miércoles, 13 de julio de 2016

«Has revelado estas cosas a la gente sencilla»

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la 15ª. Semana del tiempo ordinario.

Dios nos bendice...

Evangelio según San Mateo 11,25-27. 
Jesús dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar."
Comentario

a) Las personas sencillas, las de corazón humilde, son las que saben entender los signos de la cercanía de Dios. Lo afirma Jesús, por una parte, dolorido, y por otra, lleno de alegría.

Cuántas veces aparece en la Biblia esta convicción. A Dios no lo descubren los sabios y los poderosos, porque están demasiado llenos de sí mismos. Sino los débiles, los que tienen un corazón sin demasiadas complicaciones.

Entre «estas cosas» que no entienden los sabios está, sobre todo, quién es Jesús y quién es el Padre. Pero la presencia de Jesús en nuestra historia sólo la alcanzan a conocer los sencillos, aquellos a los que Dios se lo revela.

b) En el evangelio podemos constatar continuamente este hecho. Cuando nació Jesús en Belén, le acogieron María y José, sus padres, una humilde pareja de jóvenes judíos; los pastores, los magos de tierras lejanas y los ancianos Simeón y Ana. Los «sabios y entendidos», las autoridades civiles y religiosas, no lo recibieron.

A lo largo de su vida se repite la escena. La gente del pueblo alaba a Dios, porque comprenden que Jesús sólo puede hacer lo que hace si viene de Dios. Mientras que los letrados y los fariseos buscan mil excusas para no creer.

La pregunta vale para nosotros: ¿somos humildes, sencillos, conscientes de que necesitamos la salvación de Dios? ¿o, más bien, retorcidos y pagados de nosotros mismos, «sabios y entendidos», que no necesitamos preguntar porque lo sabemos todo, que no necesitamos pedir, porque lo tenemos todo? 

Cuántas veces la gente sencilla ha llegado a comprender con serenidad gozosa los planes de Dios y los aceptan en su vida, mientras que nosotros podemos perdernos en teologías y razonamientos. La oración de los sencillos es más entrañable y, seguramente, llega más al corazón de Dios que nuestros discursos eruditos de especialistas.

Nos convendría a todos tener unos ojos de niño, un corazón más humilde, unos caminos menos retorcidos, en nuestro trato con las personas y, sobre todo, con Dios. Y saberles agradecer, a Dios y los demás, tantos dones como nos hacen. Siguiendo el estilo de Jesús y el de María, su Madre, que alabó a Dios porque había puesto los ojos en la humildad de su sierva.

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 149-152
 




martes, 12 de julio de 2016

"¡Ay de ti!”

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la 15ª semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Mateo 11,20-24. 
Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido. "¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza. Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría. Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú". 
Comentario

Este texto está construido teniendo en cuenta los oráculos y lamentaciones de los grandes profetas contra las ciudades pecadoras y resumen el juicio del Mesías sobre el pueblo que no ha aceptado su mensaje de conversión al Reino de Dios. Convertirse significa dejar de practicar la injusticia y comenzar una vida justa. La conversión debe cambiar la calidad de las relaciones humanas; pero nada ha cambiado en esas ciudades porque no han aceptado el mensaje del Reino. 

Los versículos que conforman este texto se corresponden entre sí: a) reproche y amenaza a las ciudades galileas (vv. 21a y 23a); b) si estas obras se hubieran realizado en ciudades paganas, éstas habrían reconocido la mano de Dios (vv. 21b y 23b); c) por eso el día del juicio serán tratadas con más misericordia (vv. 22 y 24).

Los prodigios de Jesús son signos que anuncian la llegada del Reino. La respuesta del hombre debe ser la conversión y la fe. Tiro y Sidón, las dos grandes ciudades fenicias Sodoma y Gomorra, son el ejemplo típico de ciudades paganas y pecadoras. Pero si estas ciudades hubieran sido testigos de las obras de Dios se habrían convertido con saco y ceniza (eran símbolos de arrepentimiento). 

En cambio, aquellas ciudades galileas son maldecidas por Jesús porque han encarnado la prepotencia de la estructura de poder, elevándose hasta el cielo y presumiendo de su sabiduría, que les impide reconocer a Jesús como la verdadera sabiduría a través de sus obras. Por eso el "juicio" escatológico-histórico de Jesús sobre las ciudades es figura y signo del juicio escatológico sobre los "ciudadanos" que hayan asumido la mentalidad de la estructura social, generando la desigualdad y la muerte.

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)