sábado, 1 de septiembre de 2012

Jesús nos invita a hacer fructificar los talentos que hemos recibido

¡Amor y paz!

Hoy leemos por última vez el evangelio de Mateo, que nos ha acompañado durante doce semanas, desde la 10ª hasta la 21ª. No lo hemos leído entero: por ejemplo, dejamos los capítulos finales, con la pasión, muerte y resurrección de Jesús, para los días de la Semana Santa y Pascua.

Concluye hoy el «discurso escatológico», sobre la vigilancia que debe caracterizar a los cristianos ante la Venida del Señor. Después de las parábolas del ladrón, de la vuelta del amo y de las jóvenes que esperan al novio, hoy Jesús nos transmite su enseñanza con la de los talentos.

Cada uno tiene que hacer fructificar los talentos que recibió del amo: cinco, dos o uno. No importa cuántos recibió. Dios es libre y sorprendente a la hora de conceder su gracia. (José Aldazábal).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentarlo, en este Sábado de la XXI Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga….

Evangelio según San Mateo 25,14-30.
El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor. Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. 'Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado'. 'Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'. Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado'. 'Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'. Llegó luego el que había recibido un solo talento. 'Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!'. Pero el señor le respondió: 'Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes'. 
Comentario

La parábola de los talentos concierne a todos los hombres que, en lugar de ayudar a sus hermanos con sus bienes, sus consejos o cualquier otro medio, viven sólo para sí mismos... En esta parábola, Jesús quiere revelarnos la enorme paciencia de nuestro Señor, pero, a mi parecer, también se refiere a la resurrección en general... En primer lugar los servidores que dan cuenta de su gestión reconocen sin rodeos lo que es el don de su dueño y lo que es fruto de su gestión. El primero dice: "Señor, me confiaste cinco talentos", y el segundo: "Señor, me confiaste dos talentos"; reconocen así, que por la bondad de su dueño tienen el capital que hicieron valer a su provecho.

        Su reconocimiento llega tan lejos que atribuyen todo el mérito y toda gloria de su éxito a la confianza en su dueño. ¿Qué responde entonces el Señor? "Muy bien, siervo bueno y fiel". ¿No es realmente bueno esforzarse en hacer bien a los hermanos?... "Entra en el gozo de tu Señor": se trata de la bienaventuranza de la vida eterna.

        Pero no ocurre lo mismo con el servidor malvado... ¿Cuál es pues la respuesta del   dueño? "siervo malo y perezoso, debías haber invertido mi dinero el banco", es decir que debías haber hablado, exhortado y aconsejado a tus hermanos. "Pero, este replica, la gente no me escuchaba". A lo que el Señor responde: "Este no es tu asunto... Por lo menos, habrías podido poner el dinero en el banco y yo a mi regreso lo habría recogido con los intereses". 

Estos intereses son las buenas obras que proceden de la escucha de la Palabra que debemos predicar. "Tenías que hacer solamente la parte más fácil del trabajo y a mi dejarme la más difícil"... Ante esto ¿qué decir? Al que recibe para bien de otros la gracia de la palabra y de la enseñanza y no hace uso de ella, se le quitará incluso esta gracia. Pero al que utilice la gracia que recibió, con celo y sabiduría, recibirá una gracia más abundante todavía.

San Juan Crisóstomo (hacia 345-407), presbítero de Antioquía más tarde obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilías sobre el evangelio de Mateo, n° 78, 2-3; PG 58, 713-714
©Evangelizo.org 2001-2012

viernes, 31 de agosto de 2012

Debemos preparar lo mejor posible nuestro compromiso con Cristo

¡Amor y paz!

En la práctica social, entre más importante es el evento, mayor es la preparación. Los atletas que participan en una competencia como los Juegos Olímpicos se preparan con mucha antelación y disciplina. En la música, si un pianista desea presentarse en audición para lograr un sitio en una orquesta sinfónica, se alista también con el mayor empeño y anterioridad. Quienes van a contraer nupcias realizan las mayores previsiones posibles porque saben que su vida cambiará a partir del compromiso matrimonial.

De igual forma, la vida del discípulo es transformada completamente por el retorno del Maestro. A partir del llamado, el discípulo comienza a prepararse para los momentos decisivos. El evangelio de hoy, nos insiste en el tema de la vigilancia.   

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este viernes de la XXI Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 25,1-13.
Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.  Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'. Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos', pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora. 
Comentario

a) Sigue la enseñanza de Jesús sobre la vigilancia. Ayer ponía el ejemplo del ladrón que puede venir en cualquier momento, y el del amo de la casa, que deseará ver a los criados preparados cuando vuelva. Hoy son las diez jóvenes que acompañarán, como damas de honor, a la novia cuando llegue el novio.

La parábola es sencilla, pero muy hermosa y significativa. Naturalmente, como pasa siempre en las parábolas, hay detalles exagerados o inusuales, que sirven para subrayar más la enseñanza que Jesús busca. Así, la tardanza del novio hasta medianoche, o la negativa de las jóvenes sensatas a compartir su aceite con las demás, o la idea de que puedan estar abiertas las tiendas a esas horas, o la respuesta tajante del novio, que cierra bruscamente la puerta, contra todas las reglas de la hospitalidad oriental...

Jesús quiere transmitir esta idea: que todas tenían que haber estado preparadas y despiertas cuando llegó el novio. Su venida será imprevista. Nadie sabe el día ni la hora. Israel -al menos sus dirigentes- no supieron estarlo y desperdiciaron la gran ocasión de la venida del Novio, Jesús, el Enviado de Dios, el que inauguraba el Reino y su banquete festivo.

b) «Velad, porque no sabéis el día ni la hora». ¿Estamos siempre preparados y en vela? ¿Llevamos aceite para nuestra lámpara? La pregunta se nos hace a nosotros, que vamos adelante en nuestra historia, se supone que atentos a la presencia del Señor Resucitado -el Novio en nuestra vida, preparándonos al encuentro definitivo con él.

Que no falte aceite en nuestra lámpara. Es lo que tenían que haber cuidado las jóvenes antes de echarse a dormir. Como el conductor que controla el aceite y la gasolina del coche antes del viaje. Como el encargado de la economía a la hora de hacer sus presupuestos.

Se trata de estar alerta y ser conscientes de la cercanía del Señor a nuestras vidas. Todos somos invitados a la boda, pero tenemos que llevar aceite.

No hace falta, tampoco aquí, que pensemos necesariamente en el fin del mundo, o sólo en la hora de nuestra muerte. La fiesta de boda a la que estamos invitados sucede cada día, en los pequeños encuentros con el Señor, en las continuas ocasiones que nos proporciona de saberle descubrir en los sacramentos, en las personas, en los signos de los tiempos. Y como «no sabemos ni el día ni la hora» del encuentro final, esta vigilancia diaria, hecha de amor y seriedad, nos va preparando para que no falte aceite en nuestra lámpara. Al final, Jesús nos dirá qué clase de aceite debíamos tener: si hemos amado, si hemos dado de comer, si hemos visitado al enfermo. El aceite de la fe, del amor y de las buenas obras.

Cuando celebramos la Eucaristía de Jesús, «mientras esperamos su venida gloriosa», se nos provee de esa luz y de esa fuerza que necesitamos para el camino. Jesús nos dijo: «el que me come, tiene vida eterna, yo le resucitaré el último día».

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 320-323
www. mercaba.org