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sábado, 18 de agosto de 2018

«Los que son como éstos (niños) es el Reino de los Cielos»


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este sábado de la 19ª semana del Tiempo Ordinario, ciclo B.

Dios nos bendice...

LECTIO DIVINA: MATEO 19,13-15

Lectio: 

Sábado, 18 agosto, 2018

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre; aumenta en nuestros corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 19,13-15

Entonces le fueron presentados unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos.» Y, después de imponerles las manos, se fue de allí.

3) Reflexión

• El Evangelio es bien breve. Apenas tres versículos. Describe cómo Jesús acoge a los niños.

• Mateo 19,13: La actitud de los discípulos ante los niños. Llevaron a los niños ante Jesús, para que les impusiera las manos y orase por ellos. Los discípulos reñían a las madres. ¿Por qué? Probablemente, de acuerdo con las normas severas de las leyes de la impureza, los niños pequeños en las condiciones en las que vivían, eran considerados impuros. Si hubiesen tocado a Jesús, Jesús hubiera quedado impuro. Por esto, era importante evitar que llegasen cerca y le tocaran. Pues ya había acontecido una vez, cuando un leproso tocó a Jesús. Jesús, quedó impuro y no podía entrar en la ciudad. Tenía que estar en lugares desiertos (Mc 1,4-45)

• Mateo 19,14-15: La actitud de Jesús: acoge y defiende la vida de los niños. Jesús reprende a los discípulos diciendo: “Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos”. A Jesús no le importa transgredir las normas que impedían la fraternidad y la acogida que había que reservar a los pequeños. La nueva experiencia de Dios como Padre marcó la vida de Jesús y le dio una mirada nueva para percibir y valorar la relación entre las personas. Jesús se coloca del lado de los pequeños, de los excluidos y asume su defensa. Impresiona cuando se junta todo lo que la Biblia informa sobre las actitudes de Jesús en defensa de la vida de los niños, de los pequeños:

a) Agradecer por el Reino presente en los pequeños. La alegría de Jesús es grande, cuando percibe que los niños, los pequeños, entienden las cosas del Reino que él anunciaba a la gente. “Padre, ¡yo te agradezco!” (Mt 11,25-26) Jesús reconoce que los pequeños entienden del Reino más que los doctores!

b) Defender el derecho a gritar. Cuando Jesús, al entrar en el Templo, derribó las mesas de los mercaderes, eran los niños los que gritaban: “¡Hosanna al hijo de David!” (Mt 21,15). Criticados por los jefes de los sacerdotes y por los escribas, Jesús los defiende y en su defensa invoca las Escrituras (Mt 21,16).

c) Identificarse con los pequeños. Jesús abraza a los niños y se identifica con ellos. Quien recibe a un niño, recibe a Jesús (Mc 9, 37). “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.” (Mt 25,40).

d) Acoger y no escandalizar. Una de las palabras más duras de Jesús es contra los que causan escándalo a los pequeños, esto es, son el motivo por el cual los pequeños dejan de creer en Dios. Para éstos, mejor sería que le cuelguen una piedra de molino y le hundan en lo profundo del mar (Lc 17,1-2; Mt 18,5-7). Jesús condena el sistema, tanto político como religioso, que es el motivo por el cual la gente humilde, los niños, pierden su fe en Dios.

e) Volverse como niños. Jesús pide que los discípulos se vuelvan como niños y acepten el Reino como niños. Sin eso, no es posible entrar en el Reino (Lc 9,46-48). ¡Coloca a los niños como profesores de adultos! Lo cual no es normal. Acostumbramos hacer lo contrario.

f) Acoger y tocar. (El evangelio de hoy). Las madres con niños se acercan a Jesús para pedir la bendición. Los apóstoles reaccionan y los alejan. Jesús corrige a los adultos y acoge a las madres con los niños. Los toca y les da un abrazo. “¡Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis!” (Mc 10,13-16; Mt 19,13-15). Dentro de las normas de la época, tanto las madres como los niños pequeños, todos ellos vivían prácticamente, en un estado de impureza legal. ¡Tocarlos significaba contraer impureza! Jesús no se incomoda.

g) Acoger y curar. Son muchos los niños y los jóvenes que acoge, cura y resucita: la hija de Jairo, de 12 años (Mc 5,41-42), la hija de la mujer Cananea (Mc 7,29-30), el hijo de la viuda de Naim (Lc 7,14-15), el niño epiléptico (Mc 9,25-26), el hijo del Centurión (Lc 7,9-10), el hijo del funcionario público(Jo 4,50), el niño de los cinco panes y de los dos peces (Jn 6,9).

