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jueves, 19 de febrero de 2015

“El que pierda su vida por Mí, la salvará”

¡Amor y paz!

Hoy es el primer jueves de Cuaresma. Todavía tenemos fresca la ceniza que la Iglesia nos ponía ayer sobre la frente, y que nos introducía en este tiempo santo, que es un trayecto de cuarenta días. Jesús, en el Evangelio, nos enseña dos rutas: el Vía Crucis que Él ha de recorrer, y nuestro camino en su seguimiento.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este jueves después de Ceniza.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Lucas 9,22-25.
Jesús dijo a sus discípulos: "El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día". Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida? 
Comentario

Reflexionar es una conversión que no debe ser solamente una conversión exterior, sino que debe ir sobre todo hacia la conversión del corazón. La conversión del corazón que viene a ser el núcleo de toda la Cuaresma, es vista por la Escritura, como un momento de elección por parte del hombre que debe dirigir a Alguien. La pregunta es: ¿A quién dirigimos el corazón? ¿Hacia quién me estoy dirigiendo yo? En este período en el cual la Iglesia nos invita a reflexionar más profundamente tenemos que preguntarnos: ¿Hacia dónde voy yo?

En la primera lectura Dios pone delante del pueblo de Israel el bien y el mal, diciéndole que puede elegir, decir a quién quiere servir, qué quiere hacer de su vida. Tú también vas a decidir si quieres vivir tu vida amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a Él, o vas a tener un corazón que se resiste. Es en lo profundo de nuestra intimidad donde acabamos descubriendo hacia quién estamos orientando nuestra vida.

La Escritura nos habla por un lado de un corazón que se resiste a Dios y por otro lado de un corazón que se adhiere a Dios. Mi corazón se resiste a Dios cuando no quiero ver su gracia, cuando no quiero ver su obra en mi vida, cuando no quiero ver su camino sobre mi existencia. Mi corazón se adhiere a Dios, cuando en medio de mil inquietudes, vicisitudes, en medio de mil circunstancias yo voy siendo capaz de descubrir, de encontrar, de amar, de ponerme de delante de Él y decirle: “aquí estoy, cuenta conmigo”.

Jesús en el Evangelio nos presenta esta elección, entre resistencia del corazón y la adhesión del corazón como una adhesión por Él o contra Él: “El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue su cruz cada día y se venga conmigo.” Una conversión que no es solamente el cambiar el comportamiento; una conversión que no es simplemente el tener una doctrina diferente; una conversión que no es buscarse a sí mismo, sino seguir a Jesucristo. Esta es la auténtica conversión del corazón.

Jesús pone como polo opuesto, como manifestación de la resistencia del corazón el querer ganar todo el mundo. ¿Qué prefieres tú? ¿Cuál es la opción de tu vida, cuál es el camino por el cual tu vida se orienta, ganar todo el mundo si no te ganas a ti mismo?, pero si has perdido a base de la resistencia de tu corazón lo más importante que eres tú mismo, ¿cómo te puedes encontrar? Solamente te vas a encontrar adhiriéndote a Dios.

Deberíamos entrar en nuestra alma y ver que estamos ganando o qué estamos perdiendo, a qué nos estamos resistiendo y a quién nos estamos adhiriendo. Este es el doble juego que tenemos que hacer y no lo podemos evitar. Nuestra alma, de una forma u otra, se va a orientar hacia adherirse a Dios, automáticamente está construyendo en su interior la resistencia a Dios. El alma que no busca ganarse a sí misma dándose a Dios, está automáticamente perdiéndose a sí misma.

Son dos caminos. A nosotros nos toca elegir: “Dichoso el hombre que confía en el Señor, éste será dichoso; en cambio los malvados serán como paja barrida por el viento. El Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo”: ¿Qué camino llevo en este inicio de Cuaresma? ¿Es un camino de seguimiento? Me dice Nuestro Señor: ¿Eres de los que quieren estar conmigo, de los que quieren adherirse a Mí? ¿O eres de los que se resisten?

P. Cipriano Sánchez

viernes, 9 de agosto de 2013

“El que pierda su vida a causa de mí, la encontrará”

¡Amor y paz!

El viraje decisivo de los evangelios se hizo a partir de la Confesión de Pedro. Jesús se dirige hacia lo esencial, hacia "su hora"... y se concentra en lo que considera como trabajo suyo principal: la formación profunda del grupo de los Doce.

-Jesús, después de haber anunciado a los discípulos su pasión y su resurrección, les dijo: "El que quiera venirse conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

"Si alguien quiere venirse conmigo..." Este "si" condicional, o sea la frase inicial: "El que quiera", me ayudan a penetrar en un misterio esencial de Dios: Él es quien inventó la libertad del hombre... que es la grandeza del hombre según Dios. Jamás la forzará (Noel Quesson).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Viernes de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario.

