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miércoles, 19 de octubre de 2016

No nos distraigamos: lo mejor de nuestra vida siempre se escribe en clave de futuro

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la 29ª semana del tiempo ordinario.

Dios nos bendice,,,

Evangelio según San Lucas 12,39-48.
Jesús dijo a sus discípulos: "Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada". Pedro preguntó entonces: "Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?". El Señor le dijo: "¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno?  ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa: 'Mi señor tardará en llegar', y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles. El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más." 
Comentario


Cansancio sentimos cuando no renovamos nuestras fuerzas con la oración, la Palabra, y el encuentro con los hermanos. La fe, que brota de la Palabra y de los sacramentos y en ellos se expresa, y la comunión de gracia y servicio con los demás arrojarán fuera ese peligro.

Desánimo sentimos cuando nuestros esfuerzos no son reconocidos o producen un efecto contrario, incluso adverso, como sucede en los tiempos de persecución. Con el testimonio de los mártires y la purificación continua de nuestras intenciones, con la oración y la atención continua a los signos de los tiempos podemos superar ese peligro.

La nostalgia nos ata a lo que ya no podrá ser; nos amarra al pasado y nos hace mirar con desconfianza el presente y con miedo el futuro. Puede hacer incluso que nos declaremos derrotados antes de emprender nada. Con el oído atento a la voz de los profetas y con la mirada abierta a las promesas indeclinables de nuestro Señor, iremos entendiendo que cada tiempo tiene su gracia particular, y que, sin perder lo que podamos aprender como enseñanza, lo mejor de nuestra vida siempre se escribe en clave de futuro.

La distracción de las cosas, problemas y posesiones de este tiempo presente produce un cierto tipo de sopor que hay que aprender a vencer. La conciencia de los dolores que afligen a los más pobres, el aguijón de una conciencia despierta y la llamada a la santidad que nos da el Espíritu Santo harán que permanezcamos más atentos frente a este peligro, y que lleguemos a superarlo.

http://fraynelson.com/homilias.html. 

domingo, 7 de agosto de 2016

¡Tenemos demasiados miedos!

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este 19º Domingo del tiempo ordinario.

Dios nos bendice...

Evangelio según San Lucas 12,32-48. 

No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino. Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla. Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón. Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. ¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo. ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!" Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada". Pedro preguntó entonces: "Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?". El Señor le dijo: "¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa: 'Mi señor tardará en llegar', y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles. El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más." 

Comentario

Tenemos demasiados miedos: Tenemos miedo a la libertad. Sobre todo a la libertad de los otros, que suelen ser los "malos", y en especial a la de aquellos que de algún modo nos están sometidos, como son los hijos y los alumnos, y a los que juzgamos irresponsables. Sin embargo, la vocación de todos los hombres es la libertad, y para vivir en libertad Cristo nos ha liberado.

Tenemos miedo a la verdad o a no tener la verdad, a dudar y a preguntar. Por eso preferimos con frecuencia la adhesión incondicional a la crítica responsable, la apologética trasnochada al diálogo sincero con aquellos que no piensan igual que nosotros. Tenemos miedo al cambio y recelamos de lo nuevo simplemente porque es nuevo. Tenemos miedo a perder posiciones, riquezas, privilegios, poder... Y aunque no tengamos nada que perder, a veces resulta que seguimos teniendo miedo porque nos lo meten en el cuerpo aquellos que lo tienen todo.

El miedo nos hace retroceder ante el futuro, pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor. El miedo es conservador, inmovilista, reaccionario. El miedo nos hace intolerantes en muchas ocasiones y en otras agresivos. El miedo nos pone en guardia para que no pase nada, porque el miedo -se dice- guarda la viña. Hay, por lo tanto, una vigilancia que nace del miedo, así como vigila el amo para que no venga el ladrón y horade su casa de barro y se lleve todo lo que tiene. Pero este miedo y esta vigilancia están en abierta contradicción con la Buena Noticia.

* "No tengáis miedo" (/Lc/12/32): Es lo que dice Jesús a sus discípulos, y añade como razón que el Padre les ha prometido el reino. Les dice también que pongan su corazón donde está su verdadero tesoro: en Dios, y sus manos en donde está su única tarea: en el mundo.

Si creemos las palabras de Jesús, ya no tendremos miedo, sino esperanza. Porque la fe en las palabras de Jesús, en el evangelio -el evangelio es siempre promesa-, engendra la esperanza, y la esperanza no puede ser confundida.

