viernes, 26 de febrero de 2010

PECAR NO ES SÓLO HACER EL MAL, SINO NO HACER EL BIEN

¡Amor y paz!

Como hijos de Dios, somos hermanos unos con otros. Pero ejercer la fraternidad implica que seamos proactivos en la práctica del bien y no contentarnos con no hacerle mal a nadie. Así lo afirma el documento fundante del Movimiento FRATRES, inspirado en el Evangelio.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la 1ª semana de Cuaresma.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 5,20-26.

Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego. Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Comentario

En este texto, incluido en el "Sermón de la Montaña", Jesús resume en qué consiste el Reino y la capacidad de amor que debe tener un auténtico seguidor de su proyecto. Tal como él mismo lo advierte, esta cualidad esla principal para sus seguidores. Para Jesús, la filiación de los seres humanos de parte de Dios Padre es el fundamento de nuestra plena humanización, y lo que mejor puede darnos establemente la tan anhelada paz.

Jesús quería que las antiguas leyes de alianza de los israelitas -como no matar, no robar, no mentir, entre otras- fueran suplidas por otras más exigentes que incluyeran y superaran sus contenidos. Dichas leyes eran principios mínimos de convivencia que había que seguir perfeccionando, a pesar de haber sido, en su momento, un gran logro ético. Jesús quería llegar hasta el amor perfecto, que trata de vivir el principio de la paternidad universal de Dios, por el que todos somos unos hermanos de los otros, sin distinción de clase social, de raza o de sexo.

El mandamiento de "no matar", según Jesús, sólo quedaba superado en el momento en que se pensara en un amor universal que llevara a amar y a perdonar. Si nos contentamos sólo con no matar al hermano, este puede seguir siendo deshumanizado, oprimido, explotado y alienado, puede morir a nuestra puerta y nos podríamos quedar tranquilos, sencillamente porque nosotros no lo hemos matado. Una sociedad no se vuelve justa sólo con no matar. Sólo el amor sin medida, convertido en solidaridad e igualdad de derechos para todos, puede formar una sociedad justa.

El cristiano debe recordar que ya no está en el Sinaí, sino en la Montaña de las Bienaventuranzas, que no es un seguidor de Moisés, sino un discípulo de Jesús, quien rompió todos los círculos en los que se había encerrado al amor. Lo que está mandado no es «no matar» (porque lo contrario ciertamente sería la contradicción más flagrante contra el amor), sino «amar». No haciendo nada malo se puede cumplir con el mandamiento de no matar, pero no se cumple con el de amar. Pecado es no sólo lo malo que hacemos (pecados que cometemos, pecados de «comisión») sino lo mucho bueno que nos dejamos de hacer (pecados de «omisión», que se cometen precisamente «no haciendo»). «No haciendo» se podría cumplir tal vez la ley de los letrados y fariseos, pero no la de Jesús.

Servicio Bíblico Latinoamericano
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jueves, 25 de febrero de 2010

‘PIDAN Y SE LES DARÁ, BUSQUEN Y ENCONTRARÁN’

¡Amor y paz!

Jesús en su Evangelio nos pide hoy confiar en la bondad y voluntad amorosa del Padre celestial. La invitación es a orar sin desmayo, con la seguridad de que seremos escuchados, siempre que aquello que pidamos esté en la línea del plan salvador de Dios.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este jueves de la 1ª semana de Cuaresma.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 7,7-12.


Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan! Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.

Comentario


La relación con Dios y con sus semejantes está en el corazón de la existencia humana. De allí la necesidad de volver siempre al examen de la forma concreta de realizar esa doble relación, sobre todo en el tiempo de Cuaresma. Con este fin la liturgia presenta este texto situado casi al final del sermón de la montaña y que constituye una síntesis para realizar la propia vida conforme a auténtica relación frente a Dios (vv.7-11) y frente al prójimo (v.12).

La primera parte muestra la importancia esencial que debe ocupar la plegaria en toda vida humana, sobre todo en la vida de los seguidores de Jesús. Esta importancia se desarrolla en dos etapas sucesivas.

Primeramente (v.7-8) se consigna una exhortación y su fundamento que es válido para la petición de la comunidad y para toda petición. En ambos versículos se repiten tres verbos asociados íntimamente a otros tres. “Pedir”, “buscar” y “llamar” están íntimamente asociados a “dar”, “encontrar”, “abrir”. La multiplicación de los verbos tiene por finalidad indicar la necesidad de agotar los recursos humanos de acercamiento a Dios. A los tres imperativos “pidan, busquen, golpeen” está ligada la promesa, válida en primer lugar para los miembros de la comunidad, de que cada una de esas acciones recibirá una respuesta adecuada: “se les dará”, “encontrarán”, “se les abrirá”. Y como fundamentación de esa promesa (v. 8) se afirma el principio general que tiene vigencia en todos los casos y que fundamenta la petición.

A continuación (vv. 9-11) se despliega ese fundamento con una comparación que brota del carácter del ser de Dios. El término de la comparación es el comportamiento paterno frente al hijo que pide el alimento (pan o pez). La respuesta a la petición siempre se sitúa en el don benéfico, “las cosas buenas” que se piden y no elementos que pueden dañar la vida: “una piedra”, “una serpiente”. Y esto se realiza a pesar de la maldad existente en la condición humana. Con mayor razón, Dios, identificado con la bondad, concederá “cosas buenas” a quien se lo pida.

La mención del alimento como ejemplo de los bienes que se requieren para el desarrollo de la vida, presente en la comparación, sitúa la oración como medio indispensable para desarrollar y acrecentar la vitalidad de la existencia. Dicha vitalidad sólo puede realizarse en el ámbito de la comunión con Dios, de la intimidad familiar, que la oración expresa y significa.

El v. 12 desvía su atención a la relación con el semejante. La exigencia de hacer a los demás lo que se desea para sí mismo es un principio universal, como atestigua su presencia en los escritos de otros pueblos y culturas. Pero también es el resumen del cumplimiento de toda la “Ley y los profetas” y, por consiguiente, de todo el sermón de la montaña. No debe ser entendido como fruto del egoísmo humano sino como la expresión de hasta qué punto debe llegar el amor al semejante. En otras palabras, se trata de una formulación distinta pero con el mismo contenido de la segunda parte del mandamiento principal: “Amarás... a tu prójimo como a ti mismo”.

Sólo desde la vida en comunión con Dios y desde la asunción de los intereses del hermano, puede realizarse la vida humana en autenticidad. La persona es un ser en relación y sólo desde una forma justa de entablar esa relación puede brotar una existencia conforme a las exigencias de filiación y fraternidad, que son propuestas en el sermón de la montaña.

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
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