domingo, 12 de julio de 2026

“Así será la palabra de mi boca: no tornará a mí de vacío...”

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, hoy domingo 15 del Tiempo Ordinario (A)

 

Dios nos bendice

 

1ª Lectura (Is 55,10-11):

 

Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo».

 

Salmo responsorial: 64

 

R/. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

 

Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales.

Riegas los surcos, igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes.

Coronas el año con tus bienes, tus carriles rezuman abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría.

Las praderas se cubren de rebaños, y los valles se visten de mieses, que aclaman y cantan.

 

2ª Lectura (Rom 8,18-23):

 

Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

 

Versículo antes del Evangelio (---):

 

Aleluya. La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre. Aleluya.

 

Texto del Evangelio (Mt 13,1-23):

 

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente se quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas.

Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga».

Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane’. ¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.

»Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».

 

Comentario

El Principito,[1] de Antoine de Saint-Exupéry, es un clásico de la literatura del siglo XX; su genialidad consiste en el uso creativo del lenguaje metafórico que, como rica parábola, remite al lector a la sabiduría de la vida. A través del diálogo del pequeño personaje con un zorro se van desentrañando realidades fundamentales para el ser humano, como el amor, la libertad, la amistad, la capacidad de ver “más allá” de lo evidente, la inteligencia de la interioridad, caldo de cultivo para una existencia sapiencial. El éxito de este escrito es innegable, la fuerza de su narrativa es sugerente, con la sabia pedagogía de lo simbólico, que provoca el desvelamiento del misterio apasionante de lo esencial.

Así son las parábolas[2] con las que Jesús enseña los valores del reino de Dios y su justicia, recurso que él usó recurrentemente tomando sus figuras de la realidad doméstica y laboral de quienes le escuchaban. A esto nos hemos referido con frecuencia en estas páginas semanales de Comunitas Matutina.  Amas de casa, pastores, niños, ancianos, agricultores, pastores, pescadores, artesanos, la buena gente del común, se sentían identificados con todo lo que les transmitía, porque lo sabía hacer con simultánea sencillez y profundidad, hablándoles de un Dios misericordioso, compasivo, liberador, dador de vida y esperanza. Cada relato de estos nos dice que otro mundo es posible desde la libertad que el Dios revelado en Jesús confiere al ser humano. Sus parábolas parten de una visión esperanzadora, la que anima su ministerio, la Palabra que llega fecunda a quienes están abiertos al don de la libertad.

El evangelio de hoy es la muy conocida parábola del sembrador[3], de sencillez extrema, sin complicaciones conceptuales, pero sí con exigencias vitales de primer orden. Las parábolas quieren provocar una ruptura con la manera estrecha de ver el mundo, excesivamente cuadriculado con sus reglamentos, códigos, ordenamientos y demás estructuras; desde su simplicidad rompen esquemas, nos llevan a ver posibilidades insospechadas de la vida. Para apropiarlas hay que tener mente y corazón dispuestos a cumplir aquello del Principito: “lo esencial es invisible a los ojos, sólo se ve bien con el corazón”, que refiere el texto en el capítulo XXI, en el diálogo que tienen el Principito y el zorro, en plan de despedida, mutuo testamento de amistad.

Las parábolas nos ponen ante posibilidades liberadoras y nos plantean el valor de una decisión ante ellas. En el caso de esta, nos habla de arrojar la semilla sin medida, con generosidad total como son las cosas de Dios con nosotros, siempre generoso en sus ofertas de vida nueva, conscientes de que El trasciende hacia nosotros para que, a nuestra vez, nosotros lo hagamos hacia Él y hacia nuestros prójimos.  Esa es la fecundidad de la semilla que Él nos lanza. Los psicólogos contemporáneos se refieren a esto como la generatividad,[4] el ser humano que fecunda otras vidas, que es portador de sentido para la vida de muchos, que no pasa la existencia “llevado por la corriente”, esclavo de rutinas y de estilos irrelevantes. El llamamiento es a que en cada etapa de nuestro desarrollo vital estemos dispuestos a la fecundidad existencial.

Este concepto, surgido de los estudios del psicoanalista Erik Erikson,[5] alude a la fecundidad de la vida humana, si esta crece integralmente, se asume como proyectada hacia los demás, el propio proyecto de vida “genera” sentido para muchos, lo que se hace es significativo para que muchos crezcan y sean mejores personas. Ser fecundo es dar vida, ser relevante para que la gente encuentre las mejores razones para vivir, para que descubran los genuinos fundamentos de la sabiduría, para que vivencien su dignidad, para que sean libres. Un ser humano adulto, realizado, es un generador de muchas cosas buenas para sus prójimos, tierra fecunda para que germinen las semillas del humanismo y de la espiritualidad.

