jueves, 11 de noviembre de 2010

El Reino de Dios está en medio de nosotros

¡Amor y paz!

El mensaje de las palabras de Jesús es muy profundo: el Reino de Dios es reino de amor, de corazones, de sentimientos, de fe, de fidelidad, de entrega; y todo esto no se da a toque de campana o con cohetes que lo anuncian sino con una intimidad abierta a la acción del Espíritu, de la verdad, del bien (Dominicos, 2003).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Jueves de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 17,20-25.

Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: "El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: 'Está aquí' o 'Está allí'. Porque el Reino de Dios está entre ustedes". Jesús dijo después a sus discípulos: "Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán. Les dirán: 'Está aquí' o 'Está allí', pero no corran a buscarlo. Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día. Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación. 

Comentario

La cuestión sobre el final de los tiempos muchas veces está motivada por la curiosidad y, por ello, se busca encontrar una respuesta a ella en grandes prodigios y señales extraordinarias que lo manifiesten.

Jesús nos pone alerta frente a esa curiosidad que, en lugar de ayudarnos a descubrir a Dios y a su Reino, nos impide descubrir las verdaderas señales del paso de Dios por nuestra existencia. El presente de salvación que ofrece la misericordia de Dios no puede residir en señales sensibles, sino que sólo puede ser descubierto desde la fe en Jesús.

Gracias a la fe, el Reino de Dios está a nuestro alcance, en medio de nosotros, y debemos tener la capacidad y apertura necesarias para descubrirlo en todos los ámbitos en vez de correr de un lugar a otro en que se anuncia su realización. En el Jesús rechazado y maltratado por sus contemporáneos debemos descubrir la presencia de Dios en la historia y en la vida de los hombres.

Este descubrimiento del presente, sin embargo, no se agota en este momento y nos remite también a la expectativa sobre la venida gloriosa del Reino. Pero ella tampoco se concilia con el anuncio de señales acontecidas aquí y allí. Preparados por una actitud de recepción del Reino aprendida en el presente de la vida cristiana, habremos de descubrir la clara venida del Hijo del Hombre que llevará aquel presente a su realización plena.

El Reino exige, por tanto, conciliar en cada momento de la vida la atención al presente y la tensión al futuro. Sólo desde esta conciliación podremos realizar nuestra vida conforme al querer divino.

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Misericordia, fe y agradecimiento: claves cristianas

¡Amor y paz!

“Ponerle el corazón a la miseria”, eso es la misericordia. Es sentir compasión por la necesidad y el dolor ajenos. Es practicar el amor.

Y la misericordia viene de Dios. La encarnación de Jesús es un acto magnánimo de la misericordia divina. Dios se compadece del pecador y así lo hace Jesús siempre, como hoy con los diez leprosos samaritanos.

¿Recuerdas ahora mismo otros episodios de la vida de Cristo en los que Él haya sido misericordioso? Y luego… ¿Recuerdas ocasiones en las que tú mismo has sido misericordioso?

Te invito, hermano o hermana, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Miércoles de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios te bendiga…

Evangelio según San Lucas 17,11-19.

Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!". Al verlos, Jesús les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Y en el camino quedaron purificados. Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. Jesús le dijo entonces: "¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?". Y agregó: "Levántate y vete, tu fe te ha salvado".

Comentario

En una sencilla narración evangélica encontramos las claves de lo que debe ser la vida del cristiano. Las podemos definir en tres sencillas palabras: misericordia, fe y agradecimiento.

La misericordia es una de las actitudes que los evangelistas nos presentan más habitualmente en Jesús. ¡Cuántas veces sintió piedad ante los necesitados y enfermos! Hoy a veces parece que sentir piedad ante otra persona significa rebajarla. No es eso lo que hace Jesús. Su piedad no rebaja sino que libera, levanta a las personas. Jesús siente piedad porque siente como suyo el dolor o el sufrimiento de la persona que tiene ante sí. 

La fe hay que entenderla como la capacidad de acoger la presencia de Dios cerca de nosotros. Varias veces a lo largo del Evangelio dice Jesús que a los que acaba de curar que ha sido su fe, la de ellos, la que les ha curado. Es como si la fe lograse unificar la persona y unirla de tal modo a Dios que le diese el poder de hacer verdaderos milagros. Y el agradecimiento como respuesta de corazón a lo que se ha recibido gratis. Fruto de ese agradecimiento ante el don de Dios es la misericordia, la compasión, que experimenta el cristiano ante el hermano o la hermana pobre o necesitada. Y la cadena vuelve a empezar, porque el cristiano que se deja llevar por esa misericordia se hace testigo de la presencia de Dios para sus hermanos y hermanas.

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica).