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miércoles, 10 de febrero de 2016

“…Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”

¡Amor y paz!
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, hoy Miércoles de Ceniza.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18. 
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 
Comentario

La voz recia de Jesucristo nos despierta en este día y llama a todos a una religión sincera. Sus palabras se refieren a las tres grandes prácticas de la piedad judía, válidas también para nosotros, como lo enseñó Jesús con su ejemplo. Se trata de la oración, el ayuno y la limosna.

La sinceridad tiene un rostro muy concreto en la predicación de Jesús, y puede resumirse en estas palabras: "evita hacer las cosas para que te vean". No es la aprobación de la gente la que te hará aprobado ante Dios. No es el aplauso de la gente lo que te va a indicar la benevolencia de Dios. Necesitas de silencio y soledad para alcanzar sinceridad. Sólo cuando tus actos tengan por motor el deseo de agradar al Dios "que ve en lo escondido" alcanzarás una religión auténtica y limpia.

Dios "ve en lo escondido". No es un espía, ni tampoco un entrometido, como calumniaron los existencialistas ateos, con Sartre a la cabeza. No es un desocupado, ni tampoco un chismoso. Sencillamente, el universo le pertenece. Simplemente, somos obra suya. No es una elección de Dios conocernos hasta la entraña de nuestro ser: es la consecuencia natural del hecho básico que hizo posible nuestro ser: somos sus creaturas. La mirada divina es el ámbito de verdad en que reconocemos la primera y radical afirmación de lo que somos: creaturas. Sólo ante esa verdad y esa radical pertenencia a él alcanzamos la verdad, primero en nuestra conciencia y luego ante los hermanos.

Un tiempo favorable

A la vista de estos llamados de la gracia en la voz de Nuestro Señor y de sus profetas entendemos la expresión apremiante de San Pablo en la segunda lectura de hoy: " ¡En nombre de Cristo les suplicamos que se dejen reconciliar con Dios!”.

Esta época, esta cuaresma, es "un tiempo favorable". Lo mejor que podía sucedernos quiere sucedernos. Dios quiere llegar a nuestra vida y reconstruirla. Dios sabe quiénes somos; conoce lo escondido, y así como somos nos acepta; aunque no para dejarnos cuales somos sino para hacernos cada vez más imagen y semejanza suya. Este es el tono sereno y profundo de gozo que se esconde detrás de la penitencia que hoy empezamos.

martes, 9 de febrero de 2016

“…Dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres”

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la V Semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Marcos 7,1-13. 
Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce. Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?". Él les respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres". Y les decía: "Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte. En cambio, ustedes afirman: 'Si alguien dice a su padre o a su madre: Declaro corbán -es decir, ofrenda sagrada- todo aquello con lo que podría ayudarte...' En ese caso, le permiten no hacer más nada por su padre o por su madre. Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!". 
Comentario

¿Has visto con cuánta facilidad los niños buscan disculpas a sus equivocaciones o errores? La palabra "disculpa" alude a quitarse una culpa, pero eso en realidad no sucede así. La mayor parte de las dis-culpas lo que pretenden es disolver, diluir, ocultar la culpa, pero no la admiten, ni la reconocen, ni la sanan.

Estas reflexiones nacen del evangelio de hoy. Jesús se opone a una visión simple e irresponsable que quiere encontrar las causas de la impureza afuera del hombre, causando un grave engaño implícito: "por fuera me ensucian pero por dentro soy limpio". Lo grave, en efecto, de la postura de los fariseos es eso: mientras miran lo sucio como algo "exterior", se están declarando interiormente limpios. Y el que se cree limpio no se limpia.

Eso explica la actitud fuerte, casi punzante, de Jesucristo. Él ha venido precisamente a traer salud, pureza, verdad. Aquel que ya se considera sano, puro y verdadero no tiene qué recibir de Jesús. Esto significa que lo que nos puede parecer simple disgusto o ira de Cristo en realidad es fruto de un amor que no quiere que nos engañemos ni quiere que perdamos los dones y bendiciones que él ha venido a traernos y por los que ciertamente entregó hasta su propia sangre.

http://fraynelson.com/homilias.html.

martes, 10 de febrero de 2015

¿Para qué arrodillarnos y persignarnos si luego maltratamos al hermano?