Buena introducción al asunto, clave para nuestra vida de creyentes, nos la ofrece el texto del profeta Isaías, en su tercera parte,  cuyos contenidos dominantes son de esperanza y consolación: “Del mismo modo que descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá de vacío, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y produzca pan para comer, así será la palabra de mi boca: no tornará a mí de vacío, pues realizará lo que me he propuesto y será eficaz en lo que le mande” .[6]

La tercera parte del profeta Isaías está alentada por la esperanza en la restauración de Israel, de la que ya se empiezan a ver señales concretas que dan pie a esta expectativa. El profeta es testigo fiel del acontecer salvador de Dios en las realidades de los israelitas de aquellos tiempos, El inspira sus contenidos de fecundidad en las mejores razones para reencantar la historia de sus contemporáneos. [7]

Se prepara el terreno para la parábola del sembrador, capítulo 13 de Mateo que nos ocupará este y los dos domingos venideros, con varias parábolas que responden a diversas inquietudes de esa comunidad de primeros cristianos provenientes del judaísmo. Mateo[8] y su comunidad, responsables de este evangelio, reflejan la preocupación que les suscitaba la hostilidad e indiferencia a la Buena Noticia de Jesús, era parte de   lo que vivían y sentían hacia el año 80 de la era cristiana. Conocer estas inquietudes, ya formuladas en los interrogantes referidos, nos ayuda a captar el mensaje de este conjunto de parábolas.

El lenguaje elemental de esta parábola nos interroga por nuestras actitudes ante la oferta de Dios, si somos tierra árida, dura, impermeable a una propuesta de trascendencia, simplemente preocupados por el aquí y el ahora, acuciados por la urgente inmediatez de lo material; o si nos dejamos llevar por entusiasmos pasajeros, aceptamos la invitación sin estar dispuestos a un compromiso de fondo, mezcla de cizaña con buena hierba, donde aquella sofoca las posibilidades de esta.

La parábola es una buena prueba para identificar nuestra actitud ante la propuesta de Jesús, que no es otra cosa, que la autenticidad y responsabilidad ante nuestro propio proyecto de vida.

 

  • ¿Cerrazón radical para el evangelio? “Cuando alguien oye la palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón” .[9]
  • ¿Entusiasmo inicial y luego inconstancia y evasión del compromiso? “El que fue sembrado en pedregal es el que oye la palabra y de momento la recibe con alegría, pero como no tiene raíz en sí mismo, por ser inconstante, sucumbe en seguida…”.[10]
  • ¿Afecto desordenado por el confort, la riqueza, los privilegios de la sociedad? “El que fue sembrado entre los abrojos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas, sofocan la palabra, que queda sin fruto”.[11]

 

La pedagogía de las parábolas[12] es utilizada por Jesús para descubrir las posibilidades insospechadas de la realidad, favorece entrever la utopía del Reino, facilita que adoptemos la postura del compromiso gozoso con la invitación que él nos hace a seguirlo en su causa. Su intención no reside en estructurar seres humanos cuadriculados por una religión sofocante sino crear las condiciones que hagan posible una apertura liberadora a Dios y al prójimo.

En la segunda lectura de hoy – de la carta a los Romanos – Pablo habla de una gran expectativa de vida que da sentido de plenitud al ser humano es el gran terreno que espera ser abonado por la semilla de Dios: “Pues sabemos que la creación entera viene gimiendo hasta el presente y sufriendo dolores de parto. También nosotros mismos, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior anhelando la liberación de nuestro cuerpo. Porque nuestra salvación está relacionada con la esperanza”.[13]

¡Es el futuro fértil de Dios en nosotros! El, ¡que nos hace hijos y hermanos, que nos invita a disponer los bienes de la creación para beneficio de todos, que hace de nuestra condición humana un relato de su amor, que está incondicionalmente comprometido con nuestra felicidad, que en Jesús ha depositado la semilla más promisoria para que todo en la historia sea definitivamente humano y definitivamente divino!

La palabra del Evangelio germina en quienes están dispuestos a un modo de vida ajeno a la vanagloria y al brillo social, en quienes saben que el prójimo es referente obligado del mismísimo Dios, en quienes tienen la certeza de que la fecundidad de la vida pasa necesariamente por el servicio y la solidaridad, en quienes dejan que el Espíritu desacomode sus esquemas de seguridad para dar el salto esperanzado a la novedad de Jesús. Eso es ser tierra fértil para que el Reino de Dios y su justicia permee la totalidad de nuestro ser.

