domingo, 4 de agosto de 2019

La preocupación por las riquezas aleja de Dios e impide servir al prójimo


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C.

Dios nos bendice...

Lectio Divina: 18º Domingo del tiempo ordinario (C)
Lectio
Domingo, 4 Agosto , 2019

Lucas 12. 13-21
1. Recojámonos en oración – Statio
Aquí estamos delante de ti, ¡oh Espíritu Santo! Sentimos el peso de nuestras debilidades, pero estamos todos reunidos en tu nombre; ven, asístenos, ven a nuestros corazones; enséñanos tú lo que debemos hacer, muéstranos tú el camino a seguir, realiza en nosotros todo cuanto te pedimos.
Tú seas sólo el que nos sugiera y guíe en nuestras decisiones, porque tú sólo con Dios Padre y con su Hijo, tienes un nombre santo y glorioso; no permitas que por nosotros sea dañada la justicia, tú que amas el orden y la paz; no nos desvíe la ignorancia; no nos vuelva parciales la humana simpatía, no seamos influenciados por cargos o personas; tennos sujetos a ti y nunca nos separaremos de la verdad; haz que reunidos en tu santo nombre, sepamos contemplar bondad y ternura juntos, de modo que hagamos todo en armonía contigo, en la esperanza de que por el fiel cumplimiento del deber se nos den los premios eternos . Amén. 
2. Lectura orante de la Palabra – 
Del evangelio como lo cuenta Lucas
13 Uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.» 14 Él le respondió: «¡Hombre! ¿Quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?» 15 Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aunque alguien posea abundantes riquezas, éstas no le garantizan la vida.»
16 Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; 17 y pensaba entre sí, diciendo: `¿Qué haré, pues no tengo dónde almacenar mi cosecha?' 18 Y dijo: `Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, edificaré otros más grandes, reuniré allí todo mi trigo y mis bienes 19 y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea.' 20Pero Dios le dijo: `¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?' 21 Así es el que atesora riquezas para sí y no se enriquece en orden a Dios.» 
3. Rumiar la Palabra – Meditatio
3.1. Claves de lectura:
El texto propuesto por la liturgia para este Domingo 18º del tiempo ordinario, forma parte de un discurso bastante largo de Jesús sobre la confianza en Dios que quita todo temor (Lc 12, 6-7) y sobre el abandono en la providencia de Dios (Lc 12, 22-32). El pasaje de hoy en efecto está precisamente en medio de estos dos textos. He aquí algunas enseñanzas dadas por Jesús, antes de que fuese interrumpido por aquel “ uno de la gente” (Lc 12, 13), sobre esta confianza y abandono:
Lc 12, 4-7: «Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a Aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése.
«¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos.
Lc 12, 11-12: «Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir.»
Es exactamente en este punto cuando el hombre interrumpe el discurso de Jesús, mostrando su preocupación sobre cuestiones de herencia (Lc 12,13). Jesús predica que no hay “que tener temor de los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más” (Lc 12,4), y este hombre no percibe el significado de las palabras de Jesús dirigidas a aquéllos que Él reconoce como “mis amigos” (Lc 12,4). Por el evangelio de Juan sabemos que, amigo de Jesús es aquél que conoce a Jesús. En otras palabras, conoce todo lo que Él ha oído del Padre (Jn 15,15). El amigo de Jesús debería saber que su Maestro está radicado en Dios (Jn 1,1), y que su única preocupación consiste sólo en intentar hacer la voluntad de aquél que lo ha enviado (Jn 4, 34). La amonestación y el ejemplo de Jesús a sus amigos es el de no afanarse por las cosas materiales, porque “ la vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido” (Mt 6,25). En un contexto escatológico Jesús aconseja: “Mirad a vosotros mismos, para que vuestros corazones no se emboten con la crápula, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida” (Lc 21.34).
Por eso, la pregunta de aquel hombre que pide a Jesús que diga a su “hermano que divida la herencia” (Lc 12,13) es superflua delante del Señor. Jesús rechaza hacer de juez entre las partes (Lc 12, 14), como en el caso de la mujer adúltera (Jn 8, 2-11). Se nota que para Jesús no tiene importancia cuál de los dos tiene razón. Él se mantiene neutral en la cuestión entre los dos hermanos, porque su reino no es de este mundo (Jn 18,36). Este comportamiento de Jesús refleja la imagen que nos da Lucas del Señor manso y humilde. La acumulación de los bienes materiales, la herencia, la fama, el poder, no entra en la escala de valores de Jesús. Él, en efecto, usa el problema de los dos hermanos para subrayar que la “vida no depende de los bienes” (Lc 12,15), aunque sean abundantes.