Si el miedo nos pone en guardia, la esperanza cristiana ha de ponernos en camino; si el primero guarda la viña, la segunda es la única que puede cultivarla para que dé mucho fruto, se cumpla la promesa y venga a nosotros el reino que Dios ha prometido a los pobres.

* VIGILAR/QUE-ES:” Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas" (/Lc/12/35): Jesús espera de sus discípulos que adopten en sus vidas una actitud vigilante y que esta vigilancia sea activa y no mera contemplación. Debemos vigilar no para conservar lo que tenemos sino para recibir lo que esperamos, debemos trabajar muy despiertos para entrar un día en la fiesta y en las bodas del Hijo del Hombre que está por venir.

Vigilar es estar en lo que estamos y a la vez en lo que esperamos, porque es vivir en tensión, en vilo todos los días. Vigilar es para los cristianos desarraigo y andadura, éxodo permanente hacia el reino de Dios. Para vigilar así hace falta ser pobre, hacerse pobre, y tener una promesa por delante. La vigilancia mira hacia el futuro del hombre y el adviento de Dios, la vigilancia es fecunda y renovadora, infatigable.

EUCARISTÍA 1977, 38 

miércoles, 21 de octubre de 2015

Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la 29ª. Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 12,39-48. 
Jesús dijo a sus discípulos: "Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada". Pedro preguntó entonces: "Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?". El Señor le dijo: "¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa: 'Mi señor tardará en llegar', y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles. El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más." 
Comentario

El evangelio de hoy nos habla de permanecer vigilantes. Literalmente, "vigilar" es estar en vigilia, es decir, no dejarse vencer por el sueño. Por extensión se aplica a no dejarse llevar por el cansancio, el desánimo, la nostalgia o la distracción.

Cansancio sentimos cuando no renovamos nuestras fuerzas con la oración, la Palabra, y el encuentro con los hermanos. La fe, que brota de la Palabra y de los sacramentos y en ellos se expresa, y la comunión de gracia y servicio con los demás arrojarán fuera ese peligro.

Desánimo sentimos cuando nuestros esfuerzos no son reconocidos o producen un efecto contrario, incluso adverso, como sucede en los tiempos de persecución. Con el testimonio de los mártires y la purificación continua de nuestras intenciones, con la oración y la atención continua a los signos de los tiempos podemos superar ese peligro.

La nostalgia nos ata a lo que ya no podrá ser; nos amarra al pasado y nos hace mirar con desconfianza el presente y con miedo el futuro. Puede hacer incluso que nos declaremos derrotados antes de emprender nada. Con el oído atento a la voz de los profetas y con la mirada abierta a las promesas indeclinables de nuestro Señor, iremos entendiendo que cada tiempo tiene su gracia particular, y que, sin perder lo que podamos aprender como enseñanza, lo mejor de nuestra vida siempre se escribe en clave de futuro.

La distracción de las cosas, problemas y posesiones de este tiempo presente produce un cierto tipo de sopor que hay que aprender a vencer. La conciencia de los dolores que afligen a los más pobres, el aguijón de una conciencia despierta y la llamada a la santidad que nos da el Espíritu Santo harán que permanezcamos más atentos frente a este peligro, y que lleguemos a superarlo.

http://fraynelson.com/homilias.html.


jueves, 27 de agosto de 2015

Dios no nos quiere quitar nada…

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este jueves de la 21ª. Semana del tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Mateo 24,42-51. 
Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada. ¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo. Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si es un mal servidor, que piensa: 'Mi señor tardará', y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. 
Comentario

Con un lenguaje sumamente gráfico, Jesús apremia a todos con el mandamiento de velar. Es muy interesante ver que él mismo, siendo quien es, se compara a un ladrón, en el texto del evangelio que hoy hemos leído. Y en este género de comparación no estamos ante un hecho insólito en los evangelios, pues muchas veces Jesús opta por presentar a Dios no como es en sí mismo sino como cada cual lo percibe.

¿Recordamos, por ejemplo, esa vez en que habla de Dios comparándolo en cierta manera con un juez injusto al que una pobre viuda tiene que insistirle una y otra vez (Lc 18,3-7)? Dios NO ES un juez injusto, pero a quien sufre y no se siente escuchado LE PUEDE PARECER que Dios es así, y Jesús opta continuamente por situarse "del lado del cliente", no del lado de la teoría o de "la verdad en sí misma".

En el caso presente, hay que decir que Dios parece un ladrón para quien se siente tan dueño de su vida, su tiempo y sus cosas, que no quiere perderlos jamás. Para el que quiere vivir mil años, Dios es un ladrón de años. Para el que quiere disfrutar todos los placeres, Dios sólo puede ser un ladrón de placeres. Para el que quiere gozarse de la creación para siempre, estorba el llamado del Creador.

