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miércoles, 7 de febrero de 2018

Jesús nos advierte sobre todo aquello que nos hace impuros

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios y el comentario, en este miércoles de la 5ª Semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice...

Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (10,1-10):

En aquellos días, la reina de Sabá oyó la fama de Salomón y fue a desafiarle con enigmas. Llegó a Jerusalén con una gran caravana de camellos cargados de perfumes y oro en gran cantidad y piedras preciosas. Entró en el palacio de Salomón y le propuso todo lo que pensaba. Salomón resolvió todas sus consultas; no hubo una cuestión tan oscura que el rey no pudiera resolver.
Cuando la reina de Sabá vio la sabiduría de Salomón, la casa que había construido, los manjares de su mesa, toda la corte sentada a la mesa, los camareros con sus uniformes sirviendo, las bebidas, los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó asombrada y dijo al rey: «¡Es verdad lo que me contaron en mi país de ti y tu sabiduría! Yo no quería creerlo; pero ahora que he venido y lo veo con mis propios ojos, resulta que no me habían dicho ni la mitad. En sabiduría y riquezas superas todo lo que yo había oído. ¡Dichosa tu gente, dichosos los cortesanos que están siempre en tu presencia, aprendiendo de tu sabiduría! ¡Bendito sea el Señor, tu Dios, que, por el amor eterno que tiene a Israel, ¡te ha elegido para colocarte en el trono de Israel y te ha nombrado rey para que gobiernes con justicia!»
La reina regaló al rey cuatro mil quilos de oro, gran cantidad de perfumes y piedras preciosas; nunca llegaron tantos perfumes como los que la reina de Saba regaló al rey Salomón.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 36,5-6.30-31.39-40

R/.
 La boca del justo expone la sabiduría

Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho, como el mediodía. R/.

La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho:
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan. R/.

El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva,
porque se acogen a él. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,14-23):

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: «¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.»
Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió: «Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Palabra del Señor

Comentario

1. El esplendor de Salomón en su reinado

1.1 La primera lectura de hoy podría pasar por simple anécdota del reinado de Salomón. Uno se pregunta qué se puede aprender de la visita de la reina de Sabá. Tal vez más de lo que se piensa en un principio.

1.2 El esplendor de Salomón en su reinado es una imagen de lo que todos hemos querido ver alguna vez: un gobernante que une el poder con la sabiduría, y la justicia con la vida de piedad. Un hombre que sabe de orar y de pensar; que es prudente y a la vez resuelto; que vive bien y que hace posible y amable la vida de su pueblo. ¿No es eso lo que anhela nuestro corazón? La sensación es: el Reino de Dios ha llegado a la tierra.

1.3 Y, sin embargo, de ese pináculo de esplendor veremos derrumbarse a Salomón y a su reino. Y ello también tendrá que enseñarnos algo. Salomón se enamoró de esa gloria y de esa sensación de haber logrado la paz con todos. Para conservar esa paz política se llenó de esposas traídas de todas partes, pues en esas culturas las únicas alianzas con probabilidades de durar son las de parentesco. Es lo que encontraremos en la lectura de mañana. El resumen es que Salomón ya no conservó a Dios en el primer lugar de su alma y que a la pérdida de la religión le siguió la pérdida de la unidad política. En último término se dividió el reino y Salomón fue víctima de su propio éxito, un éxito demasiado de este mundo.

2. ¿Qué mancha al hombre?

2.1 Cuando uno mira con los ojos del corazón el jardín que Dios hizo para el hombre se pregunta de dónde pudo venir el desorden. Y cuando uno mira el mundo en que estamos, con todos sus recursos naturales, con todas sus maravillas y bellezas, con toda su diversidad y la ciencia que hemos construido como raza humana igualmente se pregunta de dónde viene el desorden; por qué el mundo no es como podría ser.

2.2 Jesús nos invita a volver los ojos sobre el propio corazón. El problema no está afuera, ni siquiera en las incitaciones de los hombres perversos. El problema nace de adentro; toda la maldad que veamos en el mundo fue primero aprobada por algún corazón humano.

