viernes, 16 de septiembre de 2011

La labor fundamental de la mujer en la evangelización

¡Amor y paz!

La mujer ha desempeñado un papel muy importante en la vida de la Iglesia y en la evangelización. Son realmente incontables las que de una manera  humilde y silenciosa han dedicado sus vidas a la causa de Cristo a lo largo de la historia. En hospitales, asilos y orfanatos;  en escuelas y colegios; en ciudades, aldeas y zonas apartadas; en los hogares como amas de casa y madres y esposas; líderes políticas y prominentes intelectuales, gerentes y administradoras,  religiosas y seglares, etc., etc.

Y entonces, como una película interminable, aparecen las imágenes de tantas y tantas mujeres destacadas, a la cabeza de las cuales está la santísima Virgen María, pero también mujeres ejemplares como Ruth y Sara en el Antiguo Testamento; o María Magdalena en el Nuevo; o santas como Teresa de Jesús, Rosa de Lima, Edith Stein o Teresa de Calcuta.

El Evangelio de hoy nos habla de las mujeres que acompañaron a Jesús en el trabajo misionero, lo que nos trae a la memoria que incluso cuando la mayoría de los seguidores lo abandonaron,  ellas continuaron fieles al pie de la cruz. Fueron las primeras testigos de la resurrección. Mantuvieron la fe en quien las había sanado y llamado, aunque los discípulos no les creyeran.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio en este viernes de la XXIV Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 8,1-3.
Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes. 
Comentario

a) En el grupo que acompañaba a Jesús durante sus viajes de predicación, además de los doce apóstoles había también varias mujeres.

Jesús evangelizaba. La palabra "evangelio" viene del griego: "eu", bueno, y "angelion", mensaje, noticia. La Buena Noticia. En esta misión se hacía ayudar de un grupo de discípulos.

Se no ha hablado de la mujer anónima, con fama de pecadora, que obtuvo el perdón y dio muestras de gratitud y amor hacia Jesús. Hoy se añade un detalle que a nosotros nos puede parecer normal, pero no lo era en su tiempo. Nunca un rabino admitía a mujeres en el grupo de sus discípulos. Jesús, Sí. Eran mujeres a las que había curado de alguna enfermedad o mal espíritu, y "le ayudaban con sus bienes". Lucas nos transmite el nombre de varias de ellas.

b) ¡Cuántas veces aparecen las mujeres en el evangelio con una actitud positiva y admirable! Baste recordar las que estuvieron cerca de él en el momento más trágico, al pie de la cruz, junto con María, su madre. Y que luego fueron las primeras que tuvieron la alegría de ver al Resucitado y anunciarlo a los demás.

Son un buen símbolo de las incontables mujeres que, a lo largo de los siglos, han dado en la Iglesia testimonio de una fe recia y generosa: religiosas, laicas, misioneras, catequistas, madres de familia, enfermeras, maestras... Que ayudaron a Jesús en vida y que colaboran eficazmente en la misión de la Iglesia, cada una desde su situación, entregando su tiempo, su trabajo y también su ayuda económica. La primera persona europea que creyó en Cristo, por la predicación de Pablo, fue una mujer: Lidia (Hch 16).

Deberíamos ser más abiertos en nuestra idea teológica y social de Iglesia: no es comunidad de puros y santos, sino también de personas pecadoras y débiles, como en el evangelio se ve, tanto en cuanto a las mujeres como a los hombres (baste recordar las actuaciones de algunos de los apóstoles). No es comunidad sólo de mayores, sino también de jóvenes y niños. No sólo de hombres, sino también de mujeres. No de una sola raza o lengua, sino pluralista.

En la Iglesia, aunque no se vea actualmente la posibilidad de admitir a las mujeres al ministerio ordenado (diáconos, presbíteros, obispos), es bueno que recordemos que lo principal lo tenemos en común, la fe y la misión evangelizadora. Jesús dijo: "¿quién es mi madre y mis hermanos? El que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica". Y en eso las mujeres han sido, ya desde el principio (la Virgen Maria: "hágase en mi según tu palabra") las que más ejemplo nos han dado a toda la comunidad. No serán obispos ni párrocos, como tampoco las que acompañaban a Jesús fueron elegidas y enviadas como apóstoles, pero las mujeres cristianas, religiosas o laicas, siguen realizando una misión hermosísima y meritoria en la vida de la comunidad.

