sábado, 17 de noviembre de 2012

Oremos siempre, sin desanimarnos

¡Amor y paz!

Meditar sobre el fin de nuestra vida nos puede originar angustia. Jesús nos pide orar siempre y no desanimarnos. Lo hace hoy a través de San Lucas, el evangelista de la oración, el que más veces describe al Señor orando y más nos transmite su enseñanza sobre la necesidad de orar y sobre cómo debemos hacerlo.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este sábado de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 18,1-8.
Después Jesús les enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: “En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: 'Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario'. Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: 'Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme'". Y el Señor dijo: "Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?". 
Comentario

Oímos ayer que se nos invitaba a tomar en serio nuestro «fin». Las imágenes usadas fueron «el fuego, el agua», «el buitre» que se precipita sobre su presa.

Todo esto podría generar angustia.

-Entonces les propuso esta parábola, para explicar a sus discípulos que tenían que orar siempre y no desanimarse.

Jesús quiere que despertemos de nuestras torpezas y de nuestras indiferencias, pero no quiere angustiarnos.

Su llegada tarda, se hace esperar, pero no hay que «desanimarse»: hay que rezar. En verdad una pregunta nos acucia: «Esperar, ¿hasta cuándo?» (Ap 6, 10), y otra más acuciante todavía: ¿Perseveraré hasta el fin? ¿Sería yo capaz de apostasía, o de un abandono lento y progresivo? ¿Podría mi Fe desmoronarse bajo los golpes de la duda o de la desgracia... quién sabe.

Uno de los objetivos de la plegaria -no el único, evidentemente-, es el de mantener en nosotros la fe, la relación personal con Dios: es como la cita entre personas que se quieren para mantener ese amor y estimación.

La oración tiene un aspecto anti-angustia: nos apoyamos en alguien, nos confiamos a él, salimos de nosotros mismos y nos abandonamos a otro.

-Érase una vez un juez que no temía a Dios y se burlaba de los hombres. En la misma ciudad había una viuda que iba a decirle: «Hazme justicia» ...Por bastante tiempo no quiso, pero después pensó: "Yo no temo a Dios, ni respeto a los hombres; pero esa viuda me está amargando la vida: Le voy a hacer justicia para que no venga sin parar a importunarme..."

¡Fijaos en lo que dice ese juez injusto! Pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que están clamando a El día y noche?

Esto se llama una parábola «a contraste» en la que la lección a sacar de ella es lo «contrario» del ejemplo expuesto.

El juez es «sin Dios» y «sin misericordia» y acaba haciendo justicia... ¡Con cuánta mayor razón, Dios que es padre y ama a los hombres, hará justicia a los que ama y la hará prontamente!

La lección esencial de la parábola no es la perseverancia en la oración, sino más bien en la certidumbre de ser atendida: si un hombre impío y sin escrúpulos acaba atendiendo a una pobretona, ¡cuánto más sensible será Dios a los clamores de los que, en su pobreza, se dirigen a El!

Sus elegidos claman a Él noche y día...

Hay que rogar siempre, sin desanimarse...

Vuelvo a escuchar esas palabras.

Si nos pides esto, Señor Jesús, es porque Tú mismo lo has hecho también: orabas sin cesar noche y día

Procuro contemplar esa continua plegaria. En las calles de los pueblos de Palestina.

Rodeado por el gentío de las orillas del lago. Por la mañana, al amanecer.

No nos pides nada imposible ¿Cómo trataré hoy de hacer algo mejor una plegaria continua? No, forzosamente, recitando fórmulas de plegarias... sino por una unión constante contigo.

-Pero, cuando vuelva el Hijo del hombre, ¿encontrará Fe en la tierra?

Interrogación dolorosa, que escucho seriamente.

La tentación de abandonar la Fe no es exclusiva de nuestra época: Los mismos «elegidos» están también amenazados.

No hay que mantenerse en ninguna seguridad engañosa.

Una oración repetida, constante, continua, obstinada, es nuestra única seguridad: Dios no puede abandonarnos, si nosotros no lo abandonamos a Él.
¿Qué voy a hacer HOY para alimentar mi fe?

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTÉS A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 284 s.

viernes, 16 de noviembre de 2012

¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? Estemos preparados

¡Amor y paz!

El texto tomado del capítulo 17 de san Lucas habla en lenguaje apocalíptico, aludiendo, por una parte, a los días cruciales de Noé y del diluvio, y, por otro, a los días cruciales del encuentro final de los hombres con Dios... En ambos tiempos, estamos implicados Dios, amor creador y juez misericordioso, y nosotros.

