lunes, 29 de abril de 2019

«En verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios»


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este lunes de la 2a semana de Pascua, Ciclo C.

Dios nos bendice...

Lectio Divina: Juan 3,1-8
Lectio
Lunes, 29 Abril , 2019
Tiempo de Pascua 
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, a quien confiadamente podemos llamar ya Padre nuestro, haz crecer en nuestros corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que merezcamos gozar, un día, de la herencia que nos has prometido. Por nuestro Señor Jesucristo.
2) Lectura 
Del Evangelio según Juan 3,1-8
Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste a Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar los signos que tú realizas si Dios no está con él.» Jesús le respondió:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios.» Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?» Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo:
El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.» 
3) Reflexión 
• El evangelio de hoy nos trae una parte de la conversación de Jesús con Nicodemo. Nicodemo aparece varias veces en el evangelio de Juan (Jn 3,1-13; 7,50-52; 19,39). Era una persona que tenía una cierta posición social. Tenía lideranza entre los judíos y formaba parte del supremo tribunal llamado Sinedrio. En el evangelio de Juan, él representa al grupo de los judíos que eran piadosos y sinceros, pero que no llegaban a entender todo lo que Jesús hacía y hablaba. Nicodemo había oído hablar de señales, de las cosas maravillosas que Jesús hacía y quedó impresionado. El quiere conversar con Jesús para poder entender mejor. Era una persona cultivada que pensaba entender las cosas de Dios. Esperaba al Mesías con un librito de la ley en la mano para verificar si lo nuevo anunciado por Jesús estaba de acuerdo. Jesús hace percibir a Nicodemo que la única manera que alguien tiene para poder entender las cosas de Dios es ¡nacer de nuevo! Hoy acontece lo mismo. Algunos son como Nicodemo: aceptan como nuevo sólo aquello que está de acuerdo con sus propias ideas. Aquello con lo que uno no está de acuerdo se rechaza como contrario a la tradición. Otros se dejan sorprender por los hechos y no tienen miedo a decir: "¡Nací de nuevo!"
• Juan 3,1: Un hombre, llamado Nicodemo. Poco antes del encuentro de Jesús con Nicodemo, el evangelista hablaba de la fe imperfecta de ciertas personas que se interesan sólo en los milagros de Jesús (Jn 2,23-25). Nicodemo era una de estas personas. Tenía buena voluntad pero su fe era aún imperfecta. La conversación con Jesús le va a ayudar a percibir que debe dar un paso más para poder profundizar en su fe en Jesús y en Dios.
• Juan 3,2: 1ª pregunta de Nicodemo: tensión entre lo viejo y lo nuevo. Nicodemo era un fariseo, persona conocida entre los judíos y con un buen raciocinio. Se fue a encontrar a Jesús de noche y le dice: "Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar los signos que tú realizas si Dios no está con él." Nicodemo opina sobre Jesús desde los argumentos que él, Nicodemo, lleva dentro de sí. Esto es un paso importante, pero no basta para conocer a Jesús. Las señales que Jesús hace pueden despertar a la persona e interesarle. Pueden engendrar curiosidad, pero no engendran la entrega, en la fe. No hacen ver el Reino de Dios presente en Jesús. Por esto es necesario dar un paso más. ¿Cuál es este paso?
• Juan 3,3: Respuesta de Jesús: "Tienes que nacer de nuevo!" Para que Nicodemo pueda percibir el Reino presente en Jesús, el tendrá que percibir el Reino presente en Jesús, tendrá que nacer de nuevo, de lo alto. Aquel que trata de comprender a Jesús sólo a partir de sus propios argumentos, no consigue entenderlo. Jesús es más grande. Si Nicodemo se queda sólo con el catecismo del pasado en la mano, no va a poder entender a Jesús. Tendrá que abrir del todo su mano. Tendrá que dejar de lado sus propias certezas y seguridades y entregarse totalmente. Tendrá que escoger entre, de un lado, guardar la seguridad que le viene de la religión organizada con sus leyes y tradiciones y, de otro, lanzarse a la aventura del Espíritu que Jesús le propone.
