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jueves, 9 de marzo de 2017

¿Qué pedimos y qué da Dios?

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este jueves de la 1ª semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendiga...

Evangelio según San Mateo 7,7-12. 
Jesús dijo a sus discípulos: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan! Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.  

Comentario

La figura de Dios, bajo variadas concepciones, es quizás el elemento más universal en todos los grupos humanos. En ella se reflejan todas las carencias humanas pero también todos los deseos más profundos. El cristianismo busca depurar la imagen de Dios para depurar igualmente la del ser humano. “Dime qué Dios tienes y te diré qué idea de humanidad tienes” o “dime qué idea de humanidad tienes y te diré qué imagen de Dios tienes” son igualmente válidas, especialmente en los Padres Griegos de la Iglesia.
Nuestras peticiones en la oración a menudo copian la lista de compras que satisfagan nuestros gustos. Las oraciones de alabanza, de acción de gracias, por el contrario, son ellas mismas su retribución inmediata; gozan de gratificación instantánea. También a veces consideramos las peticiones como un plebiscito a Dios. Si comprometemos a más gente a pedir lo mismo, orando con más frecuencia e intensidad, presionamos a Dios de tal manera que tiene que ceder a nuestras peticiones.
Pero la oración debe estar en concordancia no solamente con las Escrituras sino con una sana teología. Podemos resumirlo en que, de acuerdo con los evangelios, la oración de petición es para que Dios logre actuar de cierta manera en nosotros como no habría sido posible si no se hubiera orado. Es decir, para que pueda actuar a través de nosotros; para que remueva los impedimentos que le ponen nuestros intereses mezquinos.
En Lucas es claro que la respuesta a toda oración es única y universal: el Espíritu. Una nota interesante en Lucas es que no nos dice que debamos pedir el Espíritu, ni trae a colación la necesidad de la fe para orar. Nos dice que Dios da el Espíritu a quien ora, sin importar el tipo o tema de la oración. En el Padrenuestro es igual con diferente nombre: que el reinado de Dios sea realidad, la voluntad de Dios sea hecha.
Un primer efecto, así sea sicológico de la oración, es sin embargo muy importante. La oración (meditación, contemplación) es terapéutica; más que cambiar la voluntad de Dios, cambia la nuestra de manera que entendamos “jesusmente” cuál es su voluntad respecto a lo que oramos.
La oración nos saca de nuestras pequeñas preocupaciones y nos ubica frente al futuro querido por Dios para todos. Los profetas oraban siempre en bien del pueblo, no de sí mismos. Agustín de Hipona hacía una sabia advertencia sobre la oración: “Dios escucha tu llamada si lo buscas a él. No te escucha si, a través de él, buscas otra cosa”. Cuando nos hablan de Jesús que se retiraba a orar en ciertos momentos claves de su vida, lo que busca no es cambiar el rumbo de los hechos sino percibir la manera como Dios viene actuando para ponerse a su disposición: «No se haga mi voluntad sino la tuya» (Mt 26:39). Es como sintonizarnos en la frecuencia de Dios para que suene su voz.
En la oración de Jesús en el monte, aunque no se nos dice de su contenido, se da la ocasión para que la respuesta sea la que el Padre considera adecuada: la transfiguración; que su pasión en Jerusalén terminaría en gloria como la de Elías y Moisés. En la parábola de la viuda importuna en donde se ha traducido por orar persistentemente, la palabra usada anaideia (Lc 11:8) apunta más a sin vergüenza.