 

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Bibliografía

 

[1] DE SAINT EXUPÉRY, Antoine.  Le petit prince. Gallimard. París, 1946; Ciudadela: el pensamiento póstumo del autor de El Principito. En https://www.sembrareneldesierto.files.wordpress.com/2014/09/saint-de-exupery-ciudadela.pdf Este último texto reproduce fielmente el manuscrito en el cual trabajaba el autor en el momento de su desaparición. Fue un famoso aviador y escritor francés, también periodista. Sus reflexiones sobre la condición humana, sobre el “endurecimiento” del mundo de los adultos, la amistad, el sentido de la vida, tienen carta de ciudadanía entre quienes aprecian la sabiduría de lo esencial. Durante la segunda guerra mundial fue piloto militar; desapareció en pleno vuelo, en 1944, a los 44 años de edad; nunca se encontraron sus restos. SANCHEZ HERNANDEZ, Ángeles. Aproximación a la figura y al pensamiento de Saint-Exupéry en el centenario de su nacimiento. En https://www.acceda.cris.ulpgc.es/bitstream/10553/4010/2/0234349_00006_0017.pdf  SOSA, Edgardo R. El Principito y su revolución psicológica. Guadalupe. Buenos Aires, 1975.  DE SAINT EXUPERY, Antoine. Un sentido de la vida. Troquel. Barcelona, 1956. RICOEUR, Paul. La metáfora viva. Trotta. Madrid, 2001.

[2] CENTRO BÍBLICO VERBO DIVINO. Las parábolas de Jesús. Verbo Divino. Quito, 2017. PÉREZ COTAPOS, Eduardo. Las parábolas de Jesús: su sentido y adecuada interpretación. En https://www.repositorio.uc.cl/xmlui/bitstream/handle/11534/16641/000674071,pdf

[3] Mateo 13: 1-23. PAGOLA, José Antonio. Sembrar el Evangelio, en su libro El Camino abierto por Jesús Mateo, páginas 133-139. PPC. Madrid, 2010. SANCHEZ NAVARRO, Luis. El Logos del Reino: las diez parábolas de Mateo. Verbo Divino. Estella, 2013. SCHWEIZER. Edward. Jesús, parábola de Dios. Sígueme. Salamanca, 2001. LOHFINK, Gerhard. Las cuarenta parábolas de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2021. ZIMMERMAN, Rubén. Las enigmáticas parábolas de Jesús. Clie. Barcelona, 2022. JEREMIAS, Joachim. Las parábolas de Jesús. Verbo Divino. Estella, 1997.

[4] SANDOVAL OBANDO, Eduardo (Editor). Generatividad y desarrollo humano. Universidad Autónoma de Chile. Santiago, 2022. MASLOW, Abraham. La personalidad creadora. Kairós. Barcelona, 2003; El hombre autorrealizado. Kairós. Barcelona, 1999. FRANKL, Viktor. El hombre en busca del sentido último. El análisis existencial y la conciencia espiritual del ser humano. Paidós. Barcelona, 1999. MARCEL, Gabriel. Metafísica de la esperanza. Nova. Buenos Aires, 1954.  LAÍN ENTRALGO, Pedro. Teoría y realidad del otro. Alianza Editorial. Madrid, 1983. MOLTMANN, Jürgen. El experimento esperanza. Sígueme. Salamanca, 1977.

[5] 1902-1994. Psicólogo y psicoanalista germano-estadounidense, notable por sus contribuciones a la psicología del desarrollo. Su obra más destacada es El ciclo vital completado. Paidós. Barcelona, 1996.

[6] Isaías 55: 10-11

[7] GUERRA SUÁREZ, Luis María. Isaías, profeta de la esperanza. En Almogaren, número 29, páginas 121-133. Centro Teológico de Las Palmas. Palma de Gran Canaria. RAMIS DARDER, Francesc. Isaías 40-66. Desclée de Brower. Bilbao, 2018. BLENKINSOPP, Josep. El libro de Isaías III: 56-66. Sígueme. Salamanca, 2017.  DELITZSCH,  BERGES, Ulrich. Isaías: el profeta y el libro. Verbo Divino. Estella, 2015.

[8] RODRÍGUEZ CARMONA, Antonio. El evangelio de Mateo. Desclée de Brower. Bilbao, 2006. LUZ, Ulrich. El evangelio según San Mateo (4 volúmenes).  Sígueme. Salamanca, 2001. SICRE DÍAZ, José Luis.  El evangelio de Mateo: un drama con final feliz. Verbo Divino. Estella (Navarra, España), 2005.  AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. El Evangelio de Mateo: los conflictos de una iglesia judeocristiana. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. 17 de octubre de 2017. GRILLI, Massimo & LANGNER, Cordula. Comentario al Evangelio de Mateo. Verbo Divino. Estella, 2014.

