¡Amor y paz!
Mientras no creamos plenamente en Jesús, andaremos buscando saciar nuestra sed y nuestra hambre en cualquier lugar. Por eso, nuestra alma anda inquieta hasta que no descansa en Dios y se nutre del Pan de Vida que es su Hijo Jesús a través de una plena y verdadera comunión con Él.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Martes de la 3ª. Semana del Tiempo Ordinario.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Juan 6,30-35.
Y volvieron a preguntarle: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo". Jesús respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo". Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan".
Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.
Comentario
El hombre de hoy está sediento, está hambriento y no sabe de qué. Por ello ha desatado una búsqueda sin tregua tratando de encontrar algo que verdaderamente los sacie. Lo busca en el placer, en el poder, en la fama, en el dinero, etc.… A final de la búsqueda siempre lo mismo: Vacío y soledad. Y es que solo Jesús es el pan que sacia. Solo la vida en el amor de Dios puede dar sentido a la vida. Jesús dijo: “Yo soy el pan que de la vida” por ello solo él sacia, solo su amor llena nuestros vacíos y nuestras soledades. La vida en Cristo se transforma en plenitud. Por ello quien tiene a Cristo lo tiene todo, quien no lo tiene no tiene nada. Esta Pascua es de nuevo la oportunidad para encontrarnos con Jesús resucitado con el verdadero pan que sacia, con el pan que da la vida que es paz, alegría y amor. Encuéntrate hoy con Jesús en tu oración personal… Está esperándote para saciarte.
Que la resurrección de Cristo, llene de amor tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús
Pbro. Ernesto María Caro
www.mercaba.org
martes, 20 de abril de 2010
lunes, 19 de abril de 2010
¿POR QUÉ RAZÓN BUSCAMOS NOSOTROS A JESÚS?
¡Amor y paz!
Durante toda esta semana leeremos el capítulo 6 del Evangelio según san Juan: ‘Discurso sobre el Pan de Vida’. Jesús se refiere a ello al "día siguiente" de los dos milagros de la multiplicación de los panes y la marcha sobre las aguas. El tema central es que la fe en Cristo que, como veremos, implica la fe en su presencia en la Eucaristía.
Jesús se interesa hoy en las razones por las cuales la gente lo busca y, poco a poco, a lo largo de su ministerio, la va induciendo hacia la fe verdadera: ‘yo soy la Luz’, ‘yo soy la Vida’, ‘yo soy el Pastor’, ‘yo soy el Pan que da la Vida eterna’.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este Lunes de la Tercera Semana de Pascua.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Juan 6,22-29.
Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos. Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste?". Jesús les respondió: "Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es Él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello". Ellos le preguntaron: "¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?". Jesús les respondió: "La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que Él ha enviado".
Comentario
Jesús y sus discípulos, durante la noche, se trasladaron de los alrededores de Tiberías a la ciudad de Cafarnaún. Al amanecer, la gente que había participado en el milagro de la multiplicación de los panes, al no encontrarlos, se fue a buscarlos. Jesús entonces les cuestionó el interés que tenían en buscarlo, ya que estaban más preocupados por comer que por recibir la enseñanza del Reino. Y les hizo esta revelación: "la única obra que Dios quiere es que crean en aquel que Él ha enviado". ¿Qué significaba para un judío creer en Jesús, más aún, creer que Él era enviado de Dios?
Para un pueblo habitado por humildes trabajadores, sometidos a una Ley que oprimía, a unos dirigentes religiosos legalistas, a un reinado local ambicioso y a un Imperio que exigía tributos, creer en Jesús, enviado de Dios, significaba la llegada del Mesías político que los liberaría de su difícil situación. La propuesta de Jesús era invertir los valores: sin descuidar las necesidades diarias, se requería una transformación radical interior. Era urgente abrirse a los demás, pensar en común, plantearse la posibilidad de que unidos, en comunidades de hermanos, la práctica de la justicia era algo viable. En una palabra, creer en Dios Padre y su enviado, significaba no esperarlo todo de Él pasivamente, sino comprometerse en unión con otros a cambiar la propia situación, haciendo experiencias de fraternidad.
¿No es ésta nuestra situación de hoy, y no es ésta la respuesta que también hoy nos daría Jesús? Seguir una religión en la que el interés personal, familiar o grupal sea la norma, es escoger el camino del paternalismo, que siempre termina cobrando su tributo. La dependencia en cualquiera de los órdenes -económico, político, social o religioso- impide crecer y enferma el alma de un pueblo. Sólo una religión que eduque en el compromiso personal hace personas libres.
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica).
www.mercaba.org
Durante toda esta semana leeremos el capítulo 6 del Evangelio según san Juan: ‘Discurso sobre el Pan de Vida’. Jesús se refiere a ello al "día siguiente" de los dos milagros de la multiplicación de los panes y la marcha sobre las aguas. El tema central es que la fe en Cristo que, como veremos, implica la fe en su presencia en la Eucaristía.
Jesús se interesa hoy en las razones por las cuales la gente lo busca y, poco a poco, a lo largo de su ministerio, la va induciendo hacia la fe verdadera: ‘yo soy la Luz’, ‘yo soy la Vida’, ‘yo soy el Pastor’, ‘yo soy el Pan que da la Vida eterna’.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este Lunes de la Tercera Semana de Pascua.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Juan 6,22-29.
Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos. Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste?". Jesús les respondió: "Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es Él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello". Ellos le preguntaron: "¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?". Jesús les respondió: "La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que Él ha enviado".
Comentario
Jesús y sus discípulos, durante la noche, se trasladaron de los alrededores de Tiberías a la ciudad de Cafarnaún. Al amanecer, la gente que había participado en el milagro de la multiplicación de los panes, al no encontrarlos, se fue a buscarlos. Jesús entonces les cuestionó el interés que tenían en buscarlo, ya que estaban más preocupados por comer que por recibir la enseñanza del Reino. Y les hizo esta revelación: "la única obra que Dios quiere es que crean en aquel que Él ha enviado". ¿Qué significaba para un judío creer en Jesús, más aún, creer que Él era enviado de Dios?
Para un pueblo habitado por humildes trabajadores, sometidos a una Ley que oprimía, a unos dirigentes religiosos legalistas, a un reinado local ambicioso y a un Imperio que exigía tributos, creer en Jesús, enviado de Dios, significaba la llegada del Mesías político que los liberaría de su difícil situación. La propuesta de Jesús era invertir los valores: sin descuidar las necesidades diarias, se requería una transformación radical interior. Era urgente abrirse a los demás, pensar en común, plantearse la posibilidad de que unidos, en comunidades de hermanos, la práctica de la justicia era algo viable. En una palabra, creer en Dios Padre y su enviado, significaba no esperarlo todo de Él pasivamente, sino comprometerse en unión con otros a cambiar la propia situación, haciendo experiencias de fraternidad.
¿No es ésta nuestra situación de hoy, y no es ésta la respuesta que también hoy nos daría Jesús? Seguir una religión en la que el interés personal, familiar o grupal sea la norma, es escoger el camino del paternalismo, que siempre termina cobrando su tributo. La dependencia en cualquiera de los órdenes -económico, político, social o religioso- impide crecer y enferma el alma de un pueblo. Sólo una religión que eduque en el compromiso personal hace personas libres.
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