jueves, 6 de febrero de 2014

Hoy como ayer, apóstoles suscitan rechazo e incredulidad

¡Amor y paz!

Esta es la primera vez que los discípulos van a encontrarse solos, sin Jesús... lejos de Él. Es el "tiempo de la Iglesia" que empieza con un período de prácticas.

Durante los cinco primeros capítulos de su relato, Marcos nos ha presentado, con una insistencia evidente, a "Jesús con sus discípulos"... frente a la muchedumbre... frente a los adversarios. En el momento de su vocación (Mc 3, 13-14), Marcos había dicho: "Jesús estableció a doce para estar con Él y para enviarlos..." Es el movimiento del corazón: diástole, sístole... la sangre viene al corazón y de allí es enviada al organismo... Es el mismo movimiento del apostolado: vivir con Cristo, ir al mundo a llevarle este Cristo... intimidad con Dios, presencia en el mundo...

Los invito, hermanos, a leer y meditar re evangelio y el comentario, en este jueves de la IV Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Marcos 6,7-13. 
Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.
Comentario

-Los envía de dos en dos...

Esto es muy moderno y avanzado. En la Iglesia no se trabaja solo sino en equipo. Es voluntad explícita de Jesús. Me interrogo sobre mis actitudes a partir de aquí. El individualismo tiene formas sutiles, temibles: no suele gustarnos mucho que los hermanos controlen nuestros propios comportamientos apostólicos u otros... Y ¿sin embargo?

-Dándoles poder sobre los espíritus impuros...

Partieron, y predicaron que se arrepintiesen.

Y echaron muchos demonios, y ungían a muchos enfermos con óleo y los curaban.

Hacen exactamente lo que hemos visto hacer a Jesús en estos cinco capítulos. Hoy discutimos mucho sobre el "poder de los ministros" en la Iglesia. Marcos los resume en tres palabras:

--el carisma de la "palabra" que proclama la necesidad de un cambio de vida.
--el carisma de "echar los demonios", potencia de acción contra el mal.
--el carisma de "curar a los enfermos", mejorar la vida humana.

El evangelio tiene algo de virulento, de activo. Marcos utiliza las imágenes y los esquemas mentales de sus contemporáneos que veían a Satanás presente en todas partes. Ciertamente se debe hacer una purificación de las imágenes para que nuestros contemporáneos nos comprendan... pero queda claro que la misión tiene un carácter dramático: el misionero, el enviado de Jesús no es un agente publicitario de un producto que se venderá bien si es bueno... sino ¡una persona que va al combate contra los adversarios, contra las fuerzas del mal! 

El enviado de Jesús debe instaurar un mundo más justo y mas fraternal, debe mejorar la vida humana -convertir, sacar el mal, sanar-: ¡tales son los signos del Reino de Dios! Y yo, en mi vida, ¿dónde estoy?

-Y les encargó que no tomasen para el camino nada más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero en el cinturón... y que se calzasen con sandalias y no llevasen túnica de recambio...

Dondequiera que entréis en una casa quedaos en ella, hasta que salgáis de aquel lugar..." Lo que Jesús quiere son tropas ligeras, sin bagajes embarazosos, siempre dispuestos a partir donde sea... caminantes, gentes disponibles, desprendidos. "Lo hemos dejado todo para seguirte: casa, hermanos, hermanas, madre, padre, niños, campos..." (Mc 10, 29-30).

-Y si una localidad no os recibe ni os escucha, partid.

Como Jesús, se encontrarán ante el rechazo, ante la incredulidad.
La misión de la Iglesia es cosa difícil: Jesús les ha advertido; está previsto.

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 1
EVANG. DE ADVIENTO A PENTECOSTÉS
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 304 s.

miércoles, 5 de febrero de 2014

¿Qué me lleva a encontrarme con Cristo?

¡Amor y paz!

¿Qué significa Jesús en nuestra vida? ¿Hemos respondido suficientemente a aquel requerimiento del Señor: Para ustedes quién soy yo? Porque podría suceder que sólo buscáramos a Jesús como a un taumaturgo, o como a un resuélvelo todo cuando tenemos algún problema. Para los paisanos de Jesús, Él no pasó de ser el hijo del carpintero y el hermano de los parientes que vivían en su tierra.

Cuando uno bloquea así la fe en Jesús para no obligarse totalmente con su Evangelio, tal vez le busquemos cuando haya necesidad de hacerlo porque se nos complicó la vida, pero jamás lo buscaremos para comprometernos con Él, para entrar en comunión de Vida con Él y para convertirnos en testigos suyos no sólo mediante nuestras palabras, sino mediante una vida recta en todos los aspectos. Por eso tratemos de dar respuesta a esta pregunta: ¿Qué me lleva a encontrarme con Cristo?

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la IV Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Marcos 6,1-6. 
Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente. 
Comentario

Cada vez nos encontramos con Cristo en la Eucaristía. El Señor nos convoca en la forma como lo haya querido; y nosotros hemos escuchado su voz, y nos ponemos ante Él para renovar nuestro compromiso de comunión de vida entre Él y nosotros. Tal vez muchas veces hemos puesto nuestra confianza en las cosas pasajeras o en nuestras propias fuerzas para darle sentido a nuestra vida, para superar aquellas esclavitudes al mal que nos oprimen. Pero, al final, hemos quedado tirados en el mismo lugar. Cuando nos presentamos ante el Señor de todo con un corazón humilde y le pedimos que nos perdone y que sea misericordioso con nosotros Él nos perdona y nos vuelve a recibir como a hijos suyos. Este momento realiza precisamente este encuentro entre Dios y nosotros; y es la manifestación del amor que Él nos ha tenido siempre, a pesar de nuestras traiciones a su amor. Dejémonos amar por Dios y dejemos que Él haga su morada definitiva en nosotros para poder, en adelante, caminar como hijos suyos.

Sin embargo este compromiso, que ha de ser vivido hasta sus últimas consecuencias, no quedará exento de múltiples tentaciones que quisieran que diésemos marcha atrás en él. No sólo nos podrán asaltar las dudas, no sólo estará al acecho el desánimo; también las personas que nos conocen, nuestros familiares y amigos querrán que dejemos este camino que, con la gracia de Dios, hemos iniciado. No faltará quien, conociendo nuestro pasado, tal vez un poco, o un demasiado oscuro, se burle de nosotros, nos critique y trate de desanimar a los demás para que no vayan al Señor por medio nuestro.

Sin embargo no actuamos a nombre propio; es Cristo quien, amándonos, nos eligió y nos envió para que, en su Nombre, llevemos a cabo su obra de salvación en el mundo. Por eso debemos afianzarnos, cimentarnos fuertemente en Cristo, de tal forma que aunque las grandes aguas choquen en contra nuestra, jamás puedan derrumbar nuestra fe en el Señor. Dios nos quiere testigos suyos ante gobernadores y reyes, ante ricos y pobres, ante familiares, amigos y desconocidos, ante justos y pecadores, puesto que hasta los mismos ángeles nos contemplan. Por eso jamás demos marcha atrás en la fidelidad a la Misión que el Señor nos ha confiado, sabiendo que nuestra recompensa no es la aprobación ni el aplauso humanos, sino sólo Dios que nos ama y nos encamina hacia su Gloria eterna.

Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos conceda la gracia de vivirle fieles en todo aquello que nos ha confiado. Sólo así podremos algún día alegrarnos eternamente en el Señor, ahí donde ya no habrán persecuciones, ni dolor, ni muerte, sino gozo y paz en Aquel que siempre nos ha amado. Amén.