¡Amor y paz!

La tirantez entre Jesús y los fariseos -de nuevo hay algunos que han venido de la capital, Jerusalén- es esta vez por la cuestión de lavarse o no las manos antes de comer.

Ciertamente un tema que a nosotros no nos parece muy importante, pero que le sirve a Jesús para dar consignas de conducta a sus seguidores.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la V Semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Marcos 7,1-13. 
Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce. Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?". Él les respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres". Y les decía: "Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte. En cambio, ustedes afirman: 'Si alguien dice a su padre o a su madre: Declaro corbán -es decir, ofrenda sagrada- todo aquello con lo que podría ayudarte...' En ese caso, le permiten no hacer más nada por su padre o por su madre. Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!". 

Comentario

No podemos quedarnos en honrar al Señor sólo de un modo externo; no podemos elevarle nuestros cánticos de alabanza sólo con los labios. Mientras nuestra vida y nuestras obras no se conviertan en una continua alabanza de su Santo Nombre, nuestro culto será una exterioridad inútil. Dios quiere que vivamos como hijos fieles suyos.

El reconocimiento de nuestros padres como el signo más cercano de Dios como Padre nuestro nos ha de llevar a amarlos y respetarlos siempre con gran amor y cariño. Quien desprecia a sus padres está manifestando que ha perdido su punto de referencia visible para llegar a madurar en todos los aspectos de su vida. Ante ellos aprendemos a enfrentar la vida, aprendemos a amar, a perdonar y a ser generadores de vida, no sólo por engendrar hijos, sino por incrementar la vida para que llegue a su plena realización.

Si somos realmente hombres de fe en Cristo, dejemos que su Espíritu transforme nuestra vida, para que trabajemos constantemente por hacer que en nuestro mundo se viva cada vez más la justicia, la paz, la misericordia y el amor fraterno. No podemos realmente llamarnos hijos de Dios cuando, después de persignarnos y arrodillarnos ante Dios nos levantamos en contra de nuestro hermano.

Dios se ha dignado hacer su morada en nosotros. Dichosos quien contemple, quien escuche, quien viva en su Iglesia, pues desde ella Jesucristo sigue presente en el mundo. Pero no pensemos que por formar parte de la Iglesia ya somos el mejor de los signos de Cristo en el mundo. Es necesario que, aceptando esta fe, la hagamos patente ante todos los pueblos porque nuestra vida, nuestras obras, se realicen conforme al ejemplo que nos dio el Señor. Si, llamándonos hijos de Dios, llevamos una vida de maldad, de pecado, de persecución y de muerte de los demás, en lugar de que el Nombre de Dios sea alabado, seremos responsables de que su Nombre sea puesto en ridículo ante aquellos que a penas a tientas le buscan.

miércoles, 18 de junio de 2014

No hagamos nada por los aplausos, sino para darle gloria a Dios

¡Amor y paz!

Jesús exige a los suyos autenticidad. Que no practiquen el bien «delante de los hombres para ser vistos por ellos», sino por la recompensa que nos viene de Dios, que es quien nos ve y conoce nuestros méritos e intenciones.

Esto lo concreta en tres direcciones que abarcan toda nuestra vida: en relación con Dios (la oración), en relación con los demás (la caridad) y en relación a nosotros mismos (el ayuno).

En los tres aspectos es igual la dinámica:

- cuando hacemos limosna, no lo debemos hacer para que todos se enteren: Dios nos ve y nos premiará;

- cuando rezamos, no es para que todos se den cuenta de lo piadosos que somos, sino para tener un encuentro con Dios;

- cuando ayunamos, no buscamos el aplauso y la admiración de los demás, sino que lo hacemos por amor a Dios.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la XI Semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18.
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 
Comentario

Cada vez, Jesús pone unas comparaciones que pueden parecer paradójicas si se toman al pie de la letra, pero que indican muy bien su invitación a una autenticidad interior:

- cuando hacemos limosna, «que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha»,

- cuando oramos, «entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre»,

- cuando ayunamos, «perfúmate la cabeza y lávate la cara».

