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martes, 28 de marzo de 2017

Dios sigue creando sin descansar, en medio de las dificultades humanas

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la 4a semana de Cuaresma.

Dios nos bendice....

Juan 5,1-3.5-16

Al momento aquel hombre quedó sano

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: "¿Quieres quedar sano?" El enfermo le contestó: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado." Jesús le dice: "Levántate, toma tu camilla y echa a andar." Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.

Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: "Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla." El les contestó: "El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar." Ellos le preguntaron: "¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?" Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: "Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor." Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Comentario

Los relatos de curaciones, así como otros como espigar en sábado, tienen una relación estrecha con el día de reposo (menuha). Este reposo, en el cual debía entrar toda la creación, tenía su “degustación” en el Shabbat (sábado) semanal como último día de la creación, supuestamente concluida el día sexto. Ya Filón de Alejandría (filósofo judío contemporáneo de Cristo y con mucho influjo en los cristianos) decía que la interpretación no era que Yahvéh descansó sino que “dejó así” y consagra, en otras palabras, lo que dice el evangelio de hoy: si Dios descansa el mundo desaparece. Esto se tradujo en términos como providencia, creación continua, presciencia, en incluso predestinación (algo que terminó confundiendo a muchos como Agustín de Hipona). Podríamos decir que alejándonos de la idea abstracta de Dios, y apegados al judaísmo, Dios no creó el mundo sino que lo está creando continuamente. Naturalmente que el mundo “físico” si lo “dejó así” y gracias a ello podemos conocer sus leyes fisicoquímicas. Pero en cuento al ser humano, es siempre inacabado, nunca satisface a Dios, siempre en camino, en evolución, en conversión. ¿Qué será del hombre? Ni Dios mismo lo sabe porque es el único ser cuyo futuro tiene que construirlo de la mano de Dios; sin la libertad humana no hay futuro y sin Dios el futuro es el “infierno”. Como expresan algunos teólogos: Dios creo al hombre creador para que crearan juntos. En Jesús se nos revela la manera como Dios construye seres auténticamente humanos pues de cómo “construye” todos los demás nos lo enseñan las ciencias cada vez mejor. Dios quiere hacer a cada uno como hizo a Jesús, en su diario caminar por Palestina. Esta es una de las implicaciones del abajamiento o vaciamiento (kénosis, en griego) de la que nos habla Pablo. Jesús era exactamente como nosotros pero en obediencia al Padre Creador, aún en los momentos más difíciles.

Sin estas ideas de fondo, no es fácil entender las curaciones de Jesús, pues pensaríamos en un estado ideal del ser humano, sin limitaciones, sin dolores, sin vejez, enfermedad ni muerte, en otras palabras un ser que nunca ha existido ni existirá y que ciertamente no lo fue Jesús . Una salud evangélicamente buena es la de quien sabe convivir con las dificultades y aun así traslucir su destino de imagen y semejanza divina. En relatos como el hoy encontramos muchos detalles narrativos significativos. El hombre enfermo por 38 años yacía al borde de la piscina de Betzata pero podía moverse aunque no competir con otros; además estaba solo, sin quien le ayudara a entrar en la piscina. Había muchos otros «multitud de enfermos, ciegos, cojos, mancos, que esperaban el movimiento del agua» que no habrían recibido la atención de Jesús. Muchos de ellos tendrían prohibida la entrada al Templo precisamente por sus enfermedades. En las aguas esperaban encontrar la misericordia de Dios que las leyes religiosas les negaban al apartarlos del lugar sagrado. Para un judío piadoso ser excluido de la asamblea de adoradores de Yahvéh (Kahal) era más doloroso que la misma enfermedad. El enfermo de hoy aparece con su camilla en el Templo. Cuando Jesús encuentra al enfermo en el Templo le dice algo diferente a lo que había rectificado a sus discípulos con el ciego de nacimiento: «No vuelvas a pecar, no te suceda algo peor». No parece aludir entonces a la enfermedad como algo malo sino a que la situación del enfermo podía llevarlo a algo peor; en el futuro podía empeorar. El problema con los judíos no era su curación, ni su camilla, sino el llevarla quebrantando las normas del sábado. Pero siendo el sábado el reflejo del descanso futuro, precisamente los enfermos, marginados por varias razones, eran los más indicados para sentir el efecto liberador del descanso (menuha). Así como las vacaciones tienen hoy sentido misericordioso precisamente para quien no tiene posibilidades o medios para tomarlas.

