miércoles, 5 de marzo de 2014

Jesús pide despojar de hipocresía la limosna, la oración y el ayuno


¡Amor y paz!

Las religiones tienen tres aspectos fundamentales e interdepedientes: creencias, celebraciones y comportamientos. Si se actúa con coherencia, se debe celebrar lo que se cree y vivir de conformidad con los que se celebra y cree. Sin embargo, algunos desvinculan esos aspectos y creen, pero no celebran, o celebran pero no creen o creen y celebran, pero no viven de acuerdo con esto.

De todo esto resulta una suerte de hipocresía que el Señor critica en el Evangelio que se nos propone hoy, precisamente cuando celebramos el Miércoles de Ceniza.

Si queremos ser coherentes, comencemos con NO ponernos la ceniza, si suponemos que:

C     La ceniza es cosa de superstición, de suerte. Si no nos la ponemos creemos que alguna cosa mala nos sucederá.
C     La ceniza no solo sirve para alejar el mal, sino también para atraer el bien. Es una especie de amuleto de la buena suerte.
C     De la cruz de ceniza hay que presumir como se presume de un vestido o de un reloj. Por eso busca la iglesia donde se la hagan más bonita.
C     Va “por si las moscas”, pues no sabe lo que es y a veces ni tiene fe. ´Si no me hace bien, tampoco me hace mal’.

En cambio, SÍ pueden hacerse imponer la ceniza, si saben que:

ü  Es símbolo de conversión. Que no se trata de un simple acto externo, sino de un signo del cambio radical de tu vida, que los lleve a valorar su propia dignidad y a relacionarse mejor con Dios y con sus hermanos.

ü  La ceniza es símbolo de nuestra fragilidad y limitación humanas. Ser conscientes de que un día moriremos, implica querer aprovechar nuestra vida para llevar a cabo el plan de Dios y comprometernos para construir un mundo más humano, más justo y cristiano.

ü  La recepción de la ceniza es un acto personal y voluntario. Esto significa el movimiento personal de la conversión que se realiza bajo la gracia y la misericordia de Dios.

ü  La imposición de la ceniza es también un acto eclesial. Se recibe junto con otros miembros de la Iglesia, que, al iniciar el tiempo de Cuaresma, se preparan para celebrar la pasión, muerte y Resurrección de Cristo.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18. 
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.  
Comentario

 Mateo sigue desarrollando el tema de la justicia del discípulo superior a la justicia de los escribas y fariseos (cfr. 5,20). Después de haber criticado la justicia de los escribas, el evangelista critica ahora la justicia de los fariseos.

Para comprender el pensamiento de Mateo es indispensable una advertencia previa: ¿Quién es el fariseo?. La palabra significa "separado". Fariseo es el que se separa del mundo y de sus sugestiones, del pueblo, que a menudo es su víctima, y se distingue por su rígida adhesión a la tradiciones de los padres, por la atenta observancia de la ley y por su celo.

Simplificando, pero también descendiendo en profundidad, podemos reducir a tres las tendencias del fariseísmo descritas por el evangelio. La tendencia al formalismo, o sea, una observancia escrupulosa de las prácticas cultuales y legalistas, con riesgo de perder de vista lo central de la ley, que es la caridad. La tendencia a concebir la salvación como mérito, como conquista, en lugar de hacerlo como gracia y como don gratuito de Dios. La tendencia a concebir a Dios como un señor que busca una gloria para sí y no como un padre que encuentra su satisfacción en la salvación y la liberación del hombre.

Mateo enumera las tres prácticas clásicas de los fariseos: la limosna, la oración y el ayuno. Jesús no las rechaza, pero desea que se practiquen con un espíritu diverso. Precisamente este espíritu es lo que distingue al discípulo del fariseo.

¿Cuáles son sus características más salientes?.