[9] Mateo 13: 19

[10] Mateo 13: 20-21

[11] Mateo 13: 22

[12] DE LA TORRE GUERRERO, Gonzalo.  Las parábolas que narró Jesús: la revolucionaria revelación de la conciencia de Jesús. Ediciones Uniclaretiana. Quibdó, 2009. MESTERS, Carlos. Las parábolas de Jesús. Guías para grupos bíblicos. Verbo Divino. Estella, 2005. ALEIXANDRE, Dolores. Un tesoro escondido: las parábolas de Jesús. Buena Prensa. México, D.F., 2018.

[13] Romanos 8: 22-24

Antonio J. Sarmiento s.j.

Jesuitas.co

miércoles, 8 de julio de 2026

Jesús envió a sus 12 apóstoles a proclamar que el Reino de los Cielos está cerca

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este miércoles 14 del Tiempo Ordinario (A).

Dios nos bendice

 

1ª Lectura (Os 10,1-3. 7-8. 12):

 

Israel era una viña frondosa que daba abundante fruto. Pero cuanto más se multiplicaban sus frutos, más se multiplicaban sus altares paganos; cuanto más rico era el país, más ricos fueron sus monumentos a los ídolos. Su corazón está dividido y van a pagar sus culpas. El Señor derribará sus altares y demolerá sus monumentos. Pero ellos dicen: «No tenemos rey». Pero si no temen al Señor, ¿qué podrá hacer por ellos el rey? Samaria y su becerro desaparecerán como espuma sobre el agua. Todos los santuarios de los ídolos serán destruidos y sobre sus altares crecerán espinas y cardos, porque la idolatría ha sido el pecado de Israel. Entonces gritarán a los montes: «¡Cubridnos!», y a las colinas: «¡Sepultadnos!». Sembrad justicia y cosechareis misericordia; preparad vuestras tierras para la siembra, pues ya es tiempo de buscar al Señor, para que venga y llueva la salvación sobre vosotros.

 

Salmo responsorial: 104

 

R/. Buscad siempre el rostro del Señor.

 

Cantadle y tañed salmos; contad todas sus maravillas. Gloriaos en su santo nombre; alégrese el corazón de los que buscan al Señor.

Buscad al Señor y fortificaos, buscad siempre su rostro. Acordaos de las maravillas que hizo, de sus prodigios y de los juicios de su boca.

Linaje de Abraham, siervos suyos; hijos de Jacob, elegidos suyos. Él es el Señor Dios nuestro: sus juicios tienen vigor en toda la tierra.

 

Versículo antes del Evangelio (Mc 1,15):

 

Aleluya. Se ha acercado el Reino de Dios; haced penitencia y creed en el Evangelio. Aleluya.

 

Texto del Evangelio (Mt 10,1-7):

 

En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca».

 

Comentario

 

Hoy, el Evangelio nos muestra a Jesús enviando a sus discípulos en misión: «A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones» (Mt 10,5). Los doce discípulos forman el “Colegio Apostólico”, es decir “misionero”; la Iglesia, en su peregrinación terrena, es una comunidad misionera, pues tiene su origen en el cumplimiento de la misión del Hijo y del Espíritu Santo según los designios de Dios Padre. Lo mismo que Pedro y los demás Apóstoles constituyen un solo Colegio Apostólico por institución del Señor, así el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los Apóstoles, forman un todo sobre el que recae el deber de anunciar el Evangelio por toda la tierra.

Entre los discípulos enviados en misión encontramos a aquellos a los que Cristo les ha conferido un lugar destacado y una mayor responsabilidad, como Pedro; y a otros como Tadeo, del que casi no tenemos noticias; ahora bien, los evangelios nos comunican la Buena Nueva, no están hechos para satisfacer la curiosidad. Nosotros, por nuestra parte, debemos orar por todos los obispos, por los célebres y por los no tan famosos, y vivir en comunión con ellos: «Seguid todos al obispo, como Jesucristo al Padre, y al colegio de los ancianos como a los Apóstoles» (San Ignacio de Antioquía). Jesús no buscó personas instruidas, sino simplemente disponibles, capaces de seguirle hasta el final. Esto me enseña que yo, como cristiano, también debo sentirme responsable de una parte de la obra de la salvación de Jesús. ¿Alejo el mal?, ¿ayudo a mis hermanos?

Como la obra está en sus inicios, Jesús se apresura a dar una consigna de limitación: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 10,5-6). Hoy hay que hacer lo que se pueda, con la certeza de que Dios llamará a todos los paganos y samaritanos en otra fase del trabajo misionero.