Por la arqueología sabemos que la piscina mencionada es la misma Betesda, o de las Ovejas, o Probática que fuera reestructurada por Herodes el Grande. Había otra gran piscina fuera de la ciudad llamada Siloé. Algunos afirman que en tiempo de la invasión griega era un lugar dedicado a Asclepio , divinidad griega de la salud, lo cual explicaría la gran cantidad de enfermos que había allí. Antes se nos dijo que era un día de fiesta que podía ser de Pascua (Pesaj), de Pentecostés (Shavuot o las semanas), de las Ramas (Sukot o enramadas o tiendas). Estas eran las fiestas judías en las que se pedía se subiera a Jerusalén. Para el judaísmo de la época de Jesús la identidad religiosa se definía por tres prácticas concretas, relativamente fáciles de monitorear: la circuncisión, las leyes sobre los alimentos (dietéticas), y la observancia del sábado. Cuando Jesús dice al enfermo ¡levántate! se usa el mismo verbo para decir ¡resucita! lo cual indica ya el tema de la vida plena (no necesariamente orgánicamente sana) más allá de la recuperación de la salud. Pedirle que cargue con la camilla, luego de permanecer 38 años acostado en ella y ya sin utilidad práctica, nos recuerda el consejo a sus discípulos: «El que quiera venir en pos de mí… tome su cruz y sígame» (Mt 16:24), o cuando los invita a ponerse el yugo que promete fácil y de carga ligera.

Los judíos se concentran en el tema de la camilla y el quebrantamiento del sábado y buscan inculpar al enfermo o a quien le ha ayudado. Jesús resalta el deseo de ser sanado del enfermo y que su futuro no sea de regreso al pasado. Aún no ha dado el paso de reconocer a Jesús pues dice no conocerlo y cuando de nuevo lo encuentra y reconoce va a acusarlo a los judíos quienes persiguen a Jesús por curar en sábado. Si no se describe al enfermo esclavo del pasado, al menos se presenta como confuso, sin mayor perspectiva para su vida. En el evangelio de Juan son frecuentes estos dilemas existenciales. Quien cree es salvo y quien no cree ya está condenado es el concepto de juicio en este evangelio. El apego a la ley (Torah) escrita terminaba dificultándoles a los judíos la asimilación de la novedad que se expresaba en Jesús. Les resultaba difícil aplicar lo que aconseja Pablo a los creyentes: «No apaguéis al Espíritu, no despreciéis las profecías; pero examinadlo todo y quedaos con lo bueno» (1 Tes 5:19-20). La ley terminaba haciendo pecaminosa la misericordia; en cambio Jesús se arriesga a tener dificultades por auxiliar a una persona que ni siquiera ha solicitado su ayuda. El enfermo reconoce que Jesús lo ha curado y este es el grano de mostaza que ya ha quedado sembrado a pesar de todo. De alguna forma las curaciones de Jesús no buscan maravillar a las gentes, sino que el enfermo pueda decir: lo imposible se ha hecho posible; yo puedo andar, yo puedo ver, yo puedo hablar, yo puede vivir, yo he sido liberado. De ahí la encomienda: “Ve y lávate en la piscina”; “coge tu camilla y anda”, “id a presentaros a los sacerdotes”. Así sigue Dios creando en medio de las dificultades humanas sin descansar.

Apuntes del Evangelio
Luis Javier Palacio Palacio, S.J.








sábado, 5 de septiembre de 2015

El ser humano está por encima del sábado

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este sábado de la XXII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Lucas 6,1-5 
Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían. Algunos fariseos les dijeron: "¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?". Jesús les respondió: "¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?". Después les dijo: "El hijo del hombre es dueño del sábado".  
Comentario

