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miércoles, 6 de septiembre de 2017

El mensaje de la verdad ha llegado a nosotros y al mundo entero

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios y el comentario, en este miércoles de la vigésimo segunda semana del tiempo ordinario.

Dios nos bendiga...

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1,1-8

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y el hermano Timoteo, a los santos que viven en Colosas, hermanos fieles en Cristo. Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero, como ha ocurrido entre vosotros desde el día en que lo escuchasteis y comprendisteis de verdad la gracia de Dios. Fue Epafras quien os lo enseñó, nuestro querido compañero de servicio, fiel ministro de Cristo para con vosotros, el cual nos ha informado de vuestro amor en el Espíritu.

Salmo

Sal 51,10.11

R/. Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás

Pero yo, como verde olivo,
en la casa de Dios,
confío en la misericordia de Dios
por siempre jamás. R/.

Te daré siempre gracias
porque has actuado;
proclamaré delante de tus fieles:
«Tu nombre es bueno.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 4,38-44

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.»
Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.
Pero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.»
Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Comentario

1. Palabra de salvación


1.1 La Carta a los Colosenses, que empezamos a escuchar el día de hoy, es una gran contemplación del misterio de Cristo ante el mundo y la historia humana. Pablo, llegado a la madurez de su vida, y acrisolado por la persecución y la cárcel, nos regala desde su cautiverio una densa meditación sobre el lugar de Jesucristo en el origen, centro y meta del universo mismo, y de toda creatura visible o invisible.

1.2 Esta carta, por lo tanto, supone una especie de "salto cualitativo" en el modo de hablar sobre Jesús. Después de la Carta a los Colosenses habremos de decir con renovada convicción que El es el Salvador de mi vida y de tu vida, pero también que es el Redentor de la Historia, vista en su conjunto, y el Señor del Universo con todas sus potestades.

1.3 Y por ello Pablo inicia de modo solemne su escrito, proclamando ante todo la fuerza arrolladora de un mensaje que no pude dejar de transformar todo lo que toca. Sorprenden estas palabras en boca de un preso que tenía todas las razones del mundo para sentirse fracasado, deprimido y anulado.

1.4 Al fin y al cabo, ¿no fue el Evangelio lo que condujo a Pablo a la oscuridad y frío del calabozo? ¿Cómo es, entonces, que saca fuerzas para decir que ese Evangelio triunfa en todas partes, cuando precisamente parece estar fracasando en él?

1.5 La razón es que Pablo no se limita a lo inmediato: su mirada trasciende los muros de la cárcel que lo encierra. Su mirada trasciende su presente de tinieblas y le permite ya habitar la mañana gloriosa en que todo el Universo presencie la victoria del "Señor de señores".


2. Predicador incansable


2.1 El evangelio de hoy nos presenta el perfil encantador de Cristo en su misión de anunciar sin descanso la Buena Nueva. San Lucas nos había mostrado a Cristo, cuando la escena de la pérdida en el templo, como aquel muchacho que vive ocupado "en las cosas de su Padre". Hoy esas palabras de Jesús adolescente se vuelven palpables para nosotros, cuando nuestra humanidad, enferma y oscurecida por el pecado y la ignorancia, siente la caricia del "Dios-con-nosotros". ¡Bendito Cristo, que nos deja así sentir su amor y su palabra!

2.2 Acerquémonos, amigos, y miremos de cerca estos días y noches de Nuestro Salvador. Veamos sus ojos, cargados de compasión al encuentro con el dolor humano. Contemplemos sus manos, robustas y puras, dispuestas a sujetar al hombre que desfallece bajo el peso de su enfermedad o su pecado. Oigamos con amorosa reverencia su Palabra, que, como diluvio de amores, sabe limpiar toda maldad y sanar las dolencias internas de nuestros corazones frágiles.

2.3 ¡Cuánta dulzura trae esta imagen de Jesús, ¡cuánto nos anima y consuela verle así, tan ocupado en nuestros dolores y tan generoso en su amor y en su tiempo! Reposemos en esta dulce contemplación y dejemos que nuestra alma se acostumbre al paso saludable del hijo del Dios vivo, venido a nuestro valle.

http://fraynelson.com/homilias.html. 

sábado, 22 de julio de 2017

“¿A quién buscas?”

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios y el comentario, en este sábado en que celebramos la memoria de Santa María Magdalena.

Dios nos bendice...

