sábado, 20 de julio de 2013

Las naciones pondrán su esperanza en el nombre de Jesús

¡Amor y paz!

Es propio de Mateo citar el Antiguo Testamento, y lo hace hoy en el Evangelio, en la que puede ser su cita más larga: Is.42, 1-4. La intención del evangelista es presentar en Jesús el cumplimiento de la historia y tradición de Israel.

El texto de Isaías, que es el primero de los cuatro cantos del siervo del Señor, actualiza en Jesús su vocación y compromiso profético, su compromiso con la justicia no solo del pueblo, sino también de todas las naciones (v18). La reflexión teológica de Mateo sobre el texto de Isaías, abre el horizonte del anuncio y misión de Jesús para otros pueblos y su estilo no violento frente a la diversidad de otros pueblos y culturas (Servicio Bíblico Latinoamericano).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este sábado de la XV Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 12,14-21.
En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él. Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos. Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías: Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre. 
Comentario

Hoy encontramos un doble mensaje. Por un lado, Jesús nos llama con una bella invitación a seguirlo: «Le siguieron muchos y los curó a todos» (Mt 12,15). Si le seguimos encontraremos remedio a las dificultades del camino, como se nos recordaba hace poco: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso» (Mt 11,28). Por otro lado, se nos muestra el valor del amor manso: «No disputará ni gritará» (Mt 12,19).

Él sabe que estamos agobiados y cansados por el peso de nuestras debilidades físicas y de carácter... y por esta cruz inesperada que nos ha visitado con toda su crudeza, por las desavenencias, los desengaños, las tristezas. De hecho, «se confabularon contra Él para ver cómo eliminarle» (Mt 12,14) y... nosotros que sabemos que el discípulo no es más que el maestro (cf. Mt 10,24), hemos de ser conscientes de que también habremos de sufrir incomprensión y persecución.

Todo ello constituye un fajo que pesa encima de nosotros, un fardo que nos doblega. Y sentimos como si Jesús nos dijera: «Deja tu fardo a mis pies, yo me ocuparé de él; dame este peso que te agobia, yo te lo llevaré; descárgate de tus preocupaciones y dámelas a mí...».

Es curioso: Jesús nos invita a dejar nuestro peso, pero nos ofrece otro: su yugo, con la promesa, eso sí, de que es suave y ligero. Nos quiere enseñar que no podemos ir por el mundo sin ningún peso. Una carga u otra la hemos de llevar. Pero que no sea nuestro fardo lleno de materialidad; que sea su peso que no agobia.

En África, las madres y hermanas mayores llevan a los pequeños en la espalda. Una vez, un misionero vio a una niña que llevaba a su hermanito... Le dice: « ¿No crees que es un peso demasiado grande para ti?». Ella respondió sin pensárselo: «No es un peso, es mi hermanito y le amo». El amor, el yugo de Jesús, no sólo no es pesado, sino que nos libera de todo aquello que nos agobia.

Fra. Josep Mª Massana i Mola OFM (Barcelona)

viernes, 19 de julio de 2013

“Yo quiero misericordia y no sacrificios”

¡Amor y paz!

"Yo quiero misericordia y no sacrificios". Jesús cita al profeta Isaías. Parece que en los tiempos del profeta, el Templo se llenaba con el humo de los sacrificios, pero en las calles reinaba la injusticia. Eso sí, cumpliendo con el culto se guardaban las apariencias. Del mismo modo, a Jesús le piden que sus discípulos observen la ley. Los fariseos no están muy preocupados si los discípulos tienen hambre o no. Lo que les preocupaba era que se cumpliese la ley (Servicio Bíblico Latinoamericano).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario,  este viernes de la XV Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 12,1-8.
En aquel tiempo, Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.  Al ver esto, los fariseos le dijeron: "Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado".  Pero él les respondió: "¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes? ¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta? Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo. Si hubieran comprendido lo que significa:Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado". 
Comentario
El pasaje evangélico forma parte con el episodio siguiente (12, 9-14) de una unidad centrada en torno al problema de la “práctica” del sábado. En el v.2 se consigna la crítica de los fariseos: “tus discípulos están haciendo lo que no está permitido en sábado” y en la respuesta del v.12 hay un eco a esta frase en la boca de Jesús: “está permitido hacer bien en sábado”.

La acción de arrancar espigas realizada por los discípulos se relata, por tanto con el fin del esclarecimiento de este problema que ocupaba un puesto esencial en la piedad judía de la época.

Las formulaciones del precepto sabático estaban consignados en los decálogos de Ex 20 y Dt 5. En ambos hay una referencia a la historia salvífica: en el primero a la creación, en el segundo al Éxodo liberador.

La crítica de los fariseos saca al precepto de esos contextos y lo encierra en una estrecha casuística, malinterpretando el sentido de ambos y de otros pasajes de la Escritura. El “arrancar espigas” era una forma consignada en Dt 23, 26 para dejar firme la protección del derecho de los pobres . Los fariseos, desde su óptica entienden la acción como un acto de recolección, prohibido en Ex 34, 21 y esperan que Jesús corrija a sus discípulos en este punto.

Jesús, con el recurso a la historia salvífica, responde en dos etapas. En la primera (vv. 3-4) se refiere de modo general a una acción realizada por David y sus compañeros que refleja una actitud frente a la Ley de Dios. En la segunda concreta este principio a la ley del reposo sabático (v. 5) recordando la obligación de la actuación sacerdotal en ese día. De ambas, extrae finalmente (vv. 6-8) una conclusión con la que justifica la práctica de sus discípulos y desenmascara el error de sus adversarios.

Jesús se remite a 1 Sm 21 donde se relata que, ante la necesidad propia y de sus hombres, el rey israelita se permitió transgredir la legislación de Lv 24,9 referentes al “pan de obsequio” que es “porción perpetua para Aarón”. Por consiguiente la necesidad del hombre está por encima de los preceptos y el sábado debe considerarse como uno de ellos.

Seguidamente, Jesús dirige su atención y la de sus oyentes a lo que sucede con el descanso sabático en la vida de los sacerdotes. Estos ven aumentarse su tarea en los días de descanso en que se multiplicaban las ofrendas. Por tanto, la obligación del culto obliga a una tarea mayor de los sacerdotes por encima del precepto.

En las conclusión de este razonamiento, Jesús señala que si el culto está por encima del precepto sabático, por encima de aquel existe otra realidad: Jesús mismo y las necesidades del hombre. Jesús es superior al templo, la actitud frente a los semejantes (misericordia) es superior a los sacrificios. La condena de los fariseos se origina en el desconocimiento de este principio fundamental de la Palabra divina consignado en Os 6,12. 

Con ello se llega al punto culminante de la enseñanza de esta controversia: el precepto sabático sólo puede ser entendido adecuadamente en el marco del culto tributado a Dios y éste sólo puede brotar auténticamente en el ámbito de la misericordia y desde el sentimiento de ayuda al semejante.

Este ámbito de misericordia crea un sentimiento de libertad y señorío sobre el culto y sobre todos los preceptos. De esa forma Jesús nos remite al núcleo fundamental desde donde debe brotar y ser valorada toda acción humana.

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)