En la religión judía del tiempo de Jesús, el sábado (en hebreo Shabbat o “descanso”) era el séptimo día de la semana, el día de reposo. Consagrado por el mismo Dios, era día de plegaria, de solemne celebración en el templo, en las sinagogas, y en las casas; tan venerado que, en algunas circunstancias, los judíos prefirieron morir antes que empuñar las armas para defenderse durante ese día (1Mc 2, 29-41). El descanso sabático estaba vinculado a la fe en el poder creador del único Dios (Gn 2, 1-3) y era el tercero de los diez mandamientos dados a Moisés, motivado precisamente en el acto creador (Ex 20, 8-11); el sábado evocaba también la alianza entre Dios y su pueblo (Ex 31,12-17); y la exigencia del descanso y la prohibición del trabajo estaban sancionadas con la pena de muerte (Ex 35, 1-2; Nm 15,32-36); hasta encender el fuego estaba prohibido ese día (Ex 35,3). La casuística de los escribas y fariseos había sistematizado todas las posibles variantes de las severas normas del descanso sabático, habían elaborado una lista de treinta y nueve clases de trabajos que eran prohibidos en sábado. Se llegó hasta extremos ridículos como el de preguntarse si era lícito o no comer el huevo de una gallina puesto (por la gallina) en sábado …

Entre las prohibiciones del sábado estaba arrancar espigas y desgranarlas. Que los discípulos de Jesús cortaran espigas significaba que los discípulos habían “segado” el trigo, lo cual estaba prohibido en sábado, y frotar el grano para arrancarle la cáscara era “aventar”, otra forma de trabajo que también estaba prohibida en sábado.

Los discípulos de Jesús no son criticados por los fariseos por el hecho de arrancar las espigas y comérselas, pues comer las espigas del trigo o la cebada del campo de otro no era un delito, esto lo permitía la ley a los caminantes pobres (Dt 23, 26); lo que critican los fariseos es que los discípulos de Jesús no guarden la ley del descanso sabático.

Jesús defendió a sus discípulos apelando a la historia que cuenta una acción del rey David que entró al templo y se comió con su tropa los panes de la ofrenda que sólo estaba permitido que los comieran los sacerdotes (1 Sam 21, 1-6). Con esta respuesta Jesús confronta a los fariseos. Si lo que hicieron sus discípulos estaba mal hecho, entonces qué opinión les merecía lo que hizo el rey David. Los fariseos no podían condenar al rey David y por lo tanto se tuvieron que callar. Pero Jesús continuó hablando: “El Hijo del hombre es Señor y tiene autoridad sobre el sábado”. Con estas palabras Jesús se estaba reafirmando a sí mismo como alguien que estaba por encima del rey David y que estaba dando comienzo a los tiempos mesiánicos, tiempos de vida y salvación.

Para Jesús, ninguna Ley es clave absoluta de conducta, ni siquiera la sagrada ley del Sábado; y el fundamento de esa relativización es Dios mismo porque, como les dijo Jesús, “Dios hizo el sábado para servicio del ser humano, y no al ser humano para servir al sábado; y por eso el ser humano es señor del Sábado”.

Servicio Bíblico Latinoamericano 

martes, 17 de marzo de 2015

Jesús no es un 'mago' que cura, sino el Hijo de Dios que salva

¡Amor y paz!

Ayer Jesús hizo un segundo milagro en su vida pública. Un milagro a distancia. Y lo hizo tras advertir que no hay que solo buscar signos –como los llama Juan—para creer. Hoy, va en ayuda de alguien que representa al marginado, al menos tenido en cuenta, al excluido de la beneficencia.

Treinta y ocho años enfermo, y no ha tenido quién se compadezca de él y lo meta a la piscina para curarse. Jesús tiene misericordia de él y lo cura, pese a que era sábado. Y no se ocupa únicamente de la curación sino de la salvación de aquel hombre: le pide que no peque más.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la IV Semana de Cuaresma.

Dios nos bendice…

Juan 5,1-3.5-16
En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: "¿Quieres quedar sano?" El enfermo le contestó: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado." Jesús le dice: "Levántate, toma tu camilla y echa a andar." Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: "Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla." El les contestó: "El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar." Ellos le preguntaron: "¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?" Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: "Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor." Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado. 
Comentario


Esa piscina se parece al sistema financiero capitalista que ayuda más al que menos necesita. Como dijo un chistoso: "para que den un préstamo en un banco, debes demostrar que no lo necesitas".

El método de Jesús es diferente. Sus ojos están particularmente atentos a ese que siempre queda relegado, ese que siempre ha sido pospuesto, ese que nunca le interesó a nadie. Jesús hace lo que se esperaba de esa "magia", pero no por magia sino por la fuerza de su Palabra y de una vida en unión con Dios.

