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martes, 10 de abril de 2018

Lo poseían todo en común y daban testimonio de la resurrección


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios con el método de la lectio divina, hoy martes de la segunda semana de Pascua.

Dios nos bendice...

LECTIO

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 4,32-37

32 El grupo de los creyentes pensaba y sentía lo mismo, y nadie consideraba como propio nada de lo que poseía, sino que tenían en común todas las cosas. 33 Por su parte, los apóstoles daban testimonio con gran energía de la resurrección de Jesús, el Señor, y todos gozaban de gran estima. 34 No había entre ellos necesitados, porque todos los que tenían hacienda o casas las vendían, llevaban el precio de lo vendido, 35 lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno según su necesidad.
'36 Este fue el caso de José, un levita nacido en Chipre, a quien los apóstoles llamaban Bernabé, que significa «el que trae consuelo». 37 Este tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.

Éste es el segundo «compendio», o cuadro recopilador, donde Lucas presenta el nuevo estilo de vida de la Iglesia, fruto del Espíritu. Se subraya aquí la comunión de bienes, descrita de un modo más bien detallado.

Aparecen dos prácticas de comunión: la primera consiste en poner en común los propios bienes o comunión de uso. Cada uno es propietario de sus bienes, pero se considera sólo administrador de los mismos, poniendo el fruto de los mismos a disposición de todos. La segunda práctica consiste en la venta de los bienes, seguida de la distribución de lo recaudado. Esta distribución la hacen los apóstoles después de que se deposita a sus pies el importe de la venta. Estas dos prácticas de comunión no son las únicas: los Hechos de los Apóstoles presentan otras. Pablo habla del trabajo de sus propias manos para proveer a las necesidades de los suyos y de «los débiles» (20,34s).

Lo que le importa a Lucas sobre todo es mostrar que las distintas prácticas de comunión de bienes están arraigadas en una profunda comunión de espíritus y de corazones. Del conjunto se desprende que estamos en presencia de la comunidad mesiánica, heredera de las promesas hechas a los padres: «No habrá ningún pobre entre los tuyos, porque Yahvé te bendecirá abundantemente en la tierra que Yahvé tu Dios te da en herencia para que la poseas, pero sólo si escuchas de verdad la voz de Yahvé tu Dios» (Dt 15,4s).

Evangelio: Juan 3,7b-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «En verdad te digo: Tenéis que nacer de lo nuevo. 8 El viento sopla donde quiere; oyes su rumor, pero no sabes ni de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con el que nace del Espíritu».
9 Nicodemo replicó:
  • ¿Cómo puede ser esto?
'° Jesús le contestó:
  • ¿Tú eres maestro de Israel e ignoras estas cosas? 11 Yo te aseguro que hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto; pero vosotros rechazáis nuestro testimonio. 12 Si no me creéis cuando os hablo de las cosas terrenas, ¿cómo vais a creerme cuando os hable de las cosas del cielo? 13 Nadie ha subido al cielo, a no ser el que vino de allí, es decir, el Hijo del hombre. 14 Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto 15 para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

El diálogo de Jesús con Nicodemo se transforma aquí en un monólogo ininterrumpido que el evangelista pone en los labios de Jesús. Nos encontramos frente a palabras auténticas de Jesús y a testimonios pospascuales fundidos por el autor en un solo discurso. Se trata de una profesión de fe usada en el interior de la vida litúrgica de la Iglesia joanea. En ella se contiene, en síntesis, la historia de la salvación.

El tema desarrolla lo que vimos en el fragmento de ayer, centrado en el testimonio de Cristo, Hijo del hombre bajado del cielo, el único que está en condiciones de revelar el amor de Dios por los hombres a través de su propia muerte y resurrección (vv. 11-15). El evangelista insiste ahora en la importancia de la fe. Si ésta no crece con la revelación hecha por Jesús sobre su destino espiritual, ¿cómo podrá ser acogida la gran revelación relacionada con su éxodo pascual?

Los hombres deben dar crédito a Cristo, aunque ninguno de ellos haya subido al cielo para captar los misterios celestiales, ya que sólo él, que ha bajado del cielo (v 13), está en condiciones de anunciar la realidad del Espíritu, y es el verdadero puente entre el hombre y Dios. Sólo Jesús es el lugar ideal de la presencia de Dios. Y esta revelación tendrá su cumplimiento en la cruz, cuando Jesús sea ensalzado a la gloria, para que «todo el que crea en él tenga la vida eterna» (v. 15).

La humanidad podrá comprender el escandaloso y desconcertante acontecimiento de la salvación por medio de la cruz y curar de su mal, como los judíos curaron en el desierto de las picaduras de las serpientes mirando la serpiente de bronce (cf. Nm 21,49). El simbolismo de la serpiente de Moisés afirma la verdad de que la salvación consiste en someternos a Dios y dirigir nuestra mirada al Crucificado, verdadero acto de fe que comunica la vida eterna (cf. In 19,37).