Según su costumbre, también aquí Jesús enseña por medio de una parábola, en la cuál nos presenta “un hombre rico” (Lc 12,16), nosotros diríamos, un rico inconsciente que no sabe qué hacer de sus bienes tan abundantes (Lc 12,17). Nos recuerda este tal, al rico epulón que todo encerrado en sí mismo no se acuerda de la miseria de Lázaro (Lc 16,1-31). Ciertamente, que a este hombre rico no lo podemos definir como justo. Justo es aquel que, como Job, comparte con los pobres los bienes recibidos de la providencia de Dios: “porque socorría al pobre que pedía ayuda, al huérfano que no tenía a nadie. La bendición del que moría descendía sobre mí y en el corazón de la viuda infundía el gozo” (Job 29, 12-13). El rico de la parábola es un hombre necio (Lc 12,20), que tiene el corazón lleno de los bienes recibidos, sin acordarse de Dios, sumo y único bien. Él, “ acumula tesoros para sí, y no se enriquece ante Dios” (Lc 12,21). En su necedad él no cae en la cuenta que todo le viene dado por la providencia de Dios, no sólo los bienes, sino también la misma vida. Lo hace notar la terminología usada en la parábola: 
La cosecha: “Los campos […] dieron mucho fruto” (Lc 12.16).
La vida: “esta noche te reclamarán el alma” (Lc 12,20).
No es la riqueza en sí misma la que constituye la necedad de este hombre, sino su avaricia que revela su locura. Pues él dice: “Alma mía, tienes a disposición muchos bienes, por muchos años; descansa, come , bebe y date la buena vida” (Lc 12,19).
La conducta del sabio, por el contrario, es muy diferente. Lo vemos por ejemplo encarnado en la persona de Job, que exclama con serenidad: “¡Desnudo salí del seno de mi madre, y desnudo regresaré. El Señor lo ha dado , el Señor lo ha quitado, bendito sea el nombre del Señor!” (Job 1,21). La tradición sapiencial nos trae muchas enseñanzas sobre la conducta del justo ante la riqueza: Prov 27,1; Ecle 11.19; Eclo 2,17-23; 5,17-6,2. También el Nuevo Testamento nos amonesta sobre esto: Mt 6,19-34; 1Cor 15, 32; Sant 4; 13-15; Ap 3, 17-18.
3.2 Preguntas para orientar la meditación y actualización:
● ¿Qué te ha llamado más la atención en este pasaje y en la reflexión?
● ¿Qué te dice el hecho de que Jesús permanezca neutral ante la cuestión del hombre rico?
● ¿Crees que la avaricia tiene algo que ver con la condición social en la que uno se encuentra?
● ¿Crees en la providencia divina?
● ¿Eres consciente de que lo que tienes viene de Dios, o te sientes dueño absoluto de tus bienes? 
4. Oratio
1Crónicas 29: 10,19
«¡Bendito tú, oh Yahvé, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre hasta siempre! Tuya, oh Yahvé, es la grandeza, la fuerza, la magnificencia, el esplendor y la majestad; pues tuyo es cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuyo, oh Yahvé, es el reino; tú te levantas por encima de todo. De ti proceden las riquezas y la gloria. Tú lo gobiernas todo; en tu mano están el poder y la fortaleza, y es tu mano la que todo lo engrandece y a todo da consistencia. Pues bien, oh Dios nuestro, te celebramos y alabamos tu Nombre magnífico. Pues, ¿quién soy yo y quién es mi pueblo para que podamos ofrecerte estos donativos? Porque todo viene de ti, y de tu mano te lo damos. Porque forasteros y huéspedes somos delante de ti, como todos nuestros padres; como sombras son nuestros días sobre la tierra y no hay esperanza. Yahvé, Dios nuestro, todo este grande acopio que hemos preparado para edificarte un templo para tu santo Nombre viene de tu mano y tuyo es todo. Bien sé, Dios mío, que tú pruebas los corazones y amas la rectitud; por eso te he ofrecido voluntariamente todo esto con rectitud de corazón, y ahora veo con regocijo que tu pueblo, que está aquí, te ofrece espontáneamente sus dones. Oh Yahvé, Dios de nuestros padres Abrahán, Isaac e Israel, conserva esto perpetuamente para formar los pensamientos en el corazón de tu pueblo y dirige tú su corazón hacia ti. Da a mi hijo Salomón un corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus instrucciones y tus preceptos, para que todo lo ponga por obra y edifique el alcázar que yo te he preparado.» 
5. Contemplatio
Salmo 119:36-37  
Inclina mi corazón a tus dictámenes,
y no a ganancias injustas.
Aparta mis ojos de la vanidad,
hazme vivir por tu palabra.
Orden de los Carmelitas