Rev. D. Fernando PERALES i Madueño (Terrassa, Barcelona, España)

Evangeli.net

martes, 7 de julio de 2026

«Rogad (...) al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies»

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este martes 14 del Tiempo Ordinario (A).

 

Dios nos bendice

 

1ª Lectura (Os 8,4-7.11.13):

 

Así dice el Señor: «Se nombraron reyes en Israel sin contar conmigo, se nombraron príncipes sin mi aprobación. Con su plata y su oro se hicieron ídolos para su perdición. Hiede tu novillo, Samaria, ardo de ira contra él. ¿Cuándo lograréis la inocencia? Un escultor lo hizo, no es dios, se hace añicos el novillo de Samaria. Siembran viento y cosechan tempestades; las mieses no echan espiga ni dan grano, y, si lo dieran, extraños lo devorarían. Porque Efraín multiplicó sus altares para pecar, para pecar le sirvieron sus altares. Aunque les dé multitud de leyes, las consideran como de un extraño. Aunque inmolen víctimas en mi honor y coman la carne, al Señor no le agradan. Tiene presente sus culpas y castigará sus pecados: tendrán que volver a Egipto».

 

Salmo responsorial: 113

 

R/. Israel confía en el Señor.

 

Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace. Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas.

Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen; tienen nariz, y no huelen.

Tienen manos, y no tocan; tienen pies, y no andan. Que sean igual los que los hacen, cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo. La casa de Aarón confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo.

 

Versículo antes del Evangelio (Jn 10,14):

Aleluya. Yo soy el Buen Pastor, dice el Señor, y conozco a mis ovejas y las mías me conocen. Aleluya.

 

Texto del Evangelio (Mt 9,32-38):

 

En aquel tiempo, le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual en Israel». Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios».

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».

 

Comentario

Hoy, el Evangelio nos habla de la curación de un endemoniado mudo que provoca diferentes reacciones en los fariseos y en la multitud. Mientras que los fariseos, ante la evidencia de un prodigio innegable, lo atribuyen a poderes diabólicos —«Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios» (Mt 9,34)—, la multitud se maravilla: «Jamás se vio cosa igual en Israel» (Mt 9,33). San Juan Crisóstomo, comentando este pasaje, dice: «Lo que en verdad molestaba a los fariseos era que consideraran a Jesús como superior a todos, no sólo a los que entonces existían, sino a todos los que habían existido anteriormente».

A Jesús no le preocupaba la animadversión de los fariseos, Él continuaba fiel a su misión. Es más, Jesús, ante la evidencia de que los guías de Israel, en vez de cuidar y apacentar el rebaño, lo que hacían era descarriarlo, se apiadó de aquellas multitudes cansadas y abatidas, como ovejas sin pastor. Que las multitudes desean y agradecen una buena guía quedó comprobado en las visitas pastorales de San Juan Pablo II a tantos países del mundo. ¡Cuántas multitudes reunidas a su alrededor! ¡Cómo escuchaban su palabra, sobre todo los jóvenes! Y eso que el Papa no rebajaba el Evangelio, sino que lo predicaba con todas sus exigencias.

Todos nosotros, «si fuéramos consecuentes con nuestra fe, —dice san Josemaría Escrivá— al mirar a nuestro alrededor y contemplar el espectáculo de la historia y del mundo, no podríamos menos de sentir que se elevan en nuestro corazón los mismos sentimientos que animaron al de Jesucristo», lo cual nos conduciría a una generosa tarea apostólica. Pero es evidente la desproporción que existe entre las multitudes que esperan la predicación de la Buena Nueva del Reino y la escasez de obreros. La solución nos la da Jesús al final del Evangelio: rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a sus campos (cf. Mt 9,38).

 

Rev. D. Joan SOLÀ i Triadú (Girona, España)

Evangeli.net

lunes, 6 de julio de 2026

Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, y vivirá

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este lunes 14 del Tiempo Ordinario (A).

 

Dios nos bendice

 

1ª Lectura (Os 2,16.17b-18.21-22):

 

Así dice el Señor: «Yo la cortejaré, me la llevaré al desierto, le hablaré al corazón. Y me responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que la saqué de Egipto. Aquel día —oráculo del Señor—, me llamará Esposo mío, no me llamará ídolo mío. Me casaré contigo en matrimonio perpetuo, me casaré contigo en derecho y justicia, en misericordia y compasión, me casaré contigo en fidelidad, y te penetrarás del Señor».

 

Salmo responsorial: 144

 

R/. El Señor es clemente y misericordioso.

 

Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza.

Una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas. Alaban ellos la gloria de tu majestad, y yo repito tus maravillas.

