sábado, 19 de mayo de 2012

«Si piden algo al Padre en mi nombre se los dará»

¡Amor y paz!

 Hoy, en la lectura evangélica, de los discursos de despedida en su última cena, Jesús nos dice que pidamos seguros de que vamos a recibir. Que pidamos al Padre en su nombre, es decir, por mediación suya. Recordemos que el Señor ha dicho que es el Camino, la Verdad y la Vida y que nadie va al Padre sino por Él (Jn 14:6).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio  y el comentario, en este sábado de la VI Semana de Pascua.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 16,23b-28.
Aquél día no me harán más preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre. Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta. Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre. Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes, ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios. Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre". 
Comentario

Al final de nuestras plegarias decimos: «Por Nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo» y no «Por el Espíritu Santo». Esta práctica de la Iglesia universal tiene su explicación. Se debe al misterio según el cual el hombre Jesucristo es el mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2,5) sacerdote eterno según el orden de Melquisedec, él que con su propia sangre ha entrado en el Santuario, no en aquel que es imagen del verdadero, sino en el cielo donde está sentado a la derecha del Dios e intercede por nosotros (Heb 6,20; 9,24).

El apóstol dice, refiriéndose al sacerdocio de Cristo: «Así pues, ofrezcamos a Dios sin cesar por medio de él un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que bendicen su nombre» (Heb 13,15). Por él ofrecemos el sacrificio de alabanza y de oración, porque gracias a su muerte fuimos reconciliados cuando aún éramos enemigos (Rm 5,10). Ha querido ofrecerse como víctima por nosotros. Por esto, desde entonces, nuestra ofrenda puede ser agradable a Dios. Por esto, San Pedro nos advierte con las siguientes palabras: «También vosotros, como piedras vivas, vais construyendo un templo espiritual, dedicado a un sacerdocio santo, para ofrecer, por medio de Jesucristo, sacrificios espirituales agradables a Dios» (1P 2,5). Por esto decimos a Dios Padre: «Por Jesucristo, tu Hijo, Nuestro Señor.»  

San Fulgencio de Ruspe (467-532) obispo
Carta 14, 36
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viernes, 18 de mayo de 2012

“Tendrán una alegría que nadie les podrá quitar”


¡Amor y paz!

El pasaje del evangelio que leeremos hoy, tomado, como venimos haciéndolo, de los discursos de despedida de Jesús durante la última cena celebrada con sus discípulos, nos pone ante una alternativa: la tristeza y el gozo, las penas y la felicidad. Si perseveramos, al final tendremos una alegría que nadie nos podrá quitar.

Los invito, hermanos, a leer el Evangelio y el comentario,  en este viernes de la VI Semana de Pascua.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 16,20-23a.
Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo. También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquél día no me harán más preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre.
Comentario

La alegría de Dios es algo duradera, no es temporal ni esporádica… no se parece, de hecho, a la que el mundo y sus pasatiempos pueden producir. La razón es que esta alegría es interior pues es producida directamente por el Espíritu Santo. Por eso Jesús dice: “que nadie podrá quitaremos esta alegría”.

Puede ser que pasemos por situaciones difíciles y apremiantes; sin embargo, la alegría interior se convierte en un río interno que pacifica, conforta y da armonía a toda nuestra vida, haciéndonos capaces de afrontar y resolver cualquier problema o dificultad, por difícil o grave que éste sea. 

Esta alegría y paz es tal que por eso dice Jesús también: “Ese día no me preguntarán nada”. 

Y es que cuando el corazón está lleno de Dios, ¿qué cosa puede ser importante para el hombre sino Dios mismo? ¿Qué pregunta podría surgir de este corazón…? Ninguna, Dios lo es todo, Dios lo llena todo, Dios lo ilumina todo. Pidamos al Espíritu: “Ven Espíritu de alegría y de paz y llena todo nuestro ser, toda nuestra vida y haznos experimentar el poder y el amor del Dios que Salva.

Que la resurrección de Cristo, llene de amor tu corazón.

Como María, todo por Jesús y para Jesús

Pbro. Ernesto María Caro