lunes, 9 de marzo de 2015

“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”

¡Amor y paz!

Jesús nos habla hoy de los contrastes tan profundos que hay entre el modo de entender la fe por parte de sus contemporáneos, y la fe que Él les está proponiendo. Pero esto no lo hace simplemente para que nosotros digamos: ¿Cómo es posible que esta gente teniendo tan claro no entendiesen nada?

Jesús viene a fomentar en todos nosotros un dinamismo interior que nos permita cambiar de comportamiento y hacer que nuestro corazón se dirija hacia Dios nuestro Señor con plenitud, con vitalidad, sin juegos intermedios, sin andar mercadeando con Él.

Esta Cuaresma nos debe servir para cambiar nuestra mentalidad y forma de obrar: no pongamos a Dios a nuestro servicio: pongámonos al servicio de Dios y digámosle con el Salmo 39: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la 3ª. Semana de Cuaresma.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Lucas 4,24-30. 
Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. 

Comentario

La mentalidad de los fariseos, que también puede ser la nuestra, se expresa así: “Yo soy el pueblo elegido, por lo tanto yo tengo unos privilegios que recibir y que respetar”. Sin embargo, Jesús dice: “No; el único dinamismo que va a permitir encontrarse con la salvación no es el de un privilegio, sino el de nuestro corazón totalmente abierto a Dios”. Éste es el dinamismo interior de transformarme: orientándome hacia Dios nuestro Señor, según sus planes, según sus designios.

Esto tiene que hacer surgir en mi interior, no el dinamismo del privilegio, sino el dinamismo de humildad; no el dinamismo de engreimiento personal, sino el dinamismo de ser capaz de aceptar a Dios como Él quiere.

Una conversión que acepte el camino por el cual Dios nuestro Señor va llevando mi vida. No es un camino a través del cual yo manipule a Dios, sino un camino a través del cual Dios es el que me marca a mí el ritmo.

Lo que Jesús nos viene a decir es que revisemos a ver si nuestro corazón está realmente puesto en Dios o está puesto en nuestros criterios humanos, a ver si nosotros hemos sido capaces de ir cambiando el corazón o todavía tenemos muchas estructuras en las cuales nosotros encajonamos el actuar de Dios nuestro Señor.

Más aún, podría ser que cuando Dios no actúa según lo que nuestra inteligencia piensa que debe ser el modo de actuar, igual que los contemporáneos de Jesús, que “se llenan de ira, y levantándose lo sacan de la ciudad”, o cuando nuestro corazón no convertido encuentra que el Señor le mueve la jugada, podríamos enojarnos, porque tenemos un nombramiento, porque nosotros tenemos ante el Señor una serie de puntos que el Él tiene que respetar. Si pretendemos que se hagan las cosas sólo como yo digo, como yo quiero, ¿acaso no estamos haciendo que el Señor se aleje de nosotros?

Cuando nosotros queremos manejar, encajonar o mover a Dios, cuando no convertimos nuestro corazón hacia Él, poniendo por nuestra parte una gran docilidad hacia sus enseñanzas para que sea Él el que nos va llevando como Maestro interior, ¿por qué nos extraña que el Señor se quiera marchar? Él no va a aceptar que lo encajonen. Puede ser que nos quede una especie de cáscara religiosa, unos ritos, unas formas de ser, pero por dentro quizá esto nos deje vacíos, por dentro quizá no tenemos la sustancia que realmente nos hace decir: “Jesús está conmigo, Dios está conmigo.”

¿Realmente estoy sediento de este Dios que es capaz de llenar mi corazón? O quizá, tristemente, yo ando jugando con Dios; quizá, tristemente, yo me he fabricado un dios superficial que, por lo tanto, es simplemente un dios de corteza, un dios vacío y no es un dios que llena. Es un dios que cuando lo quiero yo tener en mis manos, me doy cuenta de que no me deja nada.