En efecto, le advierte al paralítico curado: "no peques más, no sea que te suceda algo peor". Como en otros pasajes, Jesús recuerda discretamente al enfermo físico de la enfermedad espiritual que también padece, y así muestra que no es un "mago" repartiendo favores, sino el Hijo de Dios, consolando, perdonando y redimiendo a su Pueblo.

http://fraynelson.com/homilias.htm

martes, 20 de enero de 2015

Que por ser meticulosos con la ley, no olvidemos el mandamiento del amor

¡Amor y paz!

Ayer el motivo del altercado fue el ayuno. Hoy, una institución intocable del pueblo de Israel: el sábado.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la 2ª, semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Marcos 2,23-28. 
Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le dijeron: "¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?". Él les respondió: "¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre,  cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?". Y agregó: "El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado".  
Comentario


El recoger espigas era una de las treinta y nueve formas de violar el sábado, según las interpretaciones exageradas que algunas escuelas de los fariseos hacían de la ley. ¿Es lógico criticar que en sábado se tomen unas espigas y se coman? Jesús aplica un principio fundamental para todas las leyes: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado».

Trae como argumento la escena en que David come y da de comer a sus soldados hambrientos los «panes presentados», de alguna manera sagrados. Una cosa es obedecer a la ley de Dios y otra, caer en una casuística tan caprichosa que incluso pasa por encima del bien del hombre. El hombre está siempre en el centro de la doctrina de Jesús. La ley del sábado había sido dada precisamente a favor de la libertad y de la alegría del hombre (cf. Deuteronomio 5,12-15).

Además Jesús lanza valientemente una de aquellas afirmaciones suyas que tan nerviosos ponían a sus enemigos: «El Hijo del Hombre es señor también del sábado». No es que Jesús haya venido a abolir la ley, pero sí a darle pleno sentido. Si todo hombre es superior al sábado, mucho más el Hijo del Hombre, el Mesías.

También nosotros podemos caer en unas interpretaciones tan meticulosas de la ley que lleguemos a olvidar el amor. La «letra» puede matar al «espíritu».

La ley es buena y necesaria. La ley es, en realidad, el camino para llevar a la práctica el amor. Pero por eso mismo no debe ser absolutizada. El sábado -para nosotros el domingo- está pensado para el bien del hombre. Es un día en que nos encontramos con Dios, con la comunidad, con la naturaleza y con nosotros mismos. El descanso es un gesto profético que nos hace bien a todos, para huir de la esclavitud del trabajo o de la carrera consumista.

El día del Señor también es día del hombre, con la Eucaristía como momento privilegiado. Pero tampoco nosotros debemos absolutizar el «cumplimiento» del domingo hasta perder de vista, por una exagerada casuística, su espíritu y su intención humana y cristiana. Debemos ver en el domingo sus «valores» más que el «precepto», aunque también éste exista y siga vigente. Las cosas no son importantes porque están mandadas. Están mandadas porque representan valores importantes para la persona y la comunidad.

Es interesante el lenguaje con que el Código de Derecho Canónico (1983) expresa ahora el precepto del descanso dominical, por encima de la casuística de antes sobre las horas y las clases de trabajo: «El domingo los fieles tienen obligación de participar en la Misa y se abstendrán además de aquellos trabajos y actividades que impidan dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del día del Señor o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo» (c. 1247).

El Código se preocupa del bien espiritual de los cristianos y también de su alegría y de su salud mental y corporal.

Tendríamos que saber distinguir lo que es principal y lo que es secundario. La Iglesia debería referirlo todo -también sus normas- a Cristo, la verdadera norma y la ley plena del cristiano.

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 4.
Tiempo Ordinario. Semanas 1-9
Barcelona 1997. Págs. 48-53

viernes, 31 de octubre de 2014

Jesús no es un mago

¡Amor y paz!

Otra curación en sábado. El lunes pasado leíamos una que hizo Jesús con la mujer encorvada. Hoy es con un hombre aquejado del mal de la hidropesía, la acumulación de líquido en su cuerpo.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la trigésima semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga..

Evangelio según San Lucas 14,1-6.
Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Delante de él había un hombre enfermo de hidropesía. Jesús preguntó a los doctores de la Ley y a los fariseos: "¿Está permitido curar en sábado o no?". Pero ellos guardaron silencio. Entonces Jesús tomó de la mano al enfermo, lo curó y lo despidió. Y volviéndose hacia ellos, les dijo: "Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su hijo o su buey, ¿acaso no lo saca en seguida, aunque sea sábado?". A esto no pudieron responder nada. 
Comentario

Anda por ahí un libro que ofrece un Curso de Milagros. El tema es ya un tópico en las librerías. Tenía que llegar, después de tantas terapias y millones de formas de autoayuda, tenía que venir este que pone el poder en nuestras manos.