4) Para la relación personal

• Niños: ¿Qué has aprendido de los niños a lo largo de tu vida? ¿Qué han aprendido los niños de ti sobre Dios y sobre la vida?

• ¿Qué imagen de Dios irradio para los niños? ¿La de un Dios severo, bondadoso, distante o ausente?

5) Oración final

Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,
renueva en mi interior un espíritu firme;
no me rechaces lejos de tu rostro,
no retires de mí tu santo espíritu. (Sal 51,12-13)

Orden de los Carmelitas

miércoles, 18 de junio de 2014

No hagamos nada por los aplausos, sino para darle gloria a Dios

¡Amor y paz!

Jesús exige a los suyos autenticidad. Que no practiquen el bien «delante de los hombres para ser vistos por ellos», sino por la recompensa que nos viene de Dios, que es quien nos ve y conoce nuestros méritos e intenciones.

Esto lo concreta en tres direcciones que abarcan toda nuestra vida: en relación con Dios (la oración), en relación con los demás (la caridad) y en relación a nosotros mismos (el ayuno).

En los tres aspectos es igual la dinámica:

- cuando hacemos limosna, no lo debemos hacer para que todos se enteren: Dios nos ve y nos premiará;

- cuando rezamos, no es para que todos se den cuenta de lo piadosos que somos, sino para tener un encuentro con Dios;

- cuando ayunamos, no buscamos el aplauso y la admiración de los demás, sino que lo hacemos por amor a Dios.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la XI Semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18.
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 
Comentario

Cada vez, Jesús pone unas comparaciones que pueden parecer paradójicas si se toman al pie de la letra, pero que indican muy bien su invitación a una autenticidad interior:

- cuando hacemos limosna, «que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha»,

- cuando oramos, «entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre»,

- cuando ayunamos, «perfúmate la cabeza y lávate la cara».

Es un programa muy serio de vida cristiana. Este evangelio lo leemos también al inicio de la Cuaresma, el miércoles de ceniza. Nos indica el estilo de nuestro seguimiento de Jesús. No se trata de no hacer limosna ni oración comunitaria ni ayuno. Sino de no buscar, en todo ello, las apariencias y la ostentación.

Si actuamos así, no buscando por hipocresía el aplauso de los demás (como los fariseos), sino tratando de agradar a Dios con sencillez y humildad, lo tendremos todo: Dios nos premiará, los demás nos apreciarán porque no nos damos importancia y nosotros mismos gozaremos de mayor armonía y paz interior.

Lo que cuenta en nuestra vida no es la opinión que los demás puedan tener de nosotros, sino lo que piensa Dios, que nos ve por dentro. Se repite para nosotros la afirmación de Jesús: «y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 44-47

miércoles, 5 de marzo de 2014

Jesús pide despojar de hipocresía la limosna, la oración y el ayuno


¡Amor y paz!

Las religiones tienen tres aspectos fundamentales e interdepedientes: creencias, celebraciones y comportamientos. Si se actúa con coherencia, se debe celebrar lo que se cree y vivir de conformidad con los que se celebra y cree. Sin embargo, algunos desvinculan esos aspectos y creen, pero no celebran, o celebran pero no creen o creen y celebran, pero no viven de acuerdo con esto.

De todo esto resulta una suerte de hipocresía que el Señor critica en el Evangelio que se nos propone hoy, precisamente cuando celebramos el Miércoles de Ceniza.

Si queremos ser coherentes, comencemos con NO ponernos la ceniza, si suponemos que:

C     La ceniza es cosa de superstición, de suerte. Si no nos la ponemos creemos que alguna cosa mala nos sucederá.
C     La ceniza no solo sirve para alejar el mal, sino también para atraer el bien. Es una especie de amuleto de la buena suerte.
C     De la cruz de ceniza hay que presumir como se presume de un vestido o de un reloj. Por eso busca la iglesia donde se la hagan más bonita.
C     Va “por si las moscas”, pues no sabe lo que es y a veces ni tiene fe. ´Si no me hace bien, tampoco me hace mal’.

