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miércoles, 24 de abril de 2013

Jesús expresa la voluntad salvadora de Dios


¡Amor y paz!

El evangelista pretende llevar a la conciencia del oyente o del lector qué es lo que estaba entonces en juego y qué es lo que sigue estando siempre en juego cuando se trata del evangelio. El evangelio es de una actualidad permanente. Por eso precisamente el oyente cristiano no puede ni debe darse por satisfecho por lo que le ocurrió a los "judíos". Porque eso mismo puede volver a suceder tanto hoy como mañana. Y es que el evangelio será siempre crisis para todo el mundo y para todos los hombres de todos los tiempos.

Estas breves líneas del evangelio de hoy tienen una vigencia permanente, una importancia decisiva para todos los oyentes presentes y futuros.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la IV Semana de Pascua.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 12,44-50.
Pero Jesús dijo claramente: «El que cree en mí no cree solamente en mí, sino en aquel que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no permanezca en tinieblas. Si alguno escucha mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo, porque yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarlo. El que me rechaza y no recibe mi palabra ya tiene quien lo juzgue: la misma palabra que yo he hablado lo condenará el último día. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre, al enviarme, me ha mandado lo que debo decir y cómo lo debo decir. Yo sé que su mandato es vida eterna, y yo entrego mi mensaje tal como me lo mandó el Padre.» 
Comentario

"Jesús exclamó", otros: "levantando la voz", es un clamor o grito de Jesús, que caracteriza siempre el discurso que sigue como un discurso de revelación, dirigido a la opinión pública del mundo. Debe resonar con fuerza el alcance de esta revelación de Cristo, de manera que a nadie se le pueda pasar por alto o la pueda olvidar.

¿Y cuál es el contenido de esta revelación? Es lo que constituye el contenido fundamental del evangelio de Juan: el que cree en Jesús, no cree sólo en Jesús, sino que cree también en Dios, el Padre. Después de realizada la revelación de Dios en el Hijo, la fe en Cristo y la fe en Dios son para Juan la misma cosa. Son esa única y misma cosa, porque el Hijo y el Padre son uno.

Por eso, para el cristiano, la última meta de la fe en Jesús no es un Jesús aislado en sí mismo, sino que a través de Jesús lleva hasta Dios. Jesús es la epifanía de Dios, de manera que quien ve a Jesús ve al Padre. En la persona de Jesús es Dios quien sale al encuentro del hombre. Con esto queda dicho que de ahora en adelante a Dios sólo se le puede ver y encontrar en 
Jesucristo.

"Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas"; Jn 1. 9: "él era la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre".

Desde la encarnación del mundo, la luz ya no es una metáfora o algo impreciso de sentido, sino Jesucristo en Persona. Él es la luz que viene al mundo, el portador de la salvación para los hombres. La luz vino al mundo justamente para que brille este propósito divino de salvación universal -y esta es la paradoja de la fe- para que brille aún más esta voluntad salvadora de Dios en la oscuridad más profunda de la cruz.

"Al que oiga mis palabras y nos las cumpla, yo no le juzgo porque no he venido para juzgar al mundo; sino para salvar al mundo".

Porque Jesús es la más clara manifestación de esta voluntad salvadora de Dios, que llama a los hombres en lo más íntimo de sus conciencias a que acojan esta salvación de Dios que gratuitamente se les ofrece, justamente por esto al hombre se le brinda también la posibilidad de la pérdida de la salvación, de forma que lo que se le ofrece como salvación, se le pueda cambiar y de hecho se le cambia en juicio, cuando no cree.

"El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene quien lo juzgue: la Palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día".

El hombre tiene que acoger con libertad íntima la salvación que se le ofrece; debe responder con su amor al amor divino.

La revelación no actúa como magia salvadora. Al hombre no se le puede privar del riesgo de su libertad histórica.

Por eso conserva siempre una responsabilidad última sobre sí y su salvación. Por eso, quien no acepta a Jesús y sus palabras encuentra su juez en la palabra de Jesús. "La palabra que yo he pronunciado, ésa lo juzgará en el último día": la palabra de Jesús se convierte en juez del hombre. Es como si se alzara contra él y señalara que entre este hombre y Jesús no hay comunión alguna, de modo que al rechazar la palabra de Jesús se rechaza y reprueba a sí mismo.

El juicio del hombre no consiste en un acto externo y firme, sino que es un autojuicio. El hombre con su conducta pronuncia sentencia contra sí mismo, cosa que saldrá a relucir en el "último día", pero cuyo tiempo de decisión es el momento presente. La decisión se da aquí y ahora entre fe e incredulidad. Lo que ocurrirá en "el último día" no será más que la manifestación pública de la decisión tomada aquí.

Desde el principio hasta el fin de su actividad, Jesús no ha enseñado nada por su cuenta, independientemente del Padre. El Padre, que le ha enviado, es la fuente de cuanto ha dicho. Por eso necesariamente tiene que haber una coincidencia absoluta en el juicio último. La palabra de Jesús es la palabra del Padre.

Que Jesús, nuestra luz, ilumine los obscuros recovecos de nuestro corazón para que no vivamos engañados y transforme nuestra vida en claridad cristiana que la haga transparente a los demás.

"Vosotros, los que veis, ¿qué habéis hecho de la luz?"

¿Qué son los santos? Las vidrieras de las catedrales. "Hombres que dejan pasar la luz".

lunes, 18 de marzo de 2013

El que siga a Jesús no andará en tinieblas

¡Amor y paz!

El Evangelio nos reafirma hoy que Jesús es luz y que quien lo siga no caminará en la oscuridad sino que tendrá la luz de la vida. Como discípulos suyos, Él nos invita a ser también luz en un mundo donde hay tanta confusión y dudas; donde reina la desesperanza y muchos hablan el lenguaje del odio.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la V Semana de Cuaresma.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 8,12-20. 
Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida". Los fariseos le dijeron: "Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale". Jesús les respondió: "Aunque yo doy testimonio de mí, mi testimonio vale porque sé de dónde vine y a dónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy. Ustedes juzgan según la carne; yo no juzgo a nadie, y si lo hago, mi juicio vale porque no soy yo solo el que juzga, sino yo y el Padre que me envió. En la Ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me envió da testimonio de mí". Ellos le preguntaron: "¿Dónde está tu Padre?". Jesús respondió: "Ustedes no me conocen ni a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre". El pronunció estas palabras en la sala del Tesoro, cuando enseñaba en el Templo. Y nadie lo detuvo, porque aún no había llegado su hora. 
Comentario

1. Jesús, queda una semana para la Semana Santa, los días en los que rememoramos tu Pasión y tu Cruz. Y la Iglesia quiere recordarme hoy que Tú eres la luz; que, aunque dentro de unos días parezca que has fracasado y todo el mundo te abandone, sólo Tú puedes iluminar mi camino con una luz que es vida. Yo soy la luz del mundo.

La palabra de Dios es luz para el entendimiento, fuego para la voluntad, para que el hombre pueda conocer y amar a Dios; y para el hombre interior, el que vive por la gracia del Espíritu Santo, es pan y agua, pero un pan más dulce que la miel y el panal, un agua mejor que el vino y la leche; es para el alma un tesoro espiritual de méritos, y por esto es comparada al oro y a la piedra preciosa (S. Lorenzo de Brindisi, Sermón cuaresmal).

Jesús, Tú eres la luz de mi inteligencia. Si te sigo, entenderé muchas cosas que están ocultas a los que prefieren vivir en tinieblas: el sentido del dolor, de la muerte y de la vida; el valor de la renuncia, de la entrega y del amor verdadero; el porqué es mejor perdonar, pensar en los demás, o servir sin esperar nada a cambio. Esto no lo entienden los que no te siguen, los que no tienen la Cruz por señal, ni el nombre de cristianos.

