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domingo, 21 de enero de 2018

Les dijo: “Síganme”, y al momento dejaron sus redes y se fueron con Él

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios y el comentario, en este Domingo 3º del Tiempo Ordinario - Ciclo B.

Dios nos bendice...

Primera lectura

Lectura de la profecía de Jonás (3,1-5.10):

En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.»
Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla.
Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!»
Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños.
Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 24,4-5ab.6-7bc.8-9

R/.
 Señor, enséñame tus caminos

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (7,29-31):

Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,14-20):

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.
Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Palabra del Señor

Comentario

El Evangelio según san Marcos, que fue el primero en escribirse de los cuatro que forman parte de los textos bíblicos del Nuevo Testamento según han llegado a nosotros, nos presenta hoy el comienzo de la predicación de Jesús al iniciar su vida pública (Marcos 1, 14-20). Las otras lecturas bíblicas [Jonás 3, 1.5-10; Salmo 25 (24), 1 Corintios 7, 29-31] nos pueden servir de ayuda para complementar nuestra reflexión sobre el sentido del mensaje central de este domingo: la Buena Noticia que proclama Jesús, consistente en la llegada y cercanía del Reino de Dios, para cuyo establecimiento y desarrollo llama a quienes serían sus primeros discípulos.

1.- “Se ha cumplido el plazo, el Reino de Dios está cerca”

Esta es la primera frase que pronuncia Jesús en su vida pública al iniciar su predicación. Dios había prometido a través de los profetas del Antiguo Testamento que vendría un “Mesías”, es decir, un hombre ungido o consagrado por Él para establecer su reinado en la tierra, es decir, para hacer presente en medio de la humanidad el poder de su amor, un amor que es capaz de liberarnos de la injusticia y de todas las demás formas de violencia si lo acogemos con fe y nos alineamos con su proyecto de construcción de una nueva forma de relacionarnos los unos con los otros, como hermanos, porque somos todos hijos del mismo Creador. Lo que Jesús proclama al iniciar su predicación es que el tiempo de la realización de aquellas promesas proféticas ya ha llegado con Él mismo, lo cual es precisamente una buena nueva, una buena noticia, que es lo que significa originariamente el término “evangelio”.

Pero, además, hay un detalle: Jesús proclama y revela, no sólo con su discurso sino con su forma de actuar, a un Dios que está cerca, que ha querido llegar hasta nosotros, un Dios próximo, muy diferente del distante y lejano que concebían las filosofías y religiones paganas. En Jesús llega a su plenitud la manifestación personal del mismo Dios que 12 siglos antes se había revelado a Moisés con el nombre Yahvé - “Yo soy”-, para decirle que había “bajado” a liberar a su pueblo de la esclavitud (Éxodo 3, 7-8; 13-15), y el mismo Dios que siete siglos atrás había sido anunciado por el profeta Isaías como el Emmanuel o “Dios-con-nosotros” (Isaías 7, 14).

2.- “Conviértanse y crean en el Evangelio”

Inmediatamente después de la proclamación de la cercanía y llegada del Reino de Dios, Jesús invita a sus oyentes a la conversión y a la fe en la Buena Noticia. Hay un contraste muy claro entre el contenido de la predicación de Jonás en el Antiguo Testamento, que se nos presenta en la primera lectura de este domingo, y la predicación de Jesús. Jonás predica una amenaza de destrucción, Jesús proclama una noticia alegre y constructiva.

Si bien es cierto que el Dios que se manifiesta en el relato de la predicación de Jonás en la capital del reino de Asiria, al norte de Israel, es un Dios compasivo que “se arrepintió de la catástrofe con que había amenazado a Nínive y no la ejecutó”, el Dios revelado por Jesús -que es el mismo del relato del libro de Jonás- ya no se presenta bajo el signo de la amenaza, sino invitándonos a colaborar con Él en la construcción de su Reino. Se trata de una invitación a cambiar las actitudes egoístas y desviadas del camino del bien, por una nueva forma de vida en la que le abramos libremente a Dios, en nuestra existencia personal y en nuestro entorno social, el espacio necesario para que el poder de su amor actúe constructivamente en nosotros y en nuestra sociedad.

3.- Les dijo: “Síganme”… Y al momento dejaron sus redes y se fueron con Él

El domingo pasado el Evangelio según san Juan nos presentaba el relato del inicio de la vocación de tres de los primeros discípulos de Jesús. El Evangelio según san Marcos nos cuenta hoy la definición del llamamiento que el propio Jesús les hizo a cuatro, todos pescadores: los mismos tres primeros (Simón Pedro, su hermano Andrés y Juan), y otro más (Santiago, hermano de Juan). La definición del llamamiento es clara y directa: “Síganme”. Pero no es una orden, es una invitación, una propuesta. Y aquellos pescadores fueron de tal modo atraídos por la invitación que Jesús les hizo, que “inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”.

