lunes, 24 de abril de 2023

Trabajen por el alimento que permanece hasta la Vida eterna

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este lunes de la 3ª semana de Pascua, ciclo A.

 

Dios nos bendice...

 

PRIMERA LECTURA

 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 6, 8-15

 

Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y signos en el pueblo.

Algunos miembros de la sinagoga llamada «de los Libertos», como también otros, originarios de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de la provincia de Asia, se presentaron para discutir con él. Pero como no encontraban argumentos, frente a la sabiduría y al espíritu que se manifestaba en su palabra, sobornaron a unos hombres para que dijeran que le habían oído blasfemar contra Moisés y contra Dios. Así consiguieron excitar al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y llegando de improviso, lo arrestaron y lo llevaron ante el Sanedrín.

Entonces presentaron falsos testigos, que declararon: «Este hombre no hace otra cosa que hablar contra el Lugar santo y contra la Ley. Nosotros le hemos oído decir que Jesús de Nazaret destruirá este Lugar y cambiará las costumbres que nos ha transmitido Moisés.»

En ese momento, los que estaban sentados en el Sanedrín tenían los ojos clavados en él y vieron que el rostro de Esteban parecía el de un ángel.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO         

 

Sal 118, 23-24. 26-27. 29-30 (R.: 1)

 

R.        Felices los que siguen la ley del Señor.

 

Aunque los poderosos se confabulen contra mí,

yo meditaré tus preceptos.

Porque tus prescripciones son todo mi deleite,

y tus preceptos, mis consejeros.  R.

 

Te expuse mi conducta y tú me escuchaste:

enséñame tus preceptos.

Instrúyeme en el camino de tus leyes,

y yo meditaré tus maravillas.  R.

 

Apártame del camino de la mentira,

y dame la gracia de conocer tu ley.

Elegí el camino de la verdad,

puse tus decretos delante de mí.  R.

 

EVANGELIO

 

Lectura del santo Evangelio según san Juan     6, 22-29

 

Después de que Jesús alimentó a unos cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos.

Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?»

Jesús les respondió: «Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello.»

Ellos le preguntaron: « ¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?»

Jesús les respondió: «La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado.»

 

Palabra de Dios.

 

PARA REFLEXIONAR

  • Hoy aparece como protagonista de la vida de la primera comunidad uno de los diáconos, elegido por los apóstoles para el servicio de las mesas. Esteban, dará testimonio de Cristo ante el pueblo y las autoridades, con la misma valentía y lucidez que Pedro y los demás apóstoles.
    • Su manera de pensar y de hablar provocaba el descontento incluso de los judíos «libertos», que se llamaban así porque, después de haber sido llevados como esclavos fuera de Palestina, habían sido liberados y devueltos. Estos eran más abiertos que los judíos de Jerusalén. Por eso tenían sinagoga propia. Aún a ellos les resulta inadmisible que Esteban, lleno del Espíritu, les muestre con su elocuencia cómo Jesús, el Resucitado, ha superado la ley y el Templo, y que sólo en Él está la salvación.
    • Por eso le acusan de subversión. Esteban no hace sino repetir las palabras de Jesús. Ha comprendido que el verdadero templo de Dios, el lugar donde Dios habita, no  es una construcción de piedra,  sino el pueblo de Dios en su totalidad. Allí donde haya un creyente, allí hay un templo donde Dios habita.
    • Esteban surge como el iniciador formal de la ruptura de los moldes del judaísmo. Cabeza visible del movimiento de los «helenistas», que se presentan en confrontación con los «hebreos» que querían vivir un cristianismo dentro del marco de la ley y el templo.
    • Esteban conoce bien al mundo griego, sabe que el universo no se reduce a Jerusalén: por todas partes hay hombres que esperan la salvación. Comprende que la Iglesia no ha de quedar reducida a un gheto en medio del mundo judío.
    • El desenlace esperado es su martirio, precedido de su transfiguración donde declara que ve «al Hijo del hombre a la derecha de Dios». Sus últimas palabras son semejantes a las de Jesús: «Recibe mi espíritu… No les tomes en cuenta este pecado». Así termina la misión en Jerusalén.