Lo más torcido de nuestras intenciones es lo más necesitado de oración pues forma parte del mayor impedimento de Dios para obrar en nosotros. Así, el Creador puede obrar en la creatura sacando lo mejor de ella misma, en una “sinergia” (trabajo conjunto) sanadora del individuo y la sociedad; la imagen última es la Trinidad que es sociedad, persona como relación, nunca soledad individual.
La oración no es evasión de la responsabilidad sino el compromiso propio y cuando la oración es colectiva es compromiso comunitario, como en la Eucaristía. Pedimos a Dios que haga para que nosotros seamos generosos para hacerlo.
De esta manera, y teniendo en cuenta las críticas válidas que se han hecho a la oración de intercesión especialmente en su expresión popular, podemos decir que si la oración es el centro de la religión, la petición es el centro de la oración. El cristiano, con su concepto de Providencia, se hace el ser capaz de conciliar las mayores paradojas de la vida. La crucifixión de Cristo es al mismo tiempo tanto el peor como el mejor suceso de la historia que haya podido haber. Pablo dice que no es él quien vive sino Cristo quien vive en él, y no habla del Cristo de la gloria sino de la pasión. Su actuar puede ser adscrito total y simultáneamente a las decisiones humanas y a las decisiones divinas. La oración es la expresión humana de que Dios actúa siempre por persuasión y nunca por coerción, de que siempre respeta nuestra libertad.
El lenguaje utilizado por Mateo de pedir, buscar y llamar no es exclusivo de la oración, sino de la mayoría de las acciones humanas. Describe igualmente un estilo de vida orientado a distinguir y realizar los planes de Dios; así, vincula la oración con la acción humana. «Todo el que pide, recibe, y todo el que busca, encuentra, y a todo el que llama, se le abrirá» es la constatación del éxito de muchas obras buenas que han beneficiado a la humanidad: científicas, humanitarias, caritativas. Con los ejemplos del hijo que pide y el padre que da, se anima a los discípulos a que ni siquiera en circunstancias de hostilidad o enfrentamiento deben desfallecer.
El resumen final en la “regla de oro” no es creación de Jesús ni de la comunidad. Ya se encuentra en su formulación positiva (haced a otros ...) y negativa (no hagáis a otros ...) en la literatura griega como en Heródoto, Isócrates, Demónico, Nicocles, Diógenes Laercio, Aristóteles, así como en la judía y en textos judeo helenísticos de Alejandría. Justino dirá que las semillas del Logos (Verbo que se hizo carne) habían sido esparcidas en todos los pueblos. La novedad es que ahora con Jesús se puede expresar de nueva forma: “Haced por los otros lo que yo he hecho por ti”.
En los Escritos rabínicos ya se sintetizaban la ley y los profetas en la regla de oro. Pablo, en la carta a los romanos dice que la ley judía era en realidad la ley natural cognoscible para todos los pueblos, que no se cumplía por carencia de la gracia. Algunos autores creen que la idea del dicho está presente en la ética universal y responde al deseo de todos los seres humanos de ser tratados dignamente y con justicia. Aunque ello es posible, no expresa adecuadamente el significado que adquiere en relación con la de Jesús. Este pudo querer o no la pasión pero la aceptó por amor al mundo; no la quiso para los demás pero pidió aceptarla si era en bien de ellos. La relación es siempre asimétrica. «Todo cuanto deseéis que os hagan los hombres» no es cheque en blanco que cada cual pueda llenar para una manera de vivir egoísta o destructiva. Es tratar de seducir a los demás, actuando como Jesús, para que a su vez ellos actúen así con otros, no con el benefactor. Esa es la gratuidad de la gracia, gratis dada. Es lo que pedimos y nos da Dios con oración o sin ella.
Apuntes del Evangelio.
Luis Javier Palacio, S.J.
 

