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domingo, 26 de marzo de 2017

No nos dejemos llevar por apariencias ni prejuicios

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios y el comentario, en este Domingo IV de Cuaresma, ciclo A.

Dios nos bendice...

1Samuel 16,1b.6-7.10-13a

David es ungido rey de Israel

En aquellos días, el Señor le dijo a Samuel: "Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey." Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: "Seguro, el Señor tiene delante a su ungido." Pero el Señor le dijo: "No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón." Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: "Tampoco a éstos los ha elegido el Señor." Luego preguntó a Jesé: "¿Se acabaron los muchachos?" Jesé respondió: "Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas." Samuel dijo: "Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue." Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: "Anda, úngelo, porque es éste." Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

Salmo responsorial: 22

El señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: / en verdes praderas me hace recostar, / me conduce hacia fuentes tranquilas / y repara mis fuerzas. R.
Me guía por el sendero justo, / por el honor de su nombre. / Aunque camine por cañadas oscuras, / nada temo, porque tú vas conmigo: / tu vara y tu cayado me sosiegan. R.
Preparas una mesa ante mí, / enfrente de mis enemigos; / me unges la cabeza con perfume, / y mi copa rebosa. R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan / todos loa días de mi vida, / y habitaré en la casa del Señor / por los años sin término. R.

Efesios 5,8-14

Levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz

Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son fruto de luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas. Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo descubierto es luz. Pero eso dice: "Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz."

Juan 9,1-41

Fue, se lavó, y volvió con vista

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. [Y sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quien pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?" Jesús contestó: "Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo."
Dicho esto,] escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado." Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: "¿No es ése el que se sentaba a pedir?" Unos decían: "El mismo." Otros decían: "No es él, pero se le parece." Él respondía: "Soy yo."
[Y le preguntaban: "¿Y cómo se te han abierto los ojos?" Él contestó: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver." Le preguntaron: "¿Dónde está él?" Contestó: "No sé."]
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: "Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo." Algunos de los fariseos comentaban: "Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado." Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?" Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?" Él contestó: "Que es un profeta."
[Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?" Sus padres contestaron: "Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse." Sus padres respondieron así porque tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: "Ya es mayor, preguntádselo a él."
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador." Contestó él: "Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo." Le preguntan de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?" Les contestó: "Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?" Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: "Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene." Replicó él: "Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder."]
Le replicaron: "Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?" Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: "¿Crees tú en el Hijo del hombre?" Él contestó: "¿Y quién es, Señor, para que crea en él?" Jesús les dijo: "Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es." Él dijo: "Creo, señor." Y se postró ante él.
[Jesús añadió: "Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ve vean, y los que ven queden ciegos." Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: "¿También nosotros estamos ciegos?" Jesús les contestó: "Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste."]