Jesús, Tú eres el fuego que impulsa mi voluntad. Tú me das tu gracia para que acepte tus enseñanzas y para que pueda ponerlas por obra. En esa época, la luz se identificaba con el fuego: se necesitaba fuego para hacer luz. Y Tú has dicho: fuego he venido a traer a la tierra, y ¿qué quiero sino que arda? (Lc 12,49). Me has pasado el fuego a mí, y ahora soy yo el que he de arder para dar luz y calor a los demás.

2. Algunos pasan por la vida como por un túnel, y no se explican el esplendor y la seguridad y el calor del sol de la fe (Camino, 575).

Jesús, a veces me encuentro gente que no me entiende. Como a los judíos del Evangelio de hoy, también se les podría decir: Vosotros juzgáis según la carne. Y, claro, así no se explican el esplendor y la seguridad y el calor del sol de la fe. Además, todo el mundo opina de religión, pero luego resulta -como es lógico, porque uno dedica el tiempo a lo que cree que es más interesante- que no saben nada sobre la doctrina de la Iglesia. ¿Cómo opináis sobre mí -les podrías preguntar- si no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy?

Jesús, no puedo pretender que salgan de su túnel a base de razonamientos científicos, que -por definición- captan sólo lo que es material y, por tanto, lo que está dentro del túnel. No quieres que les demuestre tu existencia, sino que les muestre tu luz: que yo sea luz para los demás. Y seré luz con el ejemplo de mi vida: si me preocupo por los demás; si actúo con honradez; si tengo prestigio profesional; si no busco el provecho personal; si sé querer de verdad; si tengo una alegría contagiosa.

Si me conocierais a mí conoceríais también a mi Padre. Jesús, ayúdame a conocerte mejor cada día. Y para conocerte, he de mantener estos minutos de oración. Dame luces, dame tu luz, para entender lo que no entiendo, para querer más lo que ya quiero pero, a veces, sólo con la boca pequeña, porque cuesta. Dame el esplendor y la seguridad y el calor del sol de la fe.

Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: «Una Cita con Dios», Tomo I, EUNSA

martes, 14 de septiembre de 2010

¿Qué significa hoy para usted el signo de la cruz?

¡Amor y paz!

La cruz es un signo, y como tal lo importante es lo que señala y significa, lo que nos dice y nos recuerda.

Depende del contexto donde se encuentre, la cruz puede significar una u otra cosa. Con la cruz se hacen tanto condecoraciones como sepulturas; se puede llevar colgada al cuello como un adorno o como una protección de connotación mágica; puede ser simplemente un signo matemático, expresar muerte cuando se coloca en un obituario, o dignidad eclesiástica cuando se imprime al lado de una firma..

La cruz identifica al cristianismo mundialmente, así como la media luna identifica al islam o la estrella de seis puntas formada por dos triángulos equiláteros que –en la posición conocida- significan el judaísmo.

“La cruz, a secas, ni se ama ni se puede amar. Lo que sucede es que nadie habla de la cruz a secas, sino de la cruz del Crucificado”, según el teólogo alemán Jürgen Moltmann. ¿Qué significado tiene para nosotros la cruz?

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este martes en que como Iglesia celebramos l

a fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

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Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 3,13-17.

Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Comentario

Es la cruz la que ha reconciliado a los hombres con Dios, que ha hecho de la tierra un cielo, que ha reunido a los hombres con los ángeles. Ella ha derribado la ciudadela de la muerte, destruido el poder del diablo, liberado a la tierra del error, puesto los cimientos de la Iglesia. La cruz es la voluntad dada al Padre, la gloria del Hijo, la exultación del Espíritu Santo...

La cruz es más resplandeciente que el sol, porque, cuando el sol se oscurece, la cruz brilla; y el sol se oscurece, no en el sentido de quedar aniquilado, sino que es vencido por el resplandor de la cruz. La cruz ha hecho pedazos el acta de nuestra condena, ha roto las cadenas de la muerte. La cruz es la manifestación del amor de Dios: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él».

La cruz ha abierto el paraíso y ha introducido en él al malhechor (Lc 23,43) y ha llevado al Reino de los cielos al género humano abocado a la muerte.

San Juan Crisóstomo (345-407), presbítero en Antioquia, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia . Homilía sobre «Padre, si es posible»

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