Notemos que en todos los casos en que Dios parece un ladrón es porque el hombre ha querido sentirse "dueño". La clave en el discurso de Jesús está en esto: no te sientas dueño y no verás en Dios un ladrón. Siéntete siervo, siervo amado, siervo fiel, siervo en el que se puede confiar, y descubrirás un Dios que te otorga el don de su amor y de su confianza.

http://fraynelson.com/homilias.html.


miércoles, 22 de octubre de 2014

Estemos vigilantes: en cualquier momento se nos pedirá cuentas

¡Amor y paz!

A la comparación de ayer -los criados deben estar preparados para la vuelta de su señor- añade Jesús otra: debemos estar dispuestos a la venida del Señor como solemos estar alerta para que no entre un ladrón en casa. La comparación no está, claro está, en lo del ladrón, sino en lo de "a qué hora viene el ladrón".

Pedro quiere saber si esta llamada a la vigilancia se refiere a todos, o a ellos, los apóstoles. Jesús le toma la palabra y les dice otra parábola, en la que los protagonistas son los administradores, los responsables de los otros criados. La lección se condensa en la afirmación final: "al que mucho se le confió, más se le exigirá" (José Aldazábal).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la 29 semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 12,39-48. 
Jesús dijo a sus discípulos: "Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada". Pedro preguntó entonces: "Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?". El Señor le dijo: "¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa: 'Mi señor tardará en llegar', y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles. El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más." 

Comentario


Cansancio sentimos cuando no renovamos nuestras fuerzas con la oración, la Palabra, y el encuentro con los hermanos. La fe, que brota de la Palabra y de los sacramentos y en ellos se expresa, y la comunión de gracia y servicio con los demás arrojarán fuera ese peligro.

Desánimo sentimos cuando nuestros esfuerzos no son reconocidos o producen un efecto contrario, incluso adverso, como sucede en los tiempos de persecución. Con el testimonio de los mártires y la purificación continua de nuestras intenciones, con la oración y la atención continua a los signos de los tiempos podemos superar ese peligro.

La nostalgia nos ata a lo que ya no podrá ser; nos amarra al pasado y nos hace mirar con desconfianza el presente y con miedo el futuro. Puede hacer incluso que nos declaremos derrotados antes de emprender nada. Con el oído atento a la voz de los profetas y con la mirada abierta a las promesas indeclinables de nuestro Señor, iremos entendiendo que cada tiempo tiene su gracia particular, y que, sin perder lo que podamos aprender como enseñanza, lo mejor de nuestra vida siempre se escribe en clave de futuro.

La distracción de las cosas, problemas y posesiones de este tiempo presente produce un cierto tipo de sopor que hay que aprender a vencer. La conciencia de los dolores que afligen a los más pobres, el aguijón de una conciencia despierta y la llamada a la santidad que nos da el Espíritu Santo harán que permanezcamos más atentos frente a este peligro, y que lleguemos a superarlo.


http://fraynelson.com/homilias.html.

martes, 21 de octubre de 2014

Felices los que esperan la llegada de su Señor

¡Amor y paz!

En armonía con el texto anterior de Lucas que leemos entre semana, sabiendo que estamos afectados por el pecado, Jesús nos dice: vivid vigilantes, haced el bien, cumplid la justicia, sed honestos... Esa vida es la que en cualquier hora del día o de la noche nos lleva a esperar gozosos la llegada sorpresiva del Señor.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la 29ª semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 12,35-38. 
Jesús dijo a sus discípulos: "Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. ¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo. ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!".

Comentario

En el evangelio de hoy, Cristo llama a sus discípulos a la vigilancia, como criados que esperan que vuelva su señor. Es un tema que vemos aparecer con alguna frecuencia en los Evangelios, más aún cuando el final de la vida misma del Señor se aproximaba. En esta ocasión el llamado a vigilar va acompañado de promesas de bendición y felicidad: "Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela." Sabemos bien que un destino muy distinto aguarda a los que no estén en vela, pero por hoy es más importante gozarnos de los bienes que están reservados para los que vigilen.