Comentario

En las lecturas de este domingo, encontramos dos escenas de la historia de la salvación que nos llaman poderosamente la atención, y que nos invitan a profundizar en la acción de Dios, que no se acomoda a los parámetros humanos:
El primero relato nos narra cómo Samuel, siguiendo el mandato de Yahvé, escogió a David como rey.
El segundo texto habla de la curación de un ciego de nacimiento. En esta intervención de Jesús, tomamos conciencia de cómo la debilidad humana se convierte en lugar teológico para que se manifieste el amor misericordioso de Dios.
Estas dos escenas de la historia de la salvación nos sorprenden porque rompen la lógica humana. En el caso de David, Yahvé escogió al candidato menos opcionado para reinar; en el caso del ciego de nacimiento, su discapacidad no era un castigo por los pecados sino una oportunidad para que se manifestara la gloria de Dios.
La trama del relato del I Libro de Samuel es muy simple. Samuel cumple una misión que le ha confiado Yahvé: “Ve a la casa de Jesé, porque de entre sus hijos me he escogido un rey”. Se trata de una misión divina, pero Samuel la asume condicionado por los prejuicios culturales de una sociedad patriarcal, que otorgaba todos los privilegios al primogénito. Por eso cuando ve a Eliab, el hijo mayor de Jesé, pensó: “Este es, sin duda, el que voy a ungir como rey”. En su mente, Samuel procesó tres datos: era el primogénito, tenía buena presencia y su talla física era imponente. Estas tres variables le parecieron suficientes para concluir que la selección era obvia. Pero Yahvé le llamó la atención a Samuel y le exigió que continuara la búsqueda.
Lo más notable de este texto son las palabras de Yahvé: “Yo lo he descartado, porque yo no juzgo como juzga el hombre. El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones”. Esta explicación de Yahvé nos permite identificar una causa que distorsiona los juicios humanos. Muchas veces nos equivocamos en las decisiones porque nos dejamos llevar por los valores aparentes, nos atrae lo que parece más cómodo y grato, pero que no necesariamente nos hará crecer como personas. Igualmente, nos equivocamos en la valoración de las personas porque nos dejamos llevar por los prejuicios o por las apariencias, sin tener en consideración su calidad humana, su preparación, su sentido ético. Negamos oportunidades a quienes sí se las merecen, y abrimos las puertas para que pasen personajes indeseables. Esta injusticia se comete diariamente en las organizaciones gubernamentales y en las empresas, donde triunfan las recomendaciones por encima de los méritos.
Finalmente, Samuel escogió a David, el hermano menor de una familia numerosa, al que consagró como rey. Que este episodio del Antiguo Testamento sea una llamada de atención que nos ayude a controlar los ímpetus que nos llevan a sacar conclusiones apresuradas. ¡No juzguemos por las apariencias!
El segundo relato que nos sorprende en este IV domingo de Cuaresma es la curación de un ciego de nacimiento. Jesús se conmueve ante el drama de este hombre que nunca había conocido la magia de los colores ni la infinita variedad de diseños de la creación. Usa, entonces, su poder sobre la enfermedad, el dolor y la muerte para que este hombre inicie una nueva vida tanto en lo físico como en lo espiritual.
El aporte teológico más importante de esta curación es la significación que Jesús le da a la enfermedad: no es un castigo sino lugar de manifestación de la gloria de Dios. Los invito a profundizar en el sentido de estas afirmaciones.
Cuando la gente habla de las enfermedades y tristezas que enfrentamos en el diario vivir, en la mayoría de los casos se atribuyen a la mala suerte o a un castigo decretado por algún juez impersonal y lejano. Expresiones tales como ¡qué mala suerte tiene fulano!, ¡seguro que esto le pasó porque…! Con estas dos frases simplistas pretendemos explicar las enfermedades y desgracias de la vida.
En este encuentro con el ciego de nacimiento, Jesús hace una lectura diferente de los acontecimientos que tanto dolor nos producen. La enfermedad de este hombre es oportunidad singularísima para que se manifieste el poder de Dios. De ahí la densidad de la explicación que da Jesús a quienes lo interpelaban por la causa de esta limitación física: “Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios”.
Estas palabras de Jesús nos manifiestan un elemento esencial de la oferta de salvación: Si nos sentimos excesivamente seguros, somos impermeables a la acción de la gracia. La Virgen María lo expresa hermosamente en el himno del Magníficat: “Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos”. Para abrirnos a la acción salvadora de Dios tenemos que reconocernos como necesitados de salvación. Por eso debemos reconocer nuestra condición pecadora. El poder y la riqueza nos hacen vivir la ilusión de ser como dioses. Pero la vida diaria se encarga de bajarnos de esa nube para aterrizar bruscamente en la realidad. Cuando nos sentimos frágiles y desprotegidos es cuando damos espacio al amor misericordioso de Dios. Mientras más débiles nos sentimos, más fuertes somos porque el Señor es nuestra roca y salvación, como lo dicen los Salmos.
El evangelista Juan narra pormenorizadamente el debate que siguió a la curación del ciego de nacimiento. Es sorprendente la terquedad con que los enemigos de Jesús negaban la contundencia de los hechos. “Los judíos no creyeron que aquel hombre, que había sido ciego, hubiera recobrado la vista”. Para ello echaban mano de todo tipo de argumentos: “No es él, sino que se le parece”, “ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. La rabia que sentían contra Jesús les impedía reconocer que estaban frente a un ser excepcional. Loa prejuicios nos llevan a alterar la realidad y nos empujan a tomar decisiones equivocadas.
Pongamos punto final a nuestra meditación dominical. Que la escogencia del joven David como rey, y la curación del ciego de nacimiento sean una invitación a leer la realidad con ojos diferentes, sin dejarnos condicionar por las apariencias y prejuicios.