2.3 Es allí entonces donde debe nacer la conversión; es allí donde debe celebrarse la alianza; es allí donde Dios puede encontrar su nuevo jardín, y el hombre un nuevo y mejor paraíso.

http://fraynelson.com/homilias.html. 

domingo, 30 de julio de 2017

Sólo se es grande por la sabiduría que viene de Dios

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este XVII Domingo del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice...

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 3, 5. 7-12

En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo:
- «Pídeme lo que quieras.»
Respondió Salomón:
- «Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?»
Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo:
- «Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti.»

Salmo

Sal 118, 57 y 72. 76-7'7. 127-128. 129-136

 R. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

Mi porción es el Señor;
he resuelto guardar tus palabras.
Más estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y plata. R.

Que tu bondad me consuele,
según la promesa hecha a tu siervo;
cuando me alcance tu compasión, viviré,
y mis delicias serán tu voluntad. R.

Yo amo tus mandatos
más que el oro purísimo;
por eso aprecio tus decretos
y detesto el camino de la mentira. R.

Tus preceptos son admirables,
por eso los guarda mi alma;
la explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes. R.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Hermanos:
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio.
A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos.
A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó, a los que justificó, los, glorificó.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
- «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos le contestaron:
- «Sí.»
Él les dijo:
«Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»

Comentario 


Iª Lectura: 1Reyes (3, 5.7-12): Sólo se es grande por la sabiduría

I.1. Dicen los especialistas que este c. 3 de 1º de los Reyes es un texto auténticamente "deuteronomista" que refleja el pensamiento y la teología de esa escuela que habría de encargarse de redactar y poner los fundamentos "espirituales" de la historia pura y dura -y a veces perversa-, del pueblo de Israel, de sus reyes y magistrados. Una escuela llena de sabiduría y de carisma profético. Esta oración de Salomón en Gabaón, como un sueño, bien puede ser el modelo teológico de la "reforma" que buscó dicha escuela que se amparaba en el libro del Deuteronomio.

I.2. La petición del Salomón del v. 9 es verdaderamente estimulante: "un corazón que escuche" (leb shomea), como escuchan los sabios a Dios, para hacer justicia al pueblo. Recién elegido rey de Judá e Israel, los deuteronomistas han sabido plasmar en la figura de Salomón lo que entonces necesitaba el pueblo y el reino. Después de las guerras y batallas de David, era necesaria un "etapa de sabiduría" para atender al pueblo mismo, a los pequeños, a los huérfanos y a las viudas. Porque un verdadero rey tiene su poder en esta sabiduría, que muchos reyes y magistrados han despreciado.

I.3. Un corazón que escuche, es decir, sabio, para poder discernir entre lo malo y lo bueno. El sabio, sin duda, es como el profeta que está abierto a la voz de Dios y a su voluntad. No es profeta el que anuncia el futuro como un adivino que echa las cartas, sino quien sabe escuchar la voz o los silencios de Dios para entregarlo todo después a los hombres. La escuela de la sabiduría es, como muy bien lo expresa nuestro texto, un "corazón escuchante", que quiere aprender a impartir justicia y a conceder lo necesario a los que han sido desposeídos de casi todo.

IIª Lectura: Romanos (8,28-30): El designio de salvación divino para el hombre nuevo

II.1. El texto de la "predestinación", como se conoce esta pequeña perícopa del c. 8 de la carta a los Romanos se presta a muchas lecturas y de hecho así ha sucedido a lo largo de la interpretación de esta carta paulina. Es un texto que parece estar imbuido de un carácter bautismal para comentar el sentido de la elección que Dios hace de aquellos que le aman. Quiere decir que probablemente se comentaba algo así a los bautizados que habían optado por ser cristianos, es decir, semejantes al Hijo, a Cristo.