Primera lectura

Lectura del libro del Cantar de los Cantares (3,1-4a):

Así dice la esposa: «En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: "¿Visteis al amor de mi alma?" Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 62,2.3-4.5-6.8-9

R/.
 Mi alma está sedienta de ti, mi Dios

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1.11-18):

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»
Jesús le dice: «¡María!»
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

Palabra del Señor

Comentario

Busco “al amor de mi alma”


El texto de la primera lectura de hoy pertenece al “Cantar más hermoso” o “El mejor Cantar”, más conocido como el Cantar de los Cantares. El amor humano, que constituye uno de los hilos conductores de toda la literatura bíblica, se convierte en esta obra en un tema monográfico. El poema muestra el amor en sus diversas facetas: la atracción, la magia del enamoramiento, la ansiedad frente a la ausencia del amado, la fantasía de la unión; lo que puede llevar a preguntarnos por qué una obra literaria de este calado pasa a formar parte de la Biblia. La respuesta es fácil de intuir. Si “Dios es amor”, ¿las palabras hermosas y verdaderas del amor, no son palabra de Dios? El amor humano, ya incluso en los profetas, aparece como un símbolo de la alianza entre Dios y su pueblo: Dios es el amado, e Israel, la amada. 

Los versículos que nos propone la liturgia en este día, constituyen una escena nocturna del segundo cantar (2,8-3,5) narrada en cuatro estrofas paralelas. Las dos primeras reflejan el anhelo por el amado, la ansiosa búsqueda en los distintos espacios, lo privado y lo público, el lecho y la calle. La búsqueda que no culmina en éxito: “lo busqué y no lo encontré”, lo que va incrementando progresivamente la ansiedad de la amada que no detiene su búsqueda ante los peligros de la noche. La tercera estrofa presenta un momento de descanso en medio de la tensión, en el que se recobra el aliento en el diálogo con los centinelas: “¿Habéis visto al amor de mi alma?”. Por último en la cuarta estrofa, por fin se produce el deseado encuentro expresado en el abrazo y en la decisión de no dejar partir al amado: “Lo abracé y no lo solté”. Luego lo mete en la casa de su madre, en la “alcoba que me concibió”, lugar vinculado a la intimidad y a la fecundidad.

A través de la expresión “el amor de mi alma”, que se va repitiendo en cada uno de los movimientos, el redactor bíblico muestra el vínculo de la amada con aquel cuya ausencia desencadena tan afanosa búsqueda. Podemos preguntarnos: ¿Es Dios para mí, el amor de mi alma? ¿Lo busco apasionadamente por los caminos de mi vida?

Ve a mis hermanos y diles

Hoy la liturgia nos presenta una mujer, María Magdalena, que busca apasionadamente al “amor de su alma”.  Acude al sepulcro el primer día de la semana, símbolo de algo nuevo que va a comenzar.  Es de madrugada y está oscuro, como su fe. Ve la tumba abierta, pero lo que ve, no le lleva a pensar que Jesús ha resucitado. Sin embargo, su desconcierto no la paraliza sino que  la pone en camino,  en dirección a la comunidad, simbolizada en Pedro y el discípulo amado, a los que expresa la zozobra vivida: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. La noticia que reciben de María Magdalena, también pone en movimiento a Pedro y el discípulo amado, pero esta vez en dirección al sepulcro. Hay señales que nos ponen en camino. 

El texto del evangelio abandona la atención  a los discípulos para poner de nuevo en primer plano a María Magdalena que ha vuelto al escenario del sepulcro. Su desconcierto ahora da paso a las lágrimas. No soporta la perdida de quien tanto ha amado. Sin embargo, su tristeza ahora tampoco la paraliza y se asoma al sepulcro, donde se encuentra con dos ángeles. Los mensajeros celestiales aparecen como una primera señal que apunta a quien se va a encontrar y que cree el hortelano, que le pregunta: “¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?” Ella no contesta a sus preguntas, sino que expresa lo que está dispuesta a hacer para recuperarlo: “Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré”. En ese momento Jesús pronuncia su nombre, y al escucharlo, se enciende en su corazón una luz que le hace caer en la cuenta de quién le habla: “¡Rabonni!”. Con el reconocimiento de Jesús Resucitado, la azarosa búsqueda da paso al ansiado encuentro, en el que el llanto da paso a la alegría, y el absurdo al sentido de la vida. 

Jesús le comunica que está en otra dimensión, y ya se va al Padre; y le hace un encargo: comunicarlo a los discípulos. María Magdalena es designada por el mismo Jesús, lo que más tarde la nombraría la Iglesia “apostola apostolorum” (apóstol de los apóstoles). Esto ha llevado a que se convierta en patrona de todos los que pertenecemos a la Orden de Predicadores.

El encuentro con Jesús nunca queda reducido al ámbito de lo personal. La alegría que genera esa experiencia se desborda y se contagia a otros, convirtiéndose en anuncio de “Buena Noticia”. ¿Qué experiencia de Jesús Resucitado vivo? ¿La transmito como Buena Noticia para la vida de otros?

ariela
Hna. Mariela Martínez Higueras O.P. 
Congregación de Santo Domingo 

miércoles, 26 de abril de 2017

El amor en los tiempos de San Juan

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la 3ª semana de Pascua.