Pistas para la homilía.
Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.


domingo, 5 de febrero de 2017

Jesús nos invita a ser luz en la oscuridad del mundo en que vivimos

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios y el comentario, en este Domingo de la 5ª semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice...

PRIMERA LECTURA

Surgirá tu luz como la aurora

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10

Esto dice el Señor:«Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas; ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”. Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía».

Palabra de Dios.

Sal 111, 4-5. 6-7. 8a y 9

R. El justo brilla en las tinieblas como una luz.

En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. R.

Porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor. R.

Su corazón está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad. R.

SEGUNDA LECTURA

Os anuncié el misterio de Cristo crucificado

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5

Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado. También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Vosotros sois la luz del mundo

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo».

Palabra del Señor.

Comentario

1. Un mundo en tinieblas

1.1 La luz es la palabra central en los textos de hoy. La luz para el mundo, específicamente. Por eso nos preguntamos en qué sentido se habla de oscuridad y también qué quiere decir iluminar.

1.2 La oscuridad se refiere a la dificultad para discernir qué se puede o no se puede hacer, qué se debe o no se debe hacer. No es un asunto de si tenemos las fuerzas o los recursos sino más bien de cuáles son las consecuencias de nuestros actos. Un mundo a oscuras es un mundo en el que parece que da lo mismo hacer una cosas que otra. Nada desalienta tanto a la práctica del bien como ver que la suerte del perverso es igual o mejor que la del justo.

1.3 Otra forma de oscuridad tiene que ver con la realidad y la apariencia. Así como a oscuras el latón podría pasar por oro, así también el reino de las apariencias se adueña del corazón humano y le hace elegir lo falso y desechar lo verdadero. Según esto, el placer inmediato suele ser preferido mientras que el esfuerzo prolongado de la virtud no encuentra a veces quien lo acoja.

1.4 Esta situación se hace más difícil cuando hay verdaderas industrias dedicadas a la mentira. Mucho de la publicidad que bebemos a través de los medios de comunicación tiene un claro propósito: "vendernos" una imagen falsa de felicidad, de lo que es la mujer, la vida, el amor, las prioridades. Además de la publicidad, están las leyes inicuas. Si un país dice en sus leyes que se puede asesinar no nacidos, ello envía un poderoso mensaje sobre lo que significa la sexualidad y sobre el respeto a los indefensos. Así hay leyes que traen oscuridad.

2. ¿ Cómo iluminar el mundo?

2.1 Jesús nos llama a ser luz. Es una invitación y un mandato; es un derecho y un deber. Inmensa tarea, lo entendemos de inmediato, a la vista de cuántas oscuridades ha tenido nuestra propia vida y de cuántas padece el mundo.

2.2 Ser luz es estar a la vista de todos, como la ciudad en la cima del monte. Ello implica ser identificados como creyentes y de algún modo estar expuestos a la burla, la crítica, la ironía, o quizá también: expuestos a la mirada de alguien que quiere saber cómo cambiar su existencia.

2.3 Un detalle no debe pasar inadvertido: la finalidad de nuestro proceder es la gloria de Dios, es decir, que Dios sea conocido como Señor y amado como Fuente de todo bien. Correspondientemente, todo aquello que pretenda que los demás atribuyan a nosotros lo que sólo tiene su fundamento en Dios es oscuridad.