sábado, 3 de agosto de 2019

Herodes había encarcelado a Juan, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este sábado de la XVII Semana del Tiempo Ordinario, ciclo C.

Dios nos bendice...

Lectio Divina: Mateo 14,1-12
Lectio
Sábado, 3 Agosto , 2019
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor.
2) Lectura del Evangelio
Del Evangelio según Mateo 14,1-12
En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.» Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe. Porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla.» Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta. Mas, llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.» Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.
3) Reflexión
• El evangelio de hoy describe cómo Juan Bautista fue víctima de la corrupción y de la prepotencia del gobierno de Herodes. Fue condenado a muerte sin proceso, durante un banquete del rey con los grandes del reino. El texto nos da muchas informaciones sobre el tiempo en que Jesús vivía y sobre la manera en que los poderosos de aquel tiempo ejercían el poder.
• Mateo 14,1-2. Quién es Jesús para Herodes. El texto inicia informando sobre la opinión de Herodes respecto a Jesús: "Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas. Herodes trataba de entender a Jesús desde los miedos que le asaltaban después del asesinato de Juan. Herodes era un grande supersticioso que escondía el miedo detrás de la ostentación de su riqueza y de su poder.
• Mateo 14,3-5: La causa escondida del asesinato de Juan. Galilea, la tierra de Jesús, estaba gobernada por Herodes Antipas, hijo del rey Herodes, el Grande, desde el 4 antes de Cristo. ¡43 años en todo! Durante el tiempo en que Jesús vivió, no hubo mudanza de gobierno en Galilea! Herodes era dueño absoluto de todo, no rendía cuenta a nadie, hacía lo que se le pasaba por la cabeza. ¡Prepotencia, falta de ética, poder absoluto, sin control por parte del pueblo! Pero quien mandaba en Palestina, desde el 62 antes de Cristo, era el Imperio Romano. Herodes, en Galilea, para no ser depuesto, procuraba agradar a Roma, en todo. Insistía sobre todo en una administración eficiente que diera lucro al Imperio. Su preocupación era su propia promoción y seguridad. Por ello, reprimía cualquier tipo de subversión. Mateo informa que el motivo del asesinato de Juan fue la denuncia que el Bautista hace a Herodes por haberse casado con Herodíades, mujer de su hermano Felipe. Flavio José, escritor judío de aquella época, informa que el motivo real de la prisión de Juan Bautista era el miedo que Herodes tenía a un levantamiento popular. A Herodes le gustaba ser llamado bienhechor del pueblo, pero en realidad era un tirano (Lc 22,25). La denuncia de Juan contra Herodes fue la gota que hizo rebosar el vaso: "No te está permitido casarte con ella”. Y Juan fue puesto en la cárcel.