Debemos convertir nuestro corazón a Dios, amoldando plenamente nuestro interior al modo en el cual Él nos quiere llevar en nuestra vida. Y también tenemos que darnos cuenta de que las circunstancias a través de las cuales Dios nuestro Señor va moviendo las fichas de nuestra vida, no son negociables. Nuestra tarea es entender cómo llega Dios a nuestra existencia, no cómo me hubiera gustado a mí que llegase.

Si nuestra vida no es capaz de leer, en todo lo que es el cotidiano existir, lo que Señor nos va enseñando; si nuestra vida se empeña en encajonar a Dios, y si no es capaz de romper en su interior con esa corteza de un dios hecho a mi imagen y semejanza, «un dios de juguete», Dios va a seguir escapándose, Dios va a continuar yéndose de mi existencia.

Muchas veces nos preguntamos: ¿Por qué no tengo progreso espiritual? Sin embargo, ¡qué progreso puede venir, qué alimento puede tener un alma que en su interior tiene un dios de corteza!

Insistamos en que nuestro corazón se convierta a Dios. Pero para esto es necesario tener que ser un corazón que se deja llevar plenamente por el Señor, un corazón que es capaz de abrirse al modo en el cual Dios le va enseñando, un corazón que es capaz de leer las circunstancias de su vida para poder ver por dónde le quiere llevar el Señor.

Dios no nos garantiza triunfos, no nos garantiza quitar las dificultades de la vida; los problemas de la existencia van a seguir uno detrás de otro. Lo que Dios me garantiza es que en los problemas yo tenga un sentido trascendente.

Que el Señor se convierta en mi guía, que Él sea quien me marque el camino. Es Dios quien manda, es Dios quien señala, es Dios quien ilumina. Recordemos que cuando nosotros nos empeñamos una y otra vez en nuestros criterios, Él se va a alejar de mí, porque habré perdido la dimensión de quién es Él, y de quién soy yo.

Que esta Cuaresma nos ayude a recuperar esta dimensión, por la cual es Dios el que marca, y yo el que leo su luz; es Dios quien guía en lo concreto de mi existencia, y soy yo quien crece espiritualmente dejándome llevar por Él.

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Cipriano Sánchez
 

domingo, 8 de marzo de 2015

No pongamos a Dios a nuestro servicio

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios y el comentario, en este III Domingo de Cuaresma.

Dios nos bendice…

Libro del Éxodo 20,1-17. 
Dios pronunció estas palabras: "Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar en esclavitud. No tendrás otros dioses delante de mí. No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos. No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano. Acuérdate del día sábado para santificarlo. Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades. Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró santo. Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás falso testimonio contra tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca." 
Salmo 19(18),8.9.10.11. 

La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple.

Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos.

La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos.

Son más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal.

Carta I de San Pablo a los Corintios 1,22-25. 
Hermanos: Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres.  
Evangelio según San Juan 2,13-25.
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado. Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre. 
Comentario

A veces imaginamos un Jesús absolutamente pacífico. Pero hoy hemos leído una narración en la que el Señor se muestra claramente enérgico, activo. De ello no podemos deducir que fuera partidario de la violencia, pero sí que ante ciertos hechos Jesucristo NO TRANSIGÍA, ni se limitaba a hablar, sino que actuaba con fuerza, con eficacia.

Pero ¿qué provoca la actuación de Jesús? Es el respeto hacia aquella prohibición de la Ley de Moisés: "No tendrás otros dioses frente a mí". Nosotros proclamamos que sólo tenemos un Dios, pero de hecho tenemos también otros dioses, nuestros ídolos, nuestros absolutos. Y pretendemos combinarlo todo. Contra esta TRAMPA es contra la que protesta el Señor. Protesta contra cualquier utilización del nombre de Dios, del culto de Dios, de la palabra de Dios, de la Iglesia de Dios, en provecho nuestro. Y esto, reconozcámoslo, es el pan nuestro de cada día.

Convertir el templo en lugar de negocios es lo mismo que utilizar la Iglesia para fines políticos o la misa para tranquilizar la conciencia, o las palabras de Jesucristo para defender personales posiciones. Estos y otros muchos ejemplos podríamos hallar.

