aquí para nosotros. Él es el Ungido, el lleno de la fuerza del Espíritu de Dios, para cumplir la misión más difícil: la de un Mesías que hace oír la voz de Dios y que salva a la humanidad entregando con fidelidad radical su propia vida.
  • La misión profética de Jesús se comunica a la Iglesia, a todos los bautizados. La Palabra llegó a nuestra historia para que se cumpla. Tiene vocación de ser fecunda y eficaz.  Jesús se  nos ha manifestado como el amor de Dios a los hombres, el testigo de la verdad. Nosotros, como testigos de Jesús somos testigos de Dios en el mundo. Nuestra misión evangelizadora y profética no consiste sólo en repetir el evangelio, sino en hacer a Dios presente al mundo, proclamando la igualdad de todos los hombres como hijos de Dios; y el destino común de salvación en el que todos debemos empeñar nuestros esfuerzos.
  • Hacer que se cumpla hoy la escritura que anuncia la buena noticia a los pobres, es “aspirar a los dones más perfectos, amándonos los unos a los otros, como Él nos ha amado” dignificando la vida de todos.  Amor efectivo, que Pablo nos describe como amor gratuito, generoso y eficaz;  y que por eso es buena noticia para un mundo que se ahoga en el desamor, la insolidaridad y la indiferencia.
  • Por eso es profética una Iglesia que no se acomoda a los valores del mundo, que se abre y preocupa por los que creen y también por los que no creen, que molesta a algunos y sirve a todos, que no halaga pero busca los signos de presencia de Dios para alabar y bendecir; que es sal, fuego, y luz. Una Iglesia instalada en el mundo o en sí misma no es la Iglesia de Jesús.
  • El profeta cristiano no es un amargado y resentido anunciador de calamidades: el profeta cristiano sabe que «el amor es lo más grande”, y eso es lo que anuncia y se transforma en espada de doble filo. No adivina el futuro, sino que ve con hondura el presente y puede proyectarse al mañana desde el proyecto de Dios. Siempre el Evangelio será incómodo porque es una palabra de amor que nos exige, nos juzga, nos pide y nos compromete.
  • La profecía de Isaías que Jesús lee en la sinagoga de Nazaret muestra el amor de Dios por todos los hombres, especialmente por los pobres y necesitados de su amor encarnado.
  • Hoy somos nosotros, la Iglesia, a quien Dios confía esta tarea de profetizar desde un amor vital, que destruye las barreras de injusticia, de egoísmos, de odios, de esta sociedad que mata muchos sueños de futuro, que adormece y entibia la esperanza con recetas manipuladas y de corto alcance.
  • El amor de Dios vivido en plenitud y como proyecto de vida en el hoy y aquí de nuestra historia, es verdad y  profecía del reino.

 

PARA DISCERNIR

  • ¿Nosotros, denunciamos algo?
  • ¿Qué denuncio yo?
  • ¿Lo que dice y manda el evangelio, o lo que se opone a  mis intereses y mis ideas?

 

ARZOBISPADO DE BUENOS AIRES

Vicaría de Pastoral

sábado, 29 de enero de 2022

Hasta el viento y las aguas le obedecen

 

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este sábado de la 3ª semana del Tiempo Ordinario, ciclo C.

 

Dios nos bendice...

 

PRIMERA LECTURA

 

Lectura del segundo Libro de Samuel      12,1-7a.10-15a

 

El Señor envió a David al profeta Natán. El se presentó a David y le dijo:

«Había dos hombres en una misma ciudad, uno rico y el otro pobre. El rico tenía una enorme cantidad de ovejas y de bueyes. El pobre no tenía nada, fuera de una sola oveja pequeña que había comprado. La iba criando, y ella crecía junto a él y a sus hijos: comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su regazo. ¡Era para él como una hija! Pero llegó un viajero a la casa del hombre rico, y este no quiso sacrificar un animal de su propio ganado para agasajar al huésped que había recibido. Tomó en cambio la oveja del hombre pobre, y se la preparó al que le había llegado de visita.»

David se enfureció contra aquel hombre y dijo a Natán: «¡Por la vida del Señor, el hombre que ha hecho eso merece la muerte! Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión.»

Entonces Natán dijo a David: «¡Ese hombre eres tú! Así habla el Señor, el Dios de Israel: la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita.

Así habla el Señor: «Yo haré surgir de tu misma casa la desgracia contra ti. Arrebataré a tus mujeres ante tus propios ojos y se las daré a otro, que se acostará con ellas en pleno día. Porque tú has obrado ocultamente, pero yo lo haré delante de todo Israel y a la luz del sol.»»

David dijo a Natán: «¡He pecado contra el Señor!»

Natán le respondió: «El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás. No obstante, porque con esto has ultrajado gravemente al Señor, el niño que te ha nacido morirá sin remedio.» Y Natán se fue a su casa.

El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y él cayó gravemente enfermo. David recurrió a Dios en favor del niño: ayunó rigurosamente, y cuando se retiraba por la noche, se acostaba en el suelo. Los ancianos de su casa le insistieron para que se levantara del suelo, pero él se negó y no quiso comer nada con ellos.

 

Palabra de Dios

 

SALMO 

 

Sal. 51   (50) 12-17

 

R: Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

 

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu. R.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti. R.

