martes, 6 de septiembre de 2011

¡Dejémonos seducir del Señor Jesús!

¡Amor y paz!

Jesús atraía a las multitudes, que sentían que de Él emanaba un poder sanador. Una fuerza que –valga decirlo-- no se centraba en curar enfermedades y dolencias sino que transformaba integralmente a todo hombre y a todo el hombre.

Con Jesús opera una seducción como la que experimentó el profeta Jeremías: “Me sedujiste Señor y me dejé seducir” (Jr 20, 7). Así lo experimentaron también los apóstoles y los santos a lo largo de la historia de la Iglesia. Dios llama, Dios enamora y cada uno es libre de responderle. A través de la oración, Jesús escogió a sus apóstoles; mediante ella podemos reconocer que Él nos llama y responderle.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Martes de la XXIII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 6,12-19.
En esos días, Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.  Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles: Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor. Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos. 
Comentario

"Salía de él una fuerza que los curaba a todos". Repite pausadamente estas palabras que cierran el evangelio de hoy..... Para muchos Dios es hoy una palabra gastada, un concepto vacío, algo así como un personaje cada vez más lejano. No así para aquellos enfermos y atribulados que se acercaban a Jesús para oírlo y tocarlo ni para esos doce discípulos a los que nombró apóstoles ¿Crees en el encuentro con Dios como una experiencia gozosa, capaz de transformar a la persona trastocando su vida entera?

Hay signos que pueden aparecer a cualquier edad y que siempre revelan un proceso de envejecimiento espiritual, una enfermedad que necesita ser curada. Así sucede cuando nos contentamos con ir tirando. Nada nuevo aparece ya en el horizonte de nuestra existencia: los mismos hábitos, los mismos esquemas y costumbres. Ningún objetivo nuevo, ningún ideal. Sólo la rutina de siempre. 

No hay capacidad para escuchar esa voz interior que desde dentro nos invita siempre a una vida más elevada, más generosa, más noble y creativa. Corremos entonces el riesgo de encerrarnos en nuestro propio egoísmo. La vida se reduce a buscar siempre las propias ventajas, lo que sirve al propio interés. 

No cuentan los demás, no se viven los acontecimientos que sacuden a la Humanidad ni se conmueve uno ante las personas que sufren junto a él. Y sin amor se apaga también la vida. La vida sigue, pero envueltos en la mediocridad, ya no se vibra con nada. Pronto se percibirá en el corazón algo difícil de definir, pero que no está lejos del aburrimiento, la decepción, la soledad o el resentimiento.

No es fácil reaccionar y romper esa trayectoria decadente. La persona necesita encontrarse con algo que toque lo más hondo de su ser e infunda un luz y un sentido nuevo a su vida. Algo que genere un estilo de vivir más generoso, más sano y más gozoso. Los atormentados y atribulados que se acercan a Jesús para tocarlo buscaban eso, un encuentro creador y transformador. No es posible la experiencia de Dios sin vivir, al mismo tiempo, la experiencia de una luz que ilumina todo de manera diferente, una alegría que abre horizontes nuevos a la vida, una fuerza que permite enfrentarse a la vida con confianza. Porque "salía de él una fuerza que los curaba a todos", todo encuentro con Dios puede ser una experiencia capaz de cambiarnos y devolvernos a una vida nueva.

Teodoro Bahillo
CLARETIANOS 2002
www.mercaba.org

lunes, 5 de septiembre de 2011

¿Es lícito hacer el bien en el día de descanso?


¡Amor y paz!

La pregunta que plantea este título sintetiza claramente el debate que se da hoy en el Evangelio entre Jesús y los fariseos. Se refiere al descanso de los sábados, instituido para recordar el día en que Dios descansó de su labor creadora.

Las actitudes farisaicas se refugian en fáciles preceptos de culto para huir del hombre. Como los abogados que le dan mucha importancia a las minucias y descuidan lo esencial de la ley. Es que debió resultarles muy incómodo a los fariseos que Alguien se opusiera a la falsedad, a la opresión, a las apariencias y les recordara que Dios prefiere el ejercicio de la misericordia a la práctica de los sacrificios cúlticos.

¿Qué tanto de aquellas actitudes podemos conservar nosotros cuando repetimos de memoria muchas fórmulas de rezo, pero tenemos el corazón reseco de misericordia a la hora de sensibilizarnos y ayudar a los seres humanos necesitados?

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Lunes de la XXIII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 6,6-11.
Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: "Levántate y quédate de pie delante de todos". Él se levantó y permaneció de pie. Luego les dijo: "Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?". Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada. Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.
Comentario

v.9: ¿Es lícito en sábado "hacer bien" o es necesario "hacer mal"? La omisión del bien es un mal. ¿Quién querrá decir que la ley del sábado prohíba que se haga el bien y exija que se haga el mal? El sábado es para los judíos, no sólo día de reposo, sino también día destinado a hacer bien y día de alegría. La comida de día de fiesta, el estudio de la ley y la práctica del bien lo convierten en día de fiesta y de alegría. Para viajeros necesitados había que tener comida preparada. ¿Habría que olvidar todo esto? Jesús vuelve a restablecer el verdadero sentido del sábado. Ha de ser un día en el que se disfrute y se proporcione alegría a los demás. Se realiza el sentido del sábado haciendo bien a personas que sufren, usando misericordia. "Misericordia quiero y no sacrificios" (Os 6.6).

Jesús sitúa a sus adversarios ante esta alternativa: ¿Se ha de salvar una vida en sábado, o se ha de dejar que se pierda? El texto griego no habla de la vida, sino del "alma", que es vida y algo más: vida consciente. El hombre que está en medio quiere vivir, vivir sano, no sólo vegetar, quiere sentir gozo de vivir.

¿Es esto posible a un hombre que tiene seca la mano derecha, que no puede trabajar y tiene que vivir de la ayuda ajena? El reposo sabático se explica por la comparación con el reposo de Dios una vez terminada la obra de la creación: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás tus obras, pero el séptimo día es día de descanso, consagrado a Yahvé, tu Dios, y no harás en él trabajo alguno" (Ex 20.8ss). Pero el descanso de Dios no consiste en no hacer nada, sino en vivir la obra, en gozar de ella. "Dios se gozó en su obra" (Sal 104. 31).

El sábado es día en que se vive la vida, en que se goza de la obra, día de glorificación de Dios. ¿No se ha de restablecer mediante la curación este sentido más profundo del sábado? ¿En vez de la vida habría que elegir la ruina? (...).

Jesús tiene una idea de Dios distinta de la suya. Su Dios es el Dios de la misericordia, el Dios que se acerca a los hombres; el Dios de ellos es el inaccesible, que está sencillamente por encima de los hombres. (...).

v.10:La mano volvió a quedar sana. La restauración del universo forma parte del cuadro de los tiempos mesiánicos. Lo que ahora comienza será llevado a la perfección. "El cielo debe retener (a Jesús) hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas desde antiguo" (Hch 3. 21). Mediante la curación muestra Jesús que le está permitido restaurar el sentido del sábado según la mente de Dios, ya que él mismo aporta la restauración de todas las cosas. El sábado es figura del gran reposo sabático de Dios (Hb 4.8ss), que se iniciará cuando sean restauradas todas las cosas y todo haya alcanzado su acabada perfección.

EL NT Y SU MENSAJE
EL EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS/03-1
HERDER BARCELONA 1970.Pág. 170