Dios nos bendice...

Evangelio según San Juan 3,16-21. 
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios. 
Palabra de Dios

Comentario

El amor en el judaísmo tiene su polo a tierra en el amor entre el hombre y la mujer, entre el padre y los hijos, ente una persona y otro ser humano y entre un individuo y Dios. El amor erótico es tomado como una alegoría del amor espiritual y esto lleva a incluir en el canon judío el libro del Cantar de los Cantares.

 Los profetas usan el amor nupcial como metáfora del amor de Yahveh (masculino) por Israel (femenino) especialmente en Oseas, también como el amor del padre por el hijo pues Yahvéh era el padre de todo el pueblo, no de una persona en particular.

 En el judaísmo medieval se desarrolla el amor místico para enfatizar la relación con Dios como una relación de amor y no de temor. Los demás amores quedan así justificados y santificados como experiencias místicas.

En el cristianismo la historia del amor ha sido más accidentada, pues aunque comparte con el judaísmo que el amor a Dios y al prójimo es el resumen de la ley, el énfasis de muchos cristianos en la condición “caída” del ser humano, llevó a la sospecha pecaminosa de las demás expresiones de amor, excepto el amor a Dios, quien castigaba el desamor. El amor de Dios como gratuito, irrestricto y eterno terminó en buena medida condicionado al amor humano que no es tan fácilmente gratuito, irrestricto y eterno.

 El abanico del amor (en griego tienen 5 palabras distintas, en hebreo 3 mientras en español tenemos 1) termina enfrentando el amor “a las creaturas” y el amor a Dios. En el evangelio de Juan tenemos una presentación del amor tan fecunda que no excluye a ninguno. Juan utiliza la más sofisticada de las palabras griegas: ágape.

Los profetas ya se habían aventurado a reducir todas las actuaciones de Yahvéh con el pueblo como la liberación (Exodo), la ley (Torah), las instituciones (jueces, reyes y profetas) a expresiones del amor de Yahvéh por su pueblo. Ni siquiera la maldad personal o colectiva era capaz de disminuir, no digamos cancelar, dicho amor.

 En la comunidad de Qumrán, algunas de cuyas ideas parece que compartía el Bautista, la que habla de que Yahvéh ama a los hijos de la luz y “odia” a los secuaces de Belial y en consecuencia que el hombre debe amar lo que Dios ama y odiar lo que Dios odia.

Pero en el Nuevo Testamento ágape (amor) nunca tiene el sentido negativo de no-amor, de odio. En el amor de Jesús aparece su característica más singular y es que el amor mira siempre para abajo, pues le está vedado mirar para arriba. La expresión más clara es: «Si de esta manera nos amó Dios, también nosotros debemos amarnos unos a otros» (1 Jn 4:11) en donde esperaríamos que debemos amar a Dios que nos amó y la conclusión es bien diferente: que pasemos gratuitamente el amor a quien lo necesita y no a Dios que nos lo ha dado gratuitamente.

 Jesús ama a quienes lo crucifican, más aún, muere por ellos. El discípulos modelo en Juan es “el discípulo amado”. El círculo culpa, pena, juicio se rompe cuando entra el amor de Jesús en escena. Nos unimos a Dios por la fe en Pablo, Dios nos une por el amor en Juan. Para muchos, incluidos muchos cristianos, al hacerse añicos una determinada imagen del mundo y del hombre, la afirmación de un “Dios de amor” resulta increíble y difícil de aceptar.

 En vista de lo que Dios “tolera” en este y otros tiempos y de lo que los hombres dicen y hacen en su nombre, ante la crueldad, el odio, las guerras y el hambre, muchos creen no poder hablar ya más del amor de Dios y prefieren el Dios del juicio, da la condenación, de la venganza.

También en el judaísmo había literatura que hablaba de un castigo previo a la venida del Mesías — los “dolores mesiánicos” —, pero que en Jesús no se cumplen. El Bautista en su predicación si los incluye aún, como parte de su judaísmo. Ante las dificultades y crisis del amor en la pareja, en la familia, en las relaciones humanas es conveniente volver al mensaje bíblico, en donde no se encuentra el carácter pecaminoso del amor multiforme.

El Cantar de los Cantares que poco espacio ha encontrado en la liturgia o en las citas bíblicas, enaltece el amor natural como uno de los más altos dones . El erotismo y sexualidad son, con toda evidencia, factores integrales del amor. En Jesús es imposible encontrar una devaluación o desprecio de lo corporal, y por lo tanto de lo sexual, puesto que en su mensaje está superado el dualismo cuerpo-alma. No obstante, ya desde un principio, se introdujeron en la iglesia nuevas corrientes dualísticas que produjeron una devaluación del amor sexual, y que continúan ejerciendo un influjo perturbador aún en políticas públicas.