• Juan 3,4: 2ª pregunta de Nicodemo: ¿Cómo es posible nacer de nuevo? Nicodemo no quiere dar su brazo a torcer y pregunta con una cierta ironía: "¿Cómo una persona puede nacer de nuevo siendo vieja? Podrá entrar una segunda vez en el vientre de su madre y nacer?" Nicodemo se tomó las palabras de Jesús al pie de la letra y, por esto, no entendió nada. El hubiera tenido que percibir que las palabras de Jesús tenían un sentido simbólico.
• Juan 3,5-8: Respuesta de Jesús: Nacer de lo alto, nacer del espíritu. Jesús explica lo que quiere decir nacer de lo alto, o nacer de nuevo. y "nacer del agua y del Espíritu". Aquí tenemos una alusión muy clara al bautismo. A través de la conversación de Jesús con Nicodemo, el evangelista nos convida a hacer una revisión de nuestro bautismo. Relata las siguientes palabras de Jesús: "Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu". Carne significa aquello que nace sólo de nuestras ideas. Lo que nace de nosotros tiene nuestra medida. Nacer del Espíritu ¡es otra cosa! El Espíritu es como el viento. "El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»
El viento tiene, dentro de sí, un rumbo, una dirección. Percibimos la dirección del viento, por ejemplo, el viento del Norte o el viento del Sur, pero no conocemos ni controlamos la causa a partir de la cual el viento se mueve en esta u otra dirección. Así es el Espíritu. "Nadie es señor del Espíritu" (Ecl 8,8). Lo que más caracteriza al viento, al Espíritu, es la libertad. El viento, el espíritu, es libre, no puede ser controlado. El actúa sobre los otros y nadie consigue actuar sobre él. Su origen es el misterio, su destino es el misterio. El barquero tiene que describir, en primer lugar, el rumbo del viento. Después tiene que colocar las velas según ese rumbo. Es lo que Nicodemo y todos nosotros debemos hacer.
• Una llave para entender mejor las palabras de Jesús sobre el Espíritu Santo. La lengua hebraica usa la misma palabra para decir viento y espíritu. Como ya dicho, el viento tiene, dentro de sí, un rumbo, una dirección: viento del Norte, viento del Sur. El Espíritu de Dios tiene un rumbo, un proyecto, que ya se manifestaba en la creación bajo la forma de una paloma que aleteaba sobre el caos (Gn 1,2). Año tras año, él renueva la faz de la tierra y coloca en movimiento la naturaleza a través de la secuencia de las estaciones (Sl 104,30; 147,18). Este mismo Espíritu está presente en la historia. Hace secar el Mar Rojo (Ex 14,21) hace pasar las codornices y las deja caer sobre el campamento (Nm 11,31). Está con Moisés y, a partir de él, se distribuye entre los líderes de la gente (Núm 11,24-25). Estaba en los líderes y los llevaba a realizar acciones libertadoras: Otoniel (Jz 3,10), Gedeón (Jue 6,34), Jefté (Jue 11,29), Sansón (Jue 13,25; 14,6.19; 15,14), Saúl (1Sm 11,6), y Débora, la profetisa (Jz 4,4). Estuve presente no grupo dos profetas e agia neles con fuerza contagiosa (1Sm 10,5-6.10). Su acción en los profeta produce envidia en los demás, pero Moisés reacciona: "¡Ojalá que Dios comunicara su Espíritu a todo el pueblo y profetizara!" (Núm 11,29).