También nosotros, cada uno o cada una en sus circunstancias concretas, somos invitados por el Señor -y esa invitación puede estar repitiéndose aquí y ahora- a seguirlo de determinada manera, en un estado de vida específico para contribuir al establecimiento del Reino de Dios en el entorno social concreto en el que nos corresponde vivir. Para que ese seguimiento sea una realidad, tenemos que “dejar las redes”, como lo hicieron los primeros discípulos de Jesús, es decir, deshacernos de todo cuanto nos “en-reda” y por lo mismo nos impide emprender el camino que Dios nos indica como aquél que nos conduce a la verdadera realización del sentido de nuestra existencia.

Pidámosle entonces al Señor que nos dé la disposición necesaria para no ser sordos a su llamamiento, sino prontos y diligentes en atender la invitación que el mismo Jesús nos hace a colaborar con Él en la proclamación, el establecimiento y el desarrollo del Reino de Dios en nuestro entorno social: en nuestros hogares, en nuestros lugares de trabajo, en todas las circunstancias de nuestra vida.


El mensaje del Domingo

Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J.

viernes, 4 de agosto de 2017

“Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta”

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la 17ª semana del tiempo ordinario.

Hoy celebramos la memoria de San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, patrono de los párrocos, a quienes los encomendamos a él.

Dios nos bendice...

Primera Lectura

Lectura del libro del Levitico 23, 1. 4-11. 15-16. 27. 34b-37

El Señor dijo a Moisés: «Estas son las festividades del Señor, en las que convocarán a asambleas litúrgicas. El día catorce del primer mes, al atardecer, es la fiesta de la Pascua del Señor. El día quince del mismo mes es la fiesta de los panes sin levadura, dedicada al Señor. Comerán panes sin levadura durante siete días. El primer día de éstos se reunirán en asamblea litúrgica y no harán ningún trabajo. Los siete días harán ofrendas al Señor. El día séptimo se volverán a reunir en asamblea litúrgica y no harán ningún trabajo de siervos».
El Señor volvió a hablar a Moisés y le dijo: «Di a los israelitas: Cuando entren en la tierra que yo les voy a dar y recojan la cosecha, le llevarán la primera gavilla al sacerdote, quien la agitará ritualmente en presencia del Señor, el día siguiente al sábado para que sea aceptada. Pasadas siete semanas completas, contando desde el día siguiente al sábado en que lleven la gavilla para la agitación ritual, hasta el día siguiente al séptimo sábado, es decir, a los cincuenta días, harán una nueva ofrenda al Señor. El día diez del séptimo mes es el día de la expiación. Se reunirán en asamblea litúrgica, harán penitencia y presentarán una ofrenda al Señor. El día quince de este séptimo mes comienza la fiesta de los Campamentos, dedicada al Señor, y dura siete días. El primer día se reunirán en asamblea litúrgica. No harán trabajos serviles. Los siete días harán ofrendas al Señor. El octavo día volverán a reunirse en asamblea litúrgica y a hacer una ofrenda al Señor. Es día de reunión religiosa solemne. No harán trabajos serviles. Estas son las festividades del Señor, en las que se reunirán en asamblea litúrgica y ofrecerán al Señor oblaciones, holocaustos y ofrendas, sacrificios de comunión y libaciones, según corresponde a cada día».

Salmo

Sal 80 R/. Aclamemos al Señor, nuestro Dios

Entonemos un canto
al son de las guitarras y del arpa.
Que suene la trompeta en esta fiesta
que conmemora nuestra alianza.R/.

Porque ésta es una ley en Israel,
es un precepto que el Dios de Jacob
estableció para su pueblo,
cuando lo rescató de Egipto. R/.

«No tendrás otro Dios fuera de mí
ni adorarás a dioses extranjeros.
Pues yo, el Señor, soy el Dios tuyo,
el que te sacó de Egipto, tu destierro». R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13,54-58

En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: «¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es María su madre, y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?» Y se negaban a creer en él. Entonces Jesús les dijo: «Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa». Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.

Reflexión

“No haréis trabajo alguno”

    En este texto del Levítico se describen -según la versión «sacerdotal»- las principales fiestas de Israel, en las que se han unido los elementos más antiguos del mundo rural y el recuerdo de las intervenciones de Dios en la historia de la salvación. La fiesta de la Pascua había quedado para conmemorar la salida del pueblo elegido de Egipto, Pentecostés será la fiesta de la alianza del Sinaí, y la fiesta de los Tabernáculos conmemorará la permanencia en el desierto del pueblo de Dios.

