sábado, 10 de diciembre de 2016

Con Elías hicieron lo que quisieron y también harán padecer al Hijo del hombre

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la primera lectura y el Evangelio, así como el comentario, en este sábado de la 2ª semana de Adviento.

Dios nos bendice...

Libro de Eclesiástico 48,1-4.9-11.
Surgió como un fuego el profeta Elías,  su palabra quemaba como una antorcha.  Él atrajo el hambre sobre ellos  y con su celo los diezmó.  Por la palabra del Señor, cerró el cielo,  y también hizo caer tres veces fuego de lo alto.  ¡Qué glorioso te hiciste, Elías, con tus prodigios!  ¿Quién puede jactarse de ser igual a ti?  Tú fuiste arrebatado en un torbellino de fuego  en un carro con caballos de fuego.  De ti está escrito que en los castigos futuros  aplacarás la ira antes que estalle,  para hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos  y restablecer las tribus de Jacob.  ¡Felices los que te verán  y los que se durmieron en el amor,  porque también nosotros poseeremos la vida!  
Evangelio según San Mateo 17,10-13.
Al bajar del monte, los discípulos preguntaron a Jesús: "¿Por qué dicen los escribas que primero debe venir Elías?". Él respondió: "Sí, Elías debe venir a poner en orden todas las cosas; pero les aseguro que Elías ya ha venido, y no lo han reconocido, sino que hicieron con él lo que quisieron. Y también harán padecer al Hijo del hombre". Los discípulos comprendieron entonces que Jesús se refería a Juan el Bautista. 
Comentario


1.1 La Biblia asocia más de una vez a Elías con el fuego (1 Re 18,25; 2 Re 1,10.12; Sir 48,1). Su palabra purifica, trae ardor de fe y provoca incendios que propagan el celo por la causa de Dios. Quizá tal es la esencia de este profeta: el celo, es decir, el amor que reclama sus derechos.

1.2 Este mismo ardor brilla en Juan Bautista. Como Elías, también Juan fue perseguido por quienes tenían el poder. Su palabra no pudo ser detenida por amenazas, y aun muerto es elocuente en su coherencia, su vigor, su amor inquebrantable.

1.3 Es posible que a nosotros un amor así nos parezca exagerado. Preferimos tal vez una fe sin fanatismos, sin excesos, sin mucho compromiso. El problema de una religión así es que fácilmente se vuelve cómplice de los intereses de los poderosos de este mundo. Una fe acostumbrada a no sufrir es una fe acostumbrada a negociar, a evitarse problemas, a venderse por el precio espúreo de una aparente calma. Por eso, de tanto en tanto necesitamos profetas de fuego.

2. Profeta de los derechos de Dios

2.1 El que habla en nombre de Dios y de sus derechos se expone a dos cosas, y ambas las sufrió el Bautista. En primer lugar, "no lo reconocieron"; en segundo, "hicieron con él lo que quisieron".

2.2 Reconocer a los enviados de Dios es admitir sus credenciales, que no son otras sino su fidelidad al Dios que les envía. Por eso dijo Cristo: "Jesús exclamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado. Y el que me ve, ve al que me ha enviado".

2.3 Es un pequeño problema epistemológico el que aquí asoma: ¿cómo saber que alguien es enviado por otro sin conocer a ese otro? Es necesario, dirá san Juan, recibir el testimonio, y esto es lo que realizan las obras de Cristo y de los que son de Cristo; tales obras son señales capaces de despertar nuestra conciencia y dirigirla al conocimiento del Padre y de su enviado.

2.4 Mas los que no miran las obras ni se interesan por la fidelidad no pueden reconocer a los enviados de Dios y por eso sólo les interesa demostrar que tienen más poder que los profetas. Maltratando al profeta, o incluso matándolo, pretenden demostrar que no tiene poder alguno. Mas su inicuo obrar lo único que prueba es que Dios prefiere instrumentos frágiles, pues no quiere revelarse en la ostentación sino ne la sencillez.

3. Cristo en su pasión

3.1 Nuestro Señor anuncia su propio destino, que seguirá la regla común a los enviados. Tampoco a Cristo se le reconocerá como enviado, y también a él le tratarán a su antojo. Estremece pensar que la pasión del Señor es un punto más en la larga serie de los que han sido desconocidos y torturados. Su sangre recoge la sangre de tantos otros.

3.2 La Eucaristía, pues, es la catequesis suprema de la constancia en la misión. Cristo, el Misionero por excelencia, revela en su Cuerpo "entregado" y en su Sangre "derramada" el precio de la fidelidad al Dios que es digno de toda honra y de todo amor.

http://fraynelson.com/homilias.html. 
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viernes, 9 de diciembre de 2016

Escucha Pueblo de Dios, escucha

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la 1ª lectura, el Evangelio y el comentario, en este viernes de la 2ª semana de Adviento.

Dios nos bendice...

Libro de Isaías 48,17-19.
Así habla el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: Yo soy el Señor, tu Dios, el que te instruye para tu provecho, el que te guía por el camino que debes seguir. ¡Si tú hubieras atendido a mis mandamientos, tu prosperidad sería como un río y tu justicia, como las olas del mar! Como la arena sería tu descendencia, como los granos de arena, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido extirpado ni borrado de mi presencia. Invitación a salir de Babilonia 
Evangelio según San Mateo 11,16-19.
¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: '¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'. Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'. Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: 'Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores'. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras".  
Comentario

“Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar”. Es el consejo del profeta Isaías al finalizar esta segunda semana de Adviento. Atender, escuchar, estar atento a los signos de Dios, al soplo del Espíritu, a las mociones, susurros con los que el buen espíritu quiere guiarnos. Para ello hay que entrenarse en el arte de la escucha; y para esto hay que dedicar tiempo. Entre el bombardeo de estímulos que recibimos a diario, hay que hacer un gran esfuerzo para poder escuchar con nitidez la voz de Dios. Este susurro divino intenta abrirse paso entre las voces interiores de la los afectos desordenados, los sueños frustrados, las proyecciones de mi yo ideal y otras películas mentales que tratan de evadirme de lo que realmente soy.

En una vida acelerada y estresada se hace muy difícil la escucha; donde no hay escucha no puede haber una comunicación fluida, y cuando la comunicación es pobre, surgen la mayoría de nuestros conflictos, malentendidos con los demás, suspicacias y susceptibilidades. Si no hay tiempo para escucharnos, ¿cómo va a haber tiempo para escuchar a Dios? Creo que este es el drama de muchos hombres y mujeres, que no pueden encontrarse con Dios porque no lo sienten; y no lo sienten porque no lo escuchan ni en sí mismos, ni en los demás, ni en los más pequeños, ni en la naturaleza,… ni en ninguna parte. Sin la escucha no puede nacer la acogida del mensaje, ni en consecuencia la fe. Eso es orar: escuchar la voz de Dios.

La Palabra de hoy nos invita a escuchar, a practicar esta actitud tan sanadora y necesaria para vivir con más paz y apertura. Jesús también se lamenta de que esa generación no escuchó a Juan el Bautista ni le escuchan a Él. “Shesmá Israel” (escucha Israel), escucha Pueblo de Dios, escucha. Escucha querido amigo/a. El Señor nos habla, nos llama constantemente. Habla a través de los acontecimientos cotidianos, también en los más extraordinarios; habla en la Palabra de cada día, habla en el interior de tu corazón, en tus pensamientos y sentimientos; habla a través de los otros, de los que te cruzas en tu jornada diaria; grita en los más necesitados, en los acontecimientos de la historia… Abre tus oídos. Estate atento. El Señor habla. Digámosle hoy en nuestra oración: ¡habla Señor que tu siervo escucha!

El que sí escuchó esta voz de Dios es el santo cuya memoria libre propone orar hoy la liturgia: San Juan Diego Cuahtlatoatzin. Un hombre muy sencillo y humilde, sin talentos espectaculares, pero de una gran capacidad de escucha, testigo de la aparición de Ntra. Sra. de Guadalupe. 

Vuestro hermano en la fe.
Juan Lozano, cmf.