Lo gracioso es que esa literatura tiene toda un mismo patrón: relájese, mente en blanco, concentre su energía... Y digo que eso es gracioso porque muy poco o nada tiene que ver con los milagros que hace Jesús. ¿Has visto a Jesús poniendo la mente en blanco en alguna parte de los evangelios? ¿Has visto cómo se reconcentra antes de sanar a alguien? ¡Pamplinas! Lo que vemos es a un profeta que, aun en medio de una desagradable discusión, muestra de dónde viene el poder que realmente sana y salva.

Jesús, entonces, no es un milagrero. Su poder no es la canalización de una energía cósmica o psíquica, que pueda ser enseñado como quien aprende a resolver ecuaciones de segundo grado, o a plantar un bonsái. Cristo es la manifestación sublime del amor del Padre, no la exhibición de nuestras destrezas mentales.

http://fraynelson.com/homilias.html.

viernes, 18 de julio de 2014

A Dios le agrada más la misericordia que los ritos

¡Amor y paz!

La lectura del Evangelio hoy nos deja claro que el que practica la misericordia, es decir, la ayuda a los hom­bres, está por encima del culto, que, a su vez, tiene la precedencia sobre el precepto del descanso. Es él quien realiza el designio de Dios, no los que subordinan el bien del hombre a los preceptos legales.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la 15ª  semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 12,1-8.
Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas. Al ver esto, los fariseos le dijeron: "Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado". Pero él les respondió: "¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes? ¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta? Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo. Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado".
Comentario

Hoy el Señor se acerca al sembrado de tu vida, para recoger frutos de santidad. ¿Encontrará caridad, amor a Dios y a los demás?. Jesús, que corrige la casuística meticulosa de los rabinos, que hacía insoportable la ley del descanso sabático: ¿tendrá que recordarte que solo le interesa tu corazón, tu capacidad de amar?

«Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado» (Mt 12,2). Lo dijeron convencidos, eso es lo increíble. ¿Cómo prohibir hacer el bien, siempre? Algo te recuerda que ningún motivo te excusa de ayudar a los demás. La caridad verdadera respeta las exigencias de la justicia, evitando la arbitrariedad o el capricho, pero impide el rigorismo, que mata al espíritu de la ley de Dios, que es una invitación continua a amar, a darse a los demás.

«Misericordia quiero y no sacrificio» (Mt 12,7). Repítelo muchas veces, para grabarlo en tu corazón: Dios, rico en misericordia, nos quiere misericordiosos. «¡Qué cercano está Dios de quien confiesa su misericordia! Sí; Dios no anda lejos de los contritos de corazón» (San Agustín). ¡Y qué lejos estás de Dios cuando permites que tu corazón se endurezca como una piedra!

Jesucristo acusó a los fariseos de condenar a los inocentes. Grave acusación. ¿Y tú? ¿te interesas de verdad por las cosas de los demás? ¿los juzgas con cariño, con simpatía, como quien juzga a un amigo o a un hermano? Procura no perder el norte de tu vida.

Pídele a la Virgen que te haga misericordioso, que sepas perdonar. Sé benévolo. Y si descubres en tu vida algún detalle que desentone de esta disposición de fondo, ahora es un buen momento para rectificar, formulando algún propósito eficaz.

Rev. D. Josep Ribot i Margarit (Tarragona, España)

martes, 21 de enero de 2014

No debemos ser esclavos de preceptos que deshumanizan

¡Amor y paz!

La Ley vuelve a ser cuestionada por el comportamiento de Jesús y sus discípulos, quienes se mueven y actúan en un plano que para la mentalidad judía tradicional no es correcto. La necesidad de arrancar unas espigas para alimentarse, como haría cualquier persona con hambre, es tachada como conducta incorrecta por quienes consideran que la Ley de guardar el sábado, por ser Ley, es más importante que cualquier necesidad humana, sea la que sea.
Jesús recuerda el caso de otros que, por necesidad, pusieron la ley a un lado para poder sobrevivir a la adversidad, y finaliza su aclaración afirmando que no se debe ser esclavo de preceptos que deshumanizan.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la 2ª. Semana del Tiempo Ordinario.
Dios los bendiga...

