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martes, 27 de agosto de 2013

No olvidemos lo fundamental por practicar lo secundario

¡Amor y paz!

La invectiva contra los fariseos continúa desenmascarando su actitud a base de la contraposición entre lo de mayor y de menor valor, entre lo interior y lo exterior, de los que tratan los dos ayes contenidos en la presente lectura. 

De nuevo aparece el grito del amor impotente ante la práctica de la dirigencia farisea que en ambos casos vuelve a ser calificada de “hipócrita” (vv.23 y 25) y de ciega (vv.24 y 26). 

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la XXI Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 23,23-26.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno! ¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.
Comentario

En el primero de estos ayes (vv.23-24) nos encontramos ante una forma de comportamiento frente a la Ley divina. La multiplicidad de obligaciones de ésta pone muchas veces en conflicto los artículos singulares que se prescriben. De allí la necesidad de determinar lo de mayor o menor importancia en el designio divino. 

Las exigencias de mantenimiento del esplendor del culto divino había puesto en primer plano el deber del pago del diezmo en la conciencia de la dirigencia israelita. Complicadas legislaciones sobre este punto tendían a determinar sus exigencias hasta el detalle. Por ello, aquí el fariseísmo es criticado porque ha colocado en el ápice de la jerarquización de los preceptos algo de importancia secundaria como es “el diezmo de la hierbabuena, del anís y del comino” (v.22). 

En ellos esta preocupación secundaria va acompañada de un descuido de lo más importante de la Ley: “la justicia, el buen corazón y la lealtad”. Lo mismo que en la conciencia de los profetas de Israel, estas tres cualidades constituyen el centro del mandato divino respecto a toda acción humana. Es necesario colocarlas en el lugar que le corresponde. De lo contrario se manifiesta el absurdo de una preocupación por lo pequeño, “el mosquito”, y una despreocupación por lo mayor: “el camello”.

Pero, conforme a su discreción, que busca evitar las exacerbaciones que se pueden producir con la sinagoga, el Jesús de Mateo señala, junto a las cosas esenciales, las cosas secundarias: “¡había que practicar! y aquello...no dejarlo”. 

El siguiente ay se fundamenta en el cuidado de la limpieza, típicas del fariseísmo y de otros grupos judíos de la época. Múltiples abluciones de la persona y de los objetos utilizados para comer estaban prescriptos para los israelitas fieles. Pero esta preocupación por la purificación era frecuentemente acompañada por un descuido de las exigencias respecto al prójimo. Limpiar la copa y el plato prevalece sobre el evitar el robo y el desenfreno. 

Como en el caso anterior, Jesús hace un llamado a la recuperación de lo fundamental como única forma de hacer aceptable la práctica de lo secundario.

La máscara con que actúan los fariseos, la hipocresía desvirtúa la relación religiosa. Esta práctica cierra a la comprensión auténtica de esa realidad. Enceguecidos por ella, su conducción se revela ineficaz ya que su ceguera les impide el acceso a Dios para sí mismos y para los integrantes del pueblo que los siguen. 

Se trata, por tanto, de un urgente llamado a la dirigencia religiosa para recuperar la autenticidad de vida, pero también a través de él, de una advertencia a la comunidad de discípulos presentes (cf. Mt 23,1) de no contagiarse del error fariseo.

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)

viernes, 10 de septiembre de 2010

Seamos benévolos, no hipócritas, al juzgar a los hermanos

¡Amor y paz!

Continúa hoy el ‘Sermón de la llanura’ que, en Mateo, se llama ‘Sermón de la montaña’. Y aquí Jesús nos advierte cómo fácilmente vemos los defectos de nuestros hermanos, y en cambio tenemos una gran capacidad para disimular los nuestros. Eso se llama ser hipócritas.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Viernes de la XXIII Semana del Tiempo Ordinario.

Evangelio según San Lucas 6,39-42.

Les hizo también esta comparación: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro. ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: 'Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo', tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Comentario

El evangelio de hoy nos invita a mirar el mundo y a los otros con la misma mirada de Jesús: una mirada de benevolencia.

Los ojos son como un espejo en el que se refleja el mundo. Hay personas para las que toda la realidad es triste y está sujeta a lamentaciones. Todo va mal; y los "sí, pero..." minan toda razón de esperar. El mundo, como por una especie de mimetismo, toma el color de nuestra mirada. Sed benévolos. Con los demás: son menos malos de lo que os imagináis. Amad en ellos la parte mejor de ellos mismos; en el peor de los incrédulos hay una chispa, aunque sea oculta, de ese fuego que Dios ha inscrito en el corazón de cada uno. Tenéis vocación de esperanza: esperad en el hombre. El cristiano, pase lo que pase, no puede encerrar al que siempre es su hermano dentro del calabozo de las sospechas o en la argolla de las condenaciones. Creed en el hombre y sed hombres consagrados a la misericordia. Y sed benévolos con vosotros mismos, mirándoos con menos severidad. Si tenéis algún sentimiento de antipatía ante tal o cual acto, que vuestra antipatía se cambie en humor: ¡tampoco vosotros habéis dicho aún la última palabra! Y sed benévolos con el mundo: no seáis eternos insatisfechos. Vivid, vivid bien, gozad de la vida. Dios fue el primero que se admiró de la obra salida de sus manos en los primeros días del universo.