II.2. Pero ¿verdaderamente estamos predestinados unos y otros a la salvación o a la condenación? No olvidemos que en el texto se está hablando única y exclusivamente del "designio"(próthesis) de Dios; pero Dios no tiene para la humanidad más que un proyecto de salvación que ha revelado en su Hijo Jesucristo. Porque Cristo no ha venido a otra cosa que a salvar a los hombres. En el mismo texto esto se expresa magistralmente en el sentido de que nos ha predestinado a "ser semejantes a la imagen de su Hijo", que no es otra cosa que la "glorificación" (edóxasen). Esto significa que Dios tiene sobre toda la humanidad el designio de lo que ha realizado ya en su Hijo: la resurrección, la vida nueva, que se expresa mediante ese término de la "glorificación".
II.3. El uso de la forma verbal(proôrisein) indica que se trata del inalterable plan de salvación trazado por Dios en favor de sus criaturas, gracias a la encarnación, muerte y resurrección de Jesús nuestro Salvador. El destino o la suerte de cada uno o de los nuestros (el fatum para los romanos; para los griegos están los vocablos moira y eimarmene) no es lo que está contemplado aquí directamente, aunque no podemos olvidar que, para construir este hermoso capítulo, Pablo ha debido estar en esa sintonía inculturada. Pero lo que nuestro texto expresa es el plan salvador de Dios, en el que no quedan las cosas al azar, ni siquiera a un libre albedrío barato. Lo que se quiere afirmar rotundamente es que Dios tiene un designio de glorificación del que nadie podría apartarlo («nadie podrá apartarnos del amor de Dios», dirá al final Rom 8,39).

Evangelio: Mateo (13,44-52): El tesoro de la sabiduría del Reino

III.1. El texto evangélico de hoy es el final del c.13 de Mateo, el capítulo de las parábolas por antonomasia, en que una y otra vez se compara el "Reino de los cielos" con las cosas de este mundo, de la tierra, del campo, de la cizaña. En este caso, nos hemos de fijar en el tesoro del campo y la perla (vv. 44-46). Son como dos parábolas en una, aunque pudieran ser independientes en su momento. Las dos parábolas, tras una introducción idéntica, narran el descubrimiento de algo tan valioso que los protagonistas (un hombre cualquiera y un comerciante) no dudan ni un instante en vender todo lo que tienen para adquirirlo; lo hallado es tan extraordinario que están dispuestos a desprenderse de cuanto poseen con tal de apropiárselo. No todos los días tiene uno la suerte de descubrir un tesoro o una perla de inmenso valor. Cualquier hombre sería feliz con un descubrimiento semejante. Por eso, haría todo lo posible por obtenerlo, aunque para ello tuviera que pagar un alto precio. En las dos parábolas, los bienes que poseen los protagonistas del relato, pocos o muchos, son suficientes para que con su totalidad puedan adquirir lo que han encontrado. En ambos casos, el acento recae sobre el descubrimiento y sobre la decisión que toman los dos protagonistas.

III.2. Efectivamente, la decisión que toman parece desproporcionada o, al menos, arriesgada. Pero hemos de considerar que tienen una seguridad en esa decisión que les lleva hasta ese destino. ¿Es sabiduría o coraje (parresía)? Las dos cosas. Los elementos secundarios de las narraciones -si entendemos que son dos-, no dejan de tener sentido, aunque ya sabemos que en la interpretación de las parábolas no debemos exagerar o alegorizar cada una de las cosas que aparecen. Bien es verdad que en la primera hay un elemento sorpresa, porque es como el hombre que está en el campo, muy probablemente contratado, y encuentra el tesoro por casualidad. En el caso del mercader que recorre los bazares, sin duda, que siempre espera encontrar algo extraordinario y por eso porfía.

III.3. Como en los dos casos la comparación es con el “reino de los cielos” (bien en el caso del tesoro, bien en el caso del mercader) entonces el sentido no puede ser otro que este: cuando uno encuentra el Reino de Dios, bien porque ha tenido la suerte inesperada de encontrarse un tesoro o bien porque lo iba buscando habiendo oído hablar de él, entonces todo está en poner en marcha la sabiduría y el coraje de que uno es capaz, los cinco sentidos, arriesgarlo todo, entregar todo lo que uno tiene, por ello.

