sábado, 24 de diciembre de 2011

¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!


¡Amor y paz!

¡Ha llegado la fecha tan esperada! ¡Esta noche celebraremos la Natividad de nuestro Salvador! Pidámosle a Él que desde su humilde hogar de paso, en Belén, nos bendiga y bendiga nuestros hogares. Pongámosle en su pesebre, junto a José y María, todas nuestras necesidades y proyectos para el 2012.

Les deseo a todos unas muy alegres fiestas y un año nuevo lleno de gracia, salud y prosperidad.

Como les anticipé ayer, durante las vacaciones, entre el 25 de diciembre y el 7 de enero, dejaré de actualizar este blog. Dios mediante, volveré a sintonizarme con ustedes el 8 de enero de 2012.

Los invito a leer y meditar el Evangelio y el comentario en esta Solemnidad de la Natividad del Señor: Misa de medianoche.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 2,1-14.
En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre". Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!".
Comentario

Un grito de júbilo resuena en nuestra tierra; un grito de alegría y de salvación en las riendas de los pecadores. Hemos oído una palabra buena, una palabra de consuelo, una frase rezumante de gozo, digna de todo nuestro aprecio.

Exultad, montañas; aplaudid, árboles silvestres, delante del Señor porque llega. Oíd cielos; escucha, tierra; enmudece y alaba, coro de las criaturas; pero más que nadie, tú, hombre. Jesucristo, el Hijo de Dios, nace en Belén de Judá. 

¿Quién tendrá corazón tan de piedra que, al oír este grito, no se le derrita el alma? ¿Se podría anunciar mensaje más consolador? ¿Se podría confiar noticia más agradable? ¿Cuándo se ha oído algo semejante? ¿Cuándo ha sentido el mundo cosa parecida? Jesucristo, el Hijo de Dios, nace en Belén de Judá...

¡Oh nacimiento esclarecido en santidad, glorioso para el mundo, querido por la humanidad a causa de incomparable beneficio que le confiere, insondable incluso para los ángeles en la profundidad de su misterio sagrado! Y bajo cualquier aspecto, admirable por la grandeza exclusiva de su novedad; jamás se ha visto cosa parecida, ni antes ni después. ¡Oh alumbramiento único, sin dolor, cándido, incorruptible; que consagra el templo del seno virginal sin profanarlo! ¡Oh nacimiento que rebasa las leyes de la naturaleza, si bien la transforma; inimaginable en el ámbito de lo milagroso, pero sanador por la energía de su misterio!

Reanimaos los que os sentís desahuciados: Jesús viene a buscar lo que estaba perdido. Reconfortaos los que os sentís enfermos: Cristo viene para sanar a los oprimidos con el ungüento de su misericordia. Alborozaos todos los que soñáis con altos ideales: el Hijo de Dios baja hasta vosotros para haceros partícipes de su reino. Por eso imploro: Sáname, Señor, y quedaré sano; sálvame, y quedaré a salvo; dame tu gloria, y seré glorificado. Y mi alma bendecirá al Señor, y todo mi interior a su santo nombre, cuando perdones todas mis culpas, cures todas mis enfermedades y sacies de bienes mis anhelos.

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Primer Sermón para la Vigilia de Navidad
©Evangelizo.org 2001-2010

viernes, 23 de diciembre de 2011

Seamos voceros de Dios en el mundo incrédulo

¡Amor y paz!

Después de las anunciaciones de los nacimientos, contemplamos los nacimientos mismos. Hoy, el de Juan Bautista; pasado mañana, el de Jesús.

¿Qué llegara a ser este niño? Se preguntaban sobre Juan y reconocían que la mano de Dios estaba sobre él. Esa misma pregunta se la hacen los padres cada vez que nace un hijo. ¿Qué llegará a ser este niño? Gran parte de la respuesta está en los mismos padres, pues el futuro de su hijo dependerá de la formación y el ejemplo que le den.

La figura de Juan nos invita también a nosotros a ser instrumentos de conversión y liberación. A ser voceros de Dios Nuestro Señor, en un mundo que no nos habla de Él. Asimismo, nos convoca a incentivar el cultivo de la fe y la práctica de la fraternidad, a través de la lectura y meditación diaria de la Palabra de Dios.

Es lo que se propone este blog, que dejará de circular por vacaciones, desde el  25 de diciembre y hasta el 7 de enero. Dios mediante, nos volveremos a actualizar el 8 de enero de 2012, un año que deseamos a todos muy lleno de amor y de paz, en el Señor.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario en este viernes de la IV Semana de Adviento.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 1,57-66.
Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo.  Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella. A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre;  pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan".  Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre". Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él. 
Comentario

El evangelio de hoy nos presenta la gran alegría que trajo para toda la comarca el nacimiento de Juan el Bautista, el Precursor. Si algo le está haciendo falta hoy al mundo es esta “alegría” que nace del corazón.

Es necesario que cada uno de nosotros nos convirtamos en el instrumento de Dios para que la gente se dé cuenta de que la presencia de Cristo en el mundo es una realidad y que Él es la única posibilidad que tiene para ser verdaderamente feliz.

Nuestra sonrisa, nuestra alegría, nuestra sencillez ante las cosas y el mundo, son la mejor invitación para que el mundo crea. Zacarías no podía hablar, así que tomó lo que tenía a la mano y así el plan de Dios continuó adelante; y nos dice que en ese momento todos se “maravillaron”. Que estos últimos días antes de nuestra fiesta de Navidad, hagamos los posible para que la gente se sienta invitada a vivir la Navidad con un espíritu diferente, con paz y con amor. Tú puedes ser el instrumento para que Dios llegue a los corazones.

Ernesto María Caro, Sac.