jueves, 6 de octubre de 2016

“Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá”

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este jueves de la 27ª semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Lucas 11,5-13.
Jesús dijo a sus discípulos: "Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: 'Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle', y desde adentro él le responde: 'No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos'. Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!". 
Comentario

Muchos comentaristas de la Biblia centran sus interpretaciones en el poder que tiene la oración cuando se hace de modo persistente. La razón que presentan parece ser el postulado: “la persona que pide, recibe; la que busca, encuentra, y a la que llama se le abre”.

Muy pocos deducen el aspecto económico de la oración que propone Jesús. ¿Por qué una persona no tiene pan para ofrecer la cena a su amigo que ha llegado de sorpresa? ¿Por qué el vecino sí puede dar tres panes para sacar del apuro a su “amigo”? ¿Por qué Jesús usa componentes de “la canasta básica” (pan, pescado y huevo) como ejemplo?

Estas preguntas tienen que ver con el aspecto económico/alimenticio que gratuitamente proporciona el Espíritu Santo. Llama la atención que quien suplica no pide cosas superfluas ni para sí mismo. Pan, pescado y huevo eran (¿son?) los alimentos de la gente pobre y de ello dependía la vida.

Dios viendo la carencia de la comunidad no se queda ajeno. Lucas anuncia que Dios dará el Espíritu Santo a la persona que pide. Y nos preguntamos, ¿no necesitamos más el pan, pescado y huevo que el Espíritu Santo? En la teología de Lucas, teniendo el Espíritu Santo, se tiene todo lo necesario para vivir. ¿Qué pides en tu oración? ¿Te sientes culpable por pedir lo necesario para vivir dignamente? 

Servicio Bíblico Latinoamericano

jueves, 18 de febrero de 2016

"Pidan y se les dará"

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este jueves de la 1ª. Semana de Cuaresma.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Mateo 7,7-12.

Jesús dijo a sus discípulos: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan! Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.

Comentario

1. La frase que rompió el muro

1.1 Tal vez la frase más alentadora de la Biblia entera es la que escuchamos en el evangelio de hoy: "pidan y se les dará".

1.2 Es una frase que rompió para siempre el muro de miedo y prejuicio que había creado el pecado. Del lado de acá de ese muro, el hombre asustado y aislado termina por abalanzarse sobre las cosas, queriendo exprimir en ellas una felicidad infinita que no pueden darle. Del lado de allá del muro, un Dios que parece inaccesible, un Dios sospechosamente inteligente y fisgón que no tiene otro objetivo sino cazar los errores de su creatura para precipitarla cuanto antes al infierno.

1.3 ¡Oh muro de maldición, que pretendía robarnos la verdad más entrañable: "Dios es bueno". No es un monstruo; no es un espía; no es un témpano de ciencia inalcanzable; no es una energía sin nombre: es mi Padre; es nuestro Padre, y como Padre y Papá es mejor que todo lo que podemos aprender de nuestros papás en la tierra. Cristo, Cristo Jesús: ¡GRACIAS!

2. Siendo malos, saben dar cosas buenas

2.1 Cristo nos invita a reconocer la bondad de Dios a partir de las imágenes de bondad que nos brinda la experiencia de cada día. Los papás son buenos con sus hijos, hablando en general. Pero el Señor hace más que una comparación en este texto, porque nos conduce a una cuestión de fondo: ¿cómo es que en una humanidad donde hay tanta maldad aún es posible encontrar alguna imagen válida del amor divino?

2.2 Esta bella pregunta me hace recordar uno de las bendiciones que nuestra Iglesia Católica tiene para el matrimonio. Se dice después del Padrenuestro y va así: "Oh Dios, que unes la mujer al varón y otorgas a esta unión, establecida desde el principio, la única bendición que no fue abolida ni por la pena del pecado original, ni por el castigo del diluvio".

2.3 ¿Sabes lo que eso significa? Implica que hay algo del paraíso que, por voluntad divina y como principio de victoria sobre la serpiente enemiga, ha permanecido en el hecho y acto de dar vida. Los papás conservan algo del paraíso original cuando sienten que son buenos con los hijos más allá de sus propias fuerzas y de sus propias convicciones. Esa capacidad de "dar cosas buenas" a los hijos no es un puro accidente sociológico o un puro impulso biológico: es parte del plan por el que Dios vence sobre las fuerzas de la muerte; es sabiduría suya con la que ya desde antes de la primera alianza preparaba terreno para fundar esta última y definitiva alianza en Cristo. 
¡Alabanza a su Nombre!

http://fraynelson.com/homilias.html.

jueves, 8 de octubre de 2015

Pidamos ayuda a nuestro Padre Dios…. ¡¡y todo será infinitamente más sencillo!!

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este jueves de la 27ª. Semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Lucas 11,5-13.
Jesús dijo a sus discípulos: "Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: 'Amigo, préstame tres panes,  porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle', y desde adentro él le responde: 'No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos'. Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!".
Comentario

La parábola del amigo inoportuno, tan breve como tan bella, nos revela la necesidad de orar con insistencia y perseverancia a nuestro Padre Dios. Es sumamente elocuente: “Yo os digo que si aquel hombre no se levanta de la cama y le da los panes por ser su amigo –nos dice Jesús— os aseguro que, al menos por su inoportunidad, se levantará y le dará cuanto necesite”. Son impresionantes estas consideraciones. Nuestro Señor nos hacen entender que, si nosotros atendemos las peticiones de los demás al menos para que nos dejen en paz, sin tener en cuenta las exigencias de la amistad hacia nuestros amigos, ¡con cuánta mayor razón escuchará Dios nuestras plegarias, siendo Él nuestro Padre amantísimo e infinitamente bueno y cariñoso!

Por eso, Cristo nos dice: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá”. Si oramos con fe y confianza a Dios nuestro Señor, tenemos la plena seguridad de que Él escuchará nuestras súplicas. Y si muchas veces no obtenemos lo que pedimos en la oración es porque no oramos con la suficiente fe, no somos perseverantes en la plegaria o no pedimos como debemos; es decir, que se cumpla, por encima de todo, la voluntad santísima de Dios en nuestra vida. Orar no es exigir a Dios nuestros propios gustos o caprichos, sino que se haga su voluntad y que sepamos acogerla con amor y genrosidad. Y, aun cuando no siempre nos conceda exactamente lo que le pedimos, Él siempre nos dará lo que más nos conviene.

Es obvio que una mamá no dará un cuchillo o una pistola a su niñito de cinco años, aunque llore y patalee, porque ella sabe que eso no le conviene.
¿No será que también nosotros a veces le pedimos a Dios algo que nos puede llevar a nuestra ruina espiritual? Y Él, que es infinitamente sabio y misericordioso, sabe muchísimo mejor que nosotros lo que es más provechoso para nuestra salvación eterna y la de nuestros seres queridos. Pero estemos seguros de que Dios siempre obra milagros cuando le pedimos con total fe, confianza filial, perseverancia y pureza de intención. ¡La oración es omnipotente!

Y, para demostrarnos lo que nos acaba de enseñar, añade: “¿Qué padre entre vosotros, si el hijo le pide un pan, le dará una piedra? ¿O, si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O, si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?”
Efectivamente, con un Dios tan bueno y que, además, es todopoderoso, ¡no hay nada imposible!

Termino con esta breve historia. En una ocasión, un niño muy pequeño hacía grandes esfuerzos por levantar un objeto muy pesado. Su papá, al ver la lucha tan desigual que sostenía su hijito, le preguntó:
- "¿Estás usando todas tus fuerzas?"
- "¡Claro que sí!" -contestó malhumorado el pequeño.
- "No es cierto –le respondió su padre— no me has pedido que te ayude".
Pidamos ayuda a nuestro Padre Dios…. ¡¡y todo será infinitamente más sencillo en nuestra vida!!

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Sergio Córdova

jueves, 26 de febrero de 2015

“Pidan y se les dará”

¡Amor y paz!

A lo largo de las lecturas de Cuaresma, la iglesia vuelve una y otra vez sobre el tema de la oración. La plegaria del hombre a su Padre celestial se apoya en la bondad y la voluntad amorosa de Dios. Podemos estar seguros de ser escuchados, siempre que aquello que pidamos esté en la línea del plan salvador de Dios (Misa Dominical 1990/05).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este jueves de la 1ª. Semana de Cuaresma.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Mateo 7,7-12. 
Jesús dijo a sus discípulos: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan! Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. 
Comentario

Tal vez la frase más alentadora de la Biblia entera es la que escuchamos en el evangelio de hoy: "pidan y se les dará".

