martes, 11 de septiembre de 2012

Nuestras decisiones deberían ser precedidas de la oración

¡Amor y paz!

Jesús nos da ejemplo de persona orante y es Lucas el evangelista quien más lo destaca. El Señor ora todo el tiempo y especialmente antes de tomar las grandes decisiones, como esta que nos narra hoy el evangelio, de la elección de los Doce apóstoles: «Por aquel entonces salió Jesús, fue al monte a orar y se pasó la noche orando a Dios» (6,12).

¿Qué tanta importancia le da cada uno de nosotros a la oración? ¿Cómo es la oración de cada uno? ¿Va precedida de un acto de fe y un ponerse en presencia de Dios nuestro Señor? ¿O es una oración llena de fórmulas, fría y poco fervorosa?

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la XXIII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 6,12-19.
En esos días, Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles: Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor. Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos. 
Comentario

Nos encontramos ante dos unidades literarias: la elección de los doce (versos 12-16) y la presentación de la muchedumbre que sigue a Jesús (17-19).

Ambas unidades se construyen sobre la base y el clima de la oración de Jesús (v. 12). Jesús "sale" de la masa entusiasta y de sus rivales enemigos, sube a la "montaña", símbolo y lugar del encuentro con Dios (1 Re 19), y allí "pasa la noche" (Sal 1,2; 42,4; 119, 55), "orando". La oración es un tema predilecto de Lucas (3,21; 5,16; 6,12; 9,18. 28-27; 11,1; 22,41). 

Los versos 13-16 (la elección de los doce) son eminentemente eclesiológicos. Dejan entrever una estructura de la comunidad. A modo de círculos concéntricos se sitúan el pueblo, los discípulos, los doce. Pedro encabeza la lista (siendo el primero), Judas Iscariote la concluye (siendo el último). En una aproximación sociológica del grupo de los doce se evidencia su heterogeneidad: hay dos nombres griegos, un excolaboracionista (identificando a Mateo con Leví), un ex-simpatizante de los extremistas zelotas, y hasta un traidor.

Jesús, así como Yavé en el AT, tiene la iniciativa de la elección (1 Sm. 10,24; Sal 78,68.70). "Los nombró apóstoles"; título que se acepta sin discusión (1 Cor 12, 28; Ef 2,20). Este título indica el cambio de función, al igual que el cambio del nombre a Simón.

La segunda unidad literaria 6, 17-19, contiene un sumario de enseñanzas y curaciones, que servirá de trasfondo al discurso que sigue. El evangelista Lucas, que es un extraordinario narrador, hace hincapié en la grandeza o multitud de discípulos y de pueblo. La nota geográfica de la procedencia (desde la capital y de su provincia, hasta la costa pagana de Tiro y Sidón), sirve para representar de modo simbólico la eclesiología lucana. La afluencia desde diversas zonas geográficas simboliza la universalidad de la iglesia, compuesta por judíos y paganos. Se trata de otro tema predilecto de nuestro evangelista.

Finalmente observamos el poder de atracción de Jesús. Jesús atrae por sus palabras (11,31) y por sus acciones, en este caso por su poder curativo, que transmite por contacto. El misterio de la encarnación revela cómo el poder de Dios actúa en el tiempo y en el espacio, actúa en la persona concreta de Jesús y se convierte en poder vivificante, rehabilitador.

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)

lunes, 10 de septiembre de 2012

Hacer el bien no requiere horario ni calendario

¡Amor y paz!

Cuando algunos no pueden derrotar a sus adversarios con base en argumentos sólidos y veraces, optan por el camino fácil pero, finalmente, el peor: atacar no las ideas sino a las personas, hasta el extremo de llegar a eliminarlas.

Jesús resultaba incómodo para una aristocracia religiosa y política porque develaba sus contradicciones y su hipocresía. Y de tal manera los increpaba: "Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?" ¡Como si hacer el bien necesitara horario o calendario!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este lunes de la XXIII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 6,6-11.
Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: "Levántate y quédate de pie delante de todos". Él se levantó y permaneció de pie. Luego les dijo: "Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?". Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada. Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús. 
Comentario

Lucas y Marcos relatan este episodio de la curación del hombre de la mano seca, un día de sábado. Uno y otro lo sitúan en el cuadro de las polémicas suscitadas por la enseñanza del joven rabí Jesús sobre las insistencias esclerotizadas de la religión: reglas de la pureza en las comidas (Lc 5, 29-32), de ayuno (Lc 5, 33-38) y de reposo sabatino (Lc 6, 1-11).

Pero Lucas no concede gran interés a estas discusiones poco comprensibles para lectores de origen pagano. Se contenta con narrar los hechos sin conformarlos con reflexiones personales o conclusiones doctrinales. No retiene, por tanto, las notas de Mc 3, 5 sobre el endurecimiento de los fariseos y suprime toda alusión a la cólera de Jesús (Mc 3, 5).

a) Lucas evoca, sin embargo, el conocimiento que Jesús posee del corazón humano (v. 8; cf. Jn 1, 48; 2, 24-25; 4, 17-19; 6, 61-71, etc.). Así Cristo tiene no solamente un conocimiento más profundo que los otros rabinos de la ley que enseña, sino que conoce mejor a los hombres. Ahí reside el secreto de la autoridad con la que enseña y que le coloca por encima de todos los demás (cf. Lc 4, 32).

b) En la época del Señor, el ejercicio de la medicina y los cuidados personales estaban estrictamente anulados el día del sábado. ¡Más valía que sufriera el enfermo antes que el honor de Dios! Comprendiendo que la gloria de Dios está servida en primer lugar por la bondad hacia los infelices (v. 9), Jesús no duda en practicarla para honrar el sábado.

Liberar a un pobre de las cadenas del mal, ¿no es una manera más profunda de santificar este día aniversario de la liberación de Egipto que el mantenerlo en la esclavitud en pro del pretendido honor de Dios?

El sábado era observado porque estaba ordenado por la ley de Dios y constituía una característica por la que el judío se distinguía del mundo pagano ambiente. Grande fue, por tanto, el escándalo cuando el rabí Jesús osó poner en tela de juicio, no la ley, sino la manera de obedecerla y cuando fue sospechoso de preferir el hombre a la gloria de Dios. El judaísmo situaba en general todas las prescripciones del Antiguo Testamento sobre el mismo plano, puesto que todas ellas eran igualmente órdenes de Dios, pero concedía una cierta preferencia a las prescripciones cultuales en las que el hombre se eclipsa aún más ante el honor de Dios. Así ocurría con la circuncisión y con el sábado.

De hecho, Jesús reconoce que la ley representa la voluntad de Dios, pero le niega una autoridad puramente formal y externa. El hombre debe interpretar la Escritura para reconocer en ella el mandato de Dios. Por otra parte, sólo hay obediencia verdadera allí donde el hombre reconoce que la orden le concierne. Es esta, además, la razón por la que puede realizar actos en comunión con Dios allí donde no existe ningún mandamiento preciso. Este es el sentido, al parecer, de la pregunta planteada por Jesús en el v.9: es en todo caso el de la verdadera obediencia. Cristo desprecia a los fariseos que se creen perfectos porque son fieles a la ley, pero que, en el fondo, son infieles porque han ahogado toda noción de fraternidad y de solidaridad.

Existe, pues, una obediencia más radical que la sumisión a la ley; la que cumple el ego más profundo, allí donde Dios está presente, más allá del miedo de haber faltado al deber y del desprecio de los que juzgan al prójimo desde fuera, sin conocer su corazón.

Maertens-Frisque
Nueva guía de la asamblea cristiana VIII
Marova Madrid 1969.Pág 31