La Iglesia celebra también hoy la fiesta de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, virgen y mártir, patrona de Europa. Pidámosle que interceda por los habitantes de ese continente.

Evangelio según San Mateo 16,24-28.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino". 
Comentario

 Al cumplirse el misterioso designio de su bondad, el Señor tomó la condición de esclavo y se dignó rebajarse hasta la muerte de cruz (Fl 2,8). Para realizar en nuestro corazón, por medio de una humillación visible, aquella celestial sublimación, para nosotros invisibles. Considera pues, de qué altura nos precipitamos desde el principio, y comprenderás que por  voluntad de la divina sabiduría y por su bondad somos restituidos a la vida. Con Adán caímos en la soberbia; por eso somos humillados en Cristo para poder cancelar la antigua culpa con el remedio de la virtud contraria, de modo  que los que con la soberbia ofendimos a Dios, lo aplaquemos poniéndonos a su servicio.

        Alegrémonos, y gocemos en aquel que nos ha hecho objeto de su lucha y de su victoria, diciendo: “Tened valor, yo he vencido al mundo» (Jn16, 33)... El invencible, peleará por nosotros y vencerá en nosotros. Entonces el príncipe de las tinieblas será echado fuera, aunque no ciertamente fuera del mundo, sino fuera del hombre, cuando al penetrar en nosotros la fe, es obligado a salir fuera y dejar libre el puesto a Cristo; cuya presencia pone en fuga al pecado y significa el destierro de la derrota de la serpiente...

      Que los oradores guarden su elocuencia, los filósofos su sabiduría, los reyes sus reinos; para nosotros la gloria, las riquezas y el reino, es Cristo; nuestra sabiduría, es la locura del Evangelio; la fuerza es, la debilidad de la carne, y la gloria, es el escándalo de la cruz.

San Paulino de Nola  ( 355- 431), obispo.
Carta 38, 3-4.6
©Evangelizo.org 2001-2013

domingo, 23 de junio de 2013

Dime qué concepto de Dios tienes y te diré cómo oras

¡Amor y paz!

La influencia actual de variados movimientos religiosos y pseudoreligiosos ha hecho que confundamos la espiritualidad y la oración de cuño cristiano con otras prácticas. En la semana que acaba de terminar, y en desarrollo de su misa cotidiana en la Casa Santa Marta, donde reside, el Papa Francisco ha criticado la actual ‘cultura light’, que promueve una oración-magia a dioses abstractos y cósmicos.

En efecto, uno puede plantear: “dime que concepción de Dios tienes y te diré qué clase de oración haces”. Por eso, refiriéndose al aparte del Evangelio en que Jesús nos enseña el Padrenuestro, Francisco dijo: "¡Tú debes rezar al Padre! Debes rezar a quien te ha generado, a quien te ha dado la vida a ti".  Agregó que todos tenemos un padre cercano que nos abraza y por ello los afanes de la vida cotidiana, las preocupaciones que pueden surgir, deben ser dejadas en manos del padre, porque "él sabe lo que necesitamos".

Todo esto lo traigo a colación porque el Evangelio nos habla nuevamente hoy de la oración. Es Jesús el que se aparta un poco para orar y a continuación pregunta a sus discípulos quién dice la gente y ellos mismos que es él.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este XII Domingo del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga.,..

Evangelio según San Lucas 9,18-24. 
Un día Jesús se había apartado un poco para orar, pero sus discípulos estaban con él. Entonces les preguntó: «Según el parecer de la gente, ¿quién soy yo?» Ellos contestaron: «Unos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías, y otros que eres alguno de los profetas antiguos que ha resucitado.» Entonces les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Pedro respondió: «Tú eres el Cristo de Dios.» Jesús les hizo esta advertencia: «No se lo digan a nadie». Y les decía: «El Hijo del Hombre tiene que sufrir mucho y ser rechazado por las autoridades judías, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la Ley. Lo condenarán a muerte, pero tres días después resucitará.» También Jesús decía a toda la gente: «Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y que me siga. Les digo: el que quiera salvarse a sí mismo, se perderá; y el que pierda su vida por causa mía, se salvará.
Comentario

Muchos textos evangélicos hablan de la oración de Jesús. Otros nos presentan a Jesús orando o nos cuentan lo que decía sobre esta práctica. El Evangelio según san Lucas, que estamos siguiendo este año, insiste particularmente en esta dimensión orante de la vida de Jesús. Podríamos hacerle muchas preguntas a Jesús sobre su oración: ¿Cómo oraba? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con quiénes lo hacía, o si lo hacía solo? ¿Cuánto tiempo dedicaba a ello? ¿Qué relación existía entre su oración y su vida? No es difícil llegar a responder estas preguntas si estuviéramos dispuestos a repasar los cuatro evangelios buscando los pasajes que hablan de la oración de Jesús. Uno de ellos es el que nos presenta hoy la liturgia: “Un día en que Jesús estaba orando solo (...)”.