Es una frase que rompió para siempre el muro de miedo y prejuicio que había creado el pecado. Del lado de acá de ese muro, el hombre asustado y aislado termina por abalanzarse sobre las cosas, queriendo exprimir en ellas una felicidad infinita que no pueden darle. Del lado de allá del muro, un Dios que parece inaccesible, un Dios sospechosamente inteligente y fisgón que no tiene otro objetivo sino cazar los errores de su creatura para precipitarla cuanto antes al infierno.

¡Oh muro de maldición, que pretendía robarnos la verdad más entrañable: "Dios es bueno". No es un monstruo; no es un espía; no es un témpano de ciencia inalcanzable; no es una energía sin nombre: es mi Padre; es nuestro Padre, y como Padre y Papá es mejor que todo lo que podemos aprender de nuestros papás en la tierra. Cristo, Cristo Jesús: ¡GRACIAS!

Siendo malos, saben dar cosas buenas

Cristo nos invita a reconocer la bondad de Dios a partir de las imágenes de bondad que nos brinda la experiencia de cada día. Los papás son buenos con sus hijos, hablando en general. Pero el Señor hace más que una comparación en este texto, porque nos conduce a una cuestión de fondo: ¿cómo es que en una humanidad donde hay tanta maldad aún es posible encontrar alguna imagen válida del amor divino?

Esta bella pregunta me hace recordar uno de las bendiciones que nuestra Iglesia Católica tiene para el matrimonio. Se dice después del Padrenuestro y va así: "Oh Dios, que unes la mujer al varón y otorgas a esta unión, establecida desde el principio, la única bendición que no fue abolida ni por la pena del pecado original, ni por el castigo del diluvio".

¿Sabes lo que eso significa? Implica que hay algo del paraíso que, por voluntad divina y como principio de victoria sobre la serpiente enemiga, ha permanecido en el hecho y acto de dar vida. Los papás conservan algo del paraíso original cuando sienten que son buenos con los hijos más allá de sus propias fuerzas y de sus propias convicciones. .

Esa capacidad de "dar cosas buenas" a los hijos no es un puro accidente sociológico o un puro impulso biológico: es parte del plan por el que Dios vence sobre las fuerzas de la muerte; es sabiduría suya con la que ya desde antes de la primera alianza preparaba terreno para fundar esta última y definitiva alianza en Cristo. ¡Alabanza a su Nombre!

jueves, 9 de octubre de 2014

Jesús nos invita a perseverar en la oración

¡Amor y paz!

Siguiendo con su enseñanza sobre la oración -anteayer la escucha de la palabra, ayer el Padrenuestro-, hoy nos propone Jesús dos pequeños apólogos tomados de la vida familiar: el del amigo impertinente y el del padre que escucha las peticiones de su hijo.

En los dos, nos asegura que Dios atenderá nuestra oración. Si lo hace el amigo, al menos por la insistencia del que le pide ayuda, y si lo hace el padre con su hijo, ¡cuánto más no hará Dios con los que le piden algo! Jesús nos asegura: "vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden", o sea, nos dará lo mejor, su Espíritu, la plenitud de todo lo que le podemos pedir nosotros.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este jueves de la 27ª. semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Lucas 11,5-13. 
Jesús dijo a sus discípulos: "Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: 'Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle', y desde adentro él le responde: 'No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos'. Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!". 
Comentario

Jesús nos invita a perseverar en nuestra oración, a dirigir confiadamente nuestras súplicas al Padre. Y nos asegura que nuestra oración será siempre eficaz, será siempre escuchada: "si vosotros sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial...?".

La eficacia consiste en que Dios siempre escucha. Que no se hace el sordo ante nuestra oración. Porque todo lo bueno que podamos pedir ya lo está pensando antes Él, que quiere nuestro bien más que nosotros mismos. Es como cuando salimos a tomar el aire o nos ponemos al sol o nos damos un baño en el mar: nosotros nos ponemos en marcha con esa intención, pero el aire y el sol y el agua ya estaban allí. Cuando le pedimos a Dios que nos ayude -manifestando así nuestra debilidad y nuestra confianza de hijos-, nos ponemos en sintonía con sus deseos, que son previos a los nuestros.