Encarecen ellos tus temibles proezas, y yo narro tus grandes acciones; difunden la memoria de tu inmensa bondad, y aclaman tus victorias.

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

 

Versículo antes del Evangelio (2Tim 1,10):

 

Aleluya. Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida por el Evangelio. Aleluya.

 

Texto del Evangelio (Mt 9,18-26):

 

En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado». Y se salvó la mujer desde aquel momento.

Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.

 

Comentario

 

Hoy, la liturgia de la Palabra nos invita a admirar dos magníficas manifestaciones de fe. Tan magníficas que merecieron conmover el corazón de Jesucristo y provocar —inmediatamente— su respuesta. ¡El Señor no se deja ganar en generosidad!

«Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá» (Mt 9,18). Casi podríamos decir que con fe firme “obligamos” a Dios. A Él le gusta esta especie de obligación. El otro testimonio de fe del Evangelio de hoy también es impresionante: «Con sólo tocar su manto, me salvaré» (Mt 9,22).

Se podría afirmar que Dios, incluso, se deja “manipular” de buen grado por nuestra buena fe. Lo que no admite es que le tentemos por desconfianza. Éste fue el caso de Zacarías, quien pidió una prueba al arcángel Gabriel: «Zacarías dijo al ángel: ‘¿En qué lo conoceré?’» (Lc 1,18). El Arcángel no se arredró ni un pelo: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios (...). Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo» (Lc 1,19-20). Y así fue.

Es Él mismo quien quiere “obligarse” y “atarse” con nuestra fe: «Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Lc 11,9). Él es nuestro Padre y no quiere negar nada de lo que conviene a sus hijos.

Pero es necesario manifestarle confiadamente nuestras peticiones; la confianza y connaturalizar con Dios requieren trato: para confiar en alguien le hemos de conocer; y para conocerle hay que tratarle. Así, «la fe hace brotar la oración, y la oración —en cuanto brota— alcanza la firmeza de la fe» (San Agustín). No olvidemos la alabanza que mereció Santa María: «¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,45).

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

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domingo, 5 de julio de 2026

«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso»

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este Domingo 14 del Tiempo Ordinario (A),

 

Dios nos bendice

 

1ª Lectura (Zac 9,9-10):

 

Así dice el Señor: «Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra».

 

Salmo responsorial: 144

 

R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

 

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás.

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.

El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.

 

2ª Lectura (Rom 8,9.11-13):

 

Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

 

Versículo antes del Evangelio (Cf. Mt 11,25):

 

Aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.

 

Texto del Evangelio (Mt 11,25-30):

 

En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

»Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

 

Comentario

 

Hoy, Jesús nos muestra dos realidades que le definen: que Él es quien conoce al Padre con toda la profundidad y que Él es «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). También podemos descubrir ahí dos actitudes necesarias para poder entender y vivir lo que Jesús nos ofrece: la sencillez y el deseo de acercarnos a Él.

A los sabios y entendidos frecuentemente les es difícil entrar en el misterio del Reino, porque no están abiertos a la novedad de la revelación divina; Dios no deja de manifestarse, pero ellos creen que ya lo saben todo y, por tanto, Dios ya no les puede sorprender. Los sencillos, en cambio, como los niños en sus mejores momentos, son receptivos, son como una esponja que absorbe el agua, tienen capacidad de sorpresa y de admiración. También hay excepciones, e incluso, hay expertos en ciencias humanas que pueden ser humildes por lo que al conocimiento de Dios se refiere.

En el Padre, Jesús encuentra su reposo, y su paz puede ser refugio para todos aquellos que han sido maleados por la vida: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso» (Mt 11,28). Jesús es humilde, y la humildad es hermana de la sencillez. Cuando aprendemos a ser felices a través de la sencillez, entonces muchas complicaciones se deshacen, muchas necesidades desaparecen, y al fin podemos reposar. Jesús nos invita a seguirlo; no nos engaña: estar con Él es llevar su yugo, asumir la exigencia del amor. No se nos ahorrará el sufrimiento, pero su carga es ligera, porque nuestro sufrimiento no nos vendrá a causa de nuestro egoísmo, sino que sufriremos sólo lo que nos sea necesario y basta, por amor y con la ayuda del Espíritu. Además, no olvidemos, «las tribulaciones que se sufren por Dios quedan suavizadas por la esperanza» (San Efrén).

P. Antoni POU OSB Monje de Montserrat (Montserrat, Barcelona, España)

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sábado, 4 de julio de 2026

¿Es que pueden guardar luto, mientras el novio está con ellos?

