lunes, 26 de mayo de 2014

No caigamos en los lazos del padre de la mentira

 ¡Amor y paz!

Jesús nos sigue advirtiendo hoy en el Evangelio sobre lo que vendrá sin la asistencia del Espíritu Santo, del espíritu de la verdad:  se llegarán a cometer los más grandes males creyendo obrar bien, o sea que, por falta de conocimiento de la verdad revelada que nos hace libres, caemos en los lazos del padre de la mentira.

Por eso dice: porque no han conocido al Padre ni a Mí, esto es, no los conocían aunque presuntuosamente creían conocerlos para no inquietarse por su indiferencia. Es ésta la "operación del error".

¿Acaso no fue éste el pecado de Eva y de Adán? Porque si no hubieran creído al engaño de la serpiente y confiado en sus promesas, claro está que no se habrían atrevido a desafiar a Dios.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la 6ª. Semana de Pascua.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Juan 15,26-27.16,1-4. 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí. Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio. Les he dicho esto para que no se escandalicen. Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios. Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho. No les dije estas cosas desde el principio, porque yo estaba con ustedes.»

Comentario

Hay aquí una bellísima explicación del dogma trinitario. El Espíritu Santo procede del Padre y también del Hijo. Nuestra salvación fue objeto del envío del Hijo por el Padre, que nos lo dio; ahora anuncia Jesús que nuestra santificación va a ser objeto de la misión de otra Persona divina: el Espíritu Santo, que El enviará desde la diestra del Padre (16, 7 y nota). Dará testimonio de Mí, p. ej. en la Sagrada Escritura, que es por eso un "tesoro celestial" (Conc. Trid.). Del testimonio del Espíritu Santo será inseparable la predicación y el testimonio de los apóstoles porque por su inspiración hablarán. Cf. Hech. 13, 9; Rom. 9, 1; I Tes. 1, 5; II Pedr. 1, 21.

1. No os escandalicéis, al ver que la persecución viene a veces de donde menos podía esperarse. Jesús nos previene para que no incurramos en el escándalo de que habla en Mat. 13, 21: " pero no teniendo raíz en sí mismo, es de corta duración, y cuando llega la tribulación o la persecución por causa de la palabra, al punto se escandaliza".

2. Creerá hacer un obsequio a Dios: es decir, que se llega a cometer los más grandes males creyendo obrar bien, o sea que, por falta de conocimiento de la verdad revelada que nos hace libres (8, 32), caemos en los lazos del padre de la mentira (8, 44). Por eso dice: porque no han conocido al Padre ni a Mí, esto es, no los conocían aunque presuntuosamente creían conocerlos para no inquietarse por su indiferencia (cf. Apoc. 3, 15 s.). Es ésta la "operación del error" (de que habla con tan tremenda elocuencia a S. Pablo en II Tes. 2, 9 ss.), a la cual Dios nos abandona por no haber recibido con amor la verdad que está en su Palabra (17, 17), y nos deja que "creamos a la mentira".

¿Acaso no fue éste el pecado de Eva y de Adán? Porque si no hubieran creído al engaño de la serpiente y confiado en sus promesas, claro está que no se habrían atrevido a desafiar a Dios. Nuestra situación será mejor que la de ellos si aprovechamos esta prevención de Jesús.

Rara vez hay quien haga el mal por el mal mismo, y de ahí que la especialidad de Satanás, habilísimo engañador, sea llevarnos al mal con apariencia de bien. Así Caifás condenó a Jesús, diciendo piadosamente que estaba escandalizado de oírlo blasfemar, y todos estuvieron de acuerdo con Caifás y lo escupieron a Jesús por blasfemo (Mat. 26, 65 ss.). El nos anuncia aquí que así sucederá también con sus discípulos (véase 15, 20 ss.). 4. Cuando Jesús estaba con ellos. Él los protegía contra todo (17, 12; 18, 8).

ACI Digital 2003

domingo, 25 de mayo de 2014

"Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos"


¡Amor y paz!

