sábado, 27 de julio de 2019

"Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega"


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este sábado de la XVI Semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice...

Lectio Divina: Mateo 13,24-30
Lectio
Sábado, 27 Julio , 2019
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Muéstrate propicio con tus hijos, Señor, y multiplica sobre ellos dones de tu gracia, para que, encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveren fielmente en el cumplimiento de tu ley. Por nuestro Señor.
2) Lectura del Evangelio
Del Evangelio según Mateo 13,24-30
Otra parábola les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: `Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?' Él les contestó: `Algún enemigo ha hecho esto.' Dícenle los siervos: `¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?' Díceles: `No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero.'»
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos presenta la parábola del trigo y la cizaña. Tanto en la sociedad como en las comunidades y en nuestra vida personal y familiar, todo está mezclado: cualidades buenas e incoherencias, límites y fallos. En nuestras comunidades se reúnen personas de diversos orígenes, cada una con su historia, con su vivencia, con su opinión, con sus anhelos, con sus diferencias. Hay personas que no saben convivir con las diferencias. Quieren ser juez de los demás. Piensan que sólo ellas están en lo cierto, y que los demás se equivocan. Hoy, la parábola del trigo y la cizaña ayuda a no caer en la tentación de querer excluir de la comunidad a los que no piensan como nosotros.
• El telón de fondo de la parábola del trigo y la cizaña. Durante siglos, por causa de la observancia de las leyes de pureza, los judíos habían vivido separados de las demás naciones. Este aislamiento marcó su vida. Y hasta después de haberse convertido, algunos seguían estas mismas observancias que los separaban de los demás. Ellos querían la pureza total. Cualquier señal de impureza debía de ser extirpado en nombre de Dios. “No puede haber tolerancia con el pecado”, así decían. Pero otros como Pablo pensaban que la Nueva Ley de Dios traída por Jesús estaba pidiendo ¡el contrario! Ellos decían: "¡No puede haber tolerancia con el pecado, pero hay que ser tolerantes con el pecador!"
• Mateo 13,24-26: La situación: el trigo y la cizaña crecen juntos. La palabra de Dios que hace nacer la comunidad es la buena semilla, pero dentro de las comunidades aparecen siempre cosas que son contrarias a la palabra de Dios. ¿De dónde vienen? Era ésta la discusión, el misterio que llevó a conservar y recordar la parábola del trigo y de la cizaña.
• Mateo 13,27-28a: El origen de la mezcla que hay en la vida. Los empleados preguntan al dueño: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?” El dueño respondió: Un enemigo lo hizo. ¿Quién es este enemigo? El enemigo, el adversario, satanás o diablo (Mt 13,39), es aquel que divide, que desvía. La tendencia de división existe dentro de la comunidad y existe en cada uno de nosotros. El deseo de dominar, de aprovecharse de la comunidad para subir y tantos otros deseos interesados, dividen, son del enemigo que duerme en cada uno de nosotros.
• Mateo 13,28b-30: La reacción diferente ante la ambigüedad. Ante la mezcla entre bien y mal, los siervos querrían arrancar la cizaña. Pensaban: "Si dejamos a todo el mundo dentro de la comunidad, ¡perdemos nuestra razón de ser! ¡Perdemos nuestra identidad!" Querían expulsar a los que pensaban de forma diferente. Pero no era ésta la decisión del Dueño de la tierra. El dice: "¡Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega!" Lo que va a decidir, no es lo que cada uno habla y dice, sino que cada uno vive y hace. Es por el fruto producido que Dios nos juzgará (Mt 12,33). La fuerza y el dinamismo del Reino se manifiestan en la comunidad. Aún siendo pequeña y llena de contradicciones, la comunidad es una señal del Reino. Pero no es dueña ni señora del Reino, no puede considerarse totalmente justa. La parábola del trigo y de la cizaña explica la manera en que la fuerza del Reino actúa en la historia. Es preciso hacer una opción clara por la justicia del Reino y, al mismo tiempo, junto con la lucha por la justicia, tener paciencia y aprender a convivir y a dialogar con las contradicciones y con las diferencias. En el momento de la siega, se hará la separación.
• La enseñanza en parábolas. La parábola es un instrumento pedagógico que usa la vida cotidiana para mostrar que la vida nos habla de Dios. La realidad se vuelve transparente y hace que la gente tenga una mirada contemplativa. Una parábola apunta hacia las cosas de la vida y, por esto mismo, es una enseñaza abierta, pues de las cosas de la vida todo el mundo tiene experiencia. La enseñanza en parábolas hace que la persona parta de la experiencia que tiene: semilla, sal, luz, oveja, pajarillo, flor, mujer, niño, red, pez, etc. Así, la vida cotidiana se vuelve transparente, reveladora de la presencia y de la acción de Dios. Jesús no solía explicar las parábolas. Dejaba que el sentido de la parábola quedara abierto y no lo determinaba. Señal de que creía en la capacidad que la gente tenía de descubrir el sentido de la parábola desde su experiencia de vida. De vez en cuando la petición de los discípulos, explicaba el sentido (Mt 13,10.36). Por ejemplo, como hace con la parábola del trigo y la cizaña (Mt 13,36-43).
4) Para la reflexión personal
• ¿Cómo se manifiesta en nuestra comunidad la mezcla del trigo y de la cizaña? ¿Qué consecuencias trae para nuestra vida?
• Mirando en el espejo de la parábola, ¿a quién me parezco más: a los siervos que quieren arrancar la cizaña antes de tiempo, o al dueño que manda esperar hasta la siega?
5) Oración final
Mi ser languidece anhelando
los atrios del Señor;
mi mente y mi cuerpo se alegran
por el Dios vivo. (Sal 84,3)
Orden de los Carmelitas