III.4. ¿Es que el reino de Dios es un tesoro? Naturalmente que sí. Porque es el acontecimiento de un tiempo nuevo de gracia y salvación, de felicidad y amor que Jesús ha predicado y que ha convertido en causa de su vida y de su entrega. Por eso lo importante de estas dos parábolas es la decisión que toman ambos protagonistas y más todavía la alegría de esta decisión en el caso de tesoro en el campo (extraña que el mercader de perlas no tenga esta reacción primera, aunque sea la misma decisión). No he encontrado mejor conclusión que esta: «El Reino aparece, así, como un don al alcance de todos, de los afortunados y de los inquietos, de los que sin buscarlo se lo encuentran por casualidad y de los que lo descubren al final de una búsqueda. Para responder adecuadamente a ese don, aceptándolo y haciéndolo suyo, el ser humano ha de estar convencido de que el Reino es lo más valioso que se le puede ofrecer y, en consecuencia, ha de estar dispuesto a anteponerlo a cualquier otro bien» (cf. F. Camacho Acosta, Las parábolas del tesoro y la perla, Isidorianum, 2002).

Fray Miguel de Burgos Núñez
Lector y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura 

martes, 17 de diciembre de 2013

Nuestro pasado puede ser sombrío, pero Jesús llega para salvarnos

¡Amor y paz!

La fiesta de Navidad está ya muy próxima. Para que nos preparemos de un modo más inmediato a ella la Iglesia la hace preceder de una "octava": ocho días que paso a paso nos conducirán al 25 de diciembre.

La preparación comienza por la primera página del evangelio según San Mateo. Tabla de los orígenes de Jesucristo, Hijo de David, Hijo de Abraham...El texto griego literalmente, debería traducirse: "Libro de la genealogía de Jesucristo...”

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio en la Feria de Adviento: semana antes de la Navidad.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 1,1-17. 
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón; Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia. Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones. 
Comentario

Iniciamos estas ferias privilegiadas con esta parte tan importante, que nos llena de esperanza. Se nos habla de los antepasados de Jesús; y no se cierran los ojos ante los pecadores, ante los extranjeros, ante una prostituta y un asesino que se encuentran entre ellos. Todos están ahí abriendo el camino al Señor. Todos son un signo de la misericordia divina, pues Él no vino a condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. Al paso del tiempo nosotros volvemos nuestra mirada hacia Cristo y decimos: Y Cristo me engendró a mí; de Él nació la Iglesia, de Él hemos nacido nosotros como hijos de Dios. Y el Señor no nos niega como suyos, por muy pecadores que seamos. 

Pero el que seamos, en Cristo, hijos de Dios, no nos dispensa de la obligación que tenemos de manifestarnos precisamente como hijos de Dios, pecadores ciertamente, pero en una continua conversión, para que el Reino de Dios llegue a nosotros cada día con mayor fuerza y con mayor claridad. Somos tan frágiles y tan inclinados al pecado. Por eso acudamos a Dios; hagámoslo con la dignidad de hijos en el Hijo. Pidámosle que la salvación que el Señor nos ha ofrecido se haga realidad en nosotros, de tal forma que en adelante ya no vivamos como hijos del pecado, sino como hijos de Dios.

El Señor nos reúne, recibiéndonos con gran amor como Padre nuestro, lleno de ternura por sus hijos. Venimos de un pasado tal vez cargado de muchos puntos negros. Pero hoy el Señor quiere darnos la oportunidad de rehacer nuestra vida, de tal forma que en adelante no nos manifestemos como malvados y delincuentes, sino como hijos de Dios, llenos de amor, de perdón y de ternura, como Él se ha manifestado así para con nosotros. Hoy entramos, nuevamente, en comunión de vida con Él. Él quiere hacernos participar de su ser divino para que en adelante ya no vivamos para nosotros mismos, para nuestros caprichos e inclinaciones pecaminosas, sino para Aquel que por nosotros murió y resucitó.