2.4 La primera lectura nos da pistas bien precisas: "Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo, y no te desentiendas de tu semejantes. Entonces brillará tu luz como la aurora." Entendemos de estos textos lo ya dicho: las obras de inexplicable generosidad que marcan la vida del creyente son las señales de un amor que va más allá de la conveniencia, y por tanto, las señales que vencen la oscuridad del mundo.

http://fraynelson.com/homilias.html.


sábado, 31 de diciembre de 2016

La Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad por Jesucristo.

¡Amor y paz!

Los invito a leer y meditar la Palabra de Dios y el comentario en este 7o día de la Octava de Navidad.

A todos los lectores y amigos de este blog, les deseamos que Dios Nuestro Señor los bendiga en todo el año 2017 y les conceda paz, amor y felicidad.

 Dios nos bendice…

Epístola I de San Juan 2,18-21.
Hijos míos, ha llegado la última hora. Ustedes oyeron decir que vendría el Anticristo; en realidad, ya han aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado la última hora. Ellos salieron de entre nosotros, sin embargo, no eran de los nuestros. Si lo hubieran sido, habrían permanecido con nosotros. Pero debía ponerse de manifiesto que no todos son de los nuestros. Ustedes recibieron la unción del que es Santo, y todos tienen el verdadero conocimiento. Les he escrito, no porque ustedes ignoren la verdad, sino porque la conocen, y porque ninguna mentira procede de la verdad.
Salmo 96(95),1-2.11-12.13.

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre,
día tras día, proclamen su victoria.

Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque.

Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
Él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad.

Evangelio según San Juan 1,1-18.



Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo". De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.

Comentario

1. Esta es la última hora

1.1 Harto da qué pensar eso de que en el siglo I ya Juan nos hable de que estamos en la última hora (1 Jn 2,18). Idea que no era sólo suya. La Carta a los Hebreos habla de "estos tiempos, que son los últimos...". Tales palabras resuenan de modo particular en el último día del año civil.

1.2 Juan ve llegada la última hora por la multiplicación de anticristos, palabra que aquí debe entenderse seguramente en el sentido general de "adversarios de la propagación del Evangelio". Las enseñanzas de estos adversarios pueden deducirse del conjunto de advertencias que trae la Carta. Al parecer se trataba de tendencias que hoy llamaríamos "gnósticas", que quitaban importancia a la Encarnación del Verbo y pretendían una especie de salvación por el conocimiento (gnosis) al margen de la vida y de las enseñanzas específicas de Cristo. Mucho de esto puede ciertamente encontrarse hoy en la New Age.

1.3 Juan hace una lectura de esa abundancia de apóstatas: se trata de una anticipación del juicio. Y como el gran juicio sólo pertenece a Dios y sólo se dará en el último día, es claro que ya en nuestra historia es sensible la proximidad de ese desenlace, porque ya vemos que acontecen primicias del gran juicio divino, que está separando lo que sí es de lo que no es.

1.4 Así habría que entender aquello de "esta es la última hora". El sentido sería: no dejemos que nos desanime la pérdida de hermanos que sólo eran falsos hermanos. Con su partida ellos están cumpliendo en el fondo un designio de Dios que purifica a su pueblo y declara lo que es suyo, y que así anticipa el juicio del final de los tiempos.

2. En el principio ya existía la Palabra...

2.1 Por contraste con el tema de la última hora, el evangelio de hoy toma el precioso prólogo de Juan, que nos remite al principio.

2.2 La impresionante altura contemplativa de este texto nos lleva del modo más dramático posible a la admiración del misterio de la Navidad. Por siglos, hombres y mujeres han desfallecido de amor y asombro ante la grandeza de esa compasión que trae a nuestra historia al Autor de la vida. ¡Qué bello, qué infinitamente bello nos parece el Niño cuando se nos revela un poco más de quién es y por qué viene a nuestro humilde valle!

