martes, 3 de noviembre de 2009

¿NOS EXCUSAMOS PARA NO ACOGER EL LLAMADO DE JESÚS?

¡Amor y paz!

Los invito a leer y meditar el Evangelio, en este martes de la 31ª. semana del tiempo ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 14,15-24.

Al oír estas palabras, uno de los invitados le dijo: "¡Feliz el que se siente a la mesa en el Reino de Dios!". Jesús le respondió: "Un hombre preparó un gran banquete y convidó a mucha gente. A la hora de cenar, mandó a su sirviente que dijera a los invitados: 'Vengan, todo está preparado'. Pero todos, sin excepción, empezaron a excusarse. El primero le dijo: 'Acabo de comprar un campo y tengo que ir a verlo. Te ruego me disculpes'. El segundo dijo: 'He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego me disculpes'. Y un tercero respondió: 'Acabo de casarme y por esa razón no puedo ir'. A su regreso, el sirviente contó todo esto al dueño de casa, y este, irritado, le dijo: 'Recorre en seguida las plazas y las calles de la ciudad, y trae aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los paralíticos'. Volvió el sirviente y dijo: 'Señor, tus órdenes se han cumplido y aún sobra lugar'. El señor le respondió: 'Ve a los caminos y a lo largo de los cercos, e insiste a la gente para que entre, de manera que se llene mi casa. Porque les aseguro que ninguno de los que antes fueron invitados ha de probar mi cena'".

COMENTARIO

La comida, la cena festiva, es en todas las culturas uno de los símbolos más grandes de unidad comunitaria y familiar. En la cultura semita era símbolo de la máxima comunión. Participar de la mesa de otra persona comprometía a los invitados con el oferente de la cena.

Jesús aprovecha este valor cultural para resaltar los valores del Reino. Pues, éste no es una realidad ajena a nuestra cotidianidad, al devenir histórico, a los valores humanos. El Reino de Dios es precisamente la máxima realización de los ideales humanos de fraternidad, solidaridad y justicia. Y, precisamente, en la comida comunitaria se viven los signos que muestran como posible o realizable el Reino entre los seres humanos.

La parábola del banquete del Reino muestra cómo los que están empeñados exclusivamente en sus negocios ("Compré un campo y es necesario que me disculpes"), en el frenesí de su trabajo ("Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas") o en la exclusividad del círculo familiar, no pueden entrar a participar plena y gozosamente en la vida comunitaria. Ésta exige, una disponibilidad generosa y la aspiración de construir algo más grande que los pequeños negocios y trabajos familiares.

Por estas razones, aquellos que están empeñados en sus propias preocupaciones sin mirar el horizonte de los pueblos, sin valorar las utopías históricas no están aptos para participar del banquete del Reino. Éste necesita de una apertura a todos los seres humanos y a todos los ideales de humanización. Por esto, los invitados son aquellos que realmente tienen esperanza histórica y confían en que pueden construir la nueva casa del Señor. Ésta es un proyecto alternativo, un mundo donde no hay excluidos y donde lo importante no es la productividad ni el lucro, sino la máxima expresión de la creación: el ser humano.

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO
www.mercaba.org

lunes, 2 de noviembre de 2009

AL FINAL, TODOS PRESENTAREMOS EXAMEN DE ‘AMOR’

¡Amor y paz!

Los invito a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Lunes de la 31ª. semana del Tiempo Ordinario, cuando celebramos la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 25,31-46.

Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'.

Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'. Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'.

Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'. Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'. Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'. Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna".


COMENTARIO

Ante ti están la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida y vivirán tú y tu descendencia (Dt. 30, 19).

En la vida hemos de tener un momento de gran seriedad para con nosotros mismos para poder elegir, con la mayor claridad posible, nuestro comportamiento moral, consecuencia de nuestra decisión de fe y de amor a Cristo Jesús.

Si nosotros pensamos que nuestra fe y nuestro amor activo hacia Cristo tienen como meta final el culto y no tiene injerencia alguna en la vida ordinaria, en el trato con los demás, nos hemos equivocado. Con una visión así acerca de la fe probablemente seamos muy puntuales en acudir al culto y en orar personalmente; pero al volver a nuestra vida ordinaria llevaremos los ojos y los oídos cerrados para evitar ver el sufrimiento de los pobres y desvalidos, y evitar escuchar los reclamos de quienes viven desprotegidos.

Con el Evangelio de este día el Señor nos hace ver que el culto que le tributamos a Él, el amor que decimos tenerle mientras no se concrete en dar de comer al hambriento, de beber al sediento, de vestir al desnudo, de hospedar al forastero, de asistir al enfermo, de visitar al encarcelado, será un amor que le honrará, sí con los labios, mientras nuestro corazón estaría lejos de Él.

Ciertamente al final del tiempo seremos juzgados en el amor, en el amor a Dios concretado en el amor al prójimo; pues quien dice que ama a Dios a quien no ve y desprecia a su prójimo a quien sí ve, es un mentiroso.

Que la opción fundamental que le dé sentido a toda nuestra vida, como un canto firme en torno al cual se entreteja toda nuestra existencia, sea el amor a Dios hecho amor concreto hacia nuestro prójimo, de un modo preferencial hacia quienes necesitan de un signo de Cristo Salvador, Misericordioso y Compasivo entre ellos.

Que en nuestro amor no actuemos sirviendo por miedo a que si no lo hacemos seríamos condenados, sino porque al poseer la Vida y el Espíritu de Dios en nosotros seamos congruentes con nuestra fe, y dejemos que el Espíritu de Dios transforme nuestra existencia en un testimonio vivo del Señor que, sin importarle nuestras rebeldías, se hizo Dios-con-nosotros para socorrer a los pobres y salvar a los culpables.

www.mercaba.org