El viento que sopla cuándo y dónde quiere, que sirvió para ilustrar la función del Espíritu en el diálogo con Nicodemo, ahora tiene las características del amor en el mismo capítulo. Ya no es un diálogo sino un monólogo de Jesús, como en la última cena. La creación recibe una nueva razón más poderosa que los celos del jardín del Edén con sus prohibiciones y amenazas. Por amor Dios ha creado el mundo y lo ha entregado en el clímax del amor a Jesús, lo mejor de sí mismo para su salvación, no para juicio ni condenación. Para enseñarle lo único que no podía por sí misma descubrir ni inventar la humanidad: una forma extraña de amar, un amor sacrificial por el de abajo.

 Así como lo primero que el Creador vio como bueno fue la luz, Juan ve la oscuridad como el apego humano contrario a ese bien primero. «Vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas». La primera luz era física: el sol, las estrellas, las luminarias del cielo que bien iluminan por fuera, la segunda era interna (el amor) que ilumina a la humanidad desde dentro.

 El pecado en Juan es el desamor, la violencia contra el hermano como en Caín y Abel. Ambos judíos, ambos hijos del mismo padre, ambos cuidadores de la tierra y los animales, ambos ligados por común destino: parte integral de la creación, pues nada hizo en vano si lo hizo por amor.

Jesús completa el relato original con la dolorosa pregunta a los creyentes: ¡Abel! ¿Dónde está tu hermano Caín? Cada uno debe dar su propia respuesta, pues en el evangelio de Juan el juicio ya se ha realizado. Es un juicio personal que se realiza en lo íntimo del corazón. El que no cree se enfrenta a la oscuridad interior y a producir oscuridad para otros; el que cree ilumina su interior y es capaz de iluminar a otros.

El lenguaje ciertamente se parece al de Qunrán y los rollos del Mar Muerto, pero el mensaje es bien distinto. El renacer, nacer de lo alto, nacer de arriba en última instancia es dejar que el Espíritu sople y el amor penetre.

A la hora de recopilar el cuarto evangelio, sobre el último decenio del siglo I, el evangelista habría visto similares dificultades a las que nos enfrentamos hoy para aceptar el mensaje de Jesús. Las tinieblas interiores son preferibles porque nos dan comodidad y “buena conciencia” al excluir el amor sacrificial. En una frase tan escandalosa como profunda dice Nietzsche que Dios tiene su propio infierno: su amor por la humanidad. Así de fácil podemos confundir la luz con la oscuridad, el amor con el egoísmo y vana la vida y muerte de Jesús por amor.

Apuntes del Evangelio.

Luis Javier Palacio, S.J.
 

jueves, 26 de enero de 2017

"La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos”

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios y el comentario, en este jueves en que celebramos la Memoria de santos Timoteo y Tito, obispos, compañeros de san Pablo.

Dios nos bendice...

Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 1,1-8. 
Pablo, Apóstol de Jesucristo, por la voluntad de Dios, para anunciar la promesa de Vida que está en Cristo Jesús, saluda a Timoteo, su hijo muy querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz que proceden de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo. Doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura al igual que mis antepasados, recordándote constantemente, de día y de noche, en mis oraciones. Al acordarme de tus lágrimas, siento un gran deseo de verte, para que mi felicidad sea completa. Porque tengo presente la sinceridad de tu fe, esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice, y estoy convencido de que tú también tienes. Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos. Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad. No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. 

Salmo 96(95),1-2a.2b-3.7-8a.10. 

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre.
Día tras día, proclamen su victoria.

Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.
Aclamen al Señor, familias de los pueblos,
aclamen la gloria y el poder del Señor;

aclamen la gloria del nombre del Señor.
Digan entre las naciones: “¡El Señor reina!
el mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud”.

Evangelio según San Lucas 10,1-9. 
El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: '¡Que descienda la paz sobre esta casa!'. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: 'El Reino de Dios está cerca de ustedes'." 
Comentario

1. Un Milagro que No Acaba

1.1 Estamos acostumbrados a pensar en los milagros como puntos casi aislados dentro de una larga línea que es la vida. Esta fiesta de hoy nos invita a reflexionar en un milagro que no acaba: la transmisión misma de la fe. Si recordamos a Timoteo y a Tito es fundamentalmente por el papel notable que tuvieron como colaboradores y en cierto modo sucesores del apóstol Pablo en la presidencia y la obra de predicación de las nacientes comunidades cristianas.