***

  • Jesús y sus discípulos, durante la noche, se trasladaron de los alrededores de Tiberíades a la ciudad de Cafarnaún. Al amanecer, la gente que había participado en el milagro de la multiplicación de los panes, al no encontrarlos, se fue a buscarlos. Pero Jesús les tiene que echar en cara que la motivación de esta búsqueda no es porque han visto signos, sino porque comieron pan hasta saciarse. Se quedan en el hecho, pero no llegan al mensaje.
  • Con sus milagros, Jesús quiere que los hombres descubran su persona, su misión: que crean en el  Dios que lo ha enviado.
  • Jesús va conduciendo con paciencia a sus oyentes hacia la verdadera fe, a que descubran que Él es la Luz, la Vida, el Pastor. A partir del pan que han comido con gusto y abundantemente, los ayudará a creer que es el pan que da la vida eterna.
  • Jesús con una pedagogía admirable, fue conduciendo a la gente a partir de las necesidades meramente humanas a la fe en Él. Buscar a Jesús porque multiplica el pan es un punto de partida.
  • Para un pueblo de hombres sencillos y trabajadores, agobiados por una Ley que oprimía, guiados por dirigentes religiosos legalistas y sometidos a un reinado local ambicioso y a un Imperio que exigía tributos desmesurados: creer al enviado de Dios, significaba reconocer al Mesías político que los liberaría de su dolorosa situación.
  • Pero Jesús propone una transformación radical interior, una inversión de los valores. Creer en Dios y en su enviado, significa no esperar pasivamente que todo llegue por su fuerza y poder, sino afrontar la realidad y comprometerse en unión con otros a cambiar la situación en que viven, desde el cambio personal y viviendo la experiencia del amor  fraternal.
  • Igual que la gente de Cafarnaúm, que desconcertada, busca y no encuentra respuesta al sentido de su vida; el hombre de hoy, como el de todos los tiempos, aunque tal vez no conscientemente, busca felicidad, seguridad, vida y verdad. Del mismo modo que Jesús, también nosotros deberíamos ayudar a nuestros hermanos a llegar a captar a Jesús como la respuesta de Dios a todos nuestros deseos y valores.
  • Como sus discípulos vamos al encuentro del pan que Jesús nos da. La Eucaristía no es como el maná del desierto: un símbolo perecedero. La Eucaristía es un encuentro permanente con Dios en la persona de Jesús.
  • El Pan eucarístico es la carne salvadora de Cristo. Recibirlo es reconocerlo como único camino de salvación. Esta conciencia nos debe llevar a vivir el día a día mucho más decididamente en el seguimiento de ese Cristo Jesús, que es a la vez nuestro Alimento y nuestro Maestro en el camino de la vida.

 

 PARA DISCERNIR

  • ¿Por qué buscamos a Jesús?
  • ¿Buscamos lo que nos da o lo buscamos a Él?
  • ¿Qué le aporta a mi vida comulgar?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

La obra de Dios es creer en aquel que Él ha enviado

 

ARZOBISPADO DE BUENOS AIRES

Vicaría de Pastoral

domingo, 23 de abril de 2023

«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída»

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este Domingo 3o de Pascua, ciclo A.

 

Dios nos bendice...

 

Domingo, 23 de abril de 2023

 

Primera lectura

 

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2,14.22-33):

EL día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:
«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.
A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:
“Veía siempre al Señor delante de mí,
pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón,
exultó mi lengua,
y hasta mi carne descansará esperanzada.
Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida,
me saciarás de gozo con tu rostro”.
Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Palabra de Dios

 

Salmo

 

Sal 15,1-2.5.7-8.9-10.11

R/.
Señor, me enseñarás el sendero de la vida

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

 

Segunda lectura

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (1,17-21):

QUERIDOS hermanos:
Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

Palabra de Dios

 

Evangelio de hoy

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (24,13-35):

AQUEL mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios;
iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.
Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor

 