Jesús, el hijo de María, el carpintero de Nazaret, fue un hombre de su tiempo. Es verdad también que confesamos a este hombre como la transparencia plena de Dios, en quien Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. Pero, como muy bien lo afirma el Concilio Vaticano II, Jesús "trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre" (Gaudium et Spes 22). Por tanto, podemos también afirmar que su oración fue una oración de hombre. Su encuentro frecuente con Dios en la oración respondió a una necesidad vital de comunicación y de comunión con su Padre. No se trató simplemente de un ejemplo para estimular nuestra oración. No fue una enseñanza más o una recomendación hecha desde fuera. Digo esto, porque no es difícil encontrar estudios en los que la práctica de la oración de Jesús se presenta como algo añadido: "Jesús no tenía las mismas razones que nosotros para orar. Él, en cierto sentido, no tenía necesidad de orar, pese a lo cual quiso que su oración nos sirviera de ejemplo" (Bro, Enséñanos a orar, 1969: 113).

De la oración de Jesús surgieron preguntas: “–¿Quién dice la gente que soy yo? (...) –Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” La respuesta de Pedro parece completa: “–Eres el Mesías de Dios”. Sin embargo, el mesianismo que soñaba Simón Pedro no contemplaba lo que Jesús les anuncia: “–El Hijo del hombre tendrá que sufrir mucho, y será rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley. Lo van a matar, pero al tercer día resucitará”. De esta misma experiencia de oración nace también la frase con la que termina el pasaje de hoy: “Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero que pierda la vida por causa mía, la salvará”.

Los aprendizajes vitales que Jesús compartió con sus discípulos germinaron en horas de silencio y soledad. Momentos de apertura dócil a la acción de Dios. Jesús vivió largos momentos de contemplación para llegar a entender esta paradoja de un Mesías que muere en cruz. Dimensiones aparentemente contrapuestas de una misma manifestación histórica de la divinidad. Sólo desde la oración sencilla y cotidiana, es posible vivir el misterio de nuestro camino de fe. Cuán lejos estamos de alcanzar una vida de oración como la de Jesús. Tal vez convenga preguntarnos hoy lo que le preguntamos a Jesús: ¿Cómo oramos? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con quiénes? ¿Cuánto tiempo dedicamos a ello? ¿Qué relación existe entre nuestra oración y nuestra vida?

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Seguir a Jesús exige renuncias y compromiso

¡Amor y paz!

Seguir a Jesús es exigente y muchos, hoy como ayer, rehúsan a comprometerse con su causa. Otros lo hacen a medias: creen, pero no viven lo que creen. Recuerdo, entonces, una frase atribuida al Mahatma Gandhi: “Los cristianos son como piedras de río: mojados por fuera, pero secos por dentro” y también del libro del Apocalipsis: “Puesto que eres tibio y no frío ni caliente, voy  a  vomitarte de mi boca” (Ap 3, 16-17). Hoy Jesús nos insiste sobre las renuncias que hay que hacer para seguirlo.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Miércoles de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…


Evangelio según San Lucas 14,25-33. 
Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: "Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: 'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'. ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. 
Comentario
A poco que cualquiera de nosotros hayamos frecuentado nuestros templos nos habremos dado cuenta de que siempre hay gente que se queda justo, o casi, en el umbral de la puerta. Desde ahí participan en la misa dominical o en la misa de diario. No es porque no haya sitio dentro de la Iglesia. Esto, ciertamente, sucede algunas veces. Pero incluso cuando hay muchos bancos vacíos, donde se podría estar más cómodo y participar mejor, hay siempre personas que se quedan en la puerta. Puede ser por muchas razones. Y lo último que podemos hacer es juzgar sin escuchar a las personas.

Pero la imagen de la persona que se queda a medio camino, dentro del templo pero sin entrar del todo nos puede servir como una buena metáfora para comprender la actitud práctica, interior de muchos cristianos frente al Evangelio. Diría que ese estar dentro y fuera a la vez, justo en el límite, es una actitud vital. Somos muchos los que nos decimos cristianos pero a la vez no queremos comprometernos del todo. Queremos "nadar y guardar la ropa".

¡Ya está bien de mediocridad! Jesús nos desafía claramente en el evangelio de hoy a seguirle con todas las consecuencias. A no andar con componendas ni mediastintas. A tomar nuestras decisiones sabiendo que solamente vale la pena seguir a Jesús si vamos "a por todas".

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
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