miércoles, 26 de diciembre de 2012

¡Decidámonos entre la luz y las tinieblas!

¡Amor y paz!

Tres festividades de santos siguen inmediatamente a la de Navidad: San Esteban, San Juan, los santos Inocentes. San Esteban fue el primer mártir, el primero en seguir verdaderamente a su maestro llevando la cruz, como otro Cristo.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles en que la Iglesia celebra la fiesta de San Esteban, primer mártir.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 10,17-22.
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes. El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará. 
Comentario

El Niño del pesebre extiende sus bracitos, y su sonrisa parece decir ya lo que más tarde pronunciarán los labios del hombre: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré.” (Mt 11,28)... ¡Sígueme! así dicen las manos del Niño, como más tarde lo harán los labios del hombre. Así hablaron al discípulo que el Señor amaba y que ahora también pertenece al séquito del pesebre. Y San Juan, el joven con un limpio corazón de niño, lo siguió sin preguntar a dónde o para qué. Abandonó la barca de su padre (Mt 4,22) y siguió al Señor por todos sus caminos hasta la cima del Gólgota (Jn 19,26).

  ¡Sígueme!- esto sintió también el joven Esteban. Siguió al Señor en la lucha contra el poder de las tinieblas, contra la ceguera de la obstinada incredulidad, dio testimonio de Él con su palabra y con su sangre, lo siguió también en su espíritu, espíritu de Amor que lucha contra el pecado, pero que ama al pecador y que, incluso estando muriendo, intercede ante Dios por sus asesinos.

    Son figuras luminosas que se arrodillan en torno al pesebre: los tiernos niños inocentes, los confiados pastores, los humildes reyes, Esteban, el discípulo entusiasta, y Juan, el discípulo predilecto. Todos ellos siguieron la llamada del Señor. Frente a ellos se alza la noche de la incomprensible dureza y de la ceguera: los escribas, que podían señalar el momento y el lugar donde el Salvador (Mt 2,5) del mundo habría de nacer, pero que fueron incapaces de deducir de ahí el “Venid a Belén”; el rey Herodes que quiso quitar la vida al Señor de la Vida. Ante el Niño en el pesebre se dividen los espíritus. Él es el Rey de los Reyes y Señor sobre la vida y la muerte. El pronuncia su ¡sígueme!, y el que no está con Él está contra EÉ (Mt 12,30). Él nos habla también a nosotros y nos coloca frente a la decisión entre la luz y las tinieblas.  

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, filosofa, mártir, copatrona de Europa El misterio de Navidad, Obras completas IV, 232, ed. Monte Carmelo
©Evangelizo.org 2001-2012 

martes, 25 de diciembre de 2012

¡Felices pascuas de Navidad!

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este día de la solemne celebración del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 1,1-18. 

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo".
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.

Comentario

*¡FELICES PASCUAS! Ningún saludo mejor para esta mañana que el tradicional de estos días: ¡Felices Pascuas! Felicitémonos y comuniquemos a todos nuestro gozo. Y que estos buenos deseos, esta buena voluntad perdure siempre y se vaya haciendo realidad. Ninguna fiesta cristiana ha marcado como ésta la historia y posiblemente nuestra propia experiencia. Las navidades ocupan un puesto de excepción en el calendario y en la vida. En estos días nos sentimos especialmente contentos, y hasta nos parece descubrir sentimientos análogos en los demás. El mundo y la vida nos parecen distintos. Las vacaciones, las fiestas, los regalos, las compras, las reuniones familiares y entre amigos... Todo contribuye a hacer de las navidades una época maravillosa en el año.

*HOY ES NAVIDAD. Pero podría suceder, amigos míos, que las navidades nos impidieran descubrir el sentido profundo de la Navidad. Porque puede ocurrir que los insistentes reclamos de la publicidad y de la propaganda empañen el mensaje del evangelio. Y puede ocurrir también que las infinitas expectativas de la sociedad de consumo entibien la esperanza y sofoquen la caridad y el sentido de la justicia y de la igualdad. Nosotros celebramos la Navidad, un acontecimiento más allá de todos los incentivos navideños. Celebramos el nacimiento del niño Jesús, el misterio de la encarnación del Hijo de Dios. Celebramos el hecho insólito de que Dios se haya hecho uno de nosotros y esté con nosotros y entre nosotros. Tenemos su palabra, su ejemplo, su sacramento. Está aquí.

*NAVIDAD ES EL PRINCIPIO. El nacimiento de Jesús no es sólo el punto de partida de un nuevo calendario casi universal, sino el primer paso de una nueva historia, que es la historia de la salvación del mundo, a pesar de todo. Quizás pueda parecernos muy lenta la marcha de esta historia de salvación. Buena parte de culpa en esa lentitud radica en nosotros, en nuestra tibieza en aceptar y seguir el evangelio de Jesús. Pero la salvación avanza, a pesar de que nuestra historia sigue teñida de sangre, de violencia, de injusticia, de destrucción y de temores. No hace falta insistir en lo que de todos es conocido: que el hombre viene venciendo innumerables obstáculos de escasez y de enfermedad para hacer cada vez más amable la vida. La ciencia y la técnica, el trabajo y la política, todo y todos se han esforzado en este sentido. Pero todo ha sido y sigue siendo poco. Lo cierto es que queda todavía mucho por hacer.

*NAVIDAD DEBE SER UN PASO ADELANTE. La celebración cristiana de la Navidad, el auténtico sentido de la Navidad, no se detiene en el recuerdo nostálgico de lo que pasó en aquel tiempo, sino que es memoria y coraje para sacar adelante en este tiempo el espíritu y el cambio queridos por Jesús y manifestados en el evangelio. Lo que Cristo hizo, es lo que tenemos que seguir. La misión de Cristo es la de los cristianos. Tenemos que salvar el mundo. Salvar el mundo es, sobre todo, poner a salvo a los hombres, liberarlos de la ignorancia, de la impotencia, de la opresión y de la injusticia, que los condena a la pobreza y al hambre. Pero salvar el mundo es también, hoy lo reconocemos fácilmente, poner el mundo, las cosas y la vida fuera del alcance de la explotación, la contaminación y la destrucción. Salvar el mundo es humanizarlo, construirlo a la altura y al servicio del hombre, de todos sin excepción, respetando y conservando la naturaleza. Salvar el mundo es disfrutarlo de acuerdo con la voluntad de Dios.

*¡FELIZ NAVIDAD! Dios se ha hecho hombre en Jesús para reconducir la evolución, manipulada y estropeada por la codicia de los hombres. Jesús nos ha enseñado que la salvación no está en la riqueza, ni en el poder, ni en la violencia, ni en la desigualdad. Siendo Dios, se hace hombre, uno cualquiera. Nace de una familia humilde, en soledad y pobreza, sin protocolos ni solemnidades cortesanas, sólo un niño, indefenso, impotente, accesible y amable. El amor será su praxis y su predicación, su lema y su ley. También la causa de su muerte, pero por eso la gloria de la resurrección. El amor es el mensaje de Navidad, el amor es la tarea a renovar cada Navidad. Si así lo creemos y hacemos, ¡Feliz Navidad! Y no será sólo un buen deseo, una expresión de buena voluntad, sino una hermosa y feliz realidad.

EUCARISTÍA 1990, 60