Me excusarán los lectores no colombianos si al reflexionar sobre el Evangelio hago énfasis en las elecciones para Presidente de la República que tendrán lugar hoy en nuestro país.

Sin embargo, no tengo necesidad de forzar la interpretación del texto sagrado. No, porque en él Cristo nos dice de entrada: “Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos” y precisamente el mandamiento principal es el del amor. En consecuencia, nadie que se precie de ser discípulo del Señor debería votar hoy en favor de la guerra, ni de los corruptos.

A renglón seguido, Jesús nos anuncia que nos enviará el Espíritu de la Verdad. De tal manera, si es defensor de la verdad, un cristiano católico debe reflexionar muy bien antes de votar para así escoger a quien ofrece caminos ciertos y concretos de reconciliación y paz y también debe oponerse a elegir a quienes pretenden acceder al poder valiéndose de engaños y prácticas que, si aún no son probadamente delictivas, por lo menos riñen abiertamente con la ética política.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Sexto Domingo de Pascua.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Juan 14,15-21. 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él". 

Comentario

Hace ya unos años, leí en un periódico colombiano un mini cuento que se llamaba Un minuto de silencio y decía: “Antes del encuentro de fútbol –graderías llenas, grandes manchas humanas de colores movedizos– se pidió un minuto de silencio por cada uno de los asesinados. El país permaneció 50 años en silencio".

En un editorial de la revista Theologica Xaveriana (Enero-Marzo de 2002), titulada «Ni guerra santa, ni justicia infinita», se incluyó la declaración que hizo pública la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, con motivo del “vil asesinato de Monseñor Isaías Duarte Cancino”, Arzobispo de Cali, asesinado por sus críticas a una sociedad narcotizada y arrodillada ante el poder de los violentos. En uno de sus apartes, esta declaración decía: “Y en medio del silencio en el que nos deja la consternación frente a este magnicidio, creemos que es insoslayable preguntarnos en profundidad por las complejas causas no sólo de este homicidio sino el de tantas colombianas y colombianos que mueren de similar forma todos los días y que ya suman la aterradora cifra de 250.000 en los últimos diez años”… han pasado 12 años desde esta declaración… y el número de los muertos ha seguido aumentando.

Cuando leí esta cifra me pregunté cuántas personas están heridas por la muerte violenta de un ser querido en este país... Cada muerto ha dejado una familia entera herida... padres, madres, hermanos hermanas, hijos, hijas... ¿Cuántos huérfanos ha dejado esta guerra fratricida? ¿Cuántos huérfanos ha dejado la guerra entre palestinos e israelitas? ¿Cuántos huérfanos han dejado las guerras y la violencia en este mundo?

¿Cuántos huérfanos más necesitamos para detener esta espiral de violencia que nos absorbe sin compasión?

“Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les mande otro Defensor, el Espíritu de la verdad, para que esté siempre con ustedes. Los que son del mundo no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen; pero ustedes lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los voy a dejar huérfanos; volveré para estar con ustedes”, es lo que nos dice Jesús este domingo.

En la Escritura, los huérfanos casi siempre aparecen junto a las viudas y a los forasteros... El Deuteronomio y los Profetas invitan, de una y otra forma, a hacer justicia a los huérfanos, a las viudas y a los forasteros. Hoy también el Señor nos está pidiendo a gritos, que hagamos justicia a tantos huérfanos que deja el conflicto armado; a las viudas y a los desplazados que tienen que abandonar su tierra para proteger la propia vida y la de sus seres queridos.

El Señor nos envía un Defensor y promete que no nos dejará huérfanos cuando se vaya; esta promesa de Jesús nos compromete a hacer lo mismo hoy para aquellos que sufren con las consecuencias de la guerra; tenemos que ser defensores del huérfano, de la viuda y del forastero. Que el Espíritu de la verdad nos impulse a colaborar en la construcción de un país en el que no tengamos que permanecer cincuenta años en silencio...

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá