lunes, 10 de septiembre de 2018

«Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal»


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¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este lunes de la 23ª semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice...

LECTIO DIVINA: LUCAS 6,6-11

Lectio: 

Lunes, 10 septiembre, 2018

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial 

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor.

2) Lectura 

Del santo Evangelio según Lucas 6,6-11

Otro sábado entró Jesús en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. Pero él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte ahí en medio.» Él se levantó y se puso allí. Entonces Jesús les dijo: «Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla.» Y, mirando a todos ellos, le dijo: «Extiende tu mano.» Él lo hizo, y quedó restablecida su mano. Ellos se ofuscaron y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.

3) Reflexión

• Contexto. Nuestro pasaje presenta a Jesús curando a un hombre que tenía una mano seca. A diferencia del contexto de los cap. 3-4 en los que Jesús aparece solo, aquí Jesús aparece rodeado de sus discípulos y de las mujeres que lo acompañaban. En los primeros tramos de este camino encontrará el lector diversos modos de escuchar la palabra de Jesús por parte de los que lo siguen que en definitiva podrían sintetizarse en dos experiencias que reclaman a su vez dos tipos de aproximación a Jesús: el de Pedro (5,1-11) y el del centurión (7,1-10). 

El primero encuentra a Jesús que, después de la pesca milagrosa, lo invita a ser pescador de hombres, y cae después de rodillas ante Jesús: “Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador” (5,8).

El segundo no tiene ninguna comunicación directa con Jesús: ha oído hablar muy bien sobre Jesús y le envía intermediarios para pedirle la curación de su criado que está muriendo; pide algo no para sí, sino para una persona muy querida.

La figura de Pedro representa la actitud del que, sintiéndose pecador, pone su obrar bajo el influjo de la Palabra de Jesús.

El centurión, mostrando su solicitud por el criado, aprende a escuchar a Dios. 

Pues bien, la curación del hombre que tiene una mano seca se coloca entre estas vías o actitudes que caracterizan la itinerancia de la vida de Jesús. El hecho milagroso se produce en un contexto de debate o controversia: las espigas arrancadas en sábado y una curación también en sábado, precisamente la mano seca. Entre las dos discusiones, la palabra de Jesús juega un papel crucial: “El Hijo del hombre es señor del sábado” (6,5).

Yendo a nuestro pasaje, preguntémonos qué significa esta mano seca? Es símbolo de la salvación del hombre que es conducido a su situación original, la de la creación. Además, la mano derecha expresa el obrar humano. Jesús devuelve a este día de la semana, el sábado, su más profundo sentido: es el día de la alegría, de la restauración, y no de la limitación. El sábado que Jesús presenta es el sábado mesiánico, no el sábado legalista; las curaciones realizadas por él son signos del tiempo mesiánico, de la restauración y liberación del hombre. 

• Dinámica del milagro. Lucas pone ante Jesús a un hombre con una mano sin fuerza, seca, paralizada. Nadie se interesa por pedir su curación y menos aún el directamente interesado. Pero la enfermedad no era sólo un problema individual, sino que sus efectos repercuten en toda la comunidad. En nuestro relato no emerge tanto el problema de la enfermedad sino más bien su relación con el sábado. Jesús es criticado porque ha curado en sábado. La diferencia con los fariseos consiste en que éstos, en el día de sábado, no actúan en base al mandamiento del amor que es la esencia de la ley. Jesús, después de ordenar al hombre ponerse en el centro de la asamblea, hace una pregunta decisiva: “¿es lícito o no curar en sábado?”.

 Los espacios para la respuesta son reducidos: curar o no curar, o sea, curar o destruir (v.9). Imaginémonos la dificultad de los fariseos: había que excluir que en sábado se pudiese hacer el mal o conducir al hombre a la perdición y menos aún curar ya que ayudar en sábado estaba permitido sólo en casos de extrema necesidad. Los fariseos se sienten provocados, lo cual excita su agresividad.

 Aparece como evidente que la intención de Jesús al curar en sábado es procurar el bien del hombre, en primer lugar el que está enfermo. Esta motivación de amor nos invita a reflexionar sobre nuestro comportamiento y a fundamentarlo en el de Jesús, que salva. Jesús no presta atención sólo a la curación del enfermo, sino que está también interesado por la de sus adversarios: curarlos de su torcida actitud al observar la ley; observar el sábado sin reanimar al prójimo de sus enfermedades no está en conformidad con lo que Dios quiere. Para el evangelista, la función del sábado es hacer el bien, salvar como Jesús hace en su vida terrena.

4) Para la reflexión personal

• ¿Te sientes urgido las palabras de Jesús? ¿Cómo te comprometes en tu servicio a la vida? ¿Sabes crear condiciones para que el otro viva mejor?

• ¿Sabes poner en el centro de tu atención a todos los hombres y a sus necesidades?

5) Oración final

Se alegrarán los que se acogen a ti,
gritarán alborozados por siempre;
tú los protegerás, en ti disfrutarán
los que aman tu nombre. (Sal 5,12)

Orden de los Carmelitas

domingo, 9 de septiembre de 2018

Jesús abre nuestros oídos para que podamos escuchar


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este Domingo 23º del Tiempo Ordinario, Ciclo B.

Dios nos bendice...

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (35,4-7a):

Decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantar. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 145,7.8-9a.9bc-10

R/. Alaba, alma mía, al Señor

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol Santiago (2,1-5):

No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo. Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso. Veis al bien vestido y le decís: «Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado.» Al pobre, en cambio: «Estáte ahí de pie o siéntate en el suelo.» Si hacéis eso, ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos? Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,31-37):

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.»
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Palabra del Señor

Comentario

El Evangelio nos presenta hoy un milagro que, como todos los obrados por Jesús, contiene un significado que va más allá de la curación de una enfermedad. Meditemos sobre su sentido trascendente, teniendo en cuenta también las otras lecturas bíblicas de este domingo [Isaías 35, 4-7; Salmo 146 (145); Carta de Santiago 2, 1-5].

1.- Jesús nos invita a apartarnos del bullicio para que seamos trasformados por Él

Lo primero que resalta en el relato es cómo Jesús, ante la petición que le hacen para que sane a aquel hombre sordo y tartamudo, lo aparta de la gente. Al destacar este detalle, el evangelista quiere decirnos que necesitamos espacios y momentos de silencio interior para que el Señor, en un encuentro “a solas” con Él que viene “en persona”, como dice la profecía de Isaías (35, 4-7), nos disponga para escuchar su mensaje y nos capacite para proclamarlo.

Qué difícil es escuchar, sobre todo en medio del ruido ensordecedor del ajetreo cotidiano, y más todavía en el de las grandes ciudades, cuyo ritmo acelerado impide encontrar espacios o momentos de silencio y retiro para oír la voz del Señor que nos habla de múltiples formas, muchas veces desapercibidas por nosotros. Por eso es necesario un esfuerzo constante para buscar y hallar esos espacios o momentos en los cuales podamos percibir lo que Dios nos dice y disponernos así también a escuchar a las personas que nos rodean, especialmente a las más necesitadas.

Y éstas son precisamente las que no encuentran quién las escuche y se comunique con ellas a causa de su pobreza o sus limitaciones. Tales personas deben ser atendidas rechazando toda forma de discriminación como lo dice la palabra de Dios en la Carta de Santiago (2, 1-5).

2.- Jesús abre nuestros oídos para que podamos escuchar

Todos necesitamos que Dios mismo abra nuestras mentes y nuestros corazones, nuestros oídos interiores, para poder escucharlo. El gesto de la imposición de las manos, realizado por Jesús al obrar el milagro, significa la comunicación del Espíritu Santo, que nos hace posible oír, comprender, acoger y poner en práctica lo que Dios nos dice.

En el caso de las familias, por ejemplo, es necesario que el Señor abra los oídos de todos sus integrantes para que se escuchen unos a otros, en un ambiente de diálogo que haga posible la relación armónica del esposo con la esposa, de éstos con sus hijos e hijas, de los hermanos y hermanas entre sí. Y en el ámbito del trabajo, o en cualquier otra circunstancia, también es preciso que Jesús nos disponga a una auténtica comunicación, que, como condición necesaria para la convivencia en paz, supone y exige la disposición de cada persona a escuchar a las demás, haciendo silencio en su interior para dejarse interpelar por el otro.

3.- Jesús destraba nuestra lengua para que podamos hablar

Jesús no solamente abre los oídos de quienes se dejan transformar por Él, sino también les hace posible hablar. La Palabra de Dios que escuchamos no podemos dejarla sólo para nosotros mismos; debemos comunicarla a nuestro alrededor, dando así testimonio de lo que el Señor ha obrado en cada uno de nosotros. Él quiere comunicarnos su Espíritu, no sólo para abrir nuestros sentidos y nuestras mentes de modo que podamos percibir y comprender sus enseñanzas, sino además para que nos movamos a compartirlas ponerlas en práctica, empezando por la atención a los más necesitados.

Es preciso, pues, que nos animemos a hablar de Dios. Pero “hablar de Dios” no es andar echando sermones aburridos, sino expresando con nuestra alegría y nuestro testimonio constructivo, que Aquél que “todo lo hizo bien” sigue actuando a través de nuestra disposición efectiva a colaborar con Él para hacer cada vez más de este mundo un lugar donde se escuche y se proclame a Dios, que es Amor y que se manifestó personalmente en la acción compasiva Jesús.

*Hoy 9 de septiembre comienza en Colombia este año la Semana por la Paz

Este domingo coincide con la conmemoración de san Pedro Claver (1580 - 1654), quien dedicó su vida de sacerdote jesuita en Cartagena de Indias al servicio de los esclavos provenientes del África que venían en los barcos negreros padeciendo las peores condiciones infrahumanas. Cuentan sus biógrafos que él -de acuerdo con lo que dice la carta de Santiago (2,1-5)- atendía pastoralmente a estos esclavos en primer lugar, antes de hacerlo con los ricos y poderosos de dicha ciudad, caracterizada por la alta discriminación social. Murió un 8 de septiembre, día en que se celebra la Natividad de la Santísima Virgen María.

Pedro Claver, además de haber sido canonizado en 1888 por León XIII -el Papa que escribió la primera encíclica social y en ella proclamó los derechos de los trabajadores-, fue reconocido como “Defensor de los Derechos Humanos” en la Ley 95 de 1985 de la República de Colombia, en la cual se declaró el 9 de septiembre precisamente como Día de los Derechos Humanos. Desde entonces se viene celebrando cada año en este país la “Semana por la Paz”, dentro de la que corresponde a esta fecha, cuando la Iglesia católica conmemora a san Pedro Claver. La convocan la Conferencia Episcopal de Colombia, la Compañía de Jesús desde su “Programa por la Paz” y actualmente también más de cien organizaciones. Su símbolo es la guacamaya, ave típica suramericana que contiene en su plumaje todos los colores y por ello nos remite al reconocimiento de la pluralidad y la diversidad, no sólo de las razas y culturas, sino también de las distintas condiciones y formas de pensar, en el marco de la construcción conjunta de una sociedad en la que quepamos todos. En este mismo sentido, el lema para la Semana por la Paz de este año 2018 es: “Hay vida, hay esperanza, sigamos coloreando la paz”.

El mensaje del Domingo
Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J