1.2 En la primera lectura Pablo recuerda cómo la fe cubre ya tres generaciones: a la abuela, la mamá y a Timoteo mismo. Es maravilloso que así se extienda el don de Dios. Pero le recuerda también que él mismo debe cuidar el don recibido, particularmente ese don especial que le fue conferido por imposición de manos. Esta alusión, en su sencillez, nos permite asomarnos a otro milagro que atraviesa los siglos: la sucesión apostólica.

1.3 En nuestra Iglesia nadie se elige a sí mismo para presidir la comunidad. Tampoco es la comunidad la que elige a sus pastores, como una provincia eligiendo su gobernador. La Iglesia nace de la predicación de los apóstoles y es a través de ellos como recibe su alimento que es la Palabra. Esta Palabra conlleva autoridad y tiene poder para edificar a la misma comunidad: de ella brota todo, incluyendo la decisión de quién y cómo ha de prolongar el ministerio de edificar a la comunidad. Por eso nuestros pastores no son --o no deben ser-- el resultado de un esfuerzo de autopromoción ni tampoco el fruto de una campaña electoral. Son una expresión, entre tantas, del amor de Dios que cuida y defiende su obra.

2. Faltan Operarios

2.1 Con estas consideraciones entendemos mejor el texto del evangelio de hoy. Cristo constata que "faltan operarios" para la mies y propone como estrategia pedir al dueño de la mies que mande operarios. En buena lógica esto sólo puede significar que los operarios son un regalo, un don que el Padre, dueño de la mies, otorga a su mies.

2.2 Notemos también el vínculo que hay entre la necesidad sentida y la oración realizada. Quien no tiene hambre no pide pan. Hay que sentir la falta de operarios, sentirla en las entrañas, padecerla en lo hondo del corazón, para rogar, como es debido a Dios para que mande obreros a su mies.

2.3 Uno siente que faltan operarios cuando ve que la evangelización no alcanza. Esta es una sensación cuantitativa. Pero más importante es sentir lo cualitativo: más que un número determinado, cosa que pensaría un simple administrador, necesitamos un número apropiado: un número de operarios que se apropie con amor de la causa del Evangelio y la sienta como propia. Así lo hicieron Timoteo y Tito, que hoy rueguen por nosotros.

http://fraynelson.com/homilias.html. 

domingo, 16 de junio de 2013

Somos pecadores, pero tenemos la posibilidad de convertirnos

¡Amor y paz!

¡Cómo nos gusta juzgar! ¡Medio mundo habla del otro medio! Eso no es nada: si ya nos fijamos una idea o prejuicio acerca de tal o cual persona no la cambiamos sino que esa idea se la comunicamos a cuanta persona conocemos. Entonces, hacemos mucho daño porque no le reconocemos a ese alguien la posibilidad de transformarse. El mundo da muchas vueltas, pero no ha dado la última.

Muy distinto es Dios quien, con su infinito amor, nos hace libres, y por eso tanto podemos caer, pecar, como arrepentirnos y cambiar. Sólo él conoce el corazón del hombre. Y siempre está dispuesto a perdonarnos, a acogernos.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este XI Domingo del Tiempo Ordinario.

Dos los bendiga…

Evangelio según San Lucas 7,36-50.8, 1-3. 
Un fariseo invitó a Jesús a comer. Entró en casa del fariseo y se reclinó en el sofá para comer. En aquel pueblo había una mujer conocida como una pecadora; al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, tomó un frasco de perfume, se colocó detrás de él, a sus pies, y se puso a llorar. Sus lágrimas empezaron a regar los pies de Jesús y ella trató de secarlos con su cabello. Luego le besaba los pies y derramaba sobre ellos el perfume. Al ver esto el fariseo que lo había invitado, se dijo interiormente: «Si este hombre fuera profeta, sabría que la mujer que lo está tocando es una pecadora, conocería a la mujer y lo que vale.» Pero Jesús, tomando la palabra, le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.» Simón contestó: «Habla, Maestro.» Y Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a ambos. ¿Cuál de los dos lo querrá más?» Simón le contestó: «Pienso que aquel a quien le perdonó más.» Y Jesús le dijo: «Has juzgado bien.» Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: « ¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. Tú no me has recibido con un beso, pero ella, desde que entró, no ha dejado de cubrirme los pies de besos. Tú no me ungiste la cabeza con aceite; ella, en cambio, ha derramado perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le quedan perdonados, por el mucho amor que ha manifestado. En cambio aquel al que se le perdona poco, demuestra poco amor.» Jesús dijo después a la mujer: «Tus pecados te quedan perdonados». Y los que estaban con él a la mesa empezaron a pensar: « ¿Así que ahora pretende perdonar pecados?» Pero de nuevo Jesús se dirigió a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.» Jesús iba recorriendo ciudades y aldeas predicando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres a las que había curado de espíritus malos o de enfermedades: María, por sobrenombre Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de un administrador de Herodes, llamado Cuza; Susana, y varias otras que los atendían con sus propios recursos.
Comentario