CULTO/CARIDAD: Ante todo, resulta ya significativo que aparezcan agrupadas las tres prácticas juntas. El culto debe prolongarse en la caridad, y la penitencia ha de consistir en privarse de algo en beneficio de los otros. En segundo lugar, se recuerda reiteradamente la necesidad de la recta intención. Hay que buscar la recompensa de Dios, no la de los hombres; hay que obrar en secreto, y no representar un espectáculo. Pero ¿no es también ya una sutil búsqueda de sí mismo pretender la recompensa de Dios? Mateo está convencido de que, si buscar la aprobación de los hombres es alienante e impide la verdad y la auténtica justicia, en cambio buscar la aprobación de Dios libera y favorece el verdadero amor y la justicia. Cuando se obra por Dios no hay peligro -cosa que sí ocurre cuando se obra por los hombres- de caer en la demagogia, en la adulación y en el compromiso interesado. En presencia de Dios no queda lugar para oportunismos.

OBRAS/JUSTIFICACION: Además Mateo pone en guardia contra el peligro de que las buenas obras se conviertan en una riqueza de espíritu. La justicia cristiana exige que las buenas obras no se realicen como si se tratara de un negocio. No hay que capitalizar y llevar su contabilidad. La verdadera justicia requiere que la mano derecha no sepa lo que hace la izquierda; Jesús, en definitiva, no rechaza la limosna, el ayuno ni la oración, sino que desea que se haga todo ello con espíritu de gratuidad.

Finalmente, la vida cristiana -incluso en sus aspectos más heroicos- se ha de vivir con simplicidad. El testimonio no hay que confundirlo con la teatralidad. Los discípulos presentan la cara limpia, alegre y normal. Incluso porque el desprendimiento que exige el seguimiento no es una carga, sino una alegría; no una pérdida, sino el céntuplo.

BRUNO MAGGIONI
EL RELATO DE MATEO
EDIC. PAULINAS/MADRID 1982, pág. 68

martes, 4 de marzo de 2014

Jesús promete recompensa a quien lo deje todo por seguirlo


¡Amor y paz!

Ayer el joven rico se marchó triste, sin decidirse a seguir a Jesús. Hoy Pedro, que sí lo ha seguido, se lo recuerda: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». El resto ya se sobreentiende (y Mateo lo explícita en su evangelio): ¿qué recibiremos en cambio?

La respuesta de Jesús es esperanzadora y misteriosa a la vez: «en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.». No se trata de cantidades aritméticas y tantos por ciento. La respuesta se refiere a la nueva familia que se crea en torno a Jesús: dejamos un hermano y encontramos cien. Ya habla Jesús cuáles eran los lazos de esta nueva familia: «¿Quién es mi madre y mis hermanos? Quien cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3,34s) (J. Aldazábal).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la VIII Semana del Tiempo Ordinario. Mañana es Miércoles de Ceniza: comienza la Cuaresma.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Marcos 10,28-31. 
Pedro le dijo a Jesús: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido". Jesús respondió: "Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.  Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros". 

 Comentario

 Las riquezas, tanto las materiales como las espirituales, pueden ahogarnos si no las usamos bien. Porque ni siquiera Dios puede poner algo en un corazón que ya está lleno. Un día surge el deseo de tener dinero y todas las cosas que éste puede proporcionar, las cosas superfluas, lujos en la comida, exquisiteces en el vestir. Las necesidades aumentan porque una cosa lleva a la otra, y la consecuencia es una insatisfacción incontrolable. Conservémonos todo lo vacíos que podamos para que Dios pueda llenarnos.

 Nuestro Dios nos da el ejemplo: desde el primer día de su existencia humana se crío en una pobreza que ningún ser humano podrá experimentar jamás, porque “Siendo rico se hizo pobre” (2 Co 8,9). Siendo rico se vació a sí mismo. En esto es donde está la contradicción. Si deseo ser pobre como Cristo, que se hizo pobre aun cuando era rico, yo debo hacer lo mismo. Sería vergonzoso ser más ricos que Jesús, quien soportó la pobreza para nuestro bien.

 En la cruz Cristo no tenía nada. La cruz se la dio Pilatos; los clavos y la corona, los soldados. Estaba desnudo. Cuando murió le quitaron la cruz, los clavos y la corona. Lo envolvieron en un trozo de lienzo donado por un alma caritativa y lo enterraron en una tumba que no le pertenecía. Aunque podría haber muerto como un rey e incluso haberse librado de la muerte, eligió la pobreza porque sabía que ése era el auténtico camino para poseer a Dios y para traer su amor a la tierra.

Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de la Hermanas Misioneras de la Caridad.  El amor más grande, pág. 4.
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