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este sábado 13 del Tiempo Ordinario (A),

 

1ª Lectura (Am 9,11-15):

 

Así dice el Señor: «Aquel día, levantaré la tienda caída de David, taparé sus brechas, levantaré sus ruinas como en otros tiempos. Para que posean las primicias de Edom, y de todas las naciones, donde se invocó mi nombre —oráculo del Señor—. Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que el que ara sigue de cerca al segador; el que pisa las uvas, al sembrador; los montes manarán vino, y fluirán los collados. Haré volver los cautivos de Israel, edificarán ciudades destruidas y las habitarán, plantarán viñas y beberán de su vino, cultivarán huertos y comerán de sus frutos. Los plantaré en su campo, y no serán arrancados del campo que yo les di, dice el Señor, tu Dios».

 

Salmo responsorial: 84

 

R/. Dios anuncia la paz a su pueblo.

 

Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos y a los que se convierten de corazón».

La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.

El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.

 

Versículo antes del Evangelio (Jn 10,27):

 

Aleluya. Las ovejas oyen mi voz, dice el Señor; y yo las conozco y me siguen. Aleluya.

 

Texto del Evangelio (Mt 9,14-17):

 

 En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan».

 

Comentario

 

Hoy notamos cómo con Jesús comenzaron unos tiempos nuevos, una doctrina nueva, enseñada con autoridad, y cómo todas las cosas nuevas chocaban con la praxis y el ambiente dominante. Así, en las páginas que preceden al Evangelio que estamos contemplando, vemos a Jesús perdonando los pecados al paralítico y curando su enfermedad, mientras que los escribas se escandalizan; Jesús llamando a Mateo, cobrador de impuestos y comiendo con él y otros publicanos y pecadores, y los fariseos “subiéndose por las paredes”; y en el Evangelio de hoy son los discípulos de Juan quienes se acercan a Jesús porque no comprenden que Él y sus discípulos no ayunen.

Jesús, que no deja nunca a nadie sin respuesta, les dirá: «¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán» (Mt 9,15). El ayuno era, y es, una praxis penitencial que contribuye a «adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón» (Catecismo de la Iglesia, n. 2043) y a impetrar la misericordia divina. Pero en aquellos momentos, la misericordia y el amor infinito de Dios estaba en medio de ellos con la presencia de Jesús, el Verbo Encarnado. ¿Cómo podían ayunar? Sólo había una actitud posible: la alegría, el gozo por la presencia del Dios hecho hombre. ¿Cómo iban a ayunar si Jesús les había descubierto una manera nueva de relacionarse con Dios, un espíritu nuevo que rompía con todas aquellas maneras antiguas de hacer?

Hoy Jesús está: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20), y no está porque ha vuelto al Padre, y así clamamos: ¡Ven, Señor Jesús!

Estamos en tiempos de expectación. Por esto, nos conviene renovarnos cada día con el espíritu nuevo de Jesús, desprendernos de rutinas, ayunar de todo aquello que nos impida avanzar hacia una identificación plena con Cristo, hacia la santidad. «Justo es nuestro lloro —nuestro ayuno— si quemamos en deseos de verle» (San Agustín).

A Santa María le suplicamos que nos otorgue las gracias que necesitamos para vivir la alegría de sabernos hijos amados.

Rev. D. Joaquim FORTUNY i Vizcarro (Cunit, Tarragona, España)

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viernes, 3 de julio de 2026

«Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído»

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dos, en esta fiesta de Santo Tomás, apóstol (A).

 

Dios nos bendice

 

1ª Lectura (Ef 2,19-22):

 

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

 

Salmo responsorial: 116

 

R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

 

Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.

 

Versículo antes del Evangelio (Jn 20,29):

 

Aleluya. Porque me has visto, Tomás, has creído, dice el Señor; bienaventurados lo que no vieron y creyeron. Aleluya.

 

Texto del Evangelio (Jn 20,24-29):

 

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».

 

Comentario

 

Hoy, la Iglesia celebra la fiesta de santo Tomás. El evangelista Juan, después de describir la aparición de Jesús, el mismo domingo de resurrección, nos dice que el apóstol Tomás no estaba allí, y cuando los Apóstoles —que habían visto al Señor— daban testimonio de ello, Tomás respondió: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré» (Jn 20,25).

Jesús es bueno y va al encuentro de Tomás. Pasados ocho días, Jesús se aparece otra vez y dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente» (Jn 20,27).

—Oh Jesús, ¡qué bueno eres! Si ves que alguna vez yo me aparto de ti, ven a mi encuentro, como fuiste al encuentro de Tomás.