Tenemos una gran facilidad para juzgar a las personas. Tanto si hace poco que las conocemos, como si hace mucho, tendemos a hacernos una "ficha" de las personas y a juzgarlas por siempre jamás según el criterio que de ellas nos hemos formado. Y nuestra clasificación la enseñamos a tercera persona como si del criterio definitivo se tratara. "No le hagas caso -decimos- esta persona es de derecha toda la vida"; "de la familia de Fulano uno no puede fiarse, de nadie, siempre han sido unos mentirosos", etc. Vivimos a base de eslóganes y de los mitos que creamos. De tal manera que, cuando encontramos a la persona juzgada, esperamos que actúe como nosotros la imaginamos, no según lo que ella es.

-Tenemos el vicio de juzgar

No hace falta decir que se trata de un vicio antiguo, que podemos encontrar incluso en el evangelio que hemos leído: Simón piensa en su corazón: "Si Jesús fuera profeta, sabría qué clase de mujer lo está tocando y se la sacaría de encima". Se había hecho otra idea de Jesús y por eso le molesta que éste actúe tal como es: un hombre perdonador.

-Para Jesús siempre es posible la conversión

Jesús cuando actúa lo hace siempre según los criterios de Dios, su Padre. Y sabe muy bien que para Dios no existen clasificaciones previas ni definitivas. La creación que puso en marcha hace millones de años, aún hoy continúa evolucionando, siguiendo su camino. Y el hombre -que participa activamente en esta creación- no ha llegado tampoco al final, su camino sigue abierto.
Jesús, que conoce a fondo la libertad del hombre y sabe que el camino está abierto, está convencido de aquella mujer que ha entrado en casa de Simón es capaz de avanzar, de ser más persona, de amar con un amor más grande. Sabe, en definitiva, que si es posible el pecado, también es posible la conversión.

-Estamos llamados a caminar hacia Dios

Dios nos llama a seguir el camino hasta el fin: hasta ser totalmente "lo que puedo ser" como persona. Él nos ha creado a su imagen y semejanza, de modo que cuando nos hacemos más personas, nos acercamos más al propio Dios. Y Él confía plenamente en nosotros, hasta correr el riesgo de que con nuestra libertad echemos a perder su proyecto. Por eso Jesús le pide a aquella mujer que los muchos valores que tiene (las atenciones, los besos, los perfumes...) en vez de ponerlos al servicio del pecado, los ponga al servicio del amor; que en lugar de centrar la vida en sí misma y en su placer de modo egoísta, la ponga al servicio de los demás.

Es todo lo contrario de lo que había hecho Simón, el fariseo, el cual había invitado a Jesús sin ganas de establecer con Él una comunicación sincera porque en realidad, le había impuesto condiciones: que actuase según la ficha que se había hecho de Jesús y de aquella mujer, dividiendo al mundo entre buenos y malos.

Cuando celebremos hoy la Eucaristía, oremos a Dios -que no hace distinciones entre las personas- que nos ayude a vivir según el estilo de Jesucristo, a dar respuesta a sus llamadas, a avanzar cada día más, convencidos de que los demás también avanzan, que siempre queda abierta la posibilidad de la conversión.

De este modo haremos que sea verdad que Dios es el único juez, y que nosotros, según hemos aprendido de Jesucristo, seamos hombres que ofrecemos a todos la misericordia y el perdón.

JAUME GRANE._MI-DO/77/12

domingo, 19 de mayo de 2013

¡Ven Espíritu Santo y enciende en nuestros corazones el fuego de tu amor!

¡Amor y paz!

Con la fiesta de Pentecostés llega a su término la celebración de la Pascua. Como dice el comentario al final, hoy es un día de gozo, en el que podemos confirmarnos en la fe; es un día de oración confiada y tranquila y de petición insistente para que el Espíritu Santo no pase de largo sino que descienda a renovar la tierra y a cada cristiano que vive en ella.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este domingo en que celebramos la Solemnidad de Pentecostés.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 14,15-16.23b-26.
Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y les dará otro Protector que permanecerá siempre con ustedes, Jesús le respondió: «Si alguien me ama, guardará mis palabras, y mi Padre lo amará. Entonces vendremos a él para poner nuestra morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras; pero el mensaje que escuchan no es mío, sino del Padre que me ha enviado. Les he dicho todo esto mientras estaba con ustedes. En adelante el Espíritu Santo, el Intérprete que el Padre les va a enviar en mi Nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho.
Comentario

"Ni siquiera hemos oído que exista el Espíritu Santo" (Hch/19/02).
Esta respuesta dicha con toda sencillez por un grupo de cristianos primitivos cuando se les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo, me da la sensación de que podría ser, hoy, la respuesta de multitud de cristianos no tan primitivos.