Evangelio según San Marcos 2,23-28.
Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le dijeron: "¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?". Él les respondió: "¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?". Y agregó: "El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado".

Comentario

Los tan afamados doctores de la ley se han apegado a ella de manera perniciosa. La Ley que ellos están interpretando ya no es humanizadora de las personas, sino que se ha corrompido poniéndose por encima de todo, absolutizándose, esclavizando al ser humano. Ponen a un lado lo que es fundamental y absolutizan lo secundario. La ley no puede ser la depositaria única del plan que Dios tiene para con el ser humano. Los doctores de la ley la han desviado, sin duda por defender consciente o inconscientemente sus intereses. Jesús, al hacer su propuesta, la propuesta del "Reinado de Dios", que es tan superior a la Ley, la relativiza, la pone en el lugar que le es debido, y con ello, inevitablemente, salen a la luz los mecanismos de manipulación que la habían absolutizado para utilizarla como defensa de intereses y de grupos particulares, intereses que en toda sociedad privilegian a unos pocos y postergan a una mayoría.
Para nosotros es de vital importancia saber que cuando no vivimos centrados en lo sustancial, tendemos a reemplazarlo inconscientemente con prácticas exageradamente piadosas, que a la postre resultan ser falsas. La ley no debe malversarse, no puede pasar de ser instrumento que facilitara la convivencia del ser humano, a ser otra forma de opresión. El espíritu de la ley debe estar siempre al servicio de Dios para glorificarlo, y al servicio del humano para dignificarlo. Nadie lo ha dicho tan claramente como Jesús: el sábado se hizo para el ser humano, y no el ser humano para el sábado.

Servicio Bíblico Latinoamericano
www.mercaba.org

lunes, 9 de septiembre de 2013

Todos los días son oportunidades para hacer el bien

¡Amor y paz!

Al mundo vinimos para hacer el bien. No solamente para no hacer mal. Jesús nos dio ejemplo de ello, según lo destaca el apóstol Pedro: Jesús “pasó por el mundo haciendo el bien” (Hch 10, 38). O  San Pablo, quien recomendó: “No te dejes vencer por el mal, vence el mal a fuerza de bien” (Rm 12, 21).

Pues en el Evangelio de hoy surge una nueva tensión en torno a esto, toda vez que para el Señor todos los días están hechos para hacer el bien, incluyendo los sábados. Esta vez el debate  con los fariseos no es por las espigas que comían en el campo, sino por una curación hecha en la sinagoga precisamente en sábado.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la XXIII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 6,6-11.
Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: "Levántate y quédate de pie delante de todos". Él se levantó y permaneció de pie. Luego les dijo: "Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?". Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada. Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.
Comentario

Es evidente que Jesús no desautoriza aquella institución tan válida del sábado, el día dedicado al culto de Dios, a la alegría, al descanso laboral, a la oración, a la vida de familia, al agradecimiento por la obra de la creación. Más aún, parece como si él ese día acumulara sus gestos curativos y salvadores.

Lo que critica es una comprensión raquítica, más preocupada por cumplir unas normas, muchas veces inventadas por las varias escuelas, que por el espíritu de fe que debe impregnar la vivencia de este día. No se podrá trabajar en sábado, y por tanto no habrá que hacer curas médicas a no ser que sean necesarias. Pero extender el brazo y decir una palabra de curación ¿es trabajar? El recoger unas espigas y comer sus granos al pasear por el campo, ¿es un trabajo equiparable a la siega?

Las escuelas de los fariseos habían llegado a interpretar el sábado convirtiéndolo en día de preocupación casuística en vez de en día de libertad. Jesús enseña actitudes más profundas, más preocupadas por el espíritu que por la letra. Y nosotros tendríamos que aplicar esta enseñanza a muchos detalles de nuestras normas de vida. Las normas están muy bien, y son necesarias, pero sin llegar a un legalismo formalista. No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre (cf. Mc 2,27).

Hay instituciones muy válidas y llenas de espíritu: el domingo cristiano, la celebración de la Eucaristía, el rezo de la Liturgia de las Horas. Realidades que tienen importancia para la vida de fe, y que necesitan, dado su carácter de comunitarias, unas normas para su realización. Pero no se tenían que haber rodeado, en la historia, de normas tan estrictas y minuciosas que a veces ahogan la alegría de su celebración. En vez de esponjar el ánimo y alegrarse con Dios y dedicarle una alabanza sentida y celebrar su comida pascual en el día consagrado a él, a veces nos hemos limitado a crear un clima de mero cumplimiento exterior.