Los elementos constitutivos de la fiesta son siempre los mismos, y casi siempre enumerados en el mismo orden. Quiero fijar mi atención en el último: “no haréis trabajo alguno”, porque lo considero de suma importancia y porque creo que es el que con más facilidad pasamos por alto.

El descanso en el día del Señor, el día de la fiesta, nos recuerda que el Señor descansó después de la creación. Por ello, el descanso, más allá de ser una necesidad vital (que lo es, porque hay que reparar las fuerzas desgastadas del trabajo), nos sitúa en nuestra realidad de criaturas, necesitadas de Dios. Al descansar, reforzamos nuestra confianza en Dios, y también tendremos tiempo para disfrutar de las relaciones familiares, y que éstas se hagan más sólidas.

Si estamos todos los días trabajando, ni tenemos tiempo para Dios, ni para el prójimo. Sin darnos cuenta nuestra vida se irá vaciando de su sentido más profundo y verdadero.
Que este tiempo de vacaciones nos ayude a evaluar nuestra vida y darnos cuenta si nos tomamos en serio la necesidad de descansar.

“No hizo allí muchos milagros porque les faltaba fe”

El Evangelio de hoy es breve pero no falto de contenido. Llama la atención que Jesús condicione su obrar admirable, hacer milagros, a la falta de fe de sus paisanos, cuando según la lógica humana sería hacer cosas extraordinarias para hacerse creíble ante los demás. Jesús rompe todos nuestros esquemas.

Jesús conoce bien el corazón humano, sabe que fácilmente nos dejamos seducir por las apariencias y los títulos humanos. La tentación del prestigio, es, si cabe, más fuerte que la del dinero. Jesús se presenta ante sus paisanos como uno más como el hijo del carpintero, pero ellos no reconocen que su hablar con autoridad le viene de su ser el Hijo de Dios, y por eso no creen.

También nosotros hoy podemos cerrar el corazón y los ojos ante las cosas sencillas, los pequeños acontecimientos de la vida que nos hablan de Dios; cerrar los oídos, no dejarnos ayudar por las personas con las que convivimos; y pretender encontrar a Dios sólo en cosas llamativas. En el fondo más que Dios nos importa nuestro brillo personal.
Que el Señor nos conceda la sencillez de alma para no ir de listos por la vida y vivir abiertos a su presencia. Porque Dios viene a nuestra vida en cada hombre y en cada acontecimiento.


None MM. Dominicas
Monasterio de Sta. Ana (Murcia) 
 

miércoles, 22 de marzo de 2017

La Ley ha de llevarnos a la madurez de la libertad cristiana

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios y el comentario, en este Miércoles de la 3ª semana de Cuaresma.

Dios nos bendice...

Lectura del libro del Deuteronomio (4,1.5-9):

Moisés habló al pueblo, diciendo:
- «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.
Mirad: yo os enseño los mandatos y decretos, como me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella.
Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos , los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán:
"Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación."
Porque, ¿dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos?
Y, ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que yo os propongo hoy?
Pero, ten cuidado, guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselos a tus hijos y nietos.»

Palabra de Dios

Sal 147,12-13.15-16.19-20

R/.
 Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.

El envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza. R.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,17-19):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»