2.3 El centro de este texto inmortal está, sin duda, en el v. 14: "la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros". ¡Se hizo hombre!, ¡se hizo carne, capacidad de dolor y traición, fragilidad que recorre el borde de la muerte!

2.4 El amor inconmensurable de la Encarnación es también la razón de su majestad y soberanía sobre toda carne. La misericordia de Dios quita validez a toda disculpa del hombre. La luz de Dios revela una verdad que nos desnuda de la comodidad de no saber quién es el verdadero Señor entre tantas voces de falsos señores. Por eso el Niño del pesebre es también el juez de nuestras vidas: sólo quien nos ha amado hasta el extremo de su bondad puede revelarnos el extremo de nuestra verdad.

http://fraynelson.com/homilias.html.

domingo, 2 de febrero de 2014

¿Ofrecemos nuestra vida al Señor o a los ídolos?

¡Amor y paz!

La fiesta de la Presentación celebra una llegada y un encuentro; la llegada del anhelado Salvador, núcleo de la vida religiosa del pueblo, y la bienvenida concedida a él por dos representantes dignos de la raza elegida, Simeón y Ana. 

Por su provecta edad, estos dos personajes simbolizan los siglos de espera y de anhelo ferviente de los hombres y mujeres devotos de la antigua alianza. En realidad, ellos representan la esperanza y el anhelo de la raza humana.

Al revivir este misterio en la fe, la Iglesia da de nuevo la bienvenida a Cristo. Ese es el verdadero sentido de la fiesta. Es la "Fiesta del Encuentro", el encuentro de Cristo y su Iglesia. Esto vale para cualquier celebración litúrgica, pero especialmente para esta fiesta. La liturgia nos invita a dar la bienvenida a Cristo y a su madre, como lo hizo su propio pueblo de antaño: "Oh Sión, adorna tu cámara nupcial y da la bienvenida a Cristo el Rey; abraza a María, porque ella es la verdadera puerta del cielo y te trae al glorioso Rey de la luz 
nueva”. (Vincent Ryan).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este domingo en el que celebramos la Fiesta de la Presentación del Señor.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 2,22-40.
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,  como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel". Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos". Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.
Comentario

Bien podemos presumir que, de entre las acepciones que el diccionario da al término "presentar", la que mejor le cuadra a esta Fiesta de la Presentación del Señor es la de "ofrecer, regalar, dar".

La ceremonia de la consagración de los primogénitos era en agradecimiento al Dios que sacó al pueblo de la esclavitud; los primogénitos eran ofrecidos, regalados, dados a Dios, aunque luego eran "rescatados".

No nos interesa el qué o el cómo, sino el sentido que en la vida de Jesús pudo 
tener este acontecimiento, para saber el que debe tener en la nuestra.

Ante todo hay una realidad, ya a menudo comentada: Jesús se hizo hombre con todas las consecuencias, incluida la de pasar por las prescripciones legales del pueblo en cuyo seno nació. Se hace uno de nosotros, no una apariencia de hombre.

Pero hoy podemos aprovechar para rastrear otro aspecto de este momento de la vida de Jesús: ser ofrecido a Dios, ser regalado, dado a Dios.

Ser regalado a Dios no es sólo un acto de piedad (aunque de hecho muchas veces no pasa de ser simplemente eso); es una opción, una elección, una toma de postura ante la vida y la manera de vivirla. Ser regalado a Dios es aceptar ser suyo, no sólo como objeto de "su" propiedad, sino como fuerza y energía vitales puestas a su servicio. Ser dado a Dios es no aceptar en la propia vida otro dios que Dios ni otro reinado que su Reino. Ser regalado a Dios es, en fin, convertirse en regalo de Dios para los hombres, pues Dios no busca "coleccionar personas" a su servicio, sino enviar, a quienes se ponen en sus manos, a que sirvan a los hombres.