Efectivamente. Después de veinte siglos se ha dicho, y creo que con razón, que el Espíritu Santo es el gran desconocido en la Iglesia. Algunos (traduciendo de oído el latín en aquellos gloriosos tiempos en los que el "populo bárbaro" no entendía nada de lo que se rezaba en la Iglesia) lo denominaban "Espíritu y Santo"... Y, sin embargo, el Espíritu Santo es el gran artífice de la gran obra de Cristo que no es otra que la Iglesia entendida como comunidad de los hombres que, a través de los tiempos, habrían de vivir al estilo de Cristo.

Las tres lecturas (de la Misa) de hoy son sumamente expresivas al respecto. En ellas se pone de manifiesto que el Espíritu Santo significa el paso de la obscuridad a la luz, del miedo al valor, del encierro al testimonio público, del aislamiento al principio de la comunidad viva y operante. El Espíritu Santo es la unidad en la diversidad, es el don de lenguas, la posibilidad de llegar a todos con un mensaje que cada uno entiende como dirigido exclusivamente para él "en su propio idioma"; el Espíritu Santo es la profundización en el mensaje de Jesús, el momento justo en el que los apóstoles y los discípulos que lo reciben empiezan a conocer de verdad a Jesús, a interpretar sus palabras, a penetrar en su íntimo modo de ser, a ver el mundo con los ojos de Cristo y a diseñar con toda nitidez lo que debe ser la vida de un cristiano.

Aquellos primeros hombres que recibieron el Espíritu Santo cambiaron radicalmente. Un impulso nuevo había vigorizado sus convicciones y había fortalecido sus decisiones. Desde ese momento ya nada podrá frenar su iniciativa cristiana, del mismo modo que nada ni nadie había podido frenar la de aquel Maestro con el que habían convivido sin conocerlo del todo y sin poder captar (lo cual no nos extraña) la grandeza de su mensaje.

El mundo comenzó a ver, primero despectivamente y luego asombrado, la existencia de unos hombres aparentemente insignificantes, que no tenían poder ni influencia, ni dinero, ni armas; unos hombres que se limitaban a creer en lo que decían y, sobre todo, a amar a todos los hombres y a predicar en el nombre de un Señor que había muerto para que todos tuvieran vida.

Aquellos hombres no callaron ante la persecución, ni ante el halago, ni ante el dolor ni ante el martirio. No eran muchos pero la fuerza de su "espíritu" o más bien de su Espíritu era irresistible, Y de la misma manera que habían superado las dificultades del momento, superaron el tiempo y el espacio.

Aquellas primeras comunidades cristianas, en las que el Espíritu Santo vivía palpablemente, fueron incontenibles.

Cierto que en el transcurso de la Historia y en muchas ocasiones la fuerza del Espíritu ha quedado ahogado por el Código, por la forma, por la institución. La comunidad cristiana ha vivido en la tierra y de su estilo ha adquirido mucho y a veces demasiado, tan demasiado que, en ocasiones, parece como si el Espíritu hubiera desaparecido y sólo existiera una sociedad que dice buscar unos fines y utiliza unos medios que nada tienen de adecuados para conseguir aquéllos.

Pero no es menos cierto que siempre, y aún en los momentos más dolorosos de la Historia de la Iglesia, el Espíritu ha aleteado, ha estado presente avivando la fe, despertando la esperanza, vigorizando el amor, llevando a cabo su hermosa obra. Aquí y allá han surgido hombres de talla gigantesca que se han dedicado a recordar, en todo lugar y momento, que el Reino de Dios es algo que está ya entre los hombres y se realiza diariamente cada vez que un cristiano se atreve a adentrarse por los caminos del Evangelio; cada vez que un cristiano se atreve a vivir considerando a los hombres como hermanos, y cada vez que un grupo de cristianos se reúne en nombre de Cristo para intentar que la actividad de Dios penetre en la humanidad y la transforme.

Nosotros que, por la misericordia de Dios sabemos que existe el Espíritu Santo, tenemos la absoluta obligación de intentar que no pase de largo en nuestra vida sino de instarle a que se detenga y nos envuelva en su ruido, y nos empuje a confesar a Dios ante los hombres de la única forma que los hombres admiten esta confesión: viviendo como Dios, nuestro Dios, quiere que vivamos. En una palabra, viviendo como Cristo lo hizo.

Hoy es un día de gozo, un día en que podemos confirmarnos en la fe, un día de oración confiada y tranquila, de petición insistente para que el Espíritu no pase de largo sino que descienda real y verdaderamente, "renovando la faz de la tierra", porque renueve la faz de cada cristiano que sobre la misma vive.

DABAR 1983, 30

jueves, 16 de mayo de 2013

Trabajemos por unir y no por dividir más a los cristianos

¡Amor y paz!