Lo mismo pasa con la relación entre el culto (la celebración de la sinagoga en sábado) y la caridad fraterna (¿puedo curar a este buen hombre?). Para Cristo hay que saber conjugar las dos cosas. Va a la sinagoga, porque es sábado, pero también cura el brazo paralítico de aquella persona. Y, por el tono del relato, se nota claramente que da prioridad a la persona que a la institución.
Los cristianos debemos rezar y celebrar la Eucaristía en domingo. Y a la vez, precisamente ese día, nos deberíamos mostrar fraternos y sanantes, con detalles de caridad y buen corazón con las personas cercanas que, aunque no nos lo pidan, ya sabemos que necesitan nuestro interés y nuestro cariño.

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 38-42

viernes, 19 de julio de 2013

“Yo quiero misericordia y no sacrificios”

¡Amor y paz!

"Yo quiero misericordia y no sacrificios". Jesús cita al profeta Isaías. Parece que en los tiempos del profeta, el Templo se llenaba con el humo de los sacrificios, pero en las calles reinaba la injusticia. Eso sí, cumpliendo con el culto se guardaban las apariencias. Del mismo modo, a Jesús le piden que sus discípulos observen la ley. Los fariseos no están muy preocupados si los discípulos tienen hambre o no. Lo que les preocupaba era que se cumpliese la ley (Servicio Bíblico Latinoamericano).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario,  este viernes de la XV Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 12,1-8.
En aquel tiempo, Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.  Al ver esto, los fariseos le dijeron: "Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado".  Pero él les respondió: "¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes? ¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta? Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo. Si hubieran comprendido lo que significa:Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado". 
Comentario
El pasaje evangélico forma parte con el episodio siguiente (12, 9-14) de una unidad centrada en torno al problema de la “práctica” del sábado. En el v.2 se consigna la crítica de los fariseos: “tus discípulos están haciendo lo que no está permitido en sábado” y en la respuesta del v.12 hay un eco a esta frase en la boca de Jesús: “está permitido hacer bien en sábado”.

La acción de arrancar espigas realizada por los discípulos se relata, por tanto con el fin del esclarecimiento de este problema que ocupaba un puesto esencial en la piedad judía de la época.

Las formulaciones del precepto sabático estaban consignados en los decálogos de Ex 20 y Dt 5. En ambos hay una referencia a la historia salvífica: en el primero a la creación, en el segundo al Éxodo liberador.

La crítica de los fariseos saca al precepto de esos contextos y lo encierra en una estrecha casuística, malinterpretando el sentido de ambos y de otros pasajes de la Escritura. El “arrancar espigas” era una forma consignada en Dt 23, 26 para dejar firme la protección del derecho de los pobres . Los fariseos, desde su óptica entienden la acción como un acto de recolección, prohibido en Ex 34, 21 y esperan que Jesús corrija a sus discípulos en este punto.

Jesús, con el recurso a la historia salvífica, responde en dos etapas. En la primera (vv. 3-4) se refiere de modo general a una acción realizada por David y sus compañeros que refleja una actitud frente a la Ley de Dios. En la segunda concreta este principio a la ley del reposo sabático (v. 5) recordando la obligación de la actuación sacerdotal en ese día. De ambas, extrae finalmente (vv. 6-8) una conclusión con la que justifica la práctica de sus discípulos y desenmascara el error de sus adversarios.

Jesús se remite a 1 Sm 21 donde se relata que, ante la necesidad propia y de sus hombres, el rey israelita se permitió transgredir la legislación de Lv 24,9 referentes al “pan de obsequio” que es “porción perpetua para Aarón”. Por consiguiente la necesidad del hombre está por encima de los preceptos y el sábado debe considerarse como uno de ellos.

Seguidamente, Jesús dirige su atención y la de sus oyentes a lo que sucede con el descanso sabático en la vida de los sacerdotes. Estos ven aumentarse su tarea en los días de descanso en que se multiplicaban las ofrendas. Por tanto, la obligación del culto obliga a una tarea mayor de los sacerdotes por encima del precepto.