• Mateo 14,6-12: La trama del asesinato. Aniversario y banquete de fiesta, ¡con danzas y orgías! Marcos informa que la fiesta contaba con la presencia “de los grandes de la corte, de los oficiales y de personas importantes en Galilea” (Mc 6,21). Es éste el ambiente en que se trama el asesinato de Juan Bautista. Juan, el profeta, era una denuncia viva de este sistema corrupto. Por esto fue eliminado bajo pretexto de un problema de venganza personal. Todo esto revela la flaqueza moral de Herodes. ¡Tanto poder acumulado en mano de un hombre sin control de sí! En el entusiasmo de la fiesta y del vino, Herodes hizo un juramento liviano a Salomé , la joven bailarina, hija de Herodíades. Supersticioso como era, pensaba que debía guardar ese juramento, atendiendo a los caprichos de la muchacha y mandó el soldado a traerle la cabeza de Juan sobre una bandeja y entregarla a la bailarina, que a su vez la entregó a su madre. Para Herodes, la vida de los súbditos no valía nada. Disponía de ellos como disponía de la posición de las sillas en la sala.
Las tres características del gobierno de Herodes: la nueva Capital, el latifundio y la clase de los funcionarios:
a) La Nueva Capital. Tiberíades fue inaugurada cuando Jesús tenía 20 años. Era llamada así para agradarle a Tiberio, el emperador de Roma. Allí moraban los dueños de la tierra, los soldados, la policía, los jueces muchas veces insensibles (Lc 18,1-4). Para allá llevaban los impuestos y el producto del pueblo. Allí Herodes hacía sus orgías de muerte (Mc 6,21-29). Tiberíades era la ciudad de los palacios del Rey, donde vivía el personal que viste con elegancia (cf Mt 11,8). No consta en los evangelios que Jesús hubiese entrado en esta ciudad.
b) El latifundio. Los estudiosos informan que, durante el largo gobierno de Herodes, el latifundio creció en prejuicio de las propiedades comunitarias. El libro de Henoc denuncia a los dueños de las tierras y expresa la esperanza de los pequeños: “¡Entonces los poderosos y los grandes dejarán de ser los dueños de la tierra!” (Hen 38,4). El ideal de los tiempos antiguos era éste: “Cada uno se sentaba a la sombra de su parra y de su higuera, y nadie lo inquietaba” (1 Mac 14,12; Miq 4,4; Zac 3,10). Pero la política del gobierno de Herodes volvía imposible la realización de este ideal.
c) La clase de los funcionarios. Herodes creó toda una clase de funcionarios fieles al proyecto del rey: escribas, comerciantes, dueños de tierras, fiscales del mercado, recaudadores de impuestos, militares, policías, jueces, promotores, jefes locales. En cada aldea o ciudad había un grupo de personas que apoyaban al gobierno. En los evangelios, algunos fariseos aparecen junto a los herodianos (Mc 3,6; 8,15; 12,13), lo cual refleja la alianza entre el poder religioso y el poder civil. La vida de la gente en las aldeas estaba muy controlada tanto por el gobierno como por la religión. Se necesitaba mucho valor para comenzar algo nuevo, ¡como lo hicieron Juan y Jesús! Era lo mismo que atraerse sobre sí la rabia de los privilegiados, tanto del poder religioso como del poder civil.
4) Para la reflexión personal
• ¿Conoces a personas que murieron víctima de la corrupción y de la dominación de los poderosos? Y aquí entre nosotros, en nuestra comunidad y en nuestra iglesia, ¿hay víctimas de desmando y de autoritarismo?
• Herodes, el poderoso, que pensaba ser el dueño de la vida y de la muerte de la gente, era un cobarde ante los grandes y un adulador corrupto ante la muchacha. Cobardía y corrupción marcaban el ejercicio del poder de Herodes. Compáralo con el ejercicio del poder religioso y civil, hoy, en los diversos niveles de la sociedad y de la Iglesia.
5) Oración final
Lo han visto los humildes y se alegran,
animaros los que buscáis a Dios.
Porque el Señor escucha a los pobres,
no desprecia a sus cautivos. (Sal 69,33-34)
Orden de los Carmelitas