Cristo describe estos bienes de un modo sencillo pero que sin embargo queda algo velado a nosotros; dice: "el señor se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo." Es interesante comparar esta afable promesa con la manera como Cristo ve que nosotros solemos obrar: "¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando ovejas, y cuando regresa del campo, le dice: Ven enseguida y siéntate a comer? ¿No le dirá más bien: Prepárame algo para cenar, y vístete adecuadamente, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después comerás y beberás tú? ¿Acaso le da las gracias al siervo porque hizo lo que se le ordenó?" (Lc 17,7-9)

Lo que se anuncia a los que estén en vela es que serán servidos por su señor: algo que, según la comparación que aquí proponemos, no sucede nunca en esta tierra. Esperar el retorno del Señor es entonces esperar el momento en que ya no seremos siervos, sino amigos (Jn 15,15); es también esperar la hora en que "reinaremos con él" (2 Tim, 2,12) y ese día sin término en que se cumpla lo que por ahora es anuncio: "Ellos verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. Y ya no habrá más noche, y no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos." (Ap 22,4-5).

jueves, 28 de agosto de 2014

“Estén prevenidos, porque no saben qué día vendrá su Señor”

¡Amor y paz!

Nos quedan tres días de lectura del evangelio de san Mateo. Y los tres tienen un mismo tema: el discurso «escatológico» de Jesús, el quinto y último de los que Mateo nos ofrece en su evangelio, organizando los dichos de Jesús (cf. lo que decíamos el lunes de la décima semana).

El discurso escatológico se refiere a los acontecimientos finales y, en concreto, a la actitud de vigilancia que debemos tener respecto a la venida última de Jesús.
Hoy nos lo dice con dos comparaciones muy expresivas: el ladrón puede venir en cualquier momento, sin avisar previamente; el amo puede regresar a la hora en que los criados menos se lo esperan. En ambos casos, la vigilancia hará que el ladrón o el amo nos encuentren preparados.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este jueves XXI del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 24,42-51. 
Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada. ¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo. Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si es un mal servidor, que piensa: 'Mi señor tardará', y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. 
Comentario

Nos va bien que nos recomienden la vigilancia en nuestra vida.
No es que sea inminente el fin del mundo, con la aparición gloriosa de Cristo. Ni que necesariamente esté próxima nuestra muerte. Pero es que la venida del Señor a nuestras vidas sucede cada día, y es esta venida, descubierta con fe vigilante, la que nos hace estar preparados para la otra, la definitiva. Toda la vida está llena de momentos de gracia, únicos e irrepetibles. Los judíos no supieron reconocer la llegada del Enviado: ¿desperdiciamos nosotros otras ocasiones de encuentro con el Señor?

El estudiante estudia desde el principio de curso. El deportista se esfuerza desde que empieza la etapa o el campeonato. El campesino piensa en el resultado final ya desde la siembra. Aunque no sean inminentes ni el examen ni la meta definitiva ni la cosecha. No es de insensatos pensar en el futuro. Es de sabios. Día a día se trabaja el éxito final. Día a día se vive el futuro y, si se aprovecha el tiempo, se hace posible la alegría final.

«Estad en vela»: buena consigna para la Iglesia, pueblo peregrino, pueblo en marcha, que camina hacia la Venida última de su Señor y Esposo. Buena consigna para unos cristianos despiertos, que saben de dónde vienen y a dónde van, que no se dejan arrastrar sin más por la corriente del tiempo o de los acontecimientos, que no se quedan amodorrados por el camino.

Estar en vela no significa vivir con temor, ni menos con angustia, pero sí con seriedad. Porque todos queremos escuchar, al final, las palabras de Jesús: «muy bien, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor».

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 315-319






miércoles, 23 de octubre de 2013

“Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho”

¡Amor y paz!

A la comparación de ayer -los criados deben estar preparados para la vuelta de su señor- añade Jesús otra: debemos estar dispuestos a la venida del Señor como solemos estar alerta para que no entre un ladrón en casa. La comparación no está, claro está, en lo del ladrón, sino en lo de "a qué hora viene el ladrón".

Pedro quiere saber si esta llamada a la vigilancia se refiere a todos, o a ellos, los apóstoles. Jesús le toma la palabra y les dice otra parábola, en la que los protagonistas son los administradores, los responsables de los otros criados. La lección se condensa en la afirmación final: "al que mucho se le confió, más se le exigirá".

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 12,39-48.
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada". Pedro preguntó entonces: "Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?". El Señor le dijo: "¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa: 'Mi señor tardará en llegar', y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles. El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más.
Comentario

Todos tenemos el peligro de la pereza en nuestra vida de fe. O del amodorramiento, acuciados como por tantas preocupaciones.

Hoy nos recuerdan que debemos estar vigilantes. Las comparaciones del ladrón que puede venir en cualquier momento, o el amo que puede presentarse improvisamente, nos invitan a que tengamos siempre las cosas preparadas. No a que vivamos con angustia, pero sí con una cierta tensión, con sentido de responsabilidad, sin descuidar ni la defensa de la casa ni el arreglo y el buen orden en las cosas que dependen de nosotros.

