miércoles, 28 de mayo de 2014

El Espíritu nos conduce hacia la verdad completa


¡Amor y paz!

En este texto Jesús nos habla del misterio de Dios, del misterio del Padre, del misterio del Espíritu, y de su acción y presencia en nuestras vidas. No se trata de un ‘dios desconocido’ sino de Dios amor, verdad, gracia, justicia, salvación... Y su grandeza es tanta que no podemos comprenderla. El Espíritu es el único que puede iluminarnos para que no dudemos en vivir en Él y ponernos en sus manos.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la 6ª. Semana de Pascua.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Juan 16,12-15.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'." 

Comentario

Día a día, texto a texto, Jesús nos va enseñando en su Evangelio quién es y qué puede en nosotros el Divino Espíritu.

Hoy nos habla de cómo el Espíritu “nos conduce hacia la verdad completa”, “nos anuncia las cosas venideras” y “glorifica a Jesucristo”. ¡Dios Santo, cuántas maravillas!

Aprendamos algo de cada una de estas frases destacadas. Si el Espíritu nos conduce hacia la verdad completa quiere decir que hay un desarrollo o crecimiento en la verdad gracias a la acción del Espíritu en medio de la comunidad cristiana. Esta idea no es bien recibida por todos los cristianos. Hay quienes quisieran que todas las verdades estuvieran en algún versículo de la Biblia, porque predican la “Sola Scriptura”, de modo que no quieren admitir como cierta una cosa si no está en algún versículo bíblico, con lo cual, según vemos, contradicen a la misma Biblia. Esto no quiere decir que cualquier cosa pueda ser admitida como parte de nuestra fe, sino que indica que Dios, que obra en la Iglesia, no nos revelará la verdad completa sino en la Iglesia.

Si el Espíritu nos anuncia las cosas venideras, debemos entender que nuestra esperanza no se sostiene solamente en las palabras que hemos escuchado ni solamente en el testimonio del pasado. La Iglesia es un organismo vivo y necesita alimento vivo para avanzar hacia su meta, que es el encuentro definitivo con Cristo Esposo. Esta idea no es bien recibida por todos los católicos. Hay algunos que piensan que cualquier palabra inspirada que parezca provenir del Cielo es alucinación, manipulación, histeria o sugestión. Y se olvidan del importante lugar que Pablo otorga al ministerio de los profetas en el Nuevo Testamento.

Si el Espíritu glorifica a Jesucristo, es porque la Iglesia necesita crecer en adoración. Esta idea no es bien recibida por todos los creyentes. Hay quienes ven o quieren ver en la Iglesia sólo una institución humana que debe cambiar el rostro de la distribución de la riqueza o del potencial laboral. Hay quienes ven o quieren ver en la Iglesia sólo un modo de mantener el nivel moral en la familia o en la sociedad. Hoy aprendemos que la Iglesia tiene entre sus deberes, y no es el menor, glorificar a Jesucristo, alabar su misericordia, ponderar sus maravillas, cantar sus grandezas, elogiar su hermosura, gozarse en su Palabra, anhelar, en fin, la felicidad infinita de contemplar su Rostro por la eternidad.

Fray Nelson

martes, 27 de mayo de 2014

Estamos llamados a denunciar el pecado y…

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la 6ª. Semana de Pascua.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Juan 16,5-11.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: '¿A dónde vas?'. Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido. Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré. Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio. El pecado está en no haber creído en mí. La justicia, en que yo me voy al Padre y ustedes ya no me verán. Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo ya ha sido condenado."
Comentario

Nos conviene que el Señor se vaya ya a Aquel que lo envió. Él ingresa en la Gloria del Padre una vez concluida su misión de buscar y salvar todo lo que se había perdido; no volverá, por tanto, al cielo con las manos vacías, sino llevando sobre sus hombros las ovejas que se habían descarriado, malgastándolo todo y hechos una verdadera desgracia; pero ahora, revestidos de Cristo, son presentados por Él ante el Padre Dios con la misma dignidad de Hijo que a Él le corresponde, y de la que nos ha hecho coherederos suyos.

Salvados y renovados por Él, sentado a la diestra de su Padre Dios, ha enviado a nosotros su Espíritu Santo, para que acompañe nuestro caminar por este mundo y podamos ser testigos de la vida nueva de la que hemos sido hechos partícipes. El mundo conocerá desde el amor, desde la entrega, desde la glorificación de Cristo a los auténticos discípulos del Señor, y sabrá que quien permanezca en el pecado aún no conoce a Dios ni el amor que nos tiene, y que, por tanto, la victoria de Cristo sobre el príncipe de este mundo, es algo inútil en el pecador, aun cuando con los labios llame Padre a Dios, el único Justo, el único en quien podremos ser santificados y salvados para siempre.

El Señor nos reúne como hijos suyos en torno a la Mesa Eucarística. Sabemos que Dios nos ha hecho partícipes de su amor. Su vida es nuestra vida, y su Espíritu habita en nosotros, invadiendo todo nuestro ser. Somos conscientes de que aún hay muchas cadenas que deben caer de nuestras manos, de nuestro corazón y de nuestro espíritu. Por eso debemos estar en una continua conversión para volver al Señor con un corazón sincero y para alabarlo, no sólo con las palabras sino con una vida íntegra. Al participar de la Eucaristía estamos haciendo nuestra la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. En el Señor estamos siendo renovados como criaturas nuevas. Que la Eucaristía nos sirva para unir nuestra vida cada vez con mayor lealtad a Aquel que nos ha amado, y que nos quiere como testigos creíbles de su amor en el mundo.

Estamos llamados a denunciar el pecado que ha esclavizado muchos corazones, y que ha hecho que muchas personas se conviertan en injustas, generadoras de maldad, destructoras de la paz, envenenadoras de inocentes, buscadoras de una economía desahogada y del disfrute de los bienes materiales a cualquier costo. No sólo hemos de preocuparnos de la atención de los pobres, de los enfermos, de los desvalidos, de los pecadores. Debemos ir a la raíz de todos estos males y hacer que la Victoria de Cristo llegue a todos los corazones de tal forma que seamos capaces de construir una sociedad más justa y más fraterna.

Así, la misión profética de la Iglesia, corriendo todos los riesgos en el fiel y amoroso cumplimiento de la misma, no sólo debe denunciar el pecado del mundo, sino proponer soluciones adecuadas, nacidas del Evangelio para una vida y un camino nuevo del hombre. Avalando todo esto debe estar nuestra propia vida, pues de nada serviría tratar de impulsar la vida nueva en Cristo en los demás, mientras uno mismo se fuese por un camino equivocado en contra del mismo Evangelio.

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