Palabra del Señor

Comentario

Le ley (Torah) en el judaísmo era considerada mejor como la “sabiduría de Israel”. Pero cuando se tradujo la Septuaginta (Biblia de los Setenta) para los judíos de Alejandría, se tradujo como NOMOS (ley en griego). Los cristianos en realidad no usaron la versión hebrea sino esta griega y así la “sabiduría de Israel” entró en igualdad con las LEX (ley en latín) romana. Los judíos diferenciaban la Torah de la ley civil, la codificación de la ley, la ley oral (profetas y rabinos), la lectura de la ley, la alegría de la ley, los rollos de la ley y las tablas de la ley. La ley romana pretendía ser única y universal, al menos en todo el Imperio. Supongamos que Jesús se refiere en el evangelio de hoy a la Torah, la cual se consideraba posesión y obligación exclusiva para el pueblo judío y algunos de los profetas que anunciaban un mesías venidero, entonces ni el cumplimiento ni la abolición son totales. Jesús quebranta algunos normas sobre el sábado, la pureza, el trato con gentiles, el perdón de los pecados, pero alaba oración, ayuno, limosnas de los fariseos advirtiendo sobre su exhibicionismo, cumple con algunas normas judías (circuncisión, purificación, pascua, hannukah, cita a Moisés como autoridad, cita Génesis, Abrahán, profetas). Como dice el biblista John P. Meier, era Jesús un judío especial que podemos llamar un “judío marginal ”. Mateo, escrito probablemente para los cristianos procedentes del judaísmo en Antioquía; no hace un buen balance de la novedad cristiana frente el judaísmo como sí lo hace Pablo en sus cartas, especialmente Romanos y Gálatas. Aunque vale decir que el cristianismo es la religión del amor, no puede complementarse tan fácilmente con que el judaísmo es la religión de la ley, entendida a la romana; o incluso hoy con la ley como pacto social democrático.
El Antiguo Testamento entendido como ley es discontinuo, contradictorio en el estilo, diverso teológicamente, ilógico en muchas repeticiones. Muchas leyes y códigos están duplicados y se contradicen uno a otro o no parecen conocer de la existencia uno de otro. Por esto existían todas las formas de ley antes dichas y el trabajo de interpretación (midrash, halaká, haggadá) era continuo hasta el día de hoy. No es el caso del Corán con su unidad atribuida a Mahoma, lo cual da poco espacio para el análisis y la interpretación (exégesis y hermenéutica). El lenguaje de Dios para el judío, es, en contraposición al humano, omni-significante y en cierta forma anti-dogmático, lo cual le da una profunda creatividad y adaptabilidad. Solamente cuando vuelve Elías dará sentido pleno a los setenta rostros de la Torah. La diferencia con el derecho romano y con el que hoy conocemos es evidente. El decálogo, tan exprimido hasta sus más insignificantes conclusiones, por ejemplo en los confesionales medievales, era instrucción y revelación para los judíos igualmente sometido a interpretaciones de tiempo, persona y lugar. Para las naciones gentiles postulaban los siete mandatos de Noé. En los mismos evangelios hay intentos por resumir la ley en el amor a Dios y al prójimo; más radicales aún en el evangelio de Juan al amor más universal y en Pablo a la “ley de Cristo” en su versión misericordiosa: «Lleve cada uno las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo» (Gal 6:2). Los judíos no entienden la Torah como restricción sino como liberación, no como exigencia sino como regalo, no para coartar sino para despertar iniciativa. Muchos Padres de la Iglesia y reformadores vieron el judaísmo como un fósil y la comunidad creyente como nuevo Israel. En esta concepción las palabras del evangelio de hoy «no he venido a abolir la ley y los profetas, sino a darles cumplimiento» son incomprensibles. En Pablo el uso de la palabra ley es bastante amplio y lo que ve superado es que seamos salvos por ella y no por gracia y por tanto innecesaria la circuncisión, las normas del sábado, la leyes dietéticas y las de pureza. Pero la ley, entendida como revelación, conserva toda su validez y es lo que trata de explicar en sus cartas, incluso, deduciendo nuevas normas para los creyentes. En Mateo es Jesús (nuevo Moisés) quien ejerce como legislador. La ley a la que da cumplimiento con su vida es a “su ley” pero no quiere que los cristianos escandalicen a los judíos o creyentes procedentes del judaísmo. Esto puede verse en que pagan impuestos, honran el sábado y pide escuchar a escribas y fariseos. Hasta en el bautismo, cuando discute con Juan, pide ser bautizado para cumplir la ley, sin que sepamos a qué ley se refiere, pues el bautismo era para gentiles convertidos al judaísmo.
Algunos comentaristas ven en Mateo y su alusiones a la ley, una respuesta conservadora a Pablo quien predicó en Antioquía contra la justificación por las obras de la ley. Se contaban en ese tiempo 248 mandatos y 365 prohibiciones. Para Pablo era clara la imposibilidad de vivir de acuerdo a tantos preceptos y menos hasta las tildes o iotas de la ley. A menudo normas morales se confundían con normas ceremoniales o rituales. Quienes cumplían muchas de ellas se sentían superiores a los cristianos gentiles que no las guardaban creando cristianos de primera y segunda clase. Jesús aparece aboliendo las normas de divorcio, prohibiendo cualquier juramento y cualquier retaliación o venganza que estaban previstos en la misma ley. Pablo ve que a menudo hay contradicción entre el espíritu y la letra de ley y produce la dolorosa expresión: «La letra mata, es el Espíritu el que da vida» (2 Co 3:6) algo que parece tan válido para la ley religiosa como para la civil. Podríamos decir que en Jesús se cumple el “espíritu” de la ley pero no su letra.
La mezcla de idealismo moral y realismo religiosa puede ser paralizante o dinamizante según se absolutice una de ellas. El sermón del monte, por ejemplo, es un ideal que no se alcanza fácilmente pero que igualmente no puede eliminarse de los evangelios sin que sufran una pérdida irreparable. Pero quien no llegaba allí no era mirado por Jesús como un transgresor, un pecador para condenar sino como un enfermo para curar, un convaleciente para robustecer. El médico es lo que necesitan, no un maestro de la ley que los juzgue como sucedía con los escribas y fariseos. Así se veía Jesús a sí mismo: no como juez que dicta sentencia, sino como médico que viene a buscar y salvar a quienes se encuentran perdidos. Tenía la esperanza que los creyentes pudieran superar la justicia de los escribas y fariseos y en esto tenía una visión más esperanzadora de la naturaleza humana que el judaísmo. Por buena y provechosa que sea la ley civil y religiosa el evangelio nos dice que no debemos contentarnos con ella. Muchos cristianos pueden pensar estar viviendo su fe con responsabilidad porque se preocupan de cumplir determinadas prácticas religiosas y tratan de ajustar su comportamiento a unas leyes morales y unas normas eclesiásticas. Muchas comunidades cristianas satisfechas por los servicios religiosos (sacramentos, catequesis, etc.) al confrontarse con el evangelio encuentran que pueden ir más allá; que reducidos a la ley, la norma, el precepto no hemos superado el Antiguo Testamento o no hemos dado plenitud a la ley. Pablo la reconoce como niñera (aya) que nos ha de llevar a la madurez de la libertad cristiana.
 Apuntes del Evangelio.
 Luis Javier Palacio, S.J.
                          