Ser benévolo ¿significa acaso encontrar excusas, o ser indiferente, o ser ingenuo? Eso sería olvidar que esa palabra -¡y las palabras tienen un sentido!- comprende dos términos: bien y querer. Ser benévolo significa también: descubríos como responsables, sed buenos, vigilantes, denunciad las ilusiones, los valores falsos, las dichas engañosas. La benevolencia es una responsabilidad y la asunción de un deber.

Hace algunos años, un periódico francés centró su campaña de promoción en un "eslogan" extraordinario: "Los demás ven la vida en negro, nosotros vemos razones para esperar". Eso es la benevolencia cristiana: el amor tiene paciencia, lo excusa todo, lo perdona todo, porque toma como modelo la misericordia de Dios.

Nuestra benevolencia no es "ver las cosas de color rosa"; es teologal. Nuestras razones para esperar se arraigan en el ser mismo de Dios, que tiene paciencia, y en su gracia, que no fallará jamás.

Dios de paciencia infinita,
sé nuestro maestro:
enséñanos a amar como Tú sólo puedes amar.
Danos un corazón misericordioso
y razones para esperar
que nuestro tiempo desembocará en la felicidad eterna.

Dios cada día
Siguiendo el leccionario ferial
Semanas XXII-XXXIV T.O. Evang.de Lucas
Sal Terrae/Santander 1990.Pág. 47 s.

www.mercaba.org

lunes, 23 de agosto de 2010

‘¡Ay de ustedes, guías ciegos!’, clama el Señor

¡Amor y paz!

El Evangelio presenta hoy, y durante los dos días siguientes, los ‘ayes’ de Jesús contra la hipocresía de letrados y fariseos. Se trata de ocho lamentaciones que, al final de su vida, Jesús dirige a quienes no han sido capaces de abrirse a la felicidad de las bienaventuranzas propuestas al comienzo del sermón de la montaña.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Lunes de la XXI Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 23,13-22.

"¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido lo hacen dos veces más digno de la Gehena que ustedes! ¡Ay de ustedes, guías, ciegos, que dicen: 'Si se jura por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del santuario, entonces sí que vale'! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el santuario que hace sagrado el oro? Ustedes dicen también: 'Si se jura por el altar, el juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el altar'. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada esa ofrenda? Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por todo lo que está sobre él. Jurar por el santuario, es jurar por él y por aquel que lo habita. Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él.

Comentario

a) Los ataques de Jesús contra los fariseos empezamos a leerlos el sábado pasado («no hacen lo que dicen») y van a continuar durante tres días, con una serie de lamentaciones que les descalifican: «ay de vosotros...».

Las acusaciones de Jesús son muy directas:

- no entran en el Reino, ni dejan entrar a los demás: porque no quieren reconocer al que es la Puerta, Jesús, y atosigan al pueblo con interpretaciones rigoristas;

- con el pretexto de oraciones, «devoran los bienes de las viudas»;

- hacen proselitismo, pero cuando encuentran a una persona dispuesta, no la convierten a Dios, sino a sus propias opiniones;

- caen en una casuística inútil, por ejemplo, sobre los juramentos, perdiendo el tiempo y angustiando a los fieles con cosas que no tienen importancia.

Son «guías ciegos y necios». Mal van a poder conducir al pueblo.

b) Con las personas normales, por débiles y pecadoras que sean, Jesús no se suele mostrar tan duro. Pero sí, con los que son -deberían ser- guías del pueblo, o constituidos en autoridad: «vuestra sentencia será más severa».

Los que tenemos alguna responsabilidad en la vida de la familia o en el campo de la educación o de la comunidad eclesial, tenemos mayor obligación de dar ejemplo a los demás, de no llevar una «doble vida» (entre lo que enseñamos y lo que luego hacemos), de no ser exigentes con los demás y tolerantes con nosotros mismos (la «ley del embudo»), de no ser como los hipócritas, que presentan por fuera una fachada, pero por dentro son otra cosa...

Las acusaciones de Jesús nos las hemos de aplicar a nosotros, porque dentro de cada uno puede esconderse un pequeño o gran fariseo. ¿Qué actitudes farisaicas descubro en mí? Repasemos la lista y respondamos sinceramente si se nos podría tildar de «guías ciegos y necios», si buscamos «prosélitos» para vanidad nuestra más que para bien de los demás o para gloria de Dios, si perdemos el tiempo en inútiles discusiones de palabras, si hemos matado el espíritu con una casuística exagerada...

J. ALDAZABAL

ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5

Tiempo Ordinario. Semanas 10-21

Barcelona 1997. Págs. 304-308

www.mercaba.org