Si se nos ha confiado alguna clase de responsabilidad, todavía más: no podemos caer en la fácil tentación de aprovecharnos de nuestra situación para ejercer esos modos tiránicos que Jesús describe tan vivamente.

La "venida del Hijo del Hombre" puede significar, también aquí, tanto el día del juicio final como la muerte de cada uno, como también esas pequeñas pero irrepetibles ocasiones diarias en que Dios nos manifiesta su cercanía, y que sólo aprovechamos si estamos "despiertos", si no nos hemos quedado dormidos en las cosas de aquí abajo. El Señor no sólo nos "visita" en la hora de la muerte, sino cada día, a lo largo del camino, si sabemos verle.

En el Apocalipsis, el ángel les dice a los cristianos que vivan atentos, porque podrían desperdiciar el momento de la visita del Señor: "mira que estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3,20). Sería una lástima que no le abriéramos al Señor y nos perdiéramos la cena con él.

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 200-203

martes, 22 de octubre de 2013

¿Qué hacer si nos dicen que nos queda poco tiempo de vida?

¡Amor y paz!

A veces entre amigos se preguntan ¿Qué haría usted si le dijeran que le quedan tantos días o meses de vida? Se escuchan todo tipo de respuestas. Unos dicen que se dedicarían a viajar, otros a comer y a beber; en fin, muchos coinciden en que procurarían darse una “buena vida”.

Jesús nos pide hoy estar preparados y eso nos hace reflexionar sobre cómo debe ser la forma en que un discípulo suyo debe aguardar la llegada de su Señor.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este martes de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario.

Nos encomendamos a Santa Laura Montoya, de quien se celebró ayer la fiesta, y al beato Juan Pablo II, a quien honramos en este martes.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 12,35-38. 
Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. ¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo. ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así! 
Comentario

Nuestra mejor preparación es a través del servicio a los demás. Se nos ha confiado el Evangelio y no podemos darnos descanso en anunciarlo a los demás. Nosotros mismos hacemos vida el Evangelio en nuestra existencia diaria. Así jamás se apagará la Luz que el Señor encendió en nosotros, pues la fe en Él nos conserva siempre iluminando aún en medio de los momentos más difíciles de nuestra vida. Que cuando el Señor vuelva nos encuentre trabajando por su Reino, haciendo el bien a los demás y sirviendo con amor a todos. 

El Señor se ha puesto afanoso por nosotros. Él no se durmió mientras su enemigo amenazaba nuestra vida. Él, como el dueño de la casa, veló por los suyos y venció a quien nos amenazaba de muerte. Mediante su muerte y resurrección nos dio nueva Vida, la Vida de hijos de Dios. Así Él no sólo procura el bien de los de su casa, sino que Él mismo se convierte en alimento de salvación para nosotros. Quienes participamos de su Eucaristía conocemos el amor de Dios y todo lo que Él ha hecho a favor nuestro. Aceptemos en nosotros ese amor y, unidos a Cristo, conservemos nuestras lámparas encendidas y trabajemos constantemente para que la Vida del Señor, que nos ha comunicado, llegue a todos los hombres.

El Señor nos pide estar al servicio de su Evangelio trabajando para que su amor llegue a todos, especialmente a quienes han sido despreciados o marginados a causa de su pobreza. La Iglesia está al servicio de toda la humanidad. No ha sido puesta para aprovecharse de nadie. Más bien debe tener la cintura ceñida, siempre dispuesta a servir, siempre dispuesta a hacer el bien, siempre dispuesta a dar voz a los desvalidos, siempre dispuesta a defender la vida y los derechos de todos los hombre. No sólo en su mano, sino en su corazón, conserva la luz del Amor que procede de Dios. Es a la luz del amor de Cristo que lleva a cabo toda su acción evangelizadora y de servicio a los demás no como una filantropía, sino como una acción salvadora que procede de Dios.

Cuando la Iglesia deja de actuar bajo la luz del amor que procede de Dios corre el riesgo de convertirse en una iglesia exigente para recibir honores y servicios de los demás. Entonces, por nuestra infidelidad al Señor, en lugar de ser portadores de Vida, seríamos portadores de muerte. Cristo nos llama a ser un signo del Evangelio de su amor; esforcémonos en hacer realidad esa vocación que hemos recibido.

Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la Gracia de caminar día a día hacia nuestra perfección en Cristo por permitir que se haga su voluntad en nosotros. Así cada día seremos un signo más claro del amor de Dios en medio de nuestros hermanos. Amén.