En cambio,  pueden hacerse imponer la ceniza, si saben que:

ü  Es símbolo de conversión. Que no se trata de un simple acto externo, sino de un signo del cambio radical de tu vida, que los lleve a valorar su propia dignidad y a relacionarse mejor con Dios y con sus hermanos.

ü  La ceniza es símbolo de nuestra fragilidad y limitación humanas. Ser conscientes de que un día moriremos, implica querer aprovechar nuestra vida para llevar a cabo el plan de Dios y comprometernos para construir un mundo más humano, más justo y cristiano.

ü  La recepción de la ceniza es un acto personal y voluntario. Esto significa el movimiento personal de la conversión que se realiza bajo la gracia y la misericordia de Dios.

ü  La imposición de la ceniza es también un acto eclesial. Se recibe junto con otros miembros de la Iglesia, que, al iniciar el tiempo de Cuaresma, se preparan para celebrar la pasión, muerte y Resurrección de Cristo.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18. 
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.  
Comentario

 Mateo sigue desarrollando el tema de la justicia del discípulo superior a la justicia de los escribas y fariseos (cfr. 5,20). Después de haber criticado la justicia de los escribas, el evangelista critica ahora la justicia de los fariseos.

Para comprender el pensamiento de Mateo es indispensable una advertencia previa: ¿Quién es el fariseo?. La palabra significa "separado". Fariseo es el que se separa del mundo y de sus sugestiones, del pueblo, que a menudo es su víctima, y se distingue por su rígida adhesión a la tradiciones de los padres, por la atenta observancia de la ley y por su celo.

Simplificando, pero también descendiendo en profundidad, podemos reducir a tres las tendencias del fariseísmo descritas por el evangelio. La tendencia al formalismo, o sea, una observancia escrupulosa de las prácticas cultuales y legalistas, con riesgo de perder de vista lo central de la ley, que es la caridad. La tendencia a concebir la salvación como mérito, como conquista, en lugar de hacerlo como gracia y como don gratuito de Dios. La tendencia a concebir a Dios como un señor que busca una gloria para sí y no como un padre que encuentra su satisfacción en la salvación y la liberación del hombre.

Mateo enumera las tres prácticas clásicas de los fariseos: la limosna, la oración y el ayuno. Jesús no las rechaza, pero desea que se practiquen con un espíritu diverso. Precisamente este espíritu es lo que distingue al discípulo del fariseo.

¿Cuáles son sus características más salientes?.

CULTO/CARIDAD: Ante todo, resulta ya significativo que aparezcan agrupadas las tres prácticas juntas. El culto debe prolongarse en la caridad, y la penitencia ha de consistir en privarse de algo en beneficio de los otros. En segundo lugar, se recuerda reiteradamente la necesidad de la recta intención. Hay que buscar la recompensa de Dios, no la de los hombres; hay que obrar en secreto, y no representar un espectáculo. Pero ¿no es también ya una sutil búsqueda de sí mismo pretender la recompensa de Dios? Mateo está convencido de que, si buscar la aprobación de los hombres es alienante e impide la verdad y la auténtica justicia, en cambio buscar la aprobación de Dios libera y favorece el verdadero amor y la justicia. Cuando se obra por Dios no hay peligro -cosa que sí ocurre cuando se obra por los hombres- de caer en la demagogia, en la adulación y en el compromiso interesado. En presencia de Dios no queda lugar para oportunismos.

OBRAS/JUSTIFICACION: Además Mateo pone en guardia contra el peligro de que las buenas obras se conviertan en una riqueza de espíritu. La justicia cristiana exige que las buenas obras no se realicen como si se tratara de un negocio. No hay que capitalizar y llevar su contabilidad. La verdadera justicia requiere que la mano derecha no sepa lo que hace la izquierda; Jesús, en definitiva, no rechaza la limosna, el ayuno ni la oración, sino que desea que se haga todo ello con espíritu de gratuidad.

Finalmente, la vida cristiana -incluso en sus aspectos más heroicos- se ha de vivir con simplicidad. El testimonio no hay que confundirlo con la teatralidad. Los discípulos presentan la cara limpia, alegre y normal. Incluso porque el desprendimiento que exige el seguimiento no es una carga, sino una alegría; no una pérdida, sino el céntuplo.

BRUNO MAGGIONI
EL RELATO DE MATEO
EDIC. PAULINAS/MADRID 1982, pág. 68