Comentario

 

Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

 

El Papa San Pablo VI[1] indicó con claridad que el testimonio es el medio más eficaz de evangelización,[2] esta afirmación hace parte de su Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi sobre el Anuncio del Evangelio en el Mundo Moderno[3], importante texto de su magisterio que traduce todas las enseñanzas del Concilio Vaticano II, del que fue gran líder y ejecutor. Ser testigo de una realidad es mucho más que una visión momentánea, es implicar la propia vida en aquello que se testifica y, más aún, estar dispuesto a la ofrenda de la vida en nombre de la causa en la que está implicado su testimonio. La palabra mártir, de origen griego, significa justamente esto, el testigo que ofrece su vida para avalar con ello su responsabilidad testimonial. Hablar de esto nos lleva directo a que nuestra manera de seguir a Jesús, de vivir a lo Jesús, sea lenguaje digno de la mayor credibilidad. Un testigo es alguien que toma en serio lo atestiguado.

La Iglesia de los primeros siglos es plenamente testimonial y martirial. El entusiasmo pascual infundido por el Señor Resucitado, se traducía en una gran viveza y audacia apostólicas, en una disposición total para la misión, siguiendo el mandato de Jesús: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bauticenlos, para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos”. [4]

Se puede decir con toda propiedad que los primeros discípulos de Jesús, y las generaciones siguientes de esos primeros tiempos de la vida cristiana y eclesial, fueron auténticos testigos del Resucitado y de su Buena Noticia. Desplegaron una prodigiosa actividad misional, fundaron comunidades particulares en diversos lugares del mundo entonces conocido, se enfrentaron a la incomprensión de un mundo que no apreciaba cómo podían cimentar su vida en un crucificado, que para esa visión era la de un castigo ejemplarizante para alguien que había puesto en tela de juicio la solidez del establecimiento religioso del judaísmo. No pocos de ellos culminaron su relato vital con la ofrenda cruenta de la existencia.

En Hechos de los Apóstoles[5] encontramos el relato de esos testigos primeros de la fe. Es un texto cargado de vitalidad pascual, alentador, entusiasta, pleno de esperanza, en el que resuenan palabras como las de Pedro en la primera lectura que la Iglesia nos propone para este domingo: “Entonces Pedro, poniéndose de pie junto con los once, levantó la voz y declaró solemnemente:...Israelitas, escuchen: Jesús de Nazaret fue el hombre a quien Dios acreditó ante ustedes con los milagros, prodigios y señales que realizó por medio de él entre ustedes, como bien lo saben. Dios lo entregó conforme al plan que tenía previsto y determinado, y ustedes, valiéndose de los impíos, lo crucificaron y lo mataron. Dios, sin embargo, lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, pues era imposible que esta lo retuviera en su poder…[6]

Este condensado testimonial es núcleo fundamental de la predicación apostólica. Con ese mensaje y con sus vidas dedicadas de lleno al mismo, llevaron a cabo un ministerio que contagiaba de esperanza a quienes lo acogían. Excelente memoria para nosotros hoy en la Iglesia y en todas las comunidades que profesan a Jesucristo como Señor y Salvador. No podemos reducirnos a conservar la religiosidad vigente, ni a un adoctrinamiento simplista y reductivo. La misión pastoral de la Iglesia consiste en transmitir al Señor Resucitado, como Pedro y sus compañeros, como Pablo, el antiguo fariseo y luego apasionado por Jesús. Para eso se impone llegar al ser humano concreto, dialogar con todos, sentir como propios los gozos y las esperanzas, las tristezas y los sufrimientos, las búsquedas de sentido, los grandes interrogantes existenciales.[7] Y esa llegada a lo humano debe ser plenamente pascual.

