¡Amor y paz!
A partir de hoy, y hasta
el final de la Pascua, leemos los capítulos que Juan dedica a la última Cena de
Jesús con sus discípulos.
Esta cena empezó con un
gesto simbólico muy elocuente: el lavatorio de los pies, una gran lección de
fraternidad y de actitud de servicio para con los demás. Es una página
entrañable que leemos el Jueves Santo. Aquí leemos la consecuencia que Jesús
quiere que saquen sus discípulos.
Los invito, hermanos, a
leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este jueves de la 4ª. Semana de
Pascua.
Dios nos bendice…
Evangelio según San Juan 13,16-20.
Después de haber lavado los pies a los discípulos, Jesús les dijo: "Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican. No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice: El que comparte mi pan se volvió contra mí. Les digo esto desde ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy. Les aseguro que el que reciba al que yo envíe, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió".
Comentario
La Iglesia en salida
es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que
acompañan, que fructifican y festejan. «Primerear»: sepan disculpar este
neologismo. La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la
iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4,19); y, por eso, ella sabe
adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los
lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos (cf.
Lc 14,23). Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber
experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva. ¡Atrevámonos
un poco más a primerear!
Como consecuencia, la Iglesia sabe «involucrarse». Jesús lavó los pies a sus
discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de
rodillas ante los demás para lavarlos. Pero luego dice a los discípulos:
«Seréis felices si hacéis esto» (Jn 13,17). La comunidad evangelizadora se mete
con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se
abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la
carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así «olor a
oveja» y éstas escuchan su voz (cf. Jn 10,3).
Papa
Francisco
Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium / La alegría del evangelio” § 24 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)
Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium / La alegría del evangelio” § 24 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)
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2001-2014
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