domingo, 1 de junio de 2014

Jesús vuelve al Padre: nos deja una esperanza y una tarea


¡Amor y paz!

El Señor Jesús se despide de sus discípulos, con el mayor triunfo de todos: haber cumplido su misión a plenitud. A  su vez, les pide ir y hacer que todos los pueblos sean sus discípulos, bautizarlos y enseñarles a cumplir todo lo que Él les ha mandado.

Enhorabuena, Señor, por tu triunfo.
Has ascendido y eres
lo más alto que existe.
Has batido el record absoluto
de amor a la humanidad.

También a mí me gusta el triunfo,
el hacer carrera y el éxito,
pero soy muy diferente a Ti.

Cuando yo gano, otros pierden.
Cuando ganas Tú, ganamos todos.

Lo mío suele ser un éxito
frente a otros hombres.
Lo tuyo es una victoria
para todos los hombres.

Enséñame, Señor, a no subir
a costa de los demás.
Enséñame a servir a todos
deportivamente  (www.mercaba.org)
 

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este domingo en que celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Mateo 28,16-20. 
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo". 
Comentario

Llegamos al final del tiempo pascual y nos encontramos con dos fiestas de profundo contenido cristiano: La Ascensión y Pentecostés  que son la plenitud de la Pascua de Jesús el cual habiendo sido glorificado envía sobre nosotros el don del Espíritu Santo.

La Ascensión es el final de una misión que Jesús ha cumplido con  generosidad, ha dado testimonio del amor de Dios entregando su  vida y ahora vuelve al Padre.

Esto no significa que se ha alejado de nosotros, está más  presente que antes, nos dice: "yo estaré con ustedes todos los  días", " este pan es mi cuerpo", lo que ustedes hacen a estos  pequeños a mí me lo hacen".

Debe alegrarnos el no celebrar un acontecimiento del pasado,  estamos celebrando a Jesús resucitado, presencia siempre nueva,  siempre real, sin dejar por ello de ser misteriosa; "donde dos o más  estén reunidos en mi nombre allí estoy yo".

El tiempo de Jesús es el nuestro, si hemos muerto con él,  sabemos que con él resucitaremos, compartiendo su misma gloria;  él se ha ido para prepararnos un lugar en la casa del Padre, pues  quiere que compartamos su destino, el cuerpo debe estar donde  está la cabeza; esto implica asumir muchos retos, es decir, un  compromiso claro aquí en la tierra, pues él actúa a través de la  comunidad de los creyentes, hay mucho que hacer para salvar al  hombre.

En los comienzos del tercer milenio, debemos sentirnos urgidos por  evangelizar a los hermanos, hacer que Cristo sea conocido por  todos, que descubran que el amor de Dios ha sido manifestado a  los hombres por medio de Cristo Jesús.

C. E. de Liturgia
PERÚ