miércoles, 7 de septiembre de 2011

"¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! “

¡Amor y paz!

La versión de las bienaventuranzas que nos presenta hoy el evangelista San Lucas es muy diferente a la de San Mateo. En este son ocho; en aquel, cuatro. Pero, más que la cantidad, la diferencia la marca el enfoque: Mateo habla de la pobreza ‘espiritual’, de la actitud interior, mientras que Lucas se refiere a los pobres ‘reales’, a la clase social a la que pertenecen los excluidos.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el _evangelio y el comentario, en este miércoles de la XXIII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 6,20-26.
Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: "¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas! Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas! 
Comentario

a) Al bajar Jesús de la montaña, donde había elegido a los doce apóstoles, empieza en Lucas lo que los autores llaman "el sermón de la llanura" (Lc 6,20-49), que leeremos desde hoy al sábado, y que recoge diversas enseñanzas de Jesús, como había hecho Mateo en el "sermón de la montaña".

Ambos empiezan con las bienaventuranzas. Las de Lucas son distintas. En Mateo eran ocho, mientras que aquí son cuatro bienaventuranzas y cuatro que podemos llamar malaventuranzas o lamentaciones. En Mateo están en tercera persona ("de ellos es el Reino"), mientras que aquí en segunda: "vuestro es el Reino").

Jesús llama "felices y dichosos" a cuatro clases de personas: los pobres, los que pasan hambre, los que lloran y los que son perseguidos por causa de su fe. Pero se lamenta y dedica su "ay" a otras cuatro clases de personas: los ricos, los que están saciados, los que ríen y los que son adulados por el mundo.

Se trata, por tanto, de cuatro antítesis. Como las que pone Lucas en labios de María de Nazaret en su Magníficat: Dios derriba a los potentados y enaltece a los humildes, a los hambrientos los sacia y a los ricos los despide vacíos. Es como el desarrollo de lo que había anunciado Jesús en su primera homilía de Nazaret: Dios le ha enviado a los pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos.

b) Nos sorprende siempre esta lista de bienaventuranzas. ¿Cómo se puede llamar dichosos a los que lloran o a los pobres o a los perseguidos? La enseñanza de Jesús es paradójica. No va según nuestros gustos y según los criterios de este mundo. En nuestra sociedad se felicita a los ricos y a los que tienen éxito y a los que gozan de salud y a los que son aplaudidos por todos.
En estas ocasiones es cuando recordamos que ser cristianos no es fácil, que no consiste sólo en estar bautizados o hacer unos rezos o llevar unos distintivos. Sino en creer a Jesús y fiarse de lo que nos enseña y en seguir sus criterios de vida, aunque nos parezcan difíciles. Seguro que él está señalando una felicidad más definitiva que las pasajeras que nos puede ofrecer este mundo.

Es la verdadera sabiduría, el auténtico camino de la felicidad y de la libertad. La del salmo 1: "Dichoso el que no sigue el consejo de los impíos: es como un árbol plantado junto a corrientes de agua... No así los impíos, no así, que son como paja que se lleva el viento". O como la de Jeremías: "Maldito aquél que se fía de los hombres y aparta de Yahvé su corazón... Bendito aquél que se fía de Yahvé y a la orilla de la corriente echa sus raíces" (Jr 1 7,5-6). O como la de la parábola del pobre y del rico: ¿quién es feliz en definitiva, el pobre Lázaro a quien nadie hacía caso, o el rico Epulón que fue a parar al fuego del castigo? Jesús llama felices a los que están vacíos de sí mismos y abiertos a Dios, y se lamenta de los autosuficientes y satisfechos, porque se están engañando: los éxitos inmediatos no les van a traer la felicidad verdadera.

¿Estamos en la lista de bienaventurados de Jesús, o nos empeñamos en seguir en la lista de este mundo? Si no encontramos la felicidad, ¿no será porque la estamos buscando donde no está, en las cosas aparentes y superficiales?

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 47-51

martes, 6 de septiembre de 2011

¡Dejémonos seducir del Señor Jesús!

¡Amor y paz!

Jesús atraía a las multitudes, que sentían que de Él emanaba un poder sanador. Una fuerza que –valga decirlo-- no se centraba en curar enfermedades y dolencias sino que transformaba integralmente a todo hombre y a todo el hombre.

Con Jesús opera una seducción como la que experimentó el profeta Jeremías: “Me sedujiste Señor y me dejé seducir” (Jr 20, 7). Así lo experimentaron también los apóstoles y los santos a lo largo de la historia de la Iglesia. Dios llama, Dios enamora y cada uno es libre de responderle. A través de la oración, Jesús escogió a sus apóstoles; mediante ella podemos reconocer que Él nos llama y responderle.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Martes de la XXIII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 6,12-19.
En esos días, Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.  Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles: Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor. Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos. 
Comentario

"Salía de él una fuerza que los curaba a todos". Repite pausadamente estas palabras que cierran el evangelio de hoy..... Para muchos Dios es hoy una palabra gastada, un concepto vacío, algo así como un personaje cada vez más lejano. No así para aquellos enfermos y atribulados que se acercaban a Jesús para oírlo y tocarlo ni para esos doce discípulos a los que nombró apóstoles ¿Crees en el encuentro con Dios como una experiencia gozosa, capaz de transformar a la persona trastocando su vida entera?

Hay signos que pueden aparecer a cualquier edad y que siempre revelan un proceso de envejecimiento espiritual, una enfermedad que necesita ser curada. Así sucede cuando nos contentamos con ir tirando. Nada nuevo aparece ya en el horizonte de nuestra existencia: los mismos hábitos, los mismos esquemas y costumbres. Ningún objetivo nuevo, ningún ideal. Sólo la rutina de siempre. 

No hay capacidad para escuchar esa voz interior que desde dentro nos invita siempre a una vida más elevada, más generosa, más noble y creativa. Corremos entonces el riesgo de encerrarnos en nuestro propio egoísmo. La vida se reduce a buscar siempre las propias ventajas, lo que sirve al propio interés. 

No cuentan los demás, no se viven los acontecimientos que sacuden a la Humanidad ni se conmueve uno ante las personas que sufren junto a él. Y sin amor se apaga también la vida. La vida sigue, pero envueltos en la mediocridad, ya no se vibra con nada. Pronto se percibirá en el corazón algo difícil de definir, pero que no está lejos del aburrimiento, la decepción, la soledad o el resentimiento.

No es fácil reaccionar y romper esa trayectoria decadente. La persona necesita encontrarse con algo que toque lo más hondo de su ser e infunda un luz y un sentido nuevo a su vida. Algo que genere un estilo de vivir más generoso, más sano y más gozoso. Los atormentados y atribulados que se acercan a Jesús para tocarlo buscaban eso, un encuentro creador y transformador. No es posible la experiencia de Dios sin vivir, al mismo tiempo, la experiencia de una luz que ilumina todo de manera diferente, una alegría que abre horizontes nuevos a la vida, una fuerza que permite enfrentarse a la vida con confianza. Porque "salía de él una fuerza que los curaba a todos", todo encuentro con Dios puede ser una experiencia capaz de cambiarnos y devolvernos a una vida nueva.

Teodoro Bahillo
CLARETIANOS 2002
www.mercaba.org