El ser humano siempre persigue las mejores razones para vivir con sentido y significado trascendentes. Es, tal vez, el mayor esfuerzo de la humanidad: ganarle la partida al absurdo, preguntarse el por qué de la muerte y del sufrimiento, buscar siempre una legitimación de sus ilusiones y esperanzas. En el ámbito pascual la fe cristiana nos ofrece la respuesta. [8]

Dos caminantes abatidos van hacia una aldea llamada Emaús, en la cercanía de Jerusalén, la causa de su pesadumbre: “Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en hechos y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran. Nosotros teníamos la esperanza de que él sería el que había de libertar a la nación de Israel…[9] En esos desencantados nos podemos reflejar nosotros cuando la angustia existencial nos domina y sentimos que toda posibilidad de vivir con sentido está agotada. Veamos a los dos caminantes de Emaús como referentes del realismo entristecido que, sin embargo, estaba condicionado, en el mejor sentido del término, por un desbordante amor a Jesús y a su causa. Su ausencia física era el motivo de su tristeza: “Jesús les preguntó: ¿De qué van hablando ustedes por el camino? Se detuvieron tristes, y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, contestó: ¿Eres tú el único que ha estado alojado en Jerusalén y que no sabe lo que ha pasado allí en estos días?[10]

Los relatos de las apariciones del Resucitado – once en total en los cuatro evangelios – aluden a la experiencia de los testigos originales de la fe, a quienes debemos la transmisión de aquello que empezó hace más de veinte siglos, que se ha propagado dando sentido y razón de vida a muchísimos seres humanos. La suya es una historia de re-encantamiento, de una nueva vida que surge de las cenizas a partir de su encuentro con Jesús. A eso llamamos la experiencia pascual.[11] Esos testigos originales de nuestra fe nos reflejan también a nosotros en el proceso que va del vacío a la esperanza, de la muerte a la vida. Su testimonio nos implica, se convierte en fundamento del sentido absoluto de la vida, según las comunidades cristianas que dieron origen al Nuevo Testamento.

¿Cómo reencantar nuestra vida en tiempos de crisis? ¿Cómo, sin desconocer la fragilidad que nos surge de continuo, vivir siempre en perspectiva de esperanza? El anuncio pascual no está contenido en un hecho ingenuo, en un entusiasmo de emociones pasajeras, no se puede reducir a manifestaciones clamorosas de grupos cristianos que desconocen las fracturas inevitables a las que estamos sometidos. Estas personas que siguieron a Jesús – caracterizados por los límites que los relatos evangélicos refieren - recuperaron su horizonte de vida, no de modo ocasional.[12] Desde Pascua su vida se replanteó de raíz.

De modo particular, Pedro llama a mantener la fidelidad a Dios aún en las situaciones contradictorias de la vida, porque Él nos libera de todo lo injusto e inhumano y nos recuerda que el costo de esta liberación no es producto de los “precios” que compran el poder, sino del amor desmedido que se ha ofrecido como don para que la vida de todos los humanos tenga sentido y sea libre y salvada del odio, de las esclavitudes, de la cultura de la muerte, de los designios egoístas de unos: “Y ustedes saben muy bien que el costo de este rescate no se pagó con cosas corruptibles, como el oro o la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, que fue ofrecido en sacrificio como un cordero sin defecto ni mancha” .[13]

Los discípulos de Emaús, cuya desilusión tipifica todos los desencantos humanos, constituyen mucho más que una relación cronológica de algo puntual sucedido después de la muerte del Señor. El relato cuestiona esa expectativa que tenían los judíos y, con ellos, los discípulos, sobre un Mesías triunfante y espectacular: “Qué faltos de comprensión son ustedes y qué lentos para creer todo lo que dijeron los profetas. ¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?” ,[14] les dice Jesús, a quien aún no han reconocido como el Viviente.

El verdadero sentido de las apariciones del Resucitado es participar de la experiencia pascual que tuvieron los primeros cristianos a quienes a lo largo de los siglos descubrimos allí nuestra máxima razón de sentido: “Y se dijeron uno al otro: ¿no es verdad que el corazón nos ardía en el pecho cuando nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?” .[15]

Como los discípulos de Emaús, también nosotros padecemos limitaciones a la hora de captar lo más genuino de la fe, nos dejamos llevar por la conocida y empobrecedora rutina religiosa, por reducir la condición creyente a cumplimientos sin fuerza transformadora, por no vislumbrar el influjo totalizante y liberador del relato de Jesús en nuestras vidas. Pero ya sabemos muy bien, y ahí nos inscribimos en veinte siglos de historia cristiana, que la fuerza teologal del Resucitado es mayor que nuestras estrecheces, gracias a eso recibimos como don la posibilidad de no hundirnos en la oscuridad del sin sentido. La fe nos ayuda a esclarecer y a vivir en esperanza. [16] ¿Somos hoy, testigos del Resucitado? 

[1] 1897-1978, Papa desde 1963 hasta 1978, canonizado por el Papa Francisco en octubre de 2018.

[2] PELLITERO, Ramiro. La fuerza del testimonio cristiano. En Revista Scripta Theologica número 39, páginas 367-402. Universidad de Navarra. Pamplona, 2007. CONFERENCIA DE OBISPOS CATÓLICOS DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTE AMERICA. Discípulos llamados a dar testimonio: la nueva evangelización. United States Conference of Catholic Bishops. Washington, 2012. PIE NINOT, Salvador. La teología fundamental: dar razón de la esperanza. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2017. AUGUSTIN, George. Testigos de la Fe: el sacerdocio de Cristo y el ministerio sacerdotal. Sal Terrae. Santander, 2013. GRANADO BELLIDO, Carmelo. Testigos de la fe y maestros de los primeros siglos de la Iglesia: los Padres de la Iglesia. En Revista Proyección Teología y Mundo Actual número LXI, páginas 9-20. Facultad de Teología de Granada, Universidad Loyola de Andalucía. Granada 2014. DIÓCESIS DE CARTAGENA (España). Testigos de la Fe: la urgencia de anunciar la belleza de la fe. Cartagena, 2011. RICCARDI, Andrea. El siglo de los mártires. Encuentro. Madrid, 2019. GALLAGHER. Michael Paul. Mapas de la fe: diez grandes creyentes desde Newman hasta Ratzinger. Sal Terrae. Santander, 2015.

[3] PAPA PABLO VI. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi sobre el Anuncio del Evangelio en el Mundo Moderno. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1975.

[4] Mateo 28: 19-20.

[5] GARCÍA VIANA, Luis Fernando. Introducción a los Hechos de los Apóstoles. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 22 de octubre de 2013. RAMIS, Francesc. Hechos de los Apóstoles. Verbo Divino. Estella, 2008. RICHARD, Pablo. El movimiento de Jesús antes de la Iglesia: una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles. Sal Terrae. Santander, 2000. WIKENHAUSER, Alfred. Los Hechos de los Apóstoles. Herder. Barcelona, 1967. ROLOFF, Jürgen. Hechos de los Apóstoles. Cristiandad. Madrid, 1984. EQUIPO CAHIERS EVANGILE. Los Hechos de los Apóstoles. Verbo Divino. Estella, 1991. McGARVEY, J.W. Comentario sobre Hechos de los Apóstoles. En https://www.willie75.files.wordpress.com/2008/02/comentario-sobre-hechos-por-jw-mcgarvey.pdf TURRADO, Lorenzo. La Iglesia en los Hechos de los Apóstoles. En https://www.summa.upsa.es/high.raw?id=0000006391&name=00000001.original.pdf MARGUERAT, Daniel. Los Hechos de los Apóstoles. Sígueme. Salamanca, 2019.

[6] Hechos 2: 14 y 22-24.

[7] CONCILIO VATICANO II. Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno Gaudium et Spes. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1965. PAPA PABLO VI. Carta Encíclica Eclessiam Suam sobre el Diálogo en la Vida de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1964. DÍAZ SÁNCHEZ, Juan Manuel. La misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo: en el 40 aniversario de la Constitución Gaudium et Spes. Fundación Pablo VI & Instituto Social León XIII. Madrid, 2005. ZAMMIT, Mark Joseph. La Iglesia se inclina hacia el hombre y hacia el mundo: el puesto central del diálogo de Pablo VI en el Concilio Vaticano II. En Revista Estudios Eclesiásticos volumen 94 número 370, páginas 513-556. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, septiembre de 2019. CONFERENCIA EPISCOPAL DE COLOMBIA. PASTORAL SOCIAL CARITAS COLOMBIANA. Guía pastoral: análisis de la realidad con enfoque pastoral. Secretariado Nacional de Pastoral Social. Bogotá, 2017. MIFSUD, Tony. Moral Social: lectura solidaria del continente latinoamericano. Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM. Bogotá, 2001.