Siempre hay en ello una trampa, un pretender servir a Dios cuando en realidad nos servimos a nosotros. Ponemos a DIOS A NUESTRO SERVICIO. Contra esto Jesús es absolutamente radical.

-Dónde está el templo de Dios

Pero la actuación de Jesucristo va MAS ALLÁ. Si no tolera que la relación de amor entre Dios y el hombre se prostituya en negocio interesado, sin embargo, no se limita a esta purificación.

Anuncia un camino nuevo en esta relación amorosa entre Dios y el hombre. Ya no será un edificio, un templo, EL LUGAR DEL ENCUENTRO del hombre con Dios. SERA EL MISMO HOMBRE el templo, es decir, el hombre es donde se encuentra Dios y donde el hombre puede encontrar a Dios.

Y ante todo, ESTE TEMPLO NUEVO ES EL MISMO Jesucristo, porque en él se realiza plenamente esta presencia de Dios en el hombre. Él es el Santuario de Dios que será destruido -por la violencia de los hombres- pero enseguida levantado por la fuerza de Dios. Para los cristianos YA NO HAY TEMPLOS: esto, es un lugar de reunión para la comunidad de creyentes, pero que nada significaría si no celebráramos aquí las palabras y los gestos de Jesucristo. En Jesucristo entramos EN COMUNIÓN con Dios; no por ir a esta o aquella iglesia.

Pero DIOS ESTA TAMBIÉN EN CADA UNO DE NOSOTROS. POR ESO SOMOS TEMPLO DE DIOS, como dice san Pablo. Y en esto no hay trampa posible. El celo enérgico de Jesús por el templo de piedra es mucho mayor aún por el templo que es cada hombre. Porque en cada hombre, está Él.

Y ese debe ser también el celo enérgico de cada cristiano.

Oprimir, despreciar, maltratar a un hombre, es UN SACRILEGIO, porque cada hombre es templo de Dios. Es en el hombre en quien es oprimido, despreciado, maltratado JC. Dios presente en el hombre.

Esta es nuestra fe

La segunda lectura y el evangelio nos han advertido también de UN PELIGRO de nuestra fe. Nosotros creemos, pero a menudo nuestra fe es debilucha. Y quizá imaginamos que si viviéramos SIGNOS PRODIGIOSOS o halláramos EXPLICACIONES absolutamente claras, entonces sí que nuestra fe sería más robusta. Pero la fe cristiana no se basa en signos -en milagros- ni en muchas razones sabias. "Nosotros predicamos a Cristo crucificado:, dice san Pablo, "él es fuerza y sabiduría de Dios".

¿QUÉ QUIERE DECIR CRISTO CRUCIFICADO? Cristo, es decir Mesías, es decir, Alguien que quiere establecer EL REINO DE DIOS, el Reino de la verdad y del amor, de la justicia y de la libertad, el Reino de la vida y vida plena. Este es Jesucristo, esta es nuestra fe, nuestra lucha y esperanza. Pero Jesucristo no establece este Reino por el camino del triunfo, del poder que oprime, de los milagros despampanantes, como tampoco por el camino de los razonamientos, de la ciencia que hincha. Su camino es EL DE LA FIDELIDAD a lo que el Reino es, aunque esta fidelidad lleve por un camino de sacrificio, de cruz.

Precisamente porque es camino de fidelidad, de verdad y amor, Dios le da la victoria. Es el misterio de la PASCUA y es también nuestra fe. Por eso es también -debe ser- nuestro camino.

Hermanos: hemos recordado TRES aspectos de nuestra fe. Dios es celoso y no podemos hacer TRAMPA con Él; en esto no podemos transigir. Entramos en COMUNIÓN con este Dios por JC y le hallamos en cualquier hombre. Y sólo hay un CAMINO: el de la fidelidad exigente a su Reino. Que el alimento del amor de JC, presente y activo en la eucaristía, nos ayude a entenderlo y a vivirlo.

J. GOMIS
MISA DOMINICAL 1979/06