Y es tan grave y serio el asunto que bien podemos encarecer la importancia de todo lo que nos jugamos nosotros, peregrinos por la tierra, en busca de morada perpetua en Dios.

Funesta imprudencia será la nuestra si pasamos la vida jugando, malgastándola, como si nosotros mismos fuéramos árbitros de nuestra existencia. Somos criaturas y nada más. Seamos inteligentes de verdad manteniéndonos en la doctrina de Cristo, Verdad y Vida (Dominicos 2003).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 17,26-37. 
En los días del Hijo del hombre sucederá como en tiempos de Noé. La gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos. Sucederá como en tiempos de Lot: se comía y se bebía, se compraba y se vendía, se plantaba y se construía. Pero el día en que Lot salió de Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre que los hizo morir a todos. Lo mismo sucederá el Día en que se manifieste el Hijo del hombre. En ese Día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, no baje a buscarlas. Igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. El que trate de salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará. Les aseguro que en esa noche, de dos hombres que estén comiendo juntos, uno será llevado y el otro dejado; de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra dejada". Entonces le preguntaron: "¿Dónde sucederá esto, Señor?". Jesús les respondió: "Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres".
Comentario

A medida que el año litúrgico se acerca a su fin, nuestro pensamiento se orienta también hacia una reflexión sobre el «fin» de todas las cosas. «Todo lo que se acaba es corto». A medida que Jesús subía hacia Jerusalén, su pensamiento se orientaba hacia el último fin. Cada vez que a algo le llega «su fin», deberíamos ver en ello un anuncio y una advertencia. Cuando muere uno de nosotros, es un anuncio de nuestra propia muerte...

Cuando arde un gran inmueble es un signo de la profunda fragilidad de todas las cosas...

Cuando un maremoto se lleva todas las gentes de un poblado, es el signo brutal de lo que pasa todos los días, en el fondo, y que acabamos por no ver... Cuando un accidente de coche causa la muerte a toda una familia es lo que, por desgracia, el tiempo -dentro de veinte, de cincuenta años- habrá hecho también.

En la lectura de hoy, Jesús nos propone que descifremos tres hechos históricos que considera símbolos de todo «Fin»: el diluvio... la destrucción de una ciudad entera, Sodoma... la ruina de Jerusalén...

-En tiempo de Noé...En tiempo de Lot... Lo mismo sucederá el día que el Hijo del hombre se revelará...

En nuestro tiempo... Una salida de fin de semana... o bien en primavera... o durante el trabajo... o en plenas vacaciones...

-Comían... Bebían... Se casaban... Compraban... Vendían... Sembraban... Construían... ¡Mirad! ¡Todo marcha bien! La vida sigue su curso normal.

Estamos en una sociedad de «consumo»... de «producción»..., como decimos hoy. El hambre, la sed, el sexo, la afición por los negocios, quedan satisfechos. Comidas. Comercio. Trabajo. Amor. Tarea. Dormir. Y se llega a no ver nada más allá de todo esto.

Una encuesta hecha en Francia da como resultado que el cuarenta por ciento de franceses afirman «no haber nada después de la muerte». Y el treinta y ocho por ciento afirman que «ante la muerte piensan, sobre todo, en disfrutar al máximo de los placeres de la vida».

Sin encuesta científica, Jesús ya había observado en su época, ese mismo frenesí de «vivir», esa despreocupación bastante generalizada.

-Entonces llegó el diluvio, y perecieron todos...

Pero el día que Lot salió de Sodoma llovió fuego y azufre del cielo y perecieron todos... La vida no es una bagatela, una excursión placentera, una «diversión» agradable, como dice Pascal.

Gravita una amenaza que, en la boca de Jesús, se repite como un refrán: «y perecieron todos...»

Jesús evoca dos elementos -el agua y el fuego- que permiten al hombre darse cuenta de su pequeñez y experimentar su impotencia: ante la inundación y el incendio, todos los medios de defensa son a menudo bastante irrisorios, a pesar de los esfuerzos realizados.

-Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas. Jesús evoca un peligro de tal modo inminente, urgente, «que no puede perderse ni un minuto» ¡Inútil ir a buscar el equipaje! Hay que partir 
con las manos vacías, huir, salvarse.

-Aquella noche estarán dos en una cama, a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán.

Jesús sigue repitiendo que hay que estar «siempre a punto» .

El lugar y la hora se desconocen: una sola cosa es cierta, ninguno de nosotros se escapará. «Dios mío, ¿será esta noche?», canta el Padre Duval.

Cada día es el día del juicio.

Noel Quesson
Palabra de Dios para cada día 2
Evang. de Pentecostés a Adviento
Edit. Claret/Barcelona 1983.Pág. 280 s.