MEDITATIO

El texto de Hechos de los Apóstoles es uno de los más frecuentados por parte de la tradición espiritual de la Iglesia. A partir del primer monacato, en todos los momentos de crisis o de dificultades en la vida cristiana se ha hecho referencia a este texto como a un modelo fundador e insuperable de la vida de la Iglesia y, por consiguiente, como a una piedra sobre la que es posible construir formas auténticas de vida cristiana.

En este fragmento aparecen toda la fascinación y la nostalgia de la fraternidad; más aún: de una Iglesia fraterna. En un momento en el que parecen desaparecer otras perspectivas, he aquí la posibilidad de retomar el camino del renacimiento a partir de la fraternidad, la fuente inagotable del estilo de vida cristiano. La novedad cristiana se expresa sobre todo en la fraternidad: a través de comunidades fraternas, a través de una Iglesia fraterna, a través de una mentalidad fraternal que busca por encima de todo crear relaciones fraternas, como signo de la venida del Reino de Dios.

¿Qué lugar ocupa la fraternidad en mis preocupaciones? ¿Qué importancia tiene la construcción de la fraternidad en mi vida espiritual? ¿Es acaso mi espiritualidad una espiritualidad individualista, de la que están prácticamente excluidos los hermanos y las hermanas?

ORATIO

Señor, muéstrate bondadoso conmigo, que, de hecho, considero poco importante la fraternidad. Estoy preocupado de que las cosas «funcionen» y, así, encuentro el pretexto para olvidarme de que los otros son mis hermanos, cuando no los convierto en meros instrumentos. Estoy preocupado por mi salud y, así, me olvido de que los otros también tienen sus problemas, quizás mucho más graves que los míos. Estoy preocupado por el bien que debo hacer y, con frecuencia, no me pregunto si lo hago de una forma fraterna, si lo hago de hermano a hermanos. Estoy preocupado por llevarte a los alejados y me olvido de los que tengo cerca.

Señor, concédeme unos ojos y un corazón fraternos. ¡Qué alejado ando de todo esto! Estoy alejado, y la mayoría de las veces ni siquiera me doy cuenta, porque no me tomo en serio la fraternidad: resulta demasiado poco gratificante, no me hace lucir, no enciende mi fantasía, no me hace sentirme un héroe.

Señor, para hacer que yo quiera ser de verdad hermano y hermana de mi prójimo, debes iluminarme de continuo con tu palabra y tu Espíritu, como hiciste en los comienzos de tu Iglesia.

CONTEMPLATIO

Nuestro Creador y Señor dispone todas las cosas de tal modo que, si alguien quisiera ensoberbecerse por el don que ha recibido, debe humillarse por las virtudes de que carece. El Señor dispone todas las cosas de tal modo que cuando eleva a uno mediante una gracia que ha recibido, mediante una gracia diferente lo somete a otro. Dios dispone todas las cosas de tal modo que mientras todas las cosas son de todos, en virtud de cierta exigencia de la caridad, todo se vuelve de cada uno, y cada uno posee en el otro lo que no ha recibido, de tal modo que cada uno ofrece como don al otro lo que ha recibido.

Es lo que dice Pedro: «Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios» (1 Pe 4,10) (Gregorio Magno, Comentario moral a Job, XXVIII, 22).

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Reina, Señor, glorioso en medio de nosotros».

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El fin de una comunidad no puede ser sólo ofrecer a sus componentes un sentimiento de bienestar. Su objetivo y su significado son más bien hacer que todos los miembros puedan incitarse unos a otros, día a día, a recorrer juntos el camino de la confianza, con madurez, con lealtad y en medio de la afectividad; que puedan aclarar los malentendidos que se producen; que puedan resolver los conflictos y, sobre todo, que puedan arraigarse en Dios. Y es que, en una comunidad, sólo podremos vivir bien a la larga si dirigimos de continuo nuestra mirada a Dios como nuestra verdadera meta y causa última de nuestra vida (A. Grün, A onore del cielo, come segno per la terra, Brescia 1999, p. 151).


sábado, 9 de septiembre de 2017

Gracias a la muerte de Cristo, Dios nos ha reconciliado para hacernos santos

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este sábado de la 22ª semana del tiempo ordinario.

Celebramos hoy la memoria de San Pedro Claver, religioso presbítero, a quien pedimos que interceda por nosotros. 

Dios nos bendice...

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 21-23

Hermanos:
Antes estabais también vosotros alejados de Dios y erais enemigos suyos por la mentalidad que engendraban vuestras malas acciones; ahora, en cambio, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, Dios os ha reconciliado para haceros santos, sin mancha y sin reproche en su presencia.
La condición es que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis.
En el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo, y yo, Pablo, fui nombrado su ministro.