La reacción de Tomás fueron estas palabras: «Señor mío y Dios mío!» (Jn 20,28). ¡Qué bonitas son estas palabras de Tomás! Le dice “Señor” y “Dios”. Hace un acto de fe en la divinidad de Jesús. Al verle resucitado, ya no ve solamente al hombre Jesús, que estaba con los Apóstoles y comía con ellos, sino su Señor y su Dios.

Jesús le riñe y le dice que no sea incrédulo, sino creyente, y añade: «Dichosos los que no han visto y han creído» (Jn 20,28). Nosotros no hemos visto a Cristo crucificado, ni a Cristo resucitado, ni se nos ha aparecido, pero somos felices porque creemos en este Jesucristo que ha muerto y ha resucitado por nosotros.

Por tanto, oremos: «Señor mío y Dios mío, quítame todo aquello que me aparta de ti; Señor mío y Dios mío, dame todo aquello que me acerca a ti; Señor mío y Dios mío, sácame de mí mismo para darme enteramente a ti» (San Nicolás de Flüe).

 

Rev. D. Joan SERRA i Fontanet (Barcelona, España)

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jueves, 2 de julio de 2026

«¡Ánimo!, hijo, tus pecados te son perdonados»

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este jueves 13 del Tiempo Ordinario (A).

 

Dios nos bendice

 

1ª Lectura (Am 7,10-17):

 

En aquellos días, Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, envió un mensaje a Jeroboam, rey de Israel: «Amós conjura contra ti en medio de Israel; la tierra ya no puede soportar sus palabras. Porque así predica Amós: ‘Morirá a espada Jeroboam. Israel saldrá de su país al destierro’».

Dijo Amasías a Amós: «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país».

Respondió Amós: «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: ‘Ve y profetiza a mi pueblo de Israel’. Y, ahora, escucha la palabra del Señor: Tú dices: ‘No profetices contra la casa de Israel, no prediques contra la casa de Isaac’. Pues bien, así dice el Señor: ‘Tu mujer será deshonrada en la ciudad, tus hijos e hijas caerán a espada; tu tierra será repartida a cordel, tú morirás en tierra pagana, Israel saldrá de su país al destierro’».

 

Salmo responsorial: 18

 

R/. Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

 

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante.

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.

La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila.

 

Versículo antes del Evangelio (2Cor 5,19):

 

Aleluya. Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo consigo y puso en nosotros la palabra de la reconciliación. Aleluya.

 

Texto del Evangelio (Mt 9,1-8):

 

 En aquel tiempo, subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados». Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando». Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

 

Comentario

 

Hoy encontramos una de las muchas manifestaciones evangélicas de la bondad misericordiosa del Señor. Todas ellas nos muestran aspectos ricos en detalles. La compasión de Jesús misericordiosamente ejercida va desde la resurrección de un muerto o la curación de la lepra, hasta perdonar a una mujer pecadora pública, pasando por muchas otras curaciones de enfermedades y la aceptación de pecadores arrepentidos. Esto último lo expresa también en parábolas, como la de la oveja descarriada, la didracma perdida y el hijo pródigo.

El Evangelio de hoy es una muestra de la misericordia del Salvador en dos aspectos al mismo tiempo: ante la enfermedad del cuerpo y ante la del alma. Y puesto que el alma es más importante, Jesús comienza por ella. Sabe que el enfermo está arrepentido de sus culpas, ve su fe y la de quienes le llevan, y dice: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados» (Mt 9,2).

¿Por qué comienza por ahí sin que se lo pidan? Está claro que lee sus pensamientos y sabe que es precisamente esto lo que más agradecerá aquel paralítico, que, probablemente, al verse ante la santidad de Jesucristo, experimentaría confusión y vergüenza por las propias culpas, con un cierto temor a que fueran impedimento para la concesión de la salud. El Señor quiere tranquilizarlo. No le importa que los maestros de la Ley murmuren en sus corazones. Más aun, forma parte de su mensaje mostrar que ha venido a ejercer la misericordia con los pecadores, y ahora lo quiere proclamar.

Y es que quienes, cegados por el orgullo se tienen por justos, no aceptan la llamada de Jesús; en cambio, le acogen los que sinceramente se consideran pecadores. Ante ellos Dios se abaja perdonándolos. Como dice san Agustín, «es una gran miseria el hombre orgulloso, pero más grande es la misericordia de Dios humilde». Y en este caso, la misericordia divina todavía va más allá: como complemento del perdón le devuelve la salud: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa» (Mt 9,6). Jesús quiere que el gozo del pecador convertido sea completo.

Nuestra confianza en Él se ha de afianzar. Pero sintámonos pecadores a fin de no cerrarnos a la gracia.

 

Rev. D. Francesc NICOLAU i Pous (Barcelona, España)

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