En las conclusión de este razonamiento, Jesús señala que si el culto está por encima del precepto sabático, por encima de aquel existe otra realidad: Jesús mismo y las necesidades del hombre. Jesús es superior al templo, la actitud frente a los semejantes (misericordia) es superior a los sacrificios. La condena de los fariseos se origina en el desconocimiento de este principio fundamental de la Palabra divina consignado en Os 6,12. 

Con ello se llega al punto culminante de la enseñanza de esta controversia: el precepto sabático sólo puede ser entendido adecuadamente en el marco del culto tributado a Dios y éste sólo puede brotar auténticamente en el ámbito de la misericordia y desde el sentimiento de ayuda al semejante.

Este ámbito de misericordia crea un sentimiento de libertad y señorío sobre el culto y sobre todos los preceptos. De esa forma Jesús nos remite al núcleo fundamental desde donde debe brotar y ser valorada toda acción humana.

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)

martes, 12 de marzo de 2013

Jesús nos cura, pero pide que no volvamos a pecar



¡Amor y paz!

En el evangelio de hoy, san Juan nos presenta a Jesús realizando un "signo", un milagro, en sábado; no únicamente por motivos humanitarios, sino porque Él viene a salvar, porque se presenta como liberador (el sábado estaba consagrado al recuerdo de la liberación de Egipto: Dt 5. 12-15).

Concretamente su liberación consiste en emancipar al hombre de las prácticas formalistas y elevarlo por encima de los avatares de la vida. Liberación que se adquiere no por medios mágicos, como el correr del agua, sino mediante un encuentro personal con el Señor (Misa dominical 1990/07)

En este día en que comienza el Cónclave, oremos porque el Espíritu Santo ilumine a los cardenales que en la Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano, eligirán al sucesor de Benedicto XVI.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la IV Semana de Cuaresma.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 5,1-16.

Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua. Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: "¿Quieres curarte?". El respondió: "Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes". Jesús le dijo: "Levántate, toma tu camilla y camina". En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: "Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla". Él les respondió: "El que me curó me dijo: 'Toma tu camilla y camina'". Ellos le preguntaron: "¿Quién es ese hombre que te dijo: 'Toma tu camilla y camina?'". Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí. Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: "Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía". El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.

Comentario

Hoy, san Juan nos habla de la escena de la piscina de Betsaida. Parecía, más bien, una sala de espera de un hospital de trauma: «Yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos» (Jn 5,3). Jesús se dejó caer por allí.

¡Es curioso!: Jesús siempre está en medio de los problemas. Allí donde haya algo para “liberar”, para hacer feliz a la gente, allí está Él. Los fariseos, en cambio, sólo pensaban en si era sábado. Su mala fe mataba el espíritu. La mala baba del pecado goteaba de sus ojos. No hay peor sordo que el que no quiere entender.

El protagonista del milagro llevaba treinta y ocho años de invalidez. «¿Quieres curarte?» (Jn 5,6), le dice Jesús. Hacía tiempo que luchaba en el vacío porque no había encontrado a Jesús. Por fin, había encontrado al Hombre. Los cinco pórticos de la piscina de Betsaida retumbaron cuando se oyó la voz del Maestro: «Levántate, toma tu camilla y anda» (Jn 5,8). Fue cuestión de un instante.

La voz de Cristo es la voz de Dios. Todo era nuevo en aquel viejo paralítico, gastado por el desánimo. Más tarde, san Juan Crisóstomo dirá que en la piscina de Betsaida se curaban los enfermos del cuerpo, y en el Bautismo se restablecían los del alma; allá, era de cuando en cuando y para un solo enfermo. En el Bautismo es siempre y para todos. En ambos casos se manifiesta el poder de Dios por medio del agua.

El paralítico impotente a la orilla del agua, ¿no te hace pensar en la experiencia de la propia impotencia para hacer el bien? ¿Cómo pretendemos resolver, solos, aquello que tiene un alcance sobrenatural? ¿No ves cada día, a tu alrededor, una constelación de paralíticos que se “mueven” mucho, pero que son incapaces de apartarse de su falta de libertad? El pecado paraliza, envejece, mata. Hay que poner los ojos en Jesús. Es necesario que Él —su gracia— nos sumerja en las aguas de la oración, de la confesión, de la apertura de espíritu. Tú y yo podemos ser paralíticos sempiternos, o portadores e instrumentos de luz.

Rev. D. Ángel Caldas i Bosch (Salt-Girona, España)