• A lo largo de los siglos, creció la esperanza de que el Espíritu de Dios orientara al Mesías en la realización del proyecto de Dios (Is 11,1-9) y bajara sobre todo el pueblo de Dios (Ez 36,27; 39,29; Is 32,15; 44,3). La gran promesa del Espíritu se manifiesta de muchas formas en los profetas del exilio: la visión de los huesos secos, resucitados por la fuerza del Espíritu de Dios (Ez 37,1-14); la efusión del Espíritu de Dios sobre todo el pueblo (Jl 3,1-5); la visión del Mesías-Siervo que será ungido por el Espíritu para establecer el derecho en la tierra y anunciar la Buena Nueva a los pobres (Is 42,1; 44,1-3; 61,1-3). Ellos vislumbran un futuro, en que la gente, cada vez de nuevo, renace por la efusión del Espíritu (Ez 36,26-27; Sl 51,12; cf Is 32,15-20).
• El evangelio de Juan usa muchas imágenes y símbolos para significar la acción del Espíritu. Como en la creación (Gén 1,1), así el Espíritu desciende sobre Jesús "como una paloma, venida del cielo” (Jn 1,32). ¡Es el comienzo de la nueva creación! Jesús habla las palabras de Dios y nos comunica al Espíritu sin medida (Jn 3,34). Sus palabras son Espíritu y vida (Jn 6,63). Cuando Jesús se despide, dice que enviará a otro consolador, a otro defensor, para que quede con nosotros. Es el Espíritu Santo (Jn 14,16-17). A través de su pasión, muerte y resurrección, Jesús conquistó el don del Espíritu para nosotros. A través del bautismo todos nosotros recibimos este mismo Espíritu de Jesús (Jn 1,33). Cuando apareció a los apóstoles, sopló sobre ellos y dijo: "¡Recibid al Espíritu Santo!" (Jn 20,22). El Espíritu es como el agua que brota desde el interior de las personas que creen en Jesús (Jo 7,37-39; 4,14). El primer efecto de la acción del Espíritu en nosotros es la reconciliación: " A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.” (Jn 20,23). El Espíritu se nos da para que podamos recordar y entender el significado pleno de las palabras de Jesús (Jn 14,26; 16,12-13). Animados por el Espíritu de Jesús, podemos adorar a Dios en cualquier lugar (Jn 4,23-24). Aquí se realiza la libertad del Espíritu del que nos habla San Pablo: "Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad" (2Cor 3,17). 
4) Para la reflexión personal
• ¿Cómo acostumbras reaccionar ante las novedades que se presentan? ¿Cómo Nicodemo que acepta la sorpresa de Dios?
• ¿Jesús compara la acción del Espíritu Santo con el viento (Jn 3,8). ¿Que nos revela esta comparación sobre la acción del Espíritu de Dios en mi vida? ¿Has pasado por alguna experiencia que te dio la sensación de nacer de nuevo? 
5) Oración final
Bendeciré en todo tiempo al Señor,
sin cesar en mi boca su alabanza;
En el Señor se gloría mi ser,
¡que lo oigan los humildes y se alegren! (Sal 34,2-3)
Orden de los Carmelitas

domingo, 28 de abril de 2019

«Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído»


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este 2o Domingo de Pascua, Ciclo C.

Dios nos bendice...

Lectio Divina: 2º Domingo de Pascua (C)
Lectio
Domingo, 28 Abril , 2019
La misión de los discípulos y
el testimonio del apóstol Tomás
Juan 20,19-31
1. Oración inicial
¡Oh Padre!, que en el día del Señor reúnes a todo tu pueblo para celebrar a Áquel que es el Primero y el Último, el Viviente que ha vencido la muerte; danos la fuerza de tu Espíritu, para que, rotos los vínculos del mal, abandonados nuestros miedos y nuestras indecisiones, te rindamos el libre servicio de nuestra obediencia y de nuestro amor, para reinar con Cristo en la gloria
2. LECTIO
a) Clave de lectura:
Estamos en el así llamado “libro de la resurrección” donde se narran, sin una continuidad lógica, diversos episodios que se refieren a Cristo Resucitado y los hechos que lo prueban. Estos hechos están colocados, en el IV Evangelio, en la mañana (20,1-18) y en la tarde del primer día después del sábado y ochos días después, en el mismo lugar y día de la semana. Nos encontramos de frente al acontecimiento más importante en la historia de la Humanidad, un acontecimiento que nos interpela personalmente. “Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra predicación, y vana es también nuestra fe.. y vosotros estáis aún en vuestros pecados” (1Cor 15,14.17) dice el apóstol Pablo, que no había conocido a Jesús antes de la Resurrección, pero que lo predicaba con toda su vida, lleno de celo. Jesús es el enviado del Padre. Él también nos envía. La disponibilidad de “andar” proviene de la profundidad de la fe que tenemos en el Resucitado. ¿Estamos preparado para aceptar Su “mandato” y a dar la vida por su Reino? Este pasaje no se refiere sólo a la fe de aquéllos que no han visto (testimonio de Tomás), sino también a la misión confiada por Cristo a la Iglesia.