Una de las armas del demonio es la división porque, como dice una frase famosa, atribuida a personajes como Julio César o a Nicolás Maquiavelo, ‘divide et impera’ (divide y reinarás). De tal manera, los cristianos, o los que se dicen serlo, pelean unos contra otros por tener el monopolio de la verdad. Entre tanto, el ser humano se aleja más de Dios y las fuerzas del mal lo dominan.

Ante esto, y hablando no sólo de los discípulos que tenía en su época, sino de los que vendrían en el futuro, Jesús finaliza su ‘oración sacerdotal’ rogando al Padre por todos ellos: “Que ellos también sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti”.

El beato Papa Juan Pablo II clamó por la unidad de los cristianos y dijo: “Si los cristianos, a pesar de sus divisiones, saben unirse cada vez más en oración común en torno a Cristo, crecerá en ellos la conciencia de que es menos lo que los divide que lo que los une” (Encíclica “Ut unum sint”, 22-23 (trad. copyright © Librería Editrice Vaticana.)

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este jueves de la VII Semana de Pascua.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 17,20-26.
No ruego sólo por éstos, sino también por todos aquellos que creerán en mí por su palabra. Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la Gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Así alcanzarán la perfección en la unidad, y el mundo conocerá que tú me has enviado y que yo los he amado a ellos como tú me amas a mí. Padre, ya que me los has dado, quiero que estén conmigo donde yo estoy y que contemplen la Gloria que tú ya me das, porque me amabas antes que comenzara el mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocía, y éstos a su vez han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amas esté en ellos y también yo esté en ellos.»
Comentario

He aquí las últimas palabras de la plegaria de Jesús...

-Pero no ruego sólo por éstos, sino por cuantos crean en mí por su palabra.
Así, pues Señor Jesús, Tú has rogado por mí...

En este instante, y no solamente en éste, Jesús ha vislumbrado todo el inmenso desarrollo de su obra... Veía las multitudes humanas que creerían en El... preveía la Iglesia.

Y ¿cuál era su plegaria para esta Iglesia, para los innumerables creyentes? Corazón inmenso de Jesús, corazón universal...

-Que todos sean "uno", como Tú, Padre, estás en mí y Yo en ti, para que el mundo crea que Tú me has enviado...

Esta es la última plegaria de Jesús antes de entrar en su Pasión: es la intención principal por la que ofrecerá el sacrificio de su vida... es la que lleva más en el corazón... es, por así decir, su testamento.

-Que todos sean uno...

Ser uno.

Entre muchos, no hacer más que uno.

-Como Tú estás en mí y Yo en ti..

Nada más profundo que este amor... el de Dios.

El amor de los cristianos tiene por modelo el amor mismo de Dios. Esta es la unidad por la que Jesús dio su vida.

¡Cuán lejos estamos de ella, en nuestras Iglesias, entre las Iglesias, en nuestras comunidades, entre nuestras comunidades, en nuestros grupos y nuestras clases sociales, y entre nuestros grupos y nuestras clases sociales!

-Para que el mundo crea...

Es la unidad, es el amor el que es misionero y el que conduce a la Fe. Es la unidad la que evangeliza. Ved como se aman, debería poder decirse de todos los que tienen fe, de tal manera que esta fe llegara a ser atrayente.

¡Haz que seamos "uno", Señor! Esto supone muchas renuncias a nuestras suficiencias, nuestros orgullos, nuestros egoísmos.

En mi vida tal como es, con las personas, tal como son, ¿qué sacrificio estoy dispuesto a hacer, con Jesús, para que esta plegaria suya se realice?

-Así conocerá el mundo que tú me enviaste y que los amaste como me amaste a mí. El mundo no te ha conocido, oh Padre; pero Yo te conocí, les di a conocer tu nombre y se lo haré conocer todavía.

Palabras inolvidables. Participación misteriosa. Comunicación, por parte de Jesús de todo lo que de mejor tiene.

-Para que el amor con que tú me has amado, esté en ellos y Yo en ellos...
Con estas palabras se extingue la plegaria de Jesús, por lo menos en el relato de san Juan. Podemos pensar que Jesús mantuvo pensamientos semejantes durante las últimas horas de su vida humana. Podemos pensar que continúa en el cielo, esta intercesión.

Es la gran cumbre del evangelio, es la gran "buena nueva": el amor mismo de Dios, el amor trinitario, con el que el Padre ama al Hijo, el amor absoluto e infinito de Dios, participado a los creyentes. Lo que está trabajando en el corazón de la humanidad es esto: Ia relación de amor perfecto que une a las personas divinas.

Noel Quesson
Palabra de Dios para cada día 1
Evang. de Adviento a Pentecostés
Edit. Claret/Barcelona 1984.Pág. 256 s.