[8] CONSTANTE, Alberto. La pregunta que interroga por el sentido del ser. En https://www.scielo.org.mx/pdf/enclav/v4n7/v4n7a5.pdf KUNG, Hans. Ser cristiano. Trotta. Madrid, 2006; Existe Dios? Cristiandad. Madrid, 1986. SANCHEZ ALvarez, Pilar. La fe es significativa para el hombre? Olegario González de Cardedal en el Areópago moderno. En Revista Veritas número 42, páginas 127-163. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, abril de 2019. GESCHÉ, Adolphe. El Hombre (Colección Dios para Pensar II). Sígueme. Salamanca, 2010. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Olegario. Raíz de la esperanza. Sígueme. Salamanca, 1996. MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Creer en el ser humano, vivir humanamente. Antropología en los Evangelios. Verbo Divino. Estella, 2016.

[9] Lucas 24: 19-21

[10] Lucas 24: 17-18

[11] BAENA BUSTAMANTE, Gustavo. Fenomenología de la revelación: teología de la Biblia y hermenéutica. Verbo Divino. Estella (Navarra, España), 2011. El autor de esta obra monumental, profesor en la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana, dedica una parte muy importante al estudio del hecho pascual, es el capítulo III “La revelación de Dios en el Nuevo Testamento” con dos subtítulos: “La experiencia pascual” e “Historia de la tradición de la experiencia pascual”, páginas 525 a 886.

[12] LORENZEN, T. Resurrección y discipulado. Sal Terrae. Santander, 1999. VICARÍA DE LA ESPERANZA JOVEN. ARZOBISPADO DE SANTIAGO DE CHILE. Resucitados en Jesucristo. Material de catequesis para jóvenes. En https://www.vej.cl/dosc/discipulos2_Unidad09.pdf BERMÚDEZ SUÁREZ, Felipe. Nuestro camino de Emaús. En Revista Almogaren número 11 páginas 53-64. Centro Teológico de Las Palmas. Palma de Gran Canaria, 1993. GARCÍA GUTIÉRREZ, Francisco Javier. Tercer Domingo de Pascua ciclo A. Ayudas para la homilía. Verbo Divino. Estella, abril 2020. LÓPEZ PEÑALBA, Jaime. La identidad entre la experiencia de Jesús y la experiencia de los discípulos. En https://www.repositorio.sandamaso.es/bitstream/123456789/105%20LOPEZ%20PEÑALBA.pdf COLOMER, Julio. La resurrección, gozo y esperanza. Cuadernos Centro Arrupe número 4. Valencia, 2014.

[13] 1 Pedro 1: 18-19

[14] Lucas 24: 25-26

[15] Lucas 24: 32

[16] MARTÍN DESCALZO, José Luis. Razones para la esperanza. Sociedad de Educación Atenas. Madrid, 1991. COLECTIVO ESPERANZA PAZ Y LIBERTAD. Memorias de Esperanza. Centro Nacional de Memoria Histórica. Bogotá, 2021. LAÍN ENTRALGO, Pedro. La espera y la esperanza: historia y teoría del esperar humano. Revista de Occidente. Madrid, 1957. D´ORMESSON, Jean. Una historia sobre la nada y la esperanza. Sígueme. Salamanca, 2019. MARIÑO MACÍAS, María Alejandra. Sangre de mártires, semilla de esperanza: construcción de las nociones de cuerpo y memoria tras la masacre de Trujillo. Universidad del Rosario. Bogotá, 2011.

Tomado de jesuitas. co