En Cristo nos hacemos personas de esperanza. En Cristo volvemos la mirada hacia el futuro; en Cristo comenzamos a caminar hacia la plena realización del Reino de Dios entre nosotros; Reino que iremos conquistando, no con nuestras débiles fuerzas, sino con la Fuerza que nos viene de lo alto, y que el Señor nos ha concedido al hacernos participar de su misma Vida y de su Espíritu Santo que, a la par de santificarnos, guía nuestros pasos por el camino del bien. Por eso en esta Eucaristía hemos de abrir nuestra vida al Don que Dios nos ofrece.

La Iglesia va creciendo día a día, abriéndose paso en medio de un mundo cargado de miserias, de fragilidades, de pecados y de signos de muerte. Y Dios llama a la humanidad entera para que se una a Él por medio de la Esposa de su Hijo, que es su Iglesia. Todos hemos de llegar a ser del mismo Linaje Divino al que hemos sido convocados. Todos y cada uno de los que pertenecemos a la Iglesia no podemos vivir discriminando a los demás, pues el Señor no nos envió a condenar, sino a buscar y a salvar todo lo que se había perdido.

Todos, totalmente todos, estamos llamados a la santidad. Y esa santidad no podemos verla sólo con tintes de culto y piedad. La santidad de Dios en nosotros nos pone en camino de servicio en el amor fraterno, en la justicia, en el trabajo por la paz. Ser de Cristo, ser criaturas nuevas en Él, esa es la vocación que hemos recibido cuando fuimos llamados a la fe. Por eso esforcémonos denodadamente, con la gracia de Cristo, en trabajar para que el mal desaparezca de entre nosotros y no vuelva a dominarnos. Si somos hijos de Dios, manifestémoslo a través de una vida recta y de pasar haciendo continuamente el bien a todos.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de sabernos hijos de Dios, llamados a participar de su Gloria en la eternidad; enviados para vivir comprometidos en el anuncio del Evangelio de la Gracia, y en el testimonio de una vida que nazca del Espíritu de Dios, que habita en nosotros y nos hace ser hijos de Dios en Cristo Jesús. Amén.

Homiliacatolica.com

miércoles, 20 de febrero de 2013

¿Qué estamos esperando para cambiar?

¡Amor y paz!

En el evangelio de hoy, Jesús invita a sus lectores y oyentes a «convertirse» y a "hacer penitencia". Les pone como ejemplo la ciudad pagana de Nínive, que se convirtió al escuchar la predicación de Jonás. El libro de Jonás es una "parábola", un género literario que vemos usado frecuentemente por Jesús: se narra una historia ficticia para ilustrar una lección.

Te invito, hermano, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la 1ª. Semana del tiempo de Cuaresma.

Dios te bendiga...

Evangelio según San Lucas 11,29-32.
Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: "Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón. El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás. 
Comentario

A veces me pregunto: ¿Qué estamos esperando para ser santos? ¿Qué señal estoy buscando para arrepentirme y cambiar mi vida? Jesús ya me ha dado no solo la muestra de su amor y su poder muriendo y resucitando por mí, sino ue incluso ha enviado el poder del Espíritu Santo para que tenga vida y la tenga en abundancia.

Recuerdo que me decía mi director espiritual: “Si Dios le hubiera concedido la mitad de las gracias que me ha dado a mí a cualquiera de mis hermanos sacerdotes, ellos ya serían santos y yo no he podido salir de mi mediocridad”.

No esperemos más… no pidamos una señal para empezar a cambiar nuestra vida (la salud de un familiar, encontrar trabajo, la solución de un problema específico, etc.). La única señal que Dios nos ha dado y nos dará es la resurrección de Cristo y la presencia activa del Espíritu en nuestro corazón. 

Tengamos el coraje de tomar la decisión de ser santos viviendo de acuerdo a la Palabra de Dios.

Que el Señor sea luz y lámpara para tu camino.
Como María, todo por Jesús y para Jesús

Pbro. Ernesto María Caro