Es un programa muy serio de vida cristiana. Este evangelio lo leemos también al inicio de la Cuaresma, el miércoles de ceniza. Nos indica el estilo de nuestro seguimiento de Jesús. No se trata de no hacer limosna ni oración comunitaria ni ayuno. Sino de no buscar, en todo ello, las apariencias y la ostentación.

Si actuamos así, no buscando por hipocresía el aplauso de los demás (como los fariseos), sino tratando de agradar a Dios con sencillez y humildad, lo tendremos todo: Dios nos premiará, los demás nos apreciarán porque no nos damos importancia y nosotros mismos gozaremos de mayor armonía y paz interior.

Lo que cuenta en nuestra vida no es la opinión que los demás puedan tener de nosotros, sino lo que piensa Dios, que nos ve por dentro. Se repite para nosotros la afirmación de Jesús: «y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 44-47

miércoles, 13 de febrero de 2013

No confundamos el testimonio cristiano con la teatralidad



¡Amor y paz!

Aunque cambiamos de evangelio y de evangelista, el que leemos hoy conserva el mismo espíritu del que leímos ayer: se trata de agradar a Dios, que ve el corazón del hombre, y no de buscar una recompensa de los hermanos, que pueden guiarse por las apariencias.

La idea central es que debemos cumplir las obras tradicionales de justicia con una intención nueva: agradar a Dios y sólo a Dios. El móvil de la limosna, de la oración y del ayuno no puede ser la búsqueda de una satisfacción o un reconocimiento personal: todo debe quedar en el secreto de Dios.

Te invito, hermano, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este día en que celebramos el Miércoles de Ceniza, el comienzo de la Cuaresma. Sobre el significado de esta celebración, en este blog puedes encontrar varios textos.  

Dios te bendiga…

Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18.

Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Comentario

Mateo desarrolla el tema de la justicia del discípulo, superior a la justicia de los escribas y fariseos (cfr. 5,20).  

Para comprender el pensamiento de Mateo es indispensable una advertencia previa: ¿Quién es el fariseo? La palabra significa "separado". Fariseo es el que se separa del mundo y de sus sugestiones, del pueblo, que a menudo es su víctima, y se distingue por su rígida adhesión a las tradiciones de los padres, por la atenta observancia de la ley y por su celo. Simplificando, pero también descendiendo en profundidad, podemos reducir a tres las tendencias del fariseísmo descritas por el evangelio. La tendencia al formalismo, o sea, una observancia escrupulosa de las prácticas cultuales y legalistas, con riesgo de perder de vista lo central de la ley, que es la caridad. La tendencia a concebir la salvación como mérito, como conquista, en lugar de hacerlo como gracia y como don gratuito de Dios. La tendencia a concebir a Dios como un señor que busca una gloria para sí y no como un padre que encuentra su satisfacción en la salvación y la liberación del hombre.

Mateo enumera las tres prácticas clásicas de los fariseos: la limosna, la oración y el ayuno. Jesús no las rechaza, pero desea que se practiquen con un espíritu diverso. Precisamente este espíritu es lo que distingue al discípulo del fariseo. ¿Cuáles son sus características más salientes?

CULTO/CARIDAD: Ante todo, resulta ya significativo que aparezcan agrupadas las tres prácticas juntas. El culto debe prolongarse en la caridad, y la penitencia ha de consistir en privarse de algo en beneficio de los otros. En segundo lugar, se recuerda reiteradamente la necesidad de la recta intención. Hay que buscar la recompensa de Dios, no la de los hombres; hay que obrar en secreto, y no representar un espectáculo. Pero ¿no es también ya una sutil búsqueda de sí mismo pretender la recompensa de Dios? Mateo está convencido de que, si buscar la aprobación de los hombres es alienante e impide la verdad y la auténtica justicia, en cambio buscar la aprobación de Dios libera y favorece el verdadero amor y la justicia. Cuando se obra por Dios no hay peligro -cosa que sí ocurre cuando se obra por los hombres- de caer en la demagogia, en la adulación y en el compromiso interesado. En presencia de Dios no queda lugar para oportunismos.