Es interesante recordar que, en la lenta y progresiva valoración de la mujer por parte de la Iglesia, Pablo VI nombró a dos mujeres insignes "doctoras de la Iglesia", santa Teresa de Jesús y santa Catalina de Siena, y Juan Pablo II hizo lo mismo con santa Teresa del Niño Jesús.

J. ALDAZÁBAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 82-86

jueves, 15 de septiembre de 2011

Dios te salve, María, madre en el amor y en el dolor

¡Amor y paz!

Ayer honrábamos la cruz de Cristo, ese bendito madero en el que fue clavado el Redentor del mundo. Hoy glorificamos a María, su Madre y nuestra Madre, al pie de esa cruz. ¡Qué conmovedor es verla allá, tremendamente afligida, pero amorosamente fiel y esperanzada! Madre e Hijo conjugan el dolor, el amor y la generosidad para que se consume la salvación del género humano.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este jueves en que celebramos la memoria de Nuestra señora la Virgen del os Dolores.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 19,25-27.
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.  Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo".  Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.
Comentario

Según el evangelista Juan, junto a la cruz había cuatro personas: su madre, la hermana de ésta María de Cleofás, María Magdalena y el discípulo amado. La presencia junto a la cruz de éstas significa su fidelidad a Jesús hasta los pies de la cruz. En medio del rechazo del pueblo, han aceptado seguir a un Mesías que no ha venido para dominar, como los reyes de la tierra, sino a amar hasta dar la vida, un mesías de servicio y no de triunfo, de amor y no de violencia, un mesías-salvador, paradoja del cristianismo, que muere en la cruz, para dar vida.

Dentro del simbolismo del evangelio de Juan, María, la madre de Jesús, representa al resto del Israel fiel a Dios, que acogió en su seno al Mesías.

El encargo de Jesús a la madre y al discípulo se hace en términos de reconocimiento mutuo (Mira a tu hijo; Mira a tu madre). El antiguo Israel (representado por María) debe reconocer su legítima descendencia (hijo) en la comunidad nueva y universal. La nueva comunidad (representada por el discípulo amado) debe reconocer su origen (Madre) en las promesas que hizo Dios al pueblo de Israel. El discípulo acoge a la madre en su casa; el antiguo, al nuevo Israel. Ella (el antiguo Israel) no tiene ya hogar propio; se integra en la comunidad universal (nuevo Israel). Ya no hay un antiguo y un nuevo Israel, sino que desde aquella hora, la de la muerte de Jesús, queda formado el nuevo pueblo, que tiene su origen en Israel para extenderse hasta los confines del mundo.

El recuerdo de esta imagen de las dos Marías y Juan al pie de la cruz ha pasado a la historia y ha sido representado por pintores y escultores, produciendo una rica imaginería de pasión. El dolor solidario de las mujeres, los dolores de María, su madre, el seguimiento de Jesús hasta la muerte en cruz ha sido puesto de relieve a lo largo de la historia.

Pero el significado profundo de esta escena ha quedado desapercibido para muchos, pues para ello hay que adentrarse en el universo conceptual y simbólico del evangelista Juan, que cuenta verdades hondas describiendo escenas que pudieron haber acaecido. Los hechos, sin embargo, quedan como transfondo para transmitir una nueva imagen: la de una comunidad universal -la comunidad cristiana, representada por el discípulo amado- en la que ya no hay distinción entre judíos y paganos, entre el Israel antiguo y el nuevo. Esta comunidad nace en el evangelio de Juan con la muerte de Jesús; en ella se integran todos los que son capaces de seguirlo como las mujeres y el discípulo hasta los pies de la cruz. Sólo seguidores como éstos pueden ser testigos del amanecer del nuevo día de la resurrección.

Servicio Bíblico Latinoamericano 2004