viernes, 15 de abril de 2011

“El Padre está en mí y yo en el Padre"

¡Amor y paz!

El evangelio nos presenta un clima de discusión entre los judíos y Jesús. Los judíos quieren obtener de él una declaración franca y clara sobre sus orígenes. Pero instalados en su ortodoxia, no tienen la actitud vivencial de la fe, y aunque vean las obras que realiza y escuchen la proclamación de ser Hijo de Dios, consagrado y enviado por el Padre, no están dispuestos a creer en él (Misa Dominical 1990/07).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Viernes de la V Semana de Cuaresma.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 10,31-42.
Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.  Entonces Jesús dijo: "Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear?". Los judíos le respondieron: "No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios". Jesús les respondió: "¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses? Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada- ¿Cómo dicen: 'Tú blasfemas', a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: "Yo soy Hijo de Dios"? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre". Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos. Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí. Muchos fueron a verlo, y la gente decía: "Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad". Y en ese lugar muchos creyeron en él. 
Comentario

Para comprender el Evangelio de hoy hay que volver a la pregunta que durante la fiesta de la dedicación del Templo, los judíos hicieron a Jesús: "Si tu eres el Mesías, dínoslo claramente". Jesús responde de dos maneras: en los vv. 25-31 revela su mesianidad y en los versículos que nos conciernen revela su divinidad. Los judíos intentan apedrear a Jesús por su afirmación del v. 30: "Yo y el padre somos una sola cosa". La reacción de Jesús es tranquila, convencido de que sus acciones han sido realizadas al aire libre y procedentes del Padre. Los interlocutores, que parecen reconocer las obras buenas de Jesús, justifican su persecución por las pretensiones divinas de Jesús. Por fin han entendido bien, sólo que al revés. Creen que el hombre Jesús se ha hecho Dios, cuando la verdad es que Dios es quien se ha hecho hombre. Jesús entonces refuerza sus argumentos, al mejor estilo de los rabinos, acudiendo ahora a la Escritura y a sus obras. La prueba bíblica es tomada literalmente de la traducción de los LXX del Salmo 82,6. 

La segunda prueba, más importante todavía, son las obras, signo de su divinidad, porque a través de éstas Jesús demuestra su íntima comunión con el Padre. Jesús debe huir y se va al Jordán. El mismo lugar donde Juan había bautizado y lo había anunciado como "el cordero de Dios que carga con el pecado del mundo" (1,29), donde había comenzado su vida pública e invitó los primeros discípulos a seguirlo (1,39). Ahora es el lugar donde termina un período de su vida pública. Los vv. 42 y 43 son una especie de sumario para presentar el final de la actividad pública de Jesús ante el pueblo de Israel. Si en los textos precedentes, Israel y sus dirigentes se niegan a creer en el enviado del padre, existe también otro Israel dispuesto a aceptar su palabra como revelada del Padre. ¿Estamos con nuestras obras, de parte de los que creen?

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)

jueves, 14 de abril de 2011

“El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás"

¡Amor y paz!

Para san Juan, mantenerse fiel a la Palabra de Jesús da la Vida, tal como Jesús recibe la plenitud de la vida gloriosa del Padre, porque se mantiene obediente y guarda su Palabra.

Las autoridades judías, que eran las que habían de reconocer al Mesías y lo habían de presentar al pueblo, traman lo contrario, el complot que condenará a muerte al que es la Vida. (Misa Dominical 1990/07).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este Jueves de la V Semana de Cuaresma.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 8,51-59.
“Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás".  Los judíos le dijeron: "Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: 'El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás'. ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?". Jesús respondió: "Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman 'nuestro Dios', y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: 'No lo conozco', sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría". Los judíos le dijeron: "Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?". Jesús respondió: "Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy". Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo. 
Comentario

El Evangelio de hoy, que mantiene la referencia a Abrahán y Jesús, añade un nuevo tema al largo discurso de Jesús: la vida y la muerte en relación a la aceptación de la Palabra: "En verdad les digo: el que guarda mi palabra no probará la muerte jamás". Jesús ofrece la vida eterna a quienes acogen (escuchar y poner en práctica) su Palabra, tal como se la había ofrecido a Nicodemo (3,16); a la samaritana (4,14); a los judíos de Jerusalén (5,24), a los galileos (6,40.47). 

La promesa hecha a Abrahán pasa ahora por la Palabra de Jesús, pues si con el patriarca se aseguró un linaje, con Jesús se asegura la vida eterna. Los judíos, que no aceptan que Jesús pueda rescatarlos de la muerte, entienden sus palabras en forma literal, tildando de loco a quien pretende ser más que Abrahán y los profetas.

A la pregunta sobre su identidad, Jesús vuelve a responder presentándose en relación al Padre, a quien él conoce y por quien es enviado a anunciar la palabra. Abrahán mismo vio y se alegró por Jesús. Ellos siguen sin entender. Y Jesús, en la última respuesta de este discurso, hace una nueva y contundente revelación al proclamarse Dios, preexistente y viviente: "En verdad les digo que antes que Abrahán existiera, Yo Soy". 

Los judíos intentan apedrearlo, pero Jesús se escabulle porque no ha llegado la hora. La luz ha sido rechazada y el lugar con sus habitantes han perdido la oportunidad de encontrar la luz y la vida. Después de escuchar a Jesús durante este largo discurso, intentando convencer a los judíos de su divinidad, de su Palabra, de ser fuente de vida... uno queda con la preocupación de hasta dónde llega mi conocimiento de Jesús, hasta dónde mi fe, hasta dónde mi fidelidad, hasta dónde mi capacidad de ligar mi vida a la de Jesús para contribuir a rescatar la vida de los proyecto de muerte, económicos, políticos y religiosos, que llenan de oscuridad, tristeza y muerte los hogares del mundo ¿Hasta dónde?

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica).