miércoles, 10 de julio de 2019

Proclamad que el Reino de los Cielos está cerca

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este miércoles de la 14a semana del Tiempo Ordinario, ciclo C.

Dios nos bendice...

Lectio Divina: Mateo 10,1-7
Lectio
Miércoles, 10 Julio , 2019
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída; concede a tus fieles la verdadera alegría, para que, quienes han sido librados de la esclavitud del pecado, alcancen también la felicidad eterna. Por nuestro Señor. 
2) Lectura
Del Evangelio según Mateo 10,1-7

Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el que le entregó. A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. 
3) Reflexión
• En el capítulo 10 del Evangelio de Mateo inicia el segundo gran discurso, el Sermón de la Misión. Mateo organizó su evangelio como una nueva edición de la Ley de Dios, o como un nuevo “pentateuco” con sus cinco libros. Por esto, su evangelio, trae cinco grandes discursos o enseñanzas de Jesús, seguidos por partes narrativas, en las que él describe cómo Jesús practicaba lo que había enseñado en los discursos. He aquí el esquema:
Introducción: nacimiento y preparación del Mesías (Mt 1 a 4)
a) Sermón de la Montaña: la puerta de entrada en el Reino (Mt 5 a 7) Narrativa Mt 8 e 9
b) Sermón de la Misión: cómo anunciar e irradiar el Reino (Mt 10)
Narrativa Mt 11 e 12
c) Sermón de las Parábolas: el misterio del Reino presente en la vida (Mt 13)
Narrativa Mt 14 a 17
d) Sermón de la Comunidad: la nueva manera de convivir en el Reino (Mt 18)
Narrativa 19 a 23
e) Sermón de la llegada futura del Reino: la utopía que sustenta la esperanza (Mt 24 e 25)
Conclusión: pasión, muerte y resurrección (Mt 26 a 28).
• El evangelio de hoy y el inicio del Sermón de la Misión, en la que se manifiestan tres asuntos: (i) el llamado de los discípulos (Mt 10,1); (ii) la lista de nombres de los doce apóstoles que van a ser los destinatarios del sermón de la misión (Mt 10,2-4); (iii) el envío de los doce (Mt 10,5-7).
• Mateo 10,1: El llamado de los doce discípulos. Mateo ya había hablado del llamado de los discípulos (Mt 4,18-22; 9,9). Aquí, en el comienzo del Sermón de la Misión, hace un resumen: “ Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.” El cometido o la misión del discípulo es seguir a Jesús, el Maestro, formando comunidad con él y realizando la misma misión de Jesús: expulsar a los espíritus inmundos, curar toda dolencia y enfermedad. En el evangelio de Marcos, ellos recibieron la misma doble misión, formulada con otras palabras: Jesús instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. “ (Mc 3,14-15). (a) Estar con él, esto es formar comunidad, en la que Jesús es el centro, el eje. (b) Rezar y tener poder para expulsar al demonio, esto es, anunciar la Buena Nueva y combatir el poder del mal, que mata la vida de la gente y aliena a las personas. Lucas dice que Jesús rezó toda la noche y el día siguiente, llamó a sus discípulos. Rezó a Dios para saber a quién escoger (Lc 6,12-13).
• Mateo 10,2-4: La lista de los nombres de los doce apóstoles. Gran parte de estos nombres vienen del Antiguo Testamento. Por ejemplo, Simeón es el nombre de uno de los hijos del patriarca Jacob (Gn 29,33). Santiago lo mismo que Jacob (Gn 25,26). Judas es el nombre del otro hijo de Jacob (Gn 35,23). Mateo también tenía el nombre de Leví (Mc 2,14), que es el otro hijo de Jacob (Gn 35,23). De los doce apóstoles, siete tienen un nombre que viene de los patriarcas Dos se llaman Simón; dos Santiago, Judas; uno Leví tiene un nombre griego: Felipe. Esto revela el deseo de la gente de rehacer la historia ¡desde su comienzo! Sería como hoy en una familia en que todo el mundo tuviera el nombre de los antepasados, y uno sólo por ejemplo un nombre moderno, y usado en otro país. Merece la pena pensar en los nombres que hoy damos a los hijos. Porque cada uno somos llamados por Dios por el nombre.
• Mateo 10,5-7: El envío o misión de los doce apóstoles para las ovejas perdidas de la casa de Israel. Después de haber enumerado los nombres de los doce, Jesús los envía con estas recomendaciones: "«No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca”.
En esta única frase hay una triple insistencia en mostrar que la preferencia de la misión es para la casa de Israel: (i) No tomar el camino de los paganos, (ii) no entrar en las ciudades samaritanas, (iii) ir primero a las ovejas perdidas de Israel. Aquí se manifiesta una respuesta a la duda de los primeros cristianos entorno a la apertura a los paganos, concuerda en decir que la Buena Nueva traída por Jesús debía ser anunciada primero a los judíos y, después, a los paganos (Rom 9,1 a 11,36; cf. Hec 1,8; 11,3; 13,46; 15,1.5.23-29). Pero más adelante, en el mismo evangelio de Mateo, en la conversación de Jesús con una mujer cananea, se dará la apertura hacia los paganos (Mt 15,21-29).
• El envío de los apóstoles para toda la gente. Después de la resurrección de Jesús, hay varios episodios de envío de los apóstoles no sólo hacia los judíos, sino hacia todos los pueblos. En Mateo: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” (Mt 28,19-20). En Marcos: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.» Y en Marcos: “El que creerá será salvado; el que no creerá será” (Mc 15-16). En Lucas: "Así está escrito: el Mesías sufrirá y resucitará de los muertos en el tercer día, y en su nombre serán anunciados la conversión y el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. Y vosotros seréis testigos de todo esto (Lc 24,46-48; Hec 1,8) Juan resume todo en esta frase: “Como el Padre me envió, ¡yo también os envío!” (Jn 20,21). 
4) Para la reflexión personal
• ¿Has pensado en el significado de tu nombre? ¿Has preguntado a tus padres porqué te pusieron el nombre que llevas? ¿Te gusta tu nombre?
• Jesús llama a los discípulos. Su llamado tiene una doble finalidad: formar comunidad e ir en misión. ¿Cómo vivo esta doble finalidad en mi vida? 
5) Oración final
¡Buscad al Señor y su poder,
id tras su rostro sin tregua,
recordad todas sus maravillas,
sus prodigios y los juicios de su boca! (Sal 105,4-5)

