sábado, 9 de julio de 2011

«¡No tengan miedo!»

¡Amor y paz!

Después de que Jesús escoge a los doce y los envía a proclamar el Reino de Dios, el evangelio de Mateo presenta una serie de orientaciones que ayudan a los discípulos en su actividad pastoral. El hilo conductor del texto es la consigna negativa "no tengan miedo".

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Sábado de la XIV Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 10,24-33.
El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño. Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa! No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres. 
Comentario

a) Sigue el sermón misionero de Jesús a sus apóstoles, en el que les da oportunos avisos para su trabajo de evangelizadores.

Insiste de nuevo en el anuncio de las persecuciones. Esta vez la comparación es del mundo de la enseñanza: si a Jesús, el Maestro, le habían calumniado y tramaban su muerte, lo mismo pueden esperar sus discípulos.

Pero no tienen que dejarse acobardar:

- «nada hay escondido que no llegue a saberse»: el tiempo dará la razón a los que la tienen;

- todos estamos en las manos de Dios: si Él cuida hasta de los gorriones 
del campo, cuánto más de sus fieles;

- y el mismo Jesús saldrá en ayuda de los suyos: «si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo».

b) «No tengáis miedo». Es la frase que más se repite en el pasaje de hoy.

Jesús avisó muchas veces a los suyos de que iban a tener dificultades en su misión. No les prometió éxitos fáciles o que iban a ser bien recibidos en todas partes. Al contrario, les dijo -nos dijo- que el discípulo no será más que el maestro. Y el Maestro había sido calumniado, perseguido, condenado a la cruz.

Pero este anuncio va unido a otro muy insistente: la confianza. «No tengáis miedo». No es el éxito inmediato delante de los hombres lo que cuenta. Sino el éxito de nuestra misión a los ojos de Dios, que ve, no sólo las apariencias, sino lo interior y el esfuerzo que hemos hecho. Si nos sentimos hijos de ese Padre, y hermanos y testigos de Jesús, nada ni nadie podrá contra nosotros, ni siquiera las persecuciones y la muerte.

El ejemplo lo tenemos en el mismo Jesús, que fue objeto de contradicciones y acabó en la cruz. Pero nunca cedió, no se desanimó y siguió haciendo oír su voz profética, anunciando y denunciando, a pesar de que sabía que incomodaba a los poderosos. Y salvó a la humanidad y fue elevado a la gloria de la resurrección.

Las pruebas y las dificultades de la vida -las que nacen dentro de nosotros mismos, o en el seno de la comunidad o fuera de ella- no nos deben extrañar ni asustar. La comunidad de Jesús lleva un mensaje que, a veces, choca contra los intereses y los valores que promueve este mundo. Nos pueden perseguir, pero la fuerza del Espíritu de Dios nos asiste en todo momento. No nos cansemos, ni nos avergoncemos de dar testimonio de Cristo, y sigamos anunciando a plena luz, a los cercanos y a los lejanos, la buena noticia de la salvación que Dios nos ofrece.

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 134-138

viernes, 8 de julio de 2011

«El que persevere hasta el final, se salvará»

¡Amor y paz!

En el discurso misionero, Jesús anuncia a los suyos que tendrán dificultades y persecuciones. Conscientes de que serán perseguidos, les recomienda la sagacidad de las serpientes (para saber discernir la presencia de los lobos y no provocar inútilmente a los opositores) y la sencillez de las palomas (sin dobleces ni complicaciones).

Jesús los invita a confiar en la ayuda de Dios: el Espíritu Santo estará a su lado y les dará su luz y su fuerza.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este Viernes de la XIV Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 10,16-23.
Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas. Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes. El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará. Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre.
 Comentario

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: «No os fiéis de la gente: porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.

Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis; en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra los padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará».

Ser. cristiano es fruto de un conocimiento conceptual y experiencial de Cristo. Se trata de conocer y creer en sus palabras y, además, ponerlas en práctica llevando el mismo estilo de vida que él llevó. O aceptamos correr su misma suerte viviendo lo que sabemos y creemos o no nos llamemos ni consideremos cristianos.

Nuestra fe es profética por naturaleza. El profetismo es un aspecto constitutivo del cristianismo. Desde la experiencia de fe hay que anunciar el Reino de Dios en este mundo y denunciar cuanto lo impide o dificulta. Si la fe cristiana deja de ser profética pasará a ser vergonzante. Si callamos ante la injusticia, la opresión o el pecado por no complicarnos la existencia, viviremos un cristianismo acomodaticio y falso.

Si optamos por Dios en favor de los hombres entraremos en conflicto con los poderes políticos o ideológicos que los subyugan y esclavizan y entonces la persecución, la incomprensión y toda serie de calamidades se nos vendrán encima.

Jesús anuncia la imposibilidad de vivir auténticamente la fe sin un compromiso personal contra toda suerte de pecado. Recomienda prudencia y promete asistencia del Espíritu que anima la vida del creyente y advierte que desde la fortaleza/valentía se superarán las dificultades.

Las guerras en nombre de Dios han de ser vividas en voz pasiva, nunca en activa. Somos los cristianos los que seremos perseguidos, nunca
perseguidores.

Cuando se mata en nombre de Dios se engendra ateísmo, cuando se muere engendramos cristianismo. Mirémonos en el espejo de la historia para no cometer los mismos errores del pasado.

Benjamín Oltra Colomer
Ser como Dios manda
Una lectura pragmática de San Mateo
Edicep. Valencia-1995. Págs. 62-63