Muchos hombres y mujeres se han presentado a Dios, se han ofrecido a Él, se han regalado a Él. Muchos otros, en cambio, se han ofrecido a otros dioses:

-se presentan al dios dinero, en los templos de los bancos, la bolsa, la oficina de negocios, la inversión rápida, la especulación fácil;

-o se presentan al dios consumo, en los templos de los grandes alma- cenes; o en los templos de los pubs de moda, en unos modernos viacrucis con bastantes más de catorce estaciones y que suelen terminar en el calvario del aburrimiento, del alcoholismo o la toxicomanía;

-otros se presentan al Dios estética, en los templos gimnasio, las boutiques de moda, entregados a los ritos de cuidar la imagen, acicalarse hasta la saciedad, confesando el credo de la fe en la eterna juventud, cerrando los ojos al "pecado" de envejecer;

-otros se presentan al dios trabajo, con una religiosidad comparable a la de los contemplativos; entregados en cuerpo y alma, sin tiempo para nada ni para nadie, "célibes" voluntarios de la esposa y la familia, sin tener ojos, oídos ni corazón para otra cosa que no sea el trabajo, con sus litúrgicas vestiduras del traje de yuppi, sus rituales comidas y cenas de trabajo;

-otros eligen presentarse a la diosa de la fortuna, confiando en la providencia de la suerte, con una amplia gama de ritos; velas, imágenes con perejil, escapularios... ello bien cerca del billete de la lotería o de la quiniela en la que han puesto toda su ilusión y su esperanza, consintiéndole a tan caprichosa diosa sus múltiples y reiterados desplantes, confiando una y mil veces en sus nunca cumplidas promesas;

-hay personas que se presentan y se rinden incondicionalmente ante la diosa ciencia, a quien se lo entregan todo y de quien todo lo esperan, deslumbrados por unos brevísimos instantes de luz que han cruzado la vida del hombre contemporáneo como un rayo en la noche. A ella la ven como auténtica salvadora del ser humano, a ella se ofrecen, de ella aceptan el caro precio que exige pagar en contaminación, desertización de tierras, intoxicaciones, etc., porque siguen confiando en que ella ha de resolver todo antes o después;

-no faltan hoy día quienes se presentan al dios de la droga, nuevo en su "formato", pero viejo en su sed de sangre, que reclama insaciablemente sacrificios humanos ofreciendo a cambio un paraíso de media hora tras el rito de la aguja o la esnifada; un dios que anda hoy día bien abundante de acólitos-camellos, dedicados horas y horas, en esquinas o en locales de moda, a prestar servicios a los fieles adeptos.

Hay, en fin, tantos dioses ante los que se presentan los hombres y mujeres de nuestro tiempo que la imagen de Jesús hoy, niño en brazos de su madre presentado al Dios que prometió estar siempre junto a su pueblo y cumplió sus promesas, debe hacernos reflexionar.

Reflexionar sobre el dios o los dioses a los que nos estamos presentando cada día, en el trabajo y en la casa, en el tiempo libre y en el ocupado, con los conocidos y con los desconocidos.

Reflexionar sobre lo que esos dioses nos aportan realmente a nuestra vida, si nos salvan de algo o nos están haciendo cada día más y más esclavos.

Reflexionar sobre el precio que esos dioses se cobran de nosotros, sobre su capacidad de absorbernos, de alienarnos, de dominarnos y dejarnos sin libertad. Comprender el caro tributo que nos imponen.

Reflexionar sobre las consecuencias, muchas de ellas constatables en cualquier momento, en cualquier situación, y lo que nos aportan.

Y reflexionar, en definitiva, si no merecerá más la pena presentarnos al Dios de Jesús, que no acapara sino que libera, que no esclaviza sino que salva, que no mata sino que da vida. Y ojalá también nosotros, al fin, nos presentemos ante el Dios de Jesús. Con todas sus consecuencias.

LUIS GRACIETA
DABAR 1992, 13