miércoles, 20 de febrero de 2013

¿Qué estamos esperando para cambiar?

¡Amor y paz!

En el evangelio de hoy, Jesús invita a sus lectores y oyentes a «convertirse» y a "hacer penitencia". Les pone como ejemplo la ciudad pagana de Nínive, que se convirtió al escuchar la predicación de Jonás. El libro de Jonás es una "parábola", un género literario que vemos usado frecuentemente por Jesús: se narra una historia ficticia para ilustrar una lección.

Te invito, hermano, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la 1ª. Semana del tiempo de Cuaresma.

Dios te bendiga...

Evangelio según San Lucas 11,29-32.
Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: "Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón. El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás. 
Comentario

A veces me pregunto: ¿Qué estamos esperando para ser santos? ¿Qué señal estoy buscando para arrepentirme y cambiar mi vida? Jesús ya me ha dado no solo la muestra de su amor y su poder muriendo y resucitando por mí, sino ue incluso ha enviado el poder del Espíritu Santo para que tenga vida y la tenga en abundancia.

Recuerdo que me decía mi director espiritual: “Si Dios le hubiera concedido la mitad de las gracias que me ha dado a mí a cualquiera de mis hermanos sacerdotes, ellos ya serían santos y yo no he podido salir de mi mediocridad”.

No esperemos más… no pidamos una señal para empezar a cambiar nuestra vida (la salud de un familiar, encontrar trabajo, la solución de un problema específico, etc.). La única señal que Dios nos ha dado y nos dará es la resurrección de Cristo y la presencia activa del Espíritu en nuestro corazón. 

Tengamos el coraje de tomar la decisión de ser santos viviendo de acuerdo a la Palabra de Dios.

Que el Señor sea luz y lámpara para tu camino.
Como María, todo por Jesús y para Jesús

Pbro. Ernesto María Caro

martes, 19 de febrero de 2013

El Señor nos enseña a orar



¡Amor y paz!

Después del amor -el servicio concreto a los demás- la segunda consigna es: orar.

Después de la página evangélica de ayer, encarada toda ella hacia la "vida" concreta y a la "acción" práctica, Jesús nos recuerda hoy una dimensión esencial de toda vida profunda: la oración.

Te invito, hermano, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la I Semana de Cuaresma.

Dios te bendiga…

Evangelio según San Mateo 6,7-15.

Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros  perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

Comentario

“Padre Nuestro”, santísimo,
nuestro Creador, nuestro Redentor, nuestro Salvador y nuestro Consolador.

“Que estás en el cielo”
que estás en los ángeles, en los santos, iluminando a todos para que te conozcan, porque tú eres, Señor, la luz;
tú los inflamas para que te amen, porque tú eres el Señor, el amor;
habitas en ellos llenándolos de tu divinidad para que sean felices, porque tú eres, Señor, el bien supremo, el bien eterno.

“Santificado sea tu nombre”
Que se haga cada día más claro el conocimiento que tenemos de tu nombre,
Para que comprendamos la grandeza de tus beneficios,
La largueza de tus promesas y la altura de tu majestad,
La profundidad de tus juicios. (Ef 3,18)

“Venga a nosotros tu reino”
Reina en nosotros desde ahora por tu gracia
Introdúcenos un día en tu reino.
Donde te veremos, por fin, sin sombra alguna.
Donde te amaremos perfectamente.
Bienaventurada unión contigo y eterno gozo de estar contigo.

“Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”
Que te amemos
con todo corazón, pensando siempre en ti.
Con toda el alma, deseándote siempre.
Con todo nuestro espíritu, dirigiendo hacia ti nuestras fuerzas procurando únicamente tu gloria.
Con todas nuestras fuerzas, gastando todas nuestras energías y nuestros sentidos interiores y exteriores al servicio de tu amor y de nada más. (Mt 12,30)
Que amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos.
Atrayéndolos a todos hacia tu amor según nuestras fuerzas.
Participando en su felicidad como si fuera la nuestra.
Ayudándoles a soportar sus males, sin ofenderlos nunca.

San Francisco de Asís (1182-1226), fundador de los Hermanos Menores
Padrenuestro, parafraseado
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