OBRAS/JUSTIFICACION: Además Mateo pone en guardia contra el peligro de que las buenas obras se conviertan en una riqueza de espíritu. La justicia cristiana exige que las buenas obras no se realicen como si se tratara de un negocio. No hay que capitalizar y llevar su contabilidad. La verdadera justicia requiere que la mano derecha no sepa lo que hace la izquierda; Jesús, en definitiva, no rechaza la limosna, el ayuno ni la oración, sino que desea que se haga todo ello con espíritu de gratuidad.

Finalmente, la vida cristiana -incluso en sus aspectos más heroicos- se ha de vivir con simplicidad. El testimonio no hay que confundirlo con la teatralidad. Los discípulos presentan la cara limpia, alegre y normal. Incluso porque el desprendimiento que exige el seguimiento no es una carga, sino una alegría; no una pérdida, sino el céntuplo.

BRUNO MAGGIONI
EL RELATO DE MATEO
EDIC. PAULINAS/MADRID 1982, pág. 68

martes, 8 de febrero de 2011

«Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi»

¡Amor y paz!

En nuestro medio es común aún hoy ver cómo las habitaciones de algunas casas, incluso algunos lugares de trabajo o los vehículos de servicio público parecen verdaderos santuarios atiborrados de imágenes. Según el parecer de los ‘hermanos separados’, se trata de casos de típica idolatría, mientras que para otros son manifestaciones de la más espontánea devoción popular. Lo cierto es que hay múltiples iconos del santoral católico que, acompañados de novenas y jaculatorias, hacen las veces de protectores de quien los porta o invoca.

La religiosidad popular es respetable, pero en tanto y en cuanto no nos haga pasar por alto lo verdaderamente importante en la vida del cristiano: el cumplimiento de la voluntad de Dios, el mandamiento central del amor a Él y a los hermanos.

Que no nos diga, entonces, el Señor como hoy en el Evangelio recordando a Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres”.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la V Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Marcos 7,1-13. 

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce. Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?". El les respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres". Y les decía: "Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte. En cambio, ustedes afirman: 'Si alguien dice a su padre o a su madre: Declaro corbán -es decir, ofrenda sagrada- todo aquello con lo que podría ayudarte...' En ese caso, le permiten no hacer más nada por su padre o por su madre. Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!".

Comentario

El diagnóstico de Israel que hace Jesús, utilizando un texto de Isaías, es certero: este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.

El corazón es para los hebreos la sede de los pensamientos. Fariseos y letrados, que debían tener su mente centrada en Dios, parecen estar más interesados en aumentar los bienes y las arcas del templo. Más que amigos de Dios, lo son del dinero, como dice el evangelista Lucas (Lc 16,14). Los mandamientos de Dios les traen al pairo, sin cuidado. Han llegado a un grado de refinada perversión.

Dios manda sustentar a los padres en la ancianidad -esto quiere decir “honrar padre y madre”-; ellos, sin embargo, eximen de esta responsabilidad a los hijos que den sus bienes para el templo.

Piensan que es mejor acrecentar el patrimonio del templo que ejercer la misericordia y el amor hacia los padres ancianos. Presentan de este modo una imagen de un Dios egoísta, que se desentiende de la debilidad y del dolor humano. Si la piedad se expresa en el amor al prójimo como a uno mismo, ellos pretenden honrar a Dios desentendiéndose hasta de los padres, a quienes deben la vida.

Es sólo un botón de muestra de una falsa religión, cuyo culto es inútil y cuya doctrina son meros preceptos humanos que pretenden sustituir el mandamiento de Dios por tradiciones tan poco humanas. Una religión así y una enseñanza de este calibre carecen de toda autoridad y quedan descalificadas por sí mismas.

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)