Salmo

Sal 53, 3-4. 6 y 8

R. Dios es mi auxilio.

Oh Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R.

Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 1-5

Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano.
Unos fariseos les preguntaron:
- «¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?»
Jesús les replicó:
- «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre?
Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros.»
Y añadió:
- «El Hijo del hombre es señor del sábado.»

Palabra del Señor

Comentario


1.1 Hay frases que uno se acostumbra a oír y puede darse el caso de que pasen años sin que uno las esté entendiendo en realidad. Vamos a ver: ¿Qué quiere decir que hemos sido reconciliados con Dios? Evidentemente, que estamos "a paz y salvo" con él; que nuestras deudas y deficiencias han quedado perdonadas, podríamos decir.

1.2 Pues bien, aun suponiendo que esa explicación fuera suficiente, cabe una pregunta que espontáneamente nace de la primera lectura de hoy: ¿Y por qué esa reconciliación brota de la muerte de Cristo? O agudicemos más la cuestión: ¿No sería pensable, más bien, que haber dado muerte al Hijo de Dios nos aleja de ese mismo Dios, a cuyo Hijo hemos causado tan espantosa muerte?

1.3 La muerte de Cristo, como toda muerte, es, en sí misma, algo malo. Dios, que es el Dios de la vida, no nos creó para la muerte, ni llamó a esta tierra para aniquilarlo. Lo que hace grande la muerte es que supone dar la vida. La muerte, en cuanto, entrega de la vida, es una señal eminente de amor y un signo indeleble de obediencia. Lo que admiramos, pues, y lo que agradecemos en la muerte del Hijo de Dios es entonces eso: amor y obediencia. Y más lo admiramos y celebramos cuando llegamos a entender que el pecado, raíz de todos nuestros males, no es otra cosa que desamor y desobediencia. La muerte de Cristo, pues, mató lo que nos mataba.

2. ¿Qué se puede hacer el día de reposo?

2.1 El evangelio de hoy nos invita a plantearnos una pregunta aparentemente obvia: ¿Para qué descansamos? ¿Por qué cesa nuestra actividad?

2.2 Ya en otras ocasiones hemos visto que Cristo no critica las prácticas en cuanto tales. Él mismo se abstuvo de comer carne de cerdo, fue circuncidado, y, en fin, de hecho enseñó a observar los preceptos de la Ley Mosaica, hasta los más pequeños. Guardémonos de ver a Cristo como un aleve trasgresor de la Ley, o como un cínico que ironiza sobre los mandamientos antiguos. No son las prácticas legales lo que él fustiga sino esa obediencia desprovista de sentido, que hace que finalmente el ser humano no sepa ni por qué obedece ni por qué se priva de lo que se priva. Es esta ignorancia del "para qué" lo que reprocha una y otra vez nuestro Señor.

2.3 De otra parte, ¡vaya descanso el de estos criticones de Jesús! ¡De todo descansan, menos de observar y juzgar a los demás! Dan reposo a sus manos pero no a su lengua mordaz; dejan quietos sus pies pero no su pensamiento retorcido; se abstienen de trabajar en sus negocios pero siguen urdiendo la trama de sus envidias y celos, de sus mentiras y orgullos.

2.4 La expresión con que Jesús cierra el pasaje tiene su misterio. ¿Qué quiere decir que él es "Señor del Sábado"? He conocido varias interpretaciones. Hay quien dice que es un modo de indicar que cualquier persona vale más que cualquier precepto legal sobre los días o las horas. Hay quien dice que Cristo no necesariamente se miraba a sí mismo como el "Hijo del Hombre", y que, por tanto, al decir la frase que nos ocupa estaba indicando simplemente que al final de los tiempos poco importarán cosas como este tipo de observancias, puesto que frente al Gran Día, el día del "Hijo del Hombre", según la imagen del profeta Daniel, palidecen los demás días. Hay quien dice que, cuando Cristo dice que él "también" es Señor del sábado, después de citar el ejemplo de David, estaba aludiendo sencillamente a que, así como David fue ahí "señor" de un precepto, bien cabía suponer que el "Hijo de David", esto es, Cristo, pudiera ser señor de otro precepto. Hay, en fin, quien dice que al declararse "Señor" estaba diciendo que sólo a él concierne decidir qué es y qué no es lícito en el día de reposo.

2.5 ¿Con qué nos quedamos sobre esto del "Señor del Sábado"? Tal vez no hay que escoger entre las anteriores interpretaciones, excluyendo unas y aceptando otras. Probablemente, el Señor no tenía una mentalidad tan excluyente en sus motivos, simplemente expandía su corazón y su pensamiento inmenso, y nos dejaba saber con palabras densas que las cosas iban mucho más allá de nuestras pequeñas y a veces mezquinas expectativas.

http://fraynelson.com/homilias.html

  
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