b) Una posible división del texto para facilitar la lectura:
Juan 20,19-20: aparición a los apóstoles y muestra de las llagas
Juan 20,21-23: don del Espíritu para la misión
Juan 20,24-26: aparición particular para Tomás ocho días después
Juan 20,27-29: diálogo con Tomás
Juan 20,30-31: finalidad del evangelio según Juan
c) El texto:
19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» 20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.21 Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros.
Como el Padre me envió, también yo os envío.» 22 Dicho esto, sopló y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» 25 Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.» 26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» 27Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» 28 Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.» 29 Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»
30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otros muchos signos que no están escritos en este libro. 31 Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.
3. Un momento de silencio
para conseguir depositar la Palabra en nuestro corazón
4. MEDITATIO
a) Algunas preguntas para ayudar a la meditación:
¿Quién o qué cosa ha suscitado mi interés y maravilla en la lectura que he hecho? ¿Es posible que haya algunos que se profesen cristianos, pero que no crean en la Resurrección de Jesús? ¿Tan importante es creer? ¿Qué cambia si sólo nos quedásemos con su enseñanza y su testimonio de vida? ¿Qué significado tiene para mí el don del Espíritu para la misión? ¿Cómo continúa, después de la Resurrección, la misión de Jesús en el mundo? ¿Cuál es el contenido del anuncio misionero? ¿Qué valor tiene para mí el testimonio de Tomás? ¿Cuáles son , si las tengo, las dudas de mi fe? ¿Cómo las afronto y progreso? ¿Sé expresar las razones de mi fe?
b) Comentario:
Al atardecer de aquel día, el primero de la semana: los discípulos están viviendo un día extraordinario. El día siguiente al sábado, en el momento en el que viene escrito el IV evangelio, es ya para la comunidad “ el día del Señor” (Ap 1-10), Dies Domini (domingo) y tiene más importancia que la tradición del sábado para los Judíos.
Mientras estaban cerradas las puertas: una anotación para indicar que el cuerpo de Cristo Resucitado, aún siendo reconocible, no está sujeto a las leyes ordinarias de la vida humana.
Paz a vosotros: no es un deseo, sino la paz que había prometido cuando estaban afligidos por su partida (Jn 14,27; 2Tes 3,16; Rom 5,3), la paz mesiánica, el cumplimiento de las promesas de Dios, la liberación de todo miedo, la victoria sobre el pecado y sobre la muerte, la reconciliación con Dios, fruto de su pasión, don gratuito de Dios. Se repite por tres veces en este pasaje, como también la introducción (20,19) se repite más adelante (20,26) de modo idéntico.
Les mostró las manos y el costado: Jesús refuerza las pruebas evidentes y tangibles de que es Él el que ha sido crucificado. Sólo Juan recuerda especialmente la herida del costado producida por la lanza de un soldado romano, mientras Lucas tiene en cuenta las heridas de los pies (Lc 24-39). Al mostrar las heridas quiere hacer evidente que la paz que Él da, viene de la cruz (2Tim 2,1-13). Forman parte de su identidad de Resucitado (Ap 5,6)
Los discípulos se alegraron de ver al Señor: Es el mismo gozo que expresa el profeta Isaías al describir el banquete divino (Is 25,8-9), el gozo escatológico, que había preanunciado en los discursos de despedida, gozo que ninguno jamás podrá arrebatar (Jn 16,22; 20,27). Cfr. También Lc 24,39-40; Mt 28,8; Lc 24,41.