viernes, 26 de julio de 2019

«¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!» 


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este viernes en que celebramos la memoria de los santos Joaquín y Ana, padres de la Bienaventurada Virgen María.

Dios nos bendice...
Lecturas de hoy San Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María
Hoy, viernes, 26 de julio de 2019
Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiástico (44,1.10-15): 
Hagamos el elogio de los hombres de bien, de la serie de nuestros antepasados. Fueron hombres de bien, su esperanza no se acabó; sus bienes perduran en su descendencia, su heredad pasó de hijos a nietos. Sus hijos siguen fieles a la alianza, y también sus nietos, gracias a ellos. Su recuerdo dura por siempre, su caridad no se olvidará. Sepultados sus cuerpos en paz, vive su fama por generaciones; el pueblo cuenta su sabiduría, la asamblea pregona su alabanza. 
Palabra de Dios
Salmo
Sal 131
R/. El Señor Dios le ha dado el trono de David, su padre
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.» R/.

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Esta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.» R/.

«Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.» R/.

Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,16-17):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.» 
Palabra del Señor
Comentario
Todos nos hemos puesto más de una vez ante textos de la Escritura que no logramos entender. La asistencia del Espíritu se hace en esos momentos especialmente necesaria: el magisterio de la Iglesia, la sabiduría de los santos, la palabra de los teólogos y sobre todo de quienes viven llenos del Espíritu del Señor se convierten para nosotros en una ayuda imprescindible.
Pero también hay casos, como el de hoy, en que el mismo texto incluye suficientes pistas o aclaraciones. De modo más evidente que otros días, hoy es Jesús en persona quien no deja sombra de duda y desgrana él mismo la parábola del sembrador que se nos proclamaba el pasado miércoles. Prolongando la mejor tradición de la Iglesia, hoy es un buen día para que nos preguntemos con qué disposiciones recibimos la Palabra del Señor: ¿ponemos medios suficientes para entenderla?, ¿nos hemos preocupado de dotar de raíces a nuestra vida de fe?, ¿no estaremos permitiendo que los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahoguen la acción de la Palabra en nosotros?...
Hoy se nos concede una buena oportunidad, sobre todo si disponemos del sosiego suficiente para respondernos a la luz del Espíritu.
No nos engañemos; siempre podemos dejar que la Gracia actúe con más fuerza en nosotros. Si nos parece que estamos suficientemente abiertos al Espíritu, dudemos de nosotros mismos; no nos limitemos a escuchar a aquellos que nos alaban o tranquilizan; busquemos la ayuda y el contraste de quienes nos invitan a remar más adentro.
La Escritura nos previene: el Señor no se manifiesta sobre todo en lo espectacular. Al contrario. La asamblea del sínodo de los obispos de 2013, centrada en la nueva evangelización para el anuncio de la fe, llegó a hablar de Cristo como “el señor de nuestra vida cotidiana” y nos insta a cultivar momentos de contemplación insertados en nuestro acontecer más ordinario.
Los santos de hoy, discretos pero importantísimos (tanto que a través de ellos vino al mundo María, la madre del Señor), pueden ayudarnos en este camino de acogida de la Palabra.
Amigos Joaquín y Ana, enseñadnos a hacer nuestra la Palabra del Señor. Educadnos, como a María, en la docilidad y en la respuesta generosa a su voluntad. Pedid al Señor que nos infunda la sabiduría de sus pobres.
Pedro Martínez
Ciudad Redonda