 

Líbrame de la sangre, oh Dios,

Dios, Salvador mío,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza. R.

 

EVANGELIO

 

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 35-41

 

Al atardecer de aquel día, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos a la otra orilla.» Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.

Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dijeron: « ¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?»

Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: « ¡Silencio! ¡Cállate!» El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: « ¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

  • El profeta Natán, que en otras ocasiones le transmite al rey palabras de bendición y promesas, ahora denuncia valientemente su pecado, con este expresivo relato del rico que le roba al pobre su única oveja.
  • Natán no condena desde el exterior. Cuenta una parábola y conduce al rey a que tome conciencia por sí mismo y a que sea él mismo quien aporte un juicio sobre su pecado.
  • David reacciona y reconoce su culpa, pidiendo perdón a Dios. La verdadera santidad de David es haber sabido reconocer su falta: “Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Devuélveme la alegría de tu salvación”.
  • El Salmo 50, el «miserere», es la oración de un pecador que reconoce humildemente su culpa ante Dios y le pide un corazón nuevo. Este salmo resume la experiencia de debilidad y confianza en la misericordia de Dios.
  • También nosotros somos débiles. Podemos, humillar los derechos de los demás y tener un corazón complejo. Somos invitados a reaccionar como David.

***

  • El evangelio de Marcos ejemplifica el tema de la fe. Después de las parábolas, empieza aquí una serie de cuatro milagros de Jesús, para demostrar verdaderamente que el Reino de Dios ya ha llegado y está actuando. Estos milagros no fueron hechos en presencia de la muchedumbre, sino sólo ante los discípulos para educarlos en la fe.
  • Jesús deja la Galilea, donde desde ahora la gente lo acosa. Va con sus discípulos a la región pagana, de los Gerasenos, país de misión donde la Palabra de Dios no ha sonado todavía. Suben a la barca para pasar a la otra orilla y se desata la tormenta.
  • El mar es sinónimo, en la Biblia, del peligro y del lugar del maligno. Las olas se echaban sobre la barca, de tal modo que parecía hundirse y Jesús en la popa continúa durmiendo. Los discípulos reprochan a Jesús por su poco interés, y Él a su vez les reprocha su poca fe.
  • Ellos creían que estar con Jesús, los libraba de todo problema o calamidad. Este fue el momento del desencanto y de la provocación a la fe. Se dieron cuenta que aun junto a Jesús, las olas pueden ser muy fuertes y hacer estremecer la barca. Jesús los lleva a la aventura de poder enfrentarse a la vida con fe.
  • Cuando Marcos escribe este evangelio, la comunidad cristiana sabe mucho de persecuciones y de fatigas. A veces son dudas, otras miedo, o dificultades de fuera, crisis y tempestades que nos zarandean.
  • Frente a la realidad de la persecución y del miedo, el evangelista se sirve del testimonio de algunos creyentes que manifiestan que Jesús durante su vida histórica, en algún momento, se enfrentó con las fuerzas de la naturaleza cuando ellas eran incontrolables. Jesús se enfrenta a los poderes del mal, haciendo prevalecer la vida allí donde la muerte quiere imponer su dominio y su imperio.
  • Una tempestad es un buen símbolo de muchas crisis humanas, personales y sociales. Muchas veces experimentamos en nuestra vida, tanto en la personal como en la comunitaria y eclesial, la presencia tormentosa de acontecimientos o situaciones que nos llevan a  remar contra fuertes corrientes, con la impresión de que todo parece que se hunde. Mientras Dios parece que duerme.
  • A los cristianos, no se nos ha prometido una travesía apacible en el mar de esta vida. La fe no es un depósito del que vamos sacando recetas para solucionar todos los males. La fe no nos libera de la dureza del camino, de la búsqueda compartida, del remar contra corriente, pero nos mantiene en la seguridad de que el Señor está con nosotros.
  • La fe es hoy una “reserva de confianza” en el mar embravecido de la vida. Cristo Jesús está presente en nuestra vida todos los días, como nos prometió, hasta el fin del mundo. Su Espíritu es el animador de la Iglesia y de la historia.
  • Cristo con su muerte y resurrección aparece como el vencedor del mal. Con Él nos ha llegado la salvación de Dios. La fe es despertar cotidianamente al Cristo que está durmiendo dentro de nosotros.
  • Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.  A pesar de las dificultades, Dios jamás se ha olvidado de nosotros; Él va siempre como compañero de viaje en nuestra vida. Sin embargo Él no está con nosotros para suplir lo que a cada uno corresponde realizar. Cada uno de nosotros, debe aportar todo su esfuerzo, toda su vida, para construir un mundo que no se quede estancado en el egoísmo, ni se resigne con lo que ya logró; siempre será necesario ir más allá.
  • Los signos de su compañía y presencia serán el esfuerzo por hacer de este mundo un signo cada vez más claro del Reino de Dios, en que todos disfrutemos de la paz y vivamos la solidaridad, la comunión fraterna y la justicia auténtica.

 

PARA DISCERNIR

  • ¿Creemos también en tiempos de crisis?
  • ¿Sentimos la ausencia de problemas como garantía de su cercanía?
  • ¿Cuándo nuestros cálculos fallan, sentimos que Dios nos ha abandonado?

 

ARZOBISPADO DE BUENOS AIRES

Vicaría de Pastoral