Como el Padre me envió, también yo os envío: Jesús es el primer misionero, el “apóstol y sumo sacerdote de la fe que profesamos” (Ap 3,1). Después de la experiencia de la cruz y de la resurrección se actualiza la oración de Jesús al Padre (Jn 13,20; 17,18; 21,15,17). No se trata de una nueva misión, sino de la misma misión de Jesús que se extiende a todos los que son sus discípulos, unidos a Él como el sarmiento a la vid (15,9), como también a su Iglesia (Mt 28,18-20; Mc 16,15-18; Lc 24,47-49). El Hijo eterno de Dios ha sido enviado para que “el mundo se salve por medio de Él” (Jn 3,17) y toda su existencia terrena, de plena identificación con la voluntad salvífica del Padre, es una constante manifestación de aquella voluntad divina de que todos se salven. Este proyecto histórico lo deja en consigna y herencia a toda la Iglesia y de modo particular, dentro de ella, a los ministros ordenados.
Sopló sobre ellos: el gesto recuerda el soplo de Dios que da la vida al hombre (Gn 2,7); no se encuentra otro en el Nuevo Testamento. Señala el principio de una creación nueva.
Recibid el Espíritu Santo: después que Jesús ha sido glorificado viene dado el Espíritu Santo (Jn 7,39). Aquí se trata de la transmisión del Espíritu para una misión particular, mientras Pentecostés (Act 2) es la bajada del Espíritu Santo sobre todo el pueblo de Dios.
A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos: el poder de perdonar o no perdonar (remitir) los pecados se encuentra también en Mateo de forma más jurídica (Mt 16,19; 18,18). Es Dios quien tiene el poder de perdonar los pecados, según los escribas y Fariseos (Mc 2,7), como según la tradición (Is 43,25). Jesús tiene este poder (Lc 5,24) y lo transmite a su Iglesia. Conviene no proyectar sobre este texto, en la meditación, el desarrollo teológico de la tradición eclesial y las controversias teológicas que siguieron. En el IV evangelio la expresión se puede considerar de un modo amplio. Se indica el poder de perdonar los pecados en la Iglesia como comunidad de salvación, de la que están especialmente dotados aquellos que participan por sucesión y misión del carisma apostólico. En este poder general está también incluso el poder de perdonar los pecados después del bautismo, lo que nosotros llamamos “sacramento de la reconciliación” expresado de diversas formas en el curso de la historia de la Iglesia.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo: Tomás es uno de los protagonistas del IV evangelio, se pone en evidencia su carácter dudoso y fácil al desánimo (11,16; 14,5). “Uno de los doce” es ya una frase hecha (6,71), porque en realidad eran once. “Dídimo” quiere decir Mellizo, nosotros podremos ser “mellizos” con él por la dificultad de creer en Jesús, Hijo de Dios muerto y resucitado.
¡Hemos visto al Señor! Ya antes Andrés, Juan y Felipe, habiendo encontrado al mesías, corrieron para anunciarlo a los otros (Jn 1,41-45). Ahora es el anuncio oficial por parte de los testigos oculares (Jn 20,18).
Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré: Tomás no consigue creer a través de los testigos oculares. Quiere hacer su experiencia. El evangelio es consciente de la dificultad de cualquiera para creer en la Resurrección (Lc24, 34-40; Mc 16,11; 1Cor 15,5-8), especialmente aquéllos que no han visto al Señor. Tomás es su (nuestro ) intérprete. Él está dispuesto a creer, pero quiere resolver personalmente toda duda, por temor a errar. Jesús no ve en Tomás a un escéptico indiferente, sino a un hombre en busca de la verdad y lo satisface plenamente. Es por tanto la ocasión para lanzar una apreciación a hacia los futuros creyentes (versículo 29).
Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente: Jesús repite las palabras de Tomás, entra en diálogo con él, entiende sus dudas y quiere ayudarlo. Jesús sabe que Tomás lo ama y le tiene compasión, porque todavía no goza de la paz que viene de la fe. Lo ayuda a progresar en la fe. Para profundizar más en la meditación, se pueden confrontar los lugares paralelos: 1Jn 1-2; Sal 78,38; 103,13-14; Rom 5,20; 1Tim 1,14-16.
¡Señor mío y Dios mío!: Es la profesión de fe en el Resucitado y en su divinidad como  está proclamado también al comienzo del evangelio de Juan (1,1) En el Antiguo Testamento “Señor” y “Dios” corresponden respectivamente a”Jahvé” y a “Elohim” (Sal 35,23-24; Ap 4,11). Es la profesión de fe pascual en la divinidad de Jesús más explicita y directa. En el ambiente judaico adquiría todavía más valor, en cuanto que se aplicaban a Jesús textos que se refieren a Dios. Jesús no corrige las palabras de Tomás, como corrigió aquéllas de los judíos que lo acusaban de querer hacerse “igual a Dios” (Jn 5,18ss), aprobando así el reconocimiento de su divinidad.
Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído: Jesús nunca soporta a los que están a la búsqueda de signos y prodigios para creer (Jn 4,48) y parece reprochar a Tomás. Encontramos  aquí un pasaje hacia una fe más auténtica, un “camino de perfección” hacia una fe a la que se debe llegar también sin las pretensiones de Tomás, la fe aceptada como don y acto de confianza. Como la fe ejemplar de nuestros padres (Ap 11) y como la de María (Lc 1,45). A nosotros, que estamos a más de dos mil años de distancia de la venida de Jesús, se nos dice que, aunque no lo hayamos visto, lo podemos amar y creyendo en Él podemos exultar de “un gozo indecible y glorioso” (1Pt 1,8).
Estos [signos] han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre: El IV evangelio, como los otros, no tiene la finalidad de escribir la vida completa de Jesús, sino sólo demostrar que Jesús era el Cristo, el Mesías esperado, el Liberador y que era Hijo de Dios. Creyendo en Él tenemos la vida eterna. Si Jesús no es Dios, ¡vana es nuestra fe!
5. ORATIO
Salmo 118 (117)
¡Aleluya!
¡Dad gracias a Yahvé, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
¡Diga la casa de Israel:
es eterno su amor!
¡Diga la casa de Aarón:
es eterno su amor!
¡Digan los que están por Yahvé:
es eterno su amor!
¡Cómo me empujaban para tirarme!,
pero Yahvé vino en mi ayuda.
Mi fuerza y mi canto es Yahvé,
él fue mi salvación.
Clamor de júbilo y victoria
se oye en las tiendas de los justos.
La piedra que desecharon los albañiles
se ha convertido en la piedra angular;
esto ha sido obra de Yahvé,
nos ha parecido un milagro.
¡Éste es el día que hizo Yahvé,
exultemos y gocémonos en él!
¡Yahvé, danos la salvación!
¡Danos el éxito, Yahvé!
6. CONTEMPLATIO
Oración final
Te doy gracias Jesús, mi Señor y mi Dios, que me has amado y llamado, hecho digno de ser tu discípulo, que me has dado el Espíritu, el mandato de anunciar y testimoniar tu resurrección, la misericordia del Padre, la salvación y el perdón para todos los hombres y todas las mujeres del mundo. Verdaderamente eres Tú el camino, la verdad y la vida, aurora sin ocaso, sol de justicia y de paz. Haz que permanezca en tu amor, ligado como sarmiento a la vid, dame tu paz, de modo que pueda superar mis debilidades, afrontar mis dudas, responder a tu llamada y vivir plenamente la misión que me has confiado, alabándote para siempre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Orden de los Carmelitas