Lucas tiene una variante expresiva: Dios nos concederá su Espíritu Santo. Nos concederá el bien pleno que él nos prepara, no necesariamente el que nosotros pedimos, que suele ser muy parcial. Es como cuando Jesús pidió que "pasara de él este cáliz", o sea, ser liberado de la muerte. En efecto, dice la Carta a los Hebreos (Hb 5,7) que "fue escuchado", pero fue liberado de la muerte a través de ella, después de experimentarla, no antes. Y así se convirtió en causa de salvación para toda la humanidad. No sabemos cómo cumplirá Dios nuestras peticiones. Lo que sí sabemos -nos lo asegura Jesús- es que nos escucha como un Padre a sus hijos.

Podríamos leer hoy unas páginas del Catecismo que nos pueden ayudar a entender en qué consiste la eficacia de nuestra oración. Son las que dedica al "combate de la oración", describiendo las objeciones a la oración en el mundo de hoy, por ejemplo las "quejas por la oración no escuchada", a la vez que invita a orar con confianza y perseverancia (números 2725-2745).

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 154-157

jueves, 10 de octubre de 2013

Jesús nos invita a perseverar en la oración

¡Amor y paz!

Siguiendo con su enseñanza sobre la oración -anteayer la escucha de la palabra, ayer el Padrenuestro-, hoy nos propone Jesús dos pequeños apólogos tomados de la vida familiar: el del amigo impertinente y el del padre que escucha las peticiones de su hijo.

En los dos, nos asegura que Dios atenderá nuestra oración. Si lo hace el amigo, al menos por la insistencia del que le pide ayuda, y si lo hace el padre con su hijo, ¡cuánto más no hará Dios con los que le piden algo! Jesús nos asegura: "vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden", o sea, nos dará lo mejor, su Espíritu, la plenitud de todo lo que le podemos pedir nosotros.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este jueves de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 11,5-13. 
Jesús agregó: "Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: 'Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle', y desde adentro él le responde: 'No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos'. Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan". 
Comentario

Jesús nos invita a perseverar en nuestra oración, a dirigir confiadamente nuestras súplicas al Padre. Y nos asegura que nuestra oración será siempre eficaz, será siempre escuchada: "si vosotros sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial...?".

La eficacia consiste en que Dios siempre escucha. Que no se hace el sordo ante nuestra oración. Porque todo lo bueno que podamos pedir ya lo está pensando antes él, que quiere nuestro bien más que nosotros mismos. Es como cuando salimos a tomar el aire o nos ponemos al sol o nos damos un baño en el mar: nosotros nos ponemos en marcha con esa intención, pero el aire y el sol y el agua ya estaban allí. Cuando le pedimos a Dios que nos ayude -manifestando así nuestra debilidad y nuestra confianza de hijos-, nos ponemos en sintonía con sus deseos, que son previos a los nuestros.

Lucas tiene una variante expresiva: Dios nos concederá su Espíritu Santo. Nos concederá el bien pleno que él nos prepara, no necesariamente el que nosotros pedimos, que suele ser muy parcial. Es como cuando Jesús pidió que "pasara de él este cáliz", o sea, ser liberado de la muerte. En efecto, dice la Carta a los Hebreos (Hb 5,7) que "fue escuchado", pero fue liberado de la muerte a través de ella, después de experimentarla, no antes. Y así se convirtió en causa de salvación para toda la humanidad. No sabemos cómo cumplirá Dios nuestras peticiones. Lo que sí sabemos -nos lo asegura Jesús- es que nos escucha como un Padre a sus hijos.

Podríamos leer hoy unas páginas del Catecismo que nos pueden ayudar a entender en qué consiste la eficacia de nuestra oración. Son las que dedica al "combate de la oración", describiendo las objeciones a la oración en el mundo de hoy, por ejemplo las "quejas por la oración no escuchada", a la vez que invita a orar con confianza y perseverancia (números 2725-2745).

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 154-157