Orden de los Carmelitas 

martes, 9 de julio de 2019

«Todo el que cumple la voluntad de mi Padre, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre»


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este martes en que celebramos en Colombia la fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Patrona de nuestra nación.

Evangelio según San Mateo 12, 46-50

En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con él. Alguien le dijo entonces a Jesús:
«Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo».
Pero él respondió al que se lo decía:
«¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?»
Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo:
«Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN DE LOS CIEN AÑOS DE LA CORONACIÓN CANÓNICA DE LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ (6 de julio de 2019)

Queridos hermanos: Desde hace 433 años la presencia de María Nuestra Madre, Señora del Rosario, nos acompaña y es modelo de oración confiada, de fe en el Padre Providente, de obediencia a su voluntad, de amor ardiente, invitándonos a construir una existencia personal, familiar y social, serena y feliz.

Hoy, a doscientos años del nacimiento de nuestra República y a cien años de la coronación Canónica de la Imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá, como Reina y Madre de nuestra nación, bajo la presidencia de Marco Fidel Suárez en la Plaza de Bolívar de Bogotá, los obispos de Colombia, trayendo con nosotros a todas las comunidades del país, venimos, peregrinos, a confiar a su maternal cuidado toda nuestra amada nación.

De nuevo, Ella que conoce nuestros dolores, nuestras búsquedas, nuestras luchas, nuestros deseos de construir una casa fraterna entre los colombianos, como Madre nos repite: “Hagan lo que Él, mi Hijo Jesús, les diga”. Y el Señor nos dice hoy: “todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi Madre” (Mt 12, 50). Somos la familia espiritual de Jesús que nace por nuestra condición de discípulos. Él quiere que esa familia crezca y se fortalezca por nuestro encuentro personal y eclesial con Él, para que transformando nuestro corazón vivamos de acuerdo con los criterios del Evangelio y como María, Madre suya y Madre nuestra, hagamos carne las bienaventuranzas.

Hoy estamos a los pies de María. Como nadie más Ella hizo la voluntad del Padre, que está en conocerlo a Él y acoger a su Enviado, que se encarnó en sus entrañas. En el mundo en que nos “toca realizar la voluntad del Padre Celestial”, todavía tenemos las huellas que la tradición cristiana nos ha dejado en el modo de ver la vida, de honrar la dignidad de cada persona, de promover una auténtica libertad y vivir como hermanos de verdad.

 Pero, en lo cotidiano corremos el riesgo de olvidarlo. Y si perdemos las raíces cristianas de nuestras familias y nuestra sociedad, el presente de ellas se hace pedazos, las relaciones en familia entran en crisis y disminuye la capacidad de relación, responsabilidad y solidaridad entre nosotros los colombianos.

La sola autorreferencialidad nos encierra a cada uno en nosotros mismos, y a la sociedad en grupos de intereses, de privilegios, de ideologías. Hace más el miedo al futuro que un deseo de construirlo, hace más la unidad de dominio de los más fuertes y ricos, que la unidad de comunión de personas y bienes.

María, en el silencio al pie de la cruz, ante el inmenso dolor de la muerte de su Hijo, no pierde la fe en el Dios de la vida. “Si tienen fe, como un grano de mostaza” moverán montañas. María nos enseña a creer aún en la noche que atravesamos por la violencia de las armas, la de los corazones endurecidos por la indiferencia y la codicia, que enceguece y no deja ver el dolor de los pobres, de los que no tienen techo, ni tierra, ni trabajo, por la violencia de la corrupción que despoja a los más frágiles, para nutrir el egoísmo de unos pocos, por la avalancha de la narcodegradación que arrasa con la vida de los niños, los adolescentes y los jóvenes que son la presencia del mañana.

Ahí, Ella nos anima para que no desfallezcamos en nuestra fe y el grano de mostaza se convierta en árbol capaz de ofrecer la frescura de la sombra y la acogida de los pájaros del cielo.

Necesitamos todos, pastores y fieles, ser fortalecidos en el corazón. La fe nos debe abrir los ojos, la esperanza nos enseña a mirar con paciencia y perseverancia, lo que vivimos en este momento complejo y difícil de nuestra historia, cuando sentimos la tentación de dejar de leer los signos de los tiempos como si en ellos no estuviera presente Dios, y emprender la huida del compromiso, olvidando que el designio de Dios se realiza, aunque esté oculto.

María es una escuela de fe, rica de esperanza: conservaba todas las acciones de Dios, meditándolas en su corazón. Ahí está la raíz de la fuerza que hoy debe tener nuestro testimonio cristiano para nuestra sociedad. La voluntad del Padre Celestial está en que cada uno y todos como familia y pueblo de Dios, seamos signos creíbles, valientes, coherentes de los valores innegociables del Evangelio, que irradiemos luz, seamos fermento en el mundo globalizado, con sus raíces letales de exclusión y marginación de los más débiles, fuentes de inclusión de todos, en la participación solidaria de los bienes, pues somos hermanos.

Si aprendemos a mirar con fe nuestras raíces del pasado y con esperanza un futuro de reconciliación, de desarrollo integral, de armonía familiar y social, es preciso que revistamos el presente, grávido de tensiones en la vida familiar, eclesial y política, con la fuerza de la comunión que brota del amor.

María en los momentos más difíciles que compartió con los discípulos de su Hijo, y hoy con nosotros, confortó, permaneció con ellos, los animó con el fruto de la consolación y de la vida que engendra comunión.

Ella, en nuestro presente, nos ayuda a cada uno a descubrir que la vida personal es vocación, que nos reclama fe y fidelidad al Señor. A las familias nos invita al amor gratuito que se vive en el hogar, que solo ese amor desafía la crisis grave que vivimos en todos los escenarios existenciales, laborales, académicos, sociales, culturales y políticos. Pues es en el hogar donde aprendemos el abecedario del perdón, la solidaridad, la ayuda mutua.

En nuestras comunidades eclesiales debemos acogernos, caminar juntos, perdonarnos, no permitir el espíritu de la división. Toda la sociedad necesita el impulso permanente del diálogo que ponga fin a la violencia y seguir encontrando caminos de reconciliación, trabajar por la unidad del país, por encima de los obstáculos y convirtiendo en riqueza comunitaria, las diferencias y colocar en el centro de toda la vida política, social y económica la persona, con el misterio de su dignidad, el respeto por el bien de todos y la erradicación de las causas estructurales de la corrupción y la pobreza que engendran inequidad y violencia. El amor que sana las heridas en cada uno y en las relaciones entre hermanos nos ayuda a recorrer el camino de la reconciliación con la creación.

Quisiera en este momento recordando los 33 años de la Visita del Papa San Juan Pablo II las palabras que él utilizó para colocarnos en los brazos maternos de María:

 “Nos consagramos a ti todos los que hemos venido a visitarte en esta celebración: te consagro toda la Iglesia de Colombia con sus pastores y sus fieles: los Obispos que a imitación del Buen Pastor velan por el pueblo que les ha sido confiado. Los sacerdotes que han sido ungidos por el Espíritu. Los religiosos y religiosas, que ofrendan su vida por el Reino de Cristo. Los seminaristas que han acogido la llamada del Señor. Los esposos cristianos en la unidad e indisolubilidad de su amor con sus familias. Los laicos comprometidos en la Evangelización. Los jóvenes que anhelan una sociedad nueva. Los niños que merecen un mundo más pacífico y humano. Los enfermos, los pobres, los encarcelados, los perseguidos, los huérfanos, los desesperados, los moribundos. Te consagro toda esta Nación de Colombia que eres Patrona y Reina. Que resplandezcan en sus instituciones los valores del Evangelio”.

Celebremos la Cena del Señor, mirando con fe nuestras raíces cristianas, auscultando con esperanza el futuro de los próximos trescientos años del país y amasando con amor el presente acompañados y de la mano de María, como dijo el Papa Francisco ante esta misma imagen “Así como en Chiquinquirá Dios ha renovado el esplendor del rostro de su Madre, que Él siga iluminando con su celestial luz el rostro de todo este país y bendiga a la Iglesia de Colombia con su benévola compañía.